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Miguelángel Díaz Monges

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El decoro de las redes sociales

Para Monique
Ni la energía nuclear ni la fuerza de voluntad, cual dijera Einstein: el motor más poderoso es el deseo sexual, que bajo la designación eros y con atinada lectura de los primeros filósofos -y del enorme Wilhelm Reich- no es otra cosa que la fuerza de atracción cósmica. Con esto no descubro el hilo negro, pero me limito a poner el recordatorio sobre el tablero.

Quienes llegaron a las redes sociales durante el auge de Facebook, acaso un poco después con Twitter o un poco antes con Hi5, quizá ignoran la existencia de sitios como AdultFriendFinder o FacePorno, ambos vigentes y buenisanos. En el nombre de tales redes queda claro de qué van, y tan evidente es que en ellas se puede conseguir tanto como en el entorno social inmediato o el de otras redes, como que las complicaciones se ven reducidas enormemente, además de que se salvaguardan la amistad y demás bases de las relaciones personales que están bien así, asexuadas, pues su finalidad y causa son distintas.

Es muy probable que la moralidad, la decencia, la estabilidad con la pareja a la que sólo se es “infiel” mediante engaño, o el miedo al ridículo hayan sido factores para que muchos de los usuarios actuales de las redes en boga nunca se hayan ocupado -al menos no activa y descaradamente- de esas otras que menciono. Obviamente también están los que no tienen interés alguno en esas exploraciones perversas, parafílicas o simplemente innecesarias en sus vidas.

Lo que da mucho que pensar respecto de la hipocresía social es que entre los usuarios de las redes decorosas abundan -más de lo soportable- ese tipo de personajes que, resumiendo, conocemos como calientaguevos o bocones. Dulces doncellas intelectuales que nos tienen al día de sus devaneos hormonales; honorables caballeros que hacen del erotismo inspirada reflexión embellecida con la vulgaridad del eufemismo. Vulgaridad porque no hace falta ser vulgar uno mismo para suponer las representaciones mentales que emperejilan unos y otros. Y vulgar porque en nuestro tiempo, nuestro oscurantismo redivivo, nada hay tan asimilado como el espanto ante el viejo y gentil llamar a las cosas por su nombre, “al pan pan, y al vino vino”. Son las buenas conciencias que llevan la voz cantante en un mundo donde la conciencia debe ser disfrazada en favor del buen gusto. Gente para la que no es vulgar exhibir sus pensamientos y deseos lúbricos pero considera vulgar concretarlos y exhibir el goce del coito, la diversificación y el hallazgo del delirio parafílico. Gente que, citando a Dostoievski, “no vale la saliva que se gasta en nombrarla”.

El resto, los normales, los que no creen poner en riesgo su elevada intelectualidad al elevar su instinto por sobre cualquier riesgo, probablemente cuentan con excelentes razones para tener una doble vida, circunstancia tan vieja como el noble oficio de las divinas putas, salvaguardas de la pareja y redentoras de los repudiados. Quizá esta gente sí sabe de las redes a las que hice referencia e incluso participa activamente en ellas.

Lo que no he encontrado es alguien que -como yo- acepte alegremente que ser feisbukero y tweetero no le impide andar por sitios indecentes buscando nuevos encuentros sexuales, nuevos manjares de la carne, nuesvas ensoñaciones del vino.

Todos tenemos buenas razones para llevar una doble vida, pero no todos creemos que eso sea necesario ni contribuya en nada a curar de estupidez a nuestra medrosa especie.

De toda esta bazofia se valen los regentes de las redes decorosas para hacerse pasar por inventores, y gestores únicos, de formas de comunicación y reducción de las distancias planetarias; formas que habían sido inventadas mucho antes o que tienen paralelos fascinantes a los que nadie da difusión so pena de ser señalado como el pervertidor de una sociedad con el alma embellecida por la moralidad, el amor total a la pareja y demás zarandajas de moda sostenidas en zancos o trepadas a obtusos andamios.

Pero hay algo fundamental y aún más lamentable en el desinterés por sitios como AdultFriendFinder o FacePorno -que, desde luego, no son los únicos en su tipo pero sí los más concurridos-. Ese algo es que estas redes implican concretar encuentros, arriesgarse a la aventura y -sobre todo- despegarse de la computadora. Quizá es esto último lo que les vuelve verdaderamente escalofriantes. El mundo se ha convertido en la virtualidad del ciberespacio; el mundo se ha vuelto virtual y con él la vida. El encuentro carnal es ahora mero intercambio de palabras, erotismo bello o embellecido a modo, sutil insinuación, ya no bestial encuentro de dos seres que desean, sudan, se ensucian y se desprenden de sí mismos en el goce compartido, la renuncia al yo en aras del nosotros, donde -como evocara Octavio Paz- se encuentran dos que se desnudan y se aman “por defender nuestra porción eterna, nuestra ración de tiempo y paraíso”. La fusión de la carne y la preservación de nuestro más primario patrimonio no parecen muy factibles a través de la banda ancha. Quizá el onanismo está de moda -no lo sé- quizá “hacer el amor” -ese otro eufemismo abominable- hoy consiste en cerrar los ojos y realizar fantasías secretas mientras se fornica con la persona “amada”.

Para escándalo de una sociedad que se pretende librepensadora, los países católicos, especialmente los que mamaron del aberrante y criminal catolicismo español, son los que tienen menos presencia en estas redes. Y de esos, México es el que menos. No tengo cifras, pero cualquiera puede comprobarlo con facilidad. Quizá es por este imperio del misticismo mexicano, que encuentra dioses en cualquier ídolo de barro, sea un deportista, una cantante, algún político. Misticismo idólatra y generador de mitos que pareciera proclamarse a un tiempo teocrático y ateo.

No faltará quien piense a estas alturas -si tan lejos ha llegado- que paso por alto datos técnicos que podrían explicar la falta de éxito de las redes a la que me he referido. Lamento informar a la curia que AdultFriend-Finder, creada muchos años antes que el antiquísimo Hi5, tiene un interfaz tan eficiente como el de Facebook o Twitter, quizá más: Es una red veloz, con perfil de usuario, chat, foros, blogs, grupos, carga y exhibición de fotografías, etcétera. FacePorno es un clon de Facebook, algo lento, pero idéntico.

La parte que a mí más me divierte -aunque yo, como Jorge Ibarguengoitia “estuve mal educado”- es que en AdultFriendFinder tengo felices tertulias con amigos que hablan sin tapujos acerca de sexualidad pero no están en busca de encuentro carnal alguno y -muchas, muchísimas veces- postean en sus blogs cosas infinitamente más interesantes que las de las doncellas y caballeros decentes de las otras redes sociales, ésas en las que se puede tener entre los contactos a la familia y está permitido exhibir los más deliciosos deseos siempre que parezcan meros productos de unamunezcas poéticas creaciones.

¿Que describa más puntillosamente de qué van dichas redes? Supere usted su miedo a ser usted mismo y aventúrese a averiguarlo.

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