Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Ernesto Villanueva

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Coordinador del área de derecho de la información del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM donde se desempeña como investigador de tiempo completo.

El deber con uno mismo

Me es muy grato estar en esta tarde con la comunidad académica de la Facultad de Derecho y de la propia Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En verdad es un momento que nunca imaginé que traduciría en acto. Hace ya varios años aquí en Morelia aprendí mis primeras letras y estudié los cursos iniciales de mi vida en esta Universidad Michoacana. No tenía en ese entonces método, menos todavía proyecto. Salí de Michoacán con más preguntas que respuestas. Debemos considerar que la persona que no sabe qué puerto busca, ningún viento le será propicio. La ausencia de referentes hace que uno gire sobre su propio eje. Ese es nuestro primer reto por vencer. Conocí la incertidumbre, que pone a todos a prueba. Esa postración que paraliza. Comparto con ustedes que aquí la victoria reside en vencerse a sí mismo, en creer en uno, en que con la fuerza de la voluntad, de la disciplina y de la posibilidad de saber para conocer, es posible seguir siendo uno mismo capaz de orientar la fortuna y dejar a flote la virtud. Qué difícil, pero qué necesario es esta acción para que el destino no guíe nuestra vida, sino justo lo contrario.

Las circunstancias me han permitido obtener los principales grados académicos en distintas universidades, reconocimientos, doctorados honoris causas, satisfacciones profesionales como haber influido en las redacciones de muchas leyes y en la adopción de otras tantas jurisprudencias, todas ellas para el bien común. El reto es que cuando uno sube debe seguir siendo uno mismo. Y además es pertinente señalar que uno debe procurar una vida con una dosis apreciable de felicidad, de esos momentos que hacen que la vida valga la pena. Así ha sido en mi caso. Primero por la fortuna de tener a mi hija Luz Elena y ahora con la dicha de ver a mi hijo Matías. Nada de lo humano me es ajeno, como ha dicho Terencio: “Ellos tienen todo ya para resolver su vida”.

Estoy convencido de que uno debe vivir como se piensa, si no, se acaba de pensar cómo se vive. Eso último se lo debo a mi compañera de vida, Clara Luz, quien me asesora, me soporta y se ha convertido en mi conciencia crítica. Conozco en mi mundo muchas personas que se han convertido en esclavas del dinero. Es su religión, su guía y su propósito. He tratado de no caer en esa tentación que carcome el espíritu y lastima el alma. Satisfecha la honrada medianía de que habla Juárez, el rico es aquella persona que nada le hace falta y el pobre es quien siempre necesita. Los más preocupantes son los pobres de espíritu, que se han negado a sí mismos las oportunidades de la vida. Mi riqueza la comparto aquí y ahora, y lo seguiré haciendo. Esta biblioteca que hoy dono es sólo el primer producto. No es fácil, lo sé, transferir los libros de uno, aun cuando ese hecho esté animado por la mejor convicción de hacer el espacio de uno un espacio de todos. Y es que los libros que uno adquiere en el horizonte de la vida se vuelven, al transcurso del tiempo, parte de nuestra propia existencia.

Así llega un momento en que mi obra -la escrita y la que he reunido junto a mí- acaba por convertirse en retrato de mí mismo, con mis fortalezas y debilidades. Esa porción de mi ser cumple una función mayor cuando se destina a que nuevos lectores puedan acudir a ella, a abrevar de los libros. El libro es una herramienta para abrir nuestras perspectivas, para normar nuestro juicio y llegar al final a definir nuestro destino. Definir es saber. De ahí que la definición precisa sea un acto vital. El libro también es un vehículo de transmisión de conciencia. Más todavía, la lectura puede ser un acto creador no menos que la escritura. Agradezco a mis amigos Miguel Ángel Porrúa y Perla Gómez hacer suyos estos ideales y sumarse conmigo en esta iniciativa.

En México, en Michoacán, el hambre se ha convertido en el sistema injusto que regula la conciencia haciendo la metáfora del mundo al revés. Nunca dudé en donar mi biblioteca personal para que otros aprovecharan de ella, todavía mejor de lo que yo lo he podido hacer. Me emocionó que la Maestría en Derecho de la Facultad de Derecho de la UMSNH fuera reconocida de forma muy rápida como un Posgrado Nacional de Calidad por el Conacyt: ¿cómo hubiera podido permanecer al margen si ellos armados con voluntad, capacidad y trabajo pudieron demostrar a propios y extraños el alcance de sus afanes? ¿Cómo podría estar al margen yo, que lo tengo todo, gozando con el egoísmo tan propio de la condición humana, de una amplia biblioteca para un uso personal?

Es por eso que hoy siento que cumplo con un deber moral conmigo mismo, al estar aquí para sumarme como uno más para servir. Porque sé que esta donación contribuirá a matizar, al menos, las agudas diferencias, a vencer ese principio que afirma que la ignorancia es la madre de las tradiciones, de la que habla Montesquieu.

No ignoro tampoco que una biblioteca por más completa que sea sólo es un puerto de llegada ante necesidades que no podríamos ignorar, y en donde reside la luz al final. Ahí están a la vista de todos. Por eso, con esta Cátedra que la Universidad Michoacana ha creado con mi nombre por la decisión de los nicolaítas que reconocen mi trabajo, aunque, aclaro, yo sólo he hecho lo que la moral me obliga, lo que la virtud demanda de todos lo que abrevan de ella. Tengo, por supuesto, la convicción de que hay que aportar más: tan poco hecho y tanto por hacer. Ello no permite el lado fácil de mirar a otro lado, de sumirse en el olvido de la obligación social bajo el embriago de la acumulación personal, de tirar el dinero en tantas cosas que sólo llenan aparentemente el vacío espiritual y adormecen la conciencia. Así, condenan al olvido a la fortuna de compartir. Este acto de compartir no duele, en verdad. Gratifica el espíritu y no hay dinero con qué pagar la sensación del deber social cumplido.

A partir de esta cátedra “Ernesto Villanueva” pongo recursos propios como una iniciativa personal que espero gane adeptos entre empresarios y todos aquellos que la vida y la circunstancia les ha permitido transitar por los caminos más seguros del éxito. Es decir, los que son la excepción a la regla. Pongo mis posibilidades económicas y mi voluntad para generar apoyos intelectuales y económicos para las mejores expresiones académicas de la licenciatura en derecho con escasez de recursos económicos de la Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana. Vamos a trabajar para que la falta de dinero no signifique, nunca más, oportunidades perdidas. No quiero con esta afirmación reproducir lo que los políticos afirman, siempre en el mejor de los casos, con cargo al dinero que no es suyo. En política no es infrecuente que el vicio rinda pleitesía a la virtud. A eso hoy le llamamos simulación. Estoy convencido que esta iniciativa que arrancamos hoy aquí juntos, se haga desde la iniciativa privada, sin políticos. Su doble agenda contamina los proyectos bien nacidos. Queremos formar jóvenes que puedan ser libres. Que no sean esclavos de alguna cosa o circunstancia que les impida la posibilidad de elegir para saber y subir.

Hoy en México el gobierno ha perdido la brújula. Ha privilegiado lo accesorio sobre lo necesario. Es sorprendente cómo cualquier tontería cometida se justifica diciendo que se cumple el deber. ¿Qué es lo básico? Asegurar la libertad de todos, pero para lograr esa libertad se debe asegurar primero la existencia. Hoy cada día que pasa vemos que no es así. La confrontación, la lucha por el poder por sí mismo ha generado que se insista en que los principios morales queden en el baúl de los recuerdos. No estoy de acuerdo en que ello siga siendo así. Una de las garantías de las personas contra la arbitrariedad, la injusticia y la impunidad es la publicidad. Peor todavía hay casos donde los políticos no saben que obran mal y es el ojo público el que debe educarlos en la tarea de cumplir la ley. A esa tarea dedico mis afanes todos los días. Mientras más conozco, más me entero de lo que mucho que hace falta por recorrer. Hemos llegado a un país de excesos, de cinismo y de apropiación privada de lo que es público. Frente a estos problemas que a todos nos aquejan, el Presidente de la República prosigue su personal estilo de gobernar con el pago de pensiones especiales de más 121 mil millones de pesos para personal de confianza del gobierno. Y llega a Michoacán como si de un dictador sudamericano se tratara. Qué tan presentes se hacen las palabras del estadista Benito Juárez cuando dice: “Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro”. Nunca hay que olvidar que la violencia es el último recurso de la incompetencia.

En este ambiente de descomposición de la vida pública, cada quien tiene su propia responsabilidad que atender, yo la asumo con más acciones y menos palabras, en espera de que las gentes de bien puedan comprender que no me anima otro propósito que la educación pueda hacer libres a las personas y hagan lo propio. Como dice Coelho, cada ser humano tiene, dentro de sí, algo mucho más importante que él mismo: su don.

Debemos, desde la Cátedra, ayudar a descubrir y orientar ese don en potencia para construir y no para destruir, para proponer y no denostar, para privilegiar las coincidencias en la diversidad y no para destacar lo que nos separa. Lo anterior, amigas y amigos míos, sólo conduce al resentimiento, al fracaso y a perder la oportunidad de que la iniciativa de unos puede hacer diferencia en un mundo, como el nuestro, donde el trabajo real por los demás no está de moda. Muchas cosas se han perdido, si queremos salir adelante, hay que encontrarlas y regresar a los clásicos: dar a cada quien lo suyo en condiciones de justicia y equidad que habremos de procurar con el concurso de todos para que al menos en este campo las graves diferencias puedan transitar por un sendero menos sinuoso más temprano que tarde.

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