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Ariel Ruiz Mondragón

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El futbol, espejo donde vemos lo que somos

Entrevista con Antonio Garci

Como ocurre casi en cualquier ámbito de la existencia humana, la historia del futbol está llena de sorpresas, paradojas, contradicciones, absurdos y pendejadas. A esta tendencia universal no podía escapar una disciplina como lo es el futbol.

En honor a lo anterior Antonio Garci (Ciudad de México, 1967) dice en conversación con etcétera: “El futbol es uno de los mejores espejos en donde podemos contemplar claramente lo que somos”. Ello lo animó a escribir el libro La pendejísima historia del futbol (México, Diana, 2014), en el que, siguiendo sus investigaciones sobre el papel de la pendejez en la trayectoria del ser humano, ahora rastrea esa vertiente en el devenir del arte del gol.

En su autobiografía oficial García afirma que estudió Comunicación Gráfica e Historia del Arte en la UNAM, con especialidad en Historia de Mi arte. También ha sido guionista y autor de una decena de libros, y ha colaborado en publicaciones como El Financiero, La Revista de El Universal, Cambio, Maxim y Teleguía. En 1995 se agenció el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Caricatura, además de que ha ganado otros como el International Salon of Press Drawings de Porto Alegre, Brasil (1996), el de Caricatura Domingo Pérez Piña, de Campeche, y el de Periodismo de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal (1999).

¿Por qué, después de dedicar libros a asuntos tan relevantes como las relaciones de pareja, la historia de México, las elecciones y la Segunda Guerra Mundial, ahora trata el futbol?

En realidad, éste es el primer tema relevante del que escribo.

¿Por qué el resultado del equipo de su corazón “no le afecta en nada”?

Efectivamente, no me afecta en nada, por eso es tan importante. Asuntos como la reforma energética o la fiscal me afectan directamente, pero te soy sincero, en el fondo no siento nada cuando me entero qué y cómo fue lo que aprobaron. Sin embargo, un día pierden o ganan los pumas y, objetivamente, eso NO cambia, ni para bien ni para mal, mi vida, aunque mi estado de ánimo es otro y completamente opuesto en ambos casos. Es algo terriblemente estúpido e injusto, pero así es también la vida, y eso no es algo que nada más me pase a mí, es o le ocurre a la humanidad. Dilma Rousseff, la actual presidenta de Brasil, quien tiene un origen guerrillero, siempre se quejó de que la gran revolución nunca se dio en su país por culpa del futbol. Y mira lo que son las cosas: ahora que está en el poder, está organizando un Mundial de la FIFA y está haciendo todo lo que puede para que salga perfecto.

En el libro aparecen varios episodios bélicos, y también recupera una frase de Paul Auster que dice que el futbol es “un milagro que le ha permitido a Europa poder seguirse odiando sin destruirse”. Más adelante hay una cita de Rinus Michels: “Futbol es guerra”. ¿Cuál ha sido la relación de la guerra y el futbol?

Todos los deportes son una sublimación de la guerra, y el futbol quizá es el que mejor lo hace debido a que su origen es militar. El futbol evoluciona del aspartum, un juego con el que se entretenían las legiones romanas hace más de dos mil años, y que pretendía ser un entretenimiento que se pareciera lo más posible a una guerra.

En el caso de los mundiales de futbol esta guerra simbólica es una guerra mundial, pues tu país realmente va a luchar, simbólicamente, con otro, y por eso las banderas se alzan en lo alto. Por eso es percibido como una traición a la patria no irle a la selección nacional, o no querer pertenecer a ella: Carlos Vela, al rechazar estar en el equipo, es juzgado igual que un desertor en tiempos de guerra, es decir, un traidor. Lo dicho: estúpido e injusto, el futbol es uno de los mejores espejos en donde podemos contemplar claramente lo que somos.

De la gran cantidad de casos que menciona en el libro, ¿cuál le parece que ejemplifica mejor la relación entre la política y el futbol?

Sobran casos en los que los políticos han usado a este deporte y a los futbolistas, pero el que más me impresiona es el de Silvio Berlusconi, un político que se montó en la lógica del futbol para hacer su partido, Forza Italia (el grito de apoyo de los italianos para su selección nacional), y usando estas formas futboleras logró llegar al poder a menos de un año de haber fundado este partido.

¿Qué diferencias de estilos futbolísticos encontró debidas a los regímenes políticos? Relata experiencias bajo el fascismo, el nazismo y el comunismo, por ejemplo.

En realidad cada régimen trata de meter su cuchara en el futbol, y lo hace más que en ningún otro deporte, porque sabe el enorme poder que este juego tiene sobre nosotros. Pero sobre esto, el dato que más me sorprendió fue el enterarme que el régimen talibán de Afganistán prohibió cualquier tipo de espectáculo, ya que consideraba que esto era contrario al Islam. Prohibieron la televisión, la radio, la música, el teatro, el cine y el futbol, y solo en este último caso tuvieron que echarse para atrás, ya que les fue imposible que lo dejaran los afganos.

Otra inquietud que se manifiesta en varias ocasiones en el libro es la fiscal. ¿Cómo ha entorpecido Hacienda el deporte de las patadas?

Para empezar, durante mucho tiempo no se sabía cómo catalogar a los futbolistas, si como deportistas, gente que jugaba o como trabajadores. Esto hizo que durante muchos años incluso cobrar por jugar futbol no solo fuera mal visto, sino incluso imposible en algunos lugares. Después de que se aceptó que se cobrara por esto fue un relajo para el fisco de los diferentes países: ¿cómo se iba a tasar esta forma de recibir ingresos? El gran futbolista portugués Eusebio fue declarado en 1963 por el régimen de Oliveira Salazar Patrimonio del Estado, y cuando Eusebio fue con el ministro de Hacienda a pedir que no le cobraran impuestos por tener esta condición, lo mandaron al carajo. Sí, algo pendejo e injusto, como la vida misma

Recuerda usted bien una frase de los clásicos: “Así es el futbol”. Tras sus amplias investigaciones, ¿qué quiere decir esto en realidad?

Es una manera políticamente correcta para no decir “pendejo e injusto”.

Por lo que cuenta, por ejemplo, de la URSS ocupada por los nazis y de Afganistán, ¿el fut también tiene una tendencia libertaria y no nada más de enajenación?

Si. Siempre y cuando ganes.

También hay múltiples referencias a la tecnología y llega a afirmar que “las manías de las redes sociales están acabando con el futbol”. ¿Cómo las tecnologías de la información y la comunicación están liquidando al juego?

No creo que lo liquiden. Mi percepción es que las redes sociales son otra forma de ser espectadores del futbol. A quienes sí les están dando en la madre es a las televisoras o los negocios amarrados a la señal diferida de los juegos, ya que controlar, dosificar o administrar monopólicamente la información de un partido de futbol es ya imposible.

Otro planteamiento muy interesante del libro es el siguiente: “Éste es el Mundial de Futbol que mejor combina las dos grandes pasiones de los aficionados: el futbol y ver la tele”. ¿En una combinación de ambos, como los videojuegos, está el futuro del juego?

De hecho ya hay mundiales de futbol de videojuego. Se puede jugar en tiempo real por Internet contra otros jugadores virtuales que pueden estar en diferentes partes del mundo.

Por cierto, es bastante exitoso; este mundial tiene el aval de la FIFA, así que si lo ganas tiene reconocimiento oficial. Lo terrible es que está basado en el Mundial de Italia 90, al cual no fue México por el castigo del caso de los cachirules, así que aunque gane un mexicano, México no va a ganar ese Mundial.

Bien explica la poca afición de los gringos por el balompié: “Como ellos son los mayores consumidores de droga en el mundo, pues con todo lo que se meten ya no necesitan el futbol”. ¿Cómo funciona el futbol como una adicción?

La verdad los gringos no pelan el futbol, pero solo porque ellos creen que lo que ellos juegan es el futbol, y a este deporte son absolutamente devotos. Esto ha ocasionado que en Estados Unidos sea el único lugar del mundo donde el futbol no se llama así, sino soccer.

Si el futbol es adictivo, no lo sé; tendríamos que dejar de tenerlo al menos por un día para ver si nos da síndrome de abstinencia, y esto es imposible.

Combinemos lo anterior con el otro opio: destaca usted que “El futbol y la religión tienen el gran mérito de ser los únicos GRANDES negocios globales que no controla Estados Unidos”. ¿A qué se debe descuido tan grande?

En el caso de la religión se debe a que llegaron tarde: cuando se inventa Estados Unidos las religiones ya llevaban miles de años de existir, y en el caso del futbol, la verdad, ese imperdonable descuido ya lo están corrigiendo: están mejorando su liga y seguro hacen el Mundial del 2022. Van a entrarle con todo al bisnes.

¿Podemos considerar la posibilidad de que México gane un Mundial?

Yo estoy seguro de que jamás ganaremos un Mundial de futbol y, sin embargo, cada que viene uno siento sinceramente que vamos a ganarlo. Esta diferencia casi esquizofrénica entre lo que se piensa y entre lo que se siente es algo que solo logra la fe. Por eso dijo muy bien el escritor Eduardo Galeano: El futbol es la única religión que no tiene ateos.

Termino con dos anotaciones: primera, usted afirma que decir futbol y pendejez “no es redundancia”. ¿Cuál es la diferencia?

La gran redundancia es que la pendejez cotidiana es ordinaria, mientras que la que se da en el futbol es sublime hasta llegar a lo divino. Ya nadie se acuerda de la devaluación de 1994, pero todos los de mi generación recordamos como trauma eterno las fallas de penalti en el partido contra Alemania en el Mundial de 1986.

Segunda: escribe usted: “Ya ven que de futbol se pueden decir impunemente todo tipo de pendejadas”. ¿No es curarse en salud?

No, es un hecho que usted puede comprobar en cualquier parte del mundo. Diga alguna pendejada de cualquier asunto y tendrá usted que estar obligado a saber al menos el nombre del tema, pero en el caso del futbol ni eso, ¡y esto es maravilloso!.

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