Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

El deleite de ser universitario


Leo con agrado y atención el artículo de Alejandro López, en momentos que continúan los ataques contra universitarios. Álvaro Uribe llega a nuestro país y una gran cantidad de medios lo entrevistan sin cuestionarlo y dan por buenas sus opiniones. Entre ellas que los caídos en Ecuador eran narcotraficantes, guerrilleros, terroristas y otras cuestiones que hoy descalifican a quienes disienten, para bien o mal, del orden establecido.

Afortunadamente, la UNAM por medio de sus autoridades, como hace 40 años, le dio una respuesta adecuada al “imprudente” e “irresponsable” que se dice universitario. Gustavo Díaz Ordaz también estudió en una institución de educación superior, aunque aprendió poco de derechos humanos. Almas gemelas.

Ahora no importa ahondar en eso. Lo que me interesa es entrar al diálogo, con un compañero que me permitió dar rienda suelta a varias inquietudes. Algo difícil en la Juventud Comunista, pues entonces se pensaba únicamente en el marxismo como herramienta de la liberación, dejando de lado el cine, el psicoanálisis, las artes plásticas y hasta el sexo y las drogas. Todos instrumentos de aperturas mentales.

Creo, empero, que Alejandro, si bien anota muchas de esas fallas en los grupos de izquierda, hace una pintura acelerada que no presenta los diferentes matices en los que nos desenvolvíamos muchos.

En 68, justamente, hay un pleno de la dirección de la Jotacé en Economía luego de la invasión a Checoslovaquia. La mayoría de los militantes habíamos condenado, anteriormente, la entrada de tanques soviéticos a Praga. Pero la dirección, encabezada por Marcos Leonel Posadas, quería ratificar la sentencia.

Serían las cuatro de la tarde, y antes del encuentro estábamos tomándonos una botella de ron, que este tecleador llevó, varios camaradas: Joel Ortega, José Luis Alonso y otros. Al darse cuenta de ello, Posadas preguntó solemnemente: “¿Qué hacen, camaradas?”. A lo que contesté: “Echándonos una cuba, ¿gustas?”. Respondió cortante el dirigente: “¡No!”.

Subimos a uno de los salones y el acuerdo fue unánime: rechazo a la intervención y un mensaje a la URSS y todos los partidos comunistas en contra de quienes se sentían líderes de la revolución mundial.

El asunto tiene importancia, porque el mágico 68 que no se debe evocar únicamente por la masacre en Tlatelolco, significó el avance en muchos terrenos: de la píldora anticonceptiva a la rebelión juvenil en 100 países (según Antonio Delhumeau) pasando por el jipismo y el uso de los medios de difusión (recordar la serie de los estudiantes en Radio Universidad, entonces llamada así).

Como se verá, no todo los gatos eran pardos, mi buen álex. Aunque debe reconocerse que los más abiertos, mundanos, estaban entres la “base” y los “noyolitos”.

Y es que, como tratamos de señalar en un libro colectivo: Asalto al cielo. Lo que no se ha dicho del 68, hubo de todo, hasta compañeros que dispararon, encabronadamente, contra el ejército el 2 de octubre. No porque quisieran provocar al Ejército, sino en la desesperación.

El Círculo de Izquierda Democrático, perdóname, no eran socialdemócratas, sino agrupados y financiados por la dirección de la escuela para ganar elecciones. Lo hicieron, vino el movimiento y “los alevantó”.

En fin, hay mucho que contar. Ojalá este sea el inicio de la reivindicación de algo que conmovió al mundo, más que la revolución soviética.

PD. Seguramente por un error ortográfico, se imprimió “tópicos” en lugar de “tóficos”, entre quienes estaban Carlos Salinas, Manuel Camacho y Emilio Lozoya Thalman, los cuales estudiaban en los “Grupos piloto”, que proveyó a los gobiernos de Echeverría a la fecha de los tecnócratas, quienes, por cierto, no participaron nunca en aquella gesta.

N. de la R. Tiene razón Jorge Meléndez: hubo un error de edición. El nombre correcto de aquel grupo es toficos, no tópicos ni tóficos, en alusión a unos chiclosos de antaño.

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