Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

El estado de las cosas

Los informes presidenciales, además de tener la virtud de ser la cura contra el insomnio son siempre definitivos y llenos de cifras autocomplacientes que nadie cree. Sin embargo, el ejercicio de recuento es saludable y es por ello que esta sección hará un modestísimo, aporte con la esperanza de que sirva de algo, aunque sea para cobrar la colaboración.

Radio.- Son días de gurús mediáticos, la interacción y la opinión de los entrevistados o aquellos que hacen la nota empieza a volverse irrelevantes y no en cambio, los sermones que los pesos pesados le atizan al pobre diablo que se ponga de pechito al aire. Lo he dicho mil veces, algunos periodistas no entienden que una entrevista consiste en dejar hablar al entrevistado. Maerker es un caso único pero no se quedan atrás López Dóriga, Gómez Leyva y Ferriz de Con. Los noticieros son los arietes del rating y el resto se desgrana en programas diseñados por y para imbéciles en su enorme mayoría. Las excepciones cada vez lo son más por lo que el futuro no parece nada prometedor.

Tweeter.- Rápido se han dado cuenta todos aquellos que tienen interés en comunicar algo que Tweeter es un medio extraordinario. En esta red social se puede hallar mayoritariamente a gente diciendo que está buena la torta de pavo, enseñando escote o discutiendo a lo idiota. Sin embargo, los políticos y los periodistas han entrado por la puerta grande para extender el alcance de sus mensajes. Es simbólica y analizable la forma en que todo el Gabinete Presidencial se ha lanzado al ruedo con éxitos desiguales, ya que es de hueva interplanetaria leer cosas como: “Hoy estaremos en Izúcar de Matamoros con el Presidente Municipal”. De cualquier manera el músculo de esta herramienta parece imparable y en tiempos electorales se pondrá peor. Veremos debates de 140 caracteres en los que Lozano le mentará la madre a Moreira para fascinación de docenas de miles que sienten la cercanía de algo que siempre había sido lejano.

Televisión.- Después de esa perla declarativa de Lujambio en el sentido de que las telenovelas “educan” no queda más remedio que hacer un análisis somero de lo que está pasando. En México un grupo minoritario tiene acceso a la televisión por cable (que en algunos casos como el de MTV tiene muestras de imbecilidad ejemplar pero que presenta algunos contrapesos). La televisión abierta es un cuerno de la abundancia en propuestas de alcantarilla y desagüe como las telenovelas justamente, concursos para personas que padecen de sus facultades mentales y talk shows de miedo como el de la señorita Laura. Llama la atención la complacencia gubernamental ante este acto de violencia. Me parece que el Canal 2 y anexas incumplen la ley diariamente (y lo seguirán haciendo, faltaba más).

Cine.- En México se hace cine con cada vez mayor frecuencia. El Fideicomiso 226 que apoya a la industria, combinado con los subsidios del gobierno ha permitido que el número de películas aumente. Sin embargo, dos son los factores que impiden que este incremento se traduzca en calidad. Por un lado, tengo la sensación de que los directores en México le juegan a Fellini y ven al entretenimiento como un asunto menor y de poca calidad. Filman para los premios pero no para el público que acude magramente a ver propuestas desconcertantes. El segundo tema es que no hay un incentivo real para pensar en la gente. Si todo el dinero que cuesta una película proviene de capitales sin riesgo, se estimula este desdén por producir cine de calidad e interés para el público. No sé cómo se sale de ése bache, pero parecería un buen momento para reflexionar sobre él.

En todos los casos (radio, redes sociales, televisión y cine) podremos ver el efecto de las campañas presidenciales alterando el metabolismo y trabajando, a través de un bombardeo salvaje, en pro del candidato sutanito. Las campañas sucias y filtraciones serán moneda corriente y las violaciones a la ley en las que los castigos son ridículos serán también de una frecuencia escalofriante. Lo sé de cierto, de hecho, se los firmo y se los cumplo.

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