Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

El discurso de la guerra

A partir de la declaratoria de “guerra” del 11 de diciembre de 2006 se articula la estrategia de comunicación del gobierno del presidente Felipe Calderón. En ella, así ocurre en las guerras, sólo habrá un tema: dar cuenta de lo que sucede en el “frente” y ofrecer datos, partes de guerra, en los que se asegura se va ganando.

El inicio

La guerra no fue tema de campaña y tampoco en la etapa de transición administrativa. El presidente Calderón ganó legal y legítimamente la elección del 2006, pero se sintió obligado, también lo hicieron sus antecesores, a realizar un acto fundacional de su mandato que lo distinguiera de su predecesor y lo legitimara frente al movimiento que en las calles encabezaba Andrés Manuel Lopez Obrador quien había pérdido la elección, pero no lo reconocía.

Las acciones que para legitimarse tomaron los presidentes anteriores fueron puntales y fáciles de controlar, pero Calderón asumió una decisión particularmente difícil de manejar. La guerra contra el narco de improvisto se convirtió en el tema central 11 días después de haber tomado el poder. El Presidente y los colaboradores que con él tomaron esta decisión no midieron lo que iba a implicar y tampoco visualizaron el problema en el que se iban a meter. Se sabe cuando se entra a la guerra, pero no cuando se sale. Hoy, ellos y la sociedad pagan las consecuencias.

En ese momento el país, ahí están los datos duros, vivía la etapa menos violenta de su historia y probablemente también la de menos penetración de los órganos del Estado por parte del narcotráfico como lo prueban diversos estudios (El narco: la guerra fallida, de Jorge G. Castañeda y Rubén Aguilar). La decisión del presidente Calderón fue política y se proponía “obtener” reconocimiento lo que convirtió a la “guerra” en él tema mediático único después de su aparición en cadena nacional.

La disputa mediática

El tema se posicionó de inmediato, como ocurre con todas las guerras, por la fuerza que tiene en sí mismo y porque ningún otro de los que se habían publicitado en la campaña electoral, como el empleo, podía obtener la misma importancia y visibilidad. Al convertirse en “el” tema inicia, entonces, la disputa por la agenda mediática entre el gobierno y los medios.

En semanas, los medios “arrebatan” el tema al gobierno. Es cierto que el Ejecutivo lo quería posicionar, pero son éstos los que establecen la manera como se va a abordar. El Presidente un día sí y el otro también habla del tema, pero son los medios, no la Presidencia, los que construyen el discurso, los que sostienen el sartén por el mango y en la disputa por la agenda el gobierno pierde y queda a su merced.

Son los medios los que frasean y regulan el discurso. Esto se facilita porque no existe en el país un código de ética de cobertura de casos de violencia y en particular de la producida por el narcotráfico. Aparecen, entonces, en las primeras páginas de los diarios las cabezas, los decapitados, las mantas, los cadáveres. Queda claro que son los medios los que tienen el control de la agenda que la traducen en clave sensacionalista y de escándalo.

Los resultados

En un principio y antes de que aparecieran los muertos, como ocurre en toda guerra, la estrategia llegó a contar con el 80% de aprobación. Se demostraba simpatía hacia el presidente y su gobierno por haber tomado esta decisión. Había rentabilidad política y mediática. Cuando empiezan a aparecer los muertos y se acrecienta la inseguridad, la rentabilidad baja y ya para septiembre del 2010, el 67% de la ciudadanía veía como inaceptable el número de los muertos.

Se intentan posicionar otros temas, pero resulta imposible. La realidad y también los medios no lo permiten. Los esfuerzos por establecer otras temáticas siempre fracasan. Lo logran sólo en coyunturas excepcionales como la contigencia sanitaria por la Influenza que en su momento fue el tema central. Calderón es el estratega de comunicación e insiste, con sus declaraciones, seguir en el tema. Él no se controla cuando se le cuestiona la estrategia de la guerra al narcotráfico y reacciona de inmediato. Lo asume como algo personal y los asuntos, por la reacción presidencial, se mantienen en los medios cuatro o cinco días cuando pudo haber estado sólo uno.

Lo que sigue

Da la impresión de que el Presidente Calderón se siente cómodo con la estrategia de guerra. Tiene fama de que le gusta mostrarse como hombre duro. Todos recordamos las fotos del Presidente vestido con uniforme militar. Ningún mandatario de corte civilista lo haría en ninguna parte del mundo, todos tratan de no utilizar la retórica y la simbología que los acerque a la estrategia militar por las implicaciones que ésta tiene. La percepción es, que la estrategia está en línea con lo que piensa el Presidente y que el discurso de la guerra seguirá hasta el final del sexenio.

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