Cinque Terre

Alejandra Escobar y Mariano Yberry

El disidente cubano

-¿Cómo definirías tu forma de gobierno?

-Autocrática, totalitaria.

-¿Cómo la estudian?

Paternalista. ¿Me están filmando? No, por favor.

La Habana, Cuba, 2 de diciembre 2016. Una semana ha pasado desde que Raúl Castro tomó los micrófonos para anunciar la muerte de su hermano, el dictador, el líder revolucionario, o, como Luis Méndez lo describe, el “ángel” que liberó a Cuba y que diez años después se convirtió en un “demonio”.

 

Luis (nombre ficticio), estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana, tiene, como el resto de los cubanos, respeto por el fallecido, pero a diferencia de ese otro tanto, no está de acuerdo con el régimen, con sus prácticas, aunque su opinión la delinea una vez apagada la cámara.

-Paternalista, totalitaria -responde, seguro, luego de que no hay más grabación. Es un Gobierno con censura que niega el Estado de Derecho y constitucionalmente niega la libertad de expresión (…). Tenemos una Asamblea Nacional que sólo sesiona 12 días al año para aprobar todo, absolutamente todo lo que le manda el Poder Ejecutivo; tenemos un Tribunal Supremo que no está reconocido como Poder Judicial, es decir, no tenemos Poder Judicial.

A escasos cinco metros de nosotros otra entrevista sucede. En ella hay cámara fija, micrófono inalámbrico y frente al lente una alumna que habla de la cara buena de Cuba. Luis sonríe al contarnos: “una supervisora pasó al salón para preguntarnos quién podía dar una entrevista, yo alce la mano y todos se rieron de mi”. Él es disidente, aunque no lo diga con todas sus letras porque el temor impera. El registro de esta plática podría ser detonante para que lo expulsen de la universidad, como un profesor que recuerda, que por expresar otras ideas fue echado del alma mater.

-Aquí no hay libertad de expresión -continúa-. El artículo 53 de nuestra constitución (copia de la de la Bulgaria soviética) garantiza libertad de palabra y prensa (que no es lo mismo que la de expresión), pero siempre y cuando estas libertades se ejerzan bajo los principios del socialismo.

“Todos los medios de comunicación transmiten lo mismo, no importa qué canal veas o qué periódico leas. Por ejemplo, allá, a esa chica, la eligieron para que hablara de Fidel por ser una de las integrantes distinguidas de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). ¿Tú qué crees que les dirá sobre el gobierno cubano? ¿Por qué crees que la eligieron a ella?”.

Y es cierto: desde nuestro primer día en Cuba lo único que hay en la televisión son imágenes del cortejo fúnebre de los restos de Fidel, recorriendo las principales provincias; una cobertura de 24 horas, sin parar, con cientos y decenas de adjetivos para el líder de la Revolución Cubana. En las ediciones impresas del Granma, lo mismo: el comandante en jefe sólo provoca el amor del pueblo, entre intelectuales y periodistas.

-Me da miedo y sorpresa todo esto que pasó con la muerte de Castro. Entiendo que les duela, ¿pero tanto para llorar? Es como un síndrome de Estocolmo -nos dice el futuro abogado.

“De pequeño no me gustaba la historia de mi país -relata Luis-. No había matices. Desde pequeño le cantaba, todos los días, a un tal Ernesto Guevara que ni sabía quién era. Pero conforme fui creciendo y conociendo, empezó a gustarme mucho la historia nacional cuando fui encontrando matices”.

Luis cree que Fidel Castro fue “un ángel que liberó a Cuba de la dictadura de Batista” pero con el paso del tiempo se convirtió en “un demonio” que cargó con los 70 mil muertos que hay entre la isla y Florida, cada cubano que intentó huir en lanchas improvisadas, principalmente durante los años 80. Y le duele o al menos le enoja: “lo que no le voy a perdonar es que se haya muerto sin pagar por esos 70 mil”.

-La gente aún escapa, aunque ya no en las proporciones que antes. Buscan mejores condiciones de vida. Un salario mínimo más alto (el de Cuba es de 225 pesos mensuales, menos de 20 dólares americanos). Eso me recuerda una frase de José Martí: “Cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran”. Pero eso de ninguna manera significa que estemos peor que con Batista.

De repente, Luis baja la voz. Pasan dos señores que al parecer son profesores y los que grababan a la alumna de la FEU. Disminuye el volumen hasta quedarse callado y sonríe nervioso. Segundos después habla del bloqueo económico y la necesidad de que éste desaparezca para que Cuba pueda salir de la pobreza palpable en cualquier calle de La Habana.

-El bloqueo es cruel. Nos asfixia. No permite que ninguna empresa llegue a comerciar en Cuba y eso nos hace dependientes del Estado en todo momento. Pero también el gobierno ha utilizado el bloqueo como propaganda. Tiene todas las características de un gobierno totalitario: un líder carismático, un pueblo crédulo y un enemigo invisible pero siempre presente, y ése es el bloqueo, que es real pero que también tiene la culpa, por ejemplo, de que el parque esté sucio.

Y aunque reconoce el extremo, sabe que ya sea Trump o haya sido Hillary, la decisión final está en manos del Congreso de Estados Unidos. También conoce que éste lo dominan los republicanos y que si con Barack Obama al frente no prosperó, el nuevo camino no parece sencillo.

Pese a la situación crítica que atraviesa la isla, Luis piensa que las cosas ya están cambiando, poco a poco, pero por fin empiezan a girar en un sentido distinto al que quería el patriarca.

-¿Las cosas están cambiando?

-Sin duda, poco a poco, lento, pero sí.

-¿Cómo qué?

-Por ejemplo, no hay un policía sentado en este momento a mi lado para ver qué les estoy diciendo. La universidad ya no está pintada sólo de rojo. Se ha democratizado el acceso a Internet, ya es más fácil conectarnos, aunque todavía se puede más. Los medios ya no son los únicos que te “informan”: yo entro a Facebook y veo cosas que no veré nunca en la televisión, como lo de los 70 mil muertos de los que nadie habla. También conversa sobre la oportunidad que Raúl les dio a las familias de abrir pequeños negocios de comida en sus hogares para tener recursos extra.

Luis es uno entre diez estudiantes, literalmente. Recuerda cómo durante el análisis de un caso en clase (en las que no se habla de política) él fue el único que no estaba de acuerdo con el dictamen. Al salir de clases, todo su grupo, que había votado a favor, le reconoció la valentía de haber defendido sus ideas. -¿A qué piensas dedicarte en Cuba? Me gustaría ser jurista, porque de verdad me gusta, a pesar de todo. Es una forma de hacer lo propio para que llegue el cambio.

Al salir, regresamos a esa Habana donde los jóvenes siempre están desocupados o navegando en Internet (ya sea viendo videos de YouTube o haciendo videollamadas), a esa ciudad donde los niños juegan, los viejos te observan, las señoras ven televisión, los taxistas te persiguen, los jineteros te acosan, las prostitutas te llaman y las casas siempre permanecen abiertas. Al país de la seducción, donde sin importar la edad, otros tantos coquetean con cuanta turista se les cruce en el camino o con cualquiera de sus amigas, siempre dispuestas a mover las caderas con cadencia.

En este lugar, el régimen se hace presente, todo el tiempo, con los policías y soldados en cada esquina, aunque ya ninguno de los cubanos lo note. Están normalizados y viven, desde que nacieron, en la dictadura castrista que les impide conocer algo más que su realidad inmediata. Quizá por eso hay tanto silencio político entre la juventud, quizá por eso no hay quien se oponga, en serio, a un luto impuesto, quizá por eso se respira un aire de resignación.

Y quienes sí están politizados son fieles a los Castro, se dedican a montar altares o poner carteles sobres sus decadentes casas, aunque en una cuadra apenas y se cuenten dos homenajes al comandante en jefe. Cuando nos despedimos de Luis, sólo atinamos a desearle suerte. No sabíamos qué más decirle después de ver un escenario tan desolador, donde los niños descalzos juegan entre la mierda y la basura, y donde la pobreza es un atractivo turístico para los jóvenes europeos que vienen a Cuba. No le queda más que vivir el momento y esperar, con gran paciencia, “que el invierno del patriarca sea la primavera de la democracia en Cuba”.

 

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