Cinque Terre

Miguel Carbonell

El espionaje en la era de Internet

1. Espiando desde el sofá

Las películas de la época clásica del cine transmitían una imagen idílica, casi romántica, de los espías. Eran personas elegantemente vestidas que se infiltraban en un país, empresa u organización y aprovechan cualquier descuido para sacar papeles, revisar instalaciones o transmitir datos a sus países de origen. Luego surgió el modelo de espía tipo James Bond, que vino a representar una etapa de sofisticación y capacidad de seducción que hizo soñar a hombres, mujeres y niños. Lo que nadie imaginó, supongo, es que en pleno siglo XXI los espías fueran ingenieros en computación de veintipocos años que trabajan en oficinas repletas de viejos sofás, revisando comunicaciones transmitidas por Internet sin interrupción las 24 horas del día a todo lo largo y ancho del planeta.

Las revelaciones del prestigioso periódico inglés The Guardian son demoledoras: los servicios secretos de Inglaterra y de Estados Unidos espían millones de llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes enviados a través de las redes sociales. Las empresas que supuestamente sirven para que nos comuniquemos de los demás no solamente están al tanto de esa práctica, sino que la respaldan abiertamente. Youtube, Facebook, Skype, Microsoft, Yahoo y muchas más han sido cómplices de este expolio masivo de información privada. Quienes deberían ser los guardianes de nuestros datos han sido los primeros en rendir la plaza. Habrá que preguntarse a cambio de qué beneficios cedieron ese gran volumen de información o, si no lo decidieron voluntariamente, habría que preguntarles porqué razón no hicieron del conocimiento de la opinión pública que el uso de sus servicios de comunicación suponía el riesgo de que todo terminara en manos de diversos servicios secretos.

2. Miles de ojos biónicos

El espionaje se realiza “colgándose” de los cables de fibra óptica a través de los cuales circulan por el planeta cotidianamente gran parte de nuestra información personal privada, incluyendo nuestras transacciones bancarias y nuestros pagos electrónicos con tarjeta de crédito.

El servicio secreto inglés tiene destinados 300 agentes a analizar los datos que pudieran ser relevantes y EU dedica 250 integrantes de la National Security Agency (NSA) a la misma labor.

Los cables de fibra óptica efectivamente intervenidos y analizados (46 cables según The Guardian) transmiten diariamente el equivalente a 8mil 832 veces el contenido de todos los libros que guarda la famosa Biblioteca Británica. El sistema de espionaje tiene la capacidad de guardar toda esa información durante seis meses, mientras los especialistas analizan el contenido que pudiera arrojar una pista o ser relevante para una investigación. Todo llevado a cabo en secreto, de espaldas a la ciudadanía de países que, como Estados Unidos e Inglaterra, se presentan como paradigmas del sistema democrático en el mundo.

¿Qué hipótesis se intentan perseguir con tantos datos?, ¿se trata de desarmar a bandas terroristas?, ¿sirve para identificar a organizaciones de explotación sexual de mujeres y niños?, ¿cómo se manejan los correos que pongan en evidencia operaciones de compra venta de armas?, ¿y si un agente detecta que una gran empresa está siendo espiada por uno de sus empleados, le avisará a los directivos para que tomen medidas?, ¿avisarán los agentes norteamericanos a los empresas chinas, en caso de que sepan que están siendo espiadas?

Se ha sabido que Inglaterra espió a los delegados de una reunión del G8 que se celebró en su territorio, para efecto de conocer por anticipado sus posturas y poder obtener mejores resultados en la mesa de negociación. Si eso se hace entre naciones amigas, ya podemos imaginar lo que sucede con países menos cercanos.

3. La revelación

La información de esta inmensa red de espionaje la hizo pública Edward Snowden, un exempleado de la CIA al que el gobierno norteamericano está persiguiendo bajo cargos de espionaje. Snowden ha buscado refugio en Rusia, Ecuador y Nicaragua pero lo más probable es que le espere un futuro parecido al de Bradley Manning, el empleado del Pentágono que le pasó a Wikileaks el caudal de información secreta de naturaleza diplomática que causó un escándalo internacional hace unos años. O quizá Snowden termine encerrado en alguna sede consular, como lo está actualmente Julian Assange.

Lo cierto es que no hay excusa ni justificación posible para una actividad tan masiva y desproporcionada de espionaje: se trata de actos propios de sistemas autoritarios, como los que se practicaban en la antigua URSS o en la Alemania del Este y que tan bien se refleja en la película “La vida de los otros” que ganó un Premio Óscar hace unos años a mejor película extranjera.

Es muy decepcionante que el gobierno del presidente Barack Obama haya participado activamente en este sistema de espionaje global, que sin duda nos afecta también en México. Obama se propuso en la campaña de 2008 como el candidato del cambio, como un defensor del estado de derecho y de nuestras libertades básicas. Incluso le dieron el Premio Nobel de la Paz. Pero en este tema su actuación ha sido francamente decepcionante. Y todavía peor ha sido su pretendida justificación: “Resulta ingenuo, dijo el presidente Obama hace unos días, que se piense que se puede lograr el 100% de seguridad, con el 100% de privacidad. Algo se tiene que ceder”.

Desde luego que es del interés de todos que se combata el terrorismo y desde luego que los terroristas deben ser perseguidos, con la ley en la mano, hasta donde se encuentren. Pero de ahí a llevar a cabo una recolección tan amplia de datos, me parece que existe una gran distancia. En todo caso una distancia que no se debió recorrer de espaldas a la ciudadanía.

4. ¿Existe todavía la vida privada?

Me parece lamentable que debamos renunciar a nuestra vida privada para evitar que se coloquen bombas o se estrellen aviones en contra de edificios. Creo, más bien, que se pueden tomar medidas diferentes, sometidas al debate público y sujetas a mecanismos de control parlamentario y judicial, bien distintas. Nada justifica que se ultraje la vida privada de millones de personas que en modo alguno son sospechosos de ningún acto ilícito.

De todas formas, lo importante es que ahora sabemos que todos estamos siendo espiados y que todo lo que publiquemos en Facebook, sea o no público, puede terminar siendo leído por un agente de la policía. Lo mismo sucede con nuestros emails, nuestros mensajes en Twitter, nuestras reservaciones de hotel realizadas por Internet, nuestras transacciones bancarias, nuestros pagos con tarjetas de crédito, etcétera. Todo lo que circula por la red está bajo la mirada de los espías. Y lo peor es que nadie parece dispuesto a decirles que dejen de hacerlo.

En todo caso, se hace indispensable un debate público alrededor del tema. No podemos dejar que sean personajes que se juegan la vida, como Assange o Snowden (por simpáticos o antipáticos que nos parezcan), los que carguen sobre sus espaldas con la entera responsabilidad de la información que los gobiernos tienen y que de pronto se hace pública.

La democracia es un sistema de gobierno que alienta el debate público. Eso lo afirmaron los Padres Fundadores (The founding fathers) que redactaron la Constitución de los Estados Unidos en 1787 y nadie lo ha desmentido hasta hoy. El secreto es algo que se opone a la sustancia misma de la democracia y que se justifica solamente para proteger a los individuos respecto a su vida privada, pero no al Estado respecto de sus apetitos informativos. Estamos ante un uso masivo y perverso de las nuevas tecnologías. Le menos que podemos hacer es discutir abiertamente sobre sus ventajas y desventajas.

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