Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

El despertar de la prensa

El 10 de junio de 1971, la prensa se rebeló. Dio a conocer mediante imágenes y textos la represión a los estudiantes que se solidarizaron con sus pares de la Universidad Autónoma de Nuevo León. La toma de posición no fue sencilla, ya que tres años atrás hubo casi unanimidad para apoyar al régimen y condenar a los jóvenes. Más si un grupo de intelectuales -Fernando Benítez, Carlos Fuentes y otros- había arropado al Presidente de la República en turno y lanzado la insensata consigna: “Echeverría o el fascismo”. Y varios militantes de izquierda aceptaban la supuesta y manipulada “apertura democrática”.

Un fotógrafo destacó para lograr esa independencia relativa de los cotidianos: Armando Lenin Salgado, que mediante sus imágenes mostraba claramente a un individuo con una vara de kendo que iba a golpear a los pacíficos manifestantes, a otros disparando con rifles de alto poder y a varios más bajando de camiones que los llevaron ex profeso, entre muchas representaciones que son ahora reproducidas en diferentes medios sin dar crédito al hombre de la lente y, obviamente, sin pagarle regalías.

Algunos hablan de 42 muertos, otros elevan la cifra a 72, no hay a 40 años un registro serio, puntual y claro de lo que sucedió. Los documentos y ceremonias que se realizaron van de lo anecdótico y yoísta a la utilización con fines de grupos, más que una evaluación correcta y ponderada para entender las lecciones del caso. Estamos, nuevamente, ante la falta de dar profundidad a lo ocurrido hace cuatro décadas.

Hay, empero, una serie de cuestiones que valen la pena señalar. La labor valiente y decidida de Salgado, quien tomó sus primeras fotos desde un edificio cerca del cine Cosmos, en San Cosme, y luego bajó a “jugársela”, según dijo en el grupo María Cristina, para captar más de cerca la agresión cobarde planeada por el gobierno echeverrista.

La rebelión de una buena cantidad de medios, que no obstante los llamados de Presidencia de la República y el DDF, cuyo jefe, Alfonso Martínez Domínguez, fue defenestrado, no lograron parar crónicas e ilustraciones.

La impunidad repetida, ya que el procurador Julio Sánchez Vargas dijo que por órdenes de su jefe, Luis Echeverría, investigaría y más bien, protegió a los culpables y nos pintó un violín a todos aquellos que exigíamos justicia.

La constatación de que había grupos armados fuera de las policías y ejército, dispuestos a matar a quienes se les ordenara, algo que se hacía hace tiempo en América del Sur.

La división de la izquierda entre los radicales y los que soñaban en las promesas de las autoridades. Algo que continúa muy claramente, sobre todo en el PRD.

Y para no ser más exhaustivo, la reactivación de la lucha por las libertades democráticas, que tuvo su culminación en la primera etapa en la reforma de Jesús Reyes Heroles, seis años después, aunque la batalla por las libertades sigue.

Pero si vemos aquel episodio en la actualidad, sobre todo en el reciente caso de Jorge Hank Rhon, observamos que el avance de la prensa de no depender 100 % del gobierno ha fructificado. Seguramente un ejemplo muy claro fue el diario El Financiero, en la época de Carlos Salinas -cuya foto desapareció de una universidad madrileña por sus antecedentes ante la justicia-, ya que el impreso no recibió publicidad oficial y ni siquiera era invitado a las giras presidenciales. Ello no le imposibilitó sobrevivir, más bien acrecentó su fuerza y prestigio.

Hoy la mayoría de los columnistas, incluyendo algunos que reciben información privilegiada de varias dependencias gubernamentales, pusieron en entredicho la versión del Ejército, y hasta señalaron a Calderón como responsable del desaguisado en el caso Hank Rhon. Incluso uno que otro articulista prestigiado tuvo la audacia de señalar que el Ejército actuó por su cuenta en el penoso incidente. Algo que sale de la lógica en un país donde el comandante supremo de las fuerzas armadas debe saber los pasos que darán los militares, y en caso de ya no ser así, estaríamos ante una debilidad presidencial que no se nota en el apoyo a Ernesto Cordero.

Hoy incluso algunos conocidos y famosos periodistas que eran voceros de Los Pinos en 1971 son críticos muy agudos de Calderón. Es lógico, algunos han perdido las tribunas importantes donde trabajaban y quieren lavarse la cara, pero muchos más hacen la labor que antes no se podía, ello gracias a la fortaleza ciudadana, aunque hay limitaciones evidentes.

El 10 de junio fue el despertar de una nueva prensa en México.

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