José Luis Peralta

Comisionado de la Cofetel.

El crecimiento de la información

Y la necesidad de un segundo dividendo digital

En 1984, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) difunde los resultados de un prolongado estudio que ha consumido dos años de colecta y apreciación de datos duros, cifras distintas e informaciones que proporcionaron buena parte de las administraciones nacionales de telecomunicaciones de todo el mundo. Estos trabajos fueron coordinados por Donald Maitland, funcionario escocés, quien en entonces presidía la Comisión Independiente para el Desarrollo Mundial de las Telecomunicaciones, instituida en mayo de 1983 por resolución de la propia Conferencia de Plenipotenciarios de la UIT celebrada un año antes en Nairobi, Kenia.

La encomienda de la Comisión, y por lo tanto del reporte de 1984, conocido justamente como el Informe Maitland, era “identificar los obstáculos que impedían el desarrollo de las infraestructuras de comunicaciones, y recomendar procedimientos para estimular la expansión de las telecomunicaciones en todo el mundo”. Así, el Informe establece una premisa nodal que sería punta de lanza de toda la evolución posterior del sector: la necesidad imperiosa de enfatizar el uso productivo de las telecomunicaciones para transformarlas en vector de arrastre y encadenamiento en la prosecución del desarrollo económico. Tal empalme virtuoso -que desde 1963 ya había encontrado expresión cuantitativa en la fórmula de Jipp1: a mayor densidad telefónica, mayor crecimiento del Producto Nacional Bruto (PNB)- era ya una convicción estable en las naciones más avanzadas, pero en los países de menor avance -donde desde luego más se requería ese concurso- era todavía una apetencia, incluso no siempre reconocida y menos apreciada. “En el mundo industrializado se da por sentado que las telecomunicaciones son un factor clave de la actividad económica, comercial y social, y un recurso esencial de enriquecimiento cultural. La situación en el mundo en desarrollo marca un fuerte contraste respecto a ello” (UIT, 1984:23), se rotulaba para confirmar esa insatisfacción.

Al designar su informe como El Eslabón Perdido, además de calificar aquel maridaje como imprescindible, la Comisión concibe el suministro de equipo como un proceso sujeto a las asimetrías y los desequilibrios del orden internacional vigente. Si las telecomunicaciones eran factor de desarrollo reconocido, si a mayor equipamiento mayor riqueza nacional, ¿cómo habrían de crecer los países más pobres si únicamente disponían del 7% del total mundial de líneas telefónicas; si en conjunto generaban sólo el 15% del tráfico internacional? La pieza faltante entre pobreza endémica y el desarrollo y crecimiento económicos, el eslabón perdido que los divorcia y aísla, que es incluso factor de rompimiento en el progreso, se conforma entonces en tal inequidad generalizada, que hacia 1984 afligía a la mayor parte de la población del planeta. Del diagnóstico anterior, el informe desprendía recomendaciones y sugerencias que corrigieran las desventajas. Para agregar el eslabón recién definido y operar una infraestructura de telecomunicaciones capaz de soportar el desarrollo económico, se establece una meta concreta para fines del siglo XX: implantar los trabajos del caso para conseguir que todos los ciudadanos del mundo tuvieran la posibilidad real de acceder al servicio telefónico básico.

En el 2002, a 18 años de distancia, las recomendaciones del informe Maitland eran un deseo todavía y estaban lejos de concretarse. Sin embargo, ello no procuraba congoja alguna porque el entorno tecnológico mundial ha cambiado substancialmente, y arroja nuevos criterios e hipótesis. Así, es irrelevante no haber cumplido los propósitos del Maitland en tanto la conexión telefónica es obsoleta ya que la tecnología existente ha superado el enlace físico y la conducción de voz. Y a principios del siglo XXI es claro ya que lo importante es el intercambio permanente de datos, que en un lenguaje uniforme puede representar cualquier cosa, cualquier símbolo. “En 1984 -afirma con decisión la misma UIT para armar el argumento- el informe El Eslabón Perdido apuntaba al hecho de que la falta de infraestructura de telecomunicaciones en los países en desarrollo impedía el crecimiento económico. Pero esta óptica quedaba limitada porque se enfocaba principalmente al acceso a los teléfonos, más que en el concepto actualmente más amplio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)” (UIT, 2002:12).

Para superar y resolver las condicionantes de la época, el organismo invoca una nueva categoría de aprovisionamiento que va a trascender el 2002 y a fortificar sus bases, a tiempo que sus detalles técnicos se optimizan y alcanzan un mayor desarrollo. Con el soporte de la tecnología inalámbrica y su permanente evolución, la funcionalidad de los equipos emergentes ofrece un ambiente de comunicación etéreo, inmaterial, casi mágico. La conectividad de los sistemas sin hilos, genera pues una atmósfera de interconexión que como el aire puede penetrarlo todo y conquistar con ello una omnipresencia embrionaria -virtual, si se apela a la descripción modernista- siempre disponible y vigente, y únicamente tangible cuando efectivamente se establecen los enlaces, cuando se materializa la interacción real entre sistemas y personas. “Hemos encontrado el eslabón perdido, dice entonces la Unión, sin evitar el triunfalismo natural de quien tanto indaga. Son las comunicaciones móviles”, complementa con el entusiasmo inherente a ese descubrimiento (UIT, 2002:8).

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Fuera de la nostalgia que la descripción anterior pudiera provocar, si ha sido pertinente recordar aquellos años es porque con naturalidad plantean dos situaciones que han sido primordiales para el sector de telecomunicaciones en lo particular y de las TIC en lo general. Por una parte, el innegable y vertiginoso desarrollo tecnológico, que en muy poco tiempo ha llevado a las telecomunicaciones a conseguir una versatilidad amplia, profunda y radical, y más aún, todavía sin límites precisos respecto a las fronteras y distintivos que habrá de conquistar. De esta forma, el tránsito entre la telefonía fija y sus asimetrías que nutrió el Informe Maitland, y las nuevas especificaciones técnicas de los equipos móviles de vanguardia y el entorno de ubicuidad que ya garantizan, únicamente han transcurrido poco más de dos decenas de años, lo que revela no sólo la velocidad de la innovación tecnológica, sino también la profundidad que alcanzan cada avance conquistado.

Y en segundo lugar, se destaca el impacto que logra esa innovación expedita, el cual ha generado e igual habrá de producir grandes ventajas y provechos para las sociedades que procuran y cobijan el esfuerzo de innovación. Como me permití afirmar en una colaboración anterior2, la explotación de las comunicaciones móviles hoy en día se sustenta en los avances de la tecnología disponible. “De hecho, se señaló entonces, el espectro radioeléctrico tiene la potencialidad teórica de que todos lo utilicen sin interferirse. Según Werbach, la radio interferencia no es un problema físico sino de tecnología, es decir, es el resultado de emplear antenas y radios tontas que mezclan las señales que reciben. Bajo esta óptica, en la medida que los equipos que utilizan el espectro se conviertan en inteligentes, el espectro no será escaso sino abundante”. Esta analogía encuentra expresión concreta en el llamado segundo dividendo digital, denominación que supone la explotación de las bandas de frecuencia adicionales a los 700 MHz para la prestación de servicios móviles. En las páginas que siguen, habremos de analizar esta alternativa.

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El hallazgo de la UIT del 2002 parece cumplirse a cabalidad en nuestros países. En los hechos, las comunicaciones móviles han actuado en efecto como vector de enmienda del eslabón perdido, y si se atiende a los niveles de penetración social que alcanza la telefonía inalámbrica, puede decirse que para muchos millones de ciudadanos el primer contacto con la telefonía se ha producido mediante los dispositivos móviles. A nivel macroeconómico, las aplicaciones móviles se han venido conformando como un sector económico significativo. El reporte 2012 del Observatorio Móvil de América Latina, enfatiza por ejemplo que “los estudios demuestran que el ecosistema móvil, en su totalidad, aporta 175 mil millones de dólares para la economía de la región, lo que equivale al 3,6% del PBI regional. En términos de contribución a las finanzas públicas, se estima que en el 2010 el sector móvil ha contribuido con $48 mil millones de dólares generados a través de impuestos corporativos, seguridad social, impuestos sobre la renta, IVA neto y tasas regulatorias” (GSMAATKearney, 2012:3).

Otros autores coinciden al calificar el impacto de la comunicación móvil como vector decisivo en el desarrollo de las capacidades de difusión e intercambio de información y comunicaciones. “Las telecomunicaciones móviles han alcanzado niveles masivos de penetración en el continente latinoamericano, se nos informa. El promedio continental, de 97.8% al primer trimestre del 2011 representa un nivel de adopción relativamente similar al observado en países industrializados. Basándonos en la situación actual, la tendencia histórica, y una estimación conservadora de los niveles de saturación esperados, estimamos que la penetración de la telefonía móvil alcanzará un promedio regional superior a 117% en 2015, llegando a 130% en el 2020” (Katz y Flores, www). Las estimaciones particulares de la misma fuente señalan el pronóstico para nuestro país, uno de los cinco que sirvió de base para la realización del estudio: 95% de penetración para 2015. Esta proyección supone un crecimiento de 10 puntos porcentuales respecto a la estadística registra-da al segundo semestre de 2011, que llegó a las 84.2 suscripciones a teléfonos celulares móviles por cada 100 habitantes (Cofetel, 2012). Como se aprecia, el crecimiento no se pronostica menor.

La penetración social innegable de las plataformas móviles en el continente latinoamericano y en nuestro país, agrega una cualidad sobresaliente al proceso de interacción entre los ciudadanos entre sí y con las instituciones nacionales. Al insertarse como instrumento homogéneo de mediación social y al generalizarse su uso entre grupos e individuos, la telefonía móvil aporta a la comunicación un distintivo de translocalidad -esto es, la posibilidad de mantener la conexión tanto en forma fija como en desplazamiento, incluso a través de grandes espacios y sin importar la duración de las trayectorias- y de integración y convergencia, en tanto el teléfono móvil es vía única para acceder a las economías de escala que garantiza la red, es decir, el aprovechamiento de formatos distintos (multimedia, por ejemplo, o texto e imagen en lo particular) y asimismo servicios de naturaleza diversa, como la consulta a Internet o el acceso a programación televisiva por demanda (Aguado y Martínez, 2006). Con base en ambas distinciones, puede decirse que a nivel del usuario, la telefonía celular es un metadispositivo digital de enlace y comunicación entre personas, entre personas y máquinas; y de máquinas a máquinas.

Al concebirlos como metadispositivo digital, se contextualizan las sobresalientes innovaciones tecnológicas que de manera permanente han perfeccionado y enriquecido el desempeño operativo de los teléfonos móviles habiendo encontrado los llamados teléfonos inteligentes, o smartphones, designación ya instalada en el imaginario colectivo, representa en efecto a uno de los instrumentos más versátiles y sólidos en comunicación que viene. Los “smartphones, se dice por ejemplo, han cambiado radicalmente a la industria del móvil, ya que han contribuido a que el tráfico que genera la economía en red y el intercambio social se transporte y se distribuya en una sola plataforma tecnológica de amplia funcionalidad”. Tal razonamiento encuentra soporte tanto en la estadística cuantitativa que refleja el desarrollo numérico del smartphone, como en la interpretación teórica que también ha acompañado la expansión del celular y donde se concibe al móvil como artefacto cultural de amplia repercusión social.

En el primer caso resalta la información proveniente de los análisis de mercado que el organismo francés IDATE establece al referirse al escenario móvil en todo el mundo. Según sus pronósticos, el crecimiento en ventas de los smartphones a escala planetaria tendrá una notable expansión en el corto plazo. En consecuencia, si los smartphones representaron ya en el 2011 el 30.6% del total de 1.5 mil millones de aparatos celulares vendidos en todo el mundo, para 2016 esa distribución habrá de permanecer y desde luego superarse. Si se estima que en ese año se venderán 2 mil 108 millones de aparatos a escala internacional, y un mil 216 millones corresponderá a smartphones, esto es, el 57.7% del total estimado.

México desde luego no escapa a la proyección anterior, y los datos disponibles igual enseñan una tendencia ascendente de las unidades smartphone. Conforme las estimaciones de Pyramid Research, la venta de teléfonos inteligentes en América Latina crecerá más de cuatro veces entre el 2011 y el 2017, y en los mercados de Argentina, Brasil y México se tendrá un mayor dinamismo en tanto en conjunto representan el 68% de la venta de smartphones en toda la región (Pyramid Research, www). Hasta marzo de 2012, el mercado móvil llegó a los 95 millones de líneas habilitadas a nivel nacional, de las cuales poco más de 15% (esto es, cerca de 14.7 millones) se explotan con teléfonos inteligentes. El dato toma mayor relevancia al señalar que representa un crecimiento del 26% respecto al 2011, cifra que reproduce la tendencia apuntada. Pese a existir diferencias acreditadas en cuanto al sistema de contratación -el 64% del total de smartphones opera en pospago, y el 36% restante en prepago- existe una gran uniformidad respecto a la utilización dominante. Así, el 91% de los poseedores de un teléfono inteligente se conecta a Internet por redes WiFi, y el 51% ha contratado un plan para transmitir datos y acceder a la red desde cualquier lugar y en cualquier momento (CIU, 2012). Si las tendencias apuntadas persisten, es claro que en el mercado mexicano se asienta ya el tránsito entre los servicios de voz y la transmisión de datos. Pyramid establece esa conclusión, y conforme sus predicciones la demanda actual y futura en la región se centrará en los datos por sobre otras aplicaciones.

Una segunda firma consultora, ABI Research, describe una situación paralela que incide también en la dinámica de expansión prevista. El aumento en las ventas de smartphones no puede aislarse del tipo de dispositivo que se ofrece en el mercado, situación que supone una enorme presión para los fabricantes de equipos móviles tradicionales de precio reducido, en tanto deberán adaptarse a la demanda y cambiar su oferta hacia el smartphone. Si el mercado que hasta ahora se ha servido se representa por el consumidor de ingresos medios y bajos, resulta fundamental reconvertir su cartera para proporcionar smartphones asequibles, que puedan competir con los teléfonos móviles de bajo costo de generaciones anteriores. “Fabricantes de terminales de bajo costo, como Huawei y ZTE, concluye el estudio, están dando así el salto hacia los smartphones, lo que será un factor impulsor clave para el crecimiento y la innovación en el segmento de smartphones de menos de 150 dólares” (Varela, 2012). Alcanzar ese precio supone un esfuerzo sostenido de investigación, desarrollo e innovación, en tanto los aparatos de bajo precio deberán de reproducir la misma funcionalidad operativa de los más caros.

Más, como ya se ha sugerido, el impacto de la telefonía móvil en su versión inteligente no es únicamente cuantitativo y por lo mismo centrado en el mercado y sus estadísticas de penetración. A ellas, se suma la radical transformación que el ecosistema móvil ha provocado en la sociedad y en sus intercambios individuales. Si sólo se observa el panorama cotidiano, el uso intensivo de las redes sociales para comunicación, para relaciones afectivas, propaganda política, e incluso con objetivos comerciales como la publicidad, se percibe que los ritos sociales de la interacción han sido modificados por la ubicuidad de la telefonía móvil. La gestión de los horarios familiares o profesionales; las dinámicas de grupo y de las organizaciones; las relaciones e intercambios en diferentes ámbitos (personal; de trabajo; familiares; académicos) y con finalidades diversas -como el conocimiento, la formación o simplemente el ocio y el entretenimiento- son actividades que al integrar al celular como parte de la interacción propician cambios en las maneras en que nos relacionamos e inclusive sobre la identidad que cada quien asume frente a sus pares. Como sugieren Aguado y Martínez con base en Ling y Sampedro, la telefonía inalámbrica “ha supuesto una notable incidencia transformadora en el consumo de ocio, en la gestión de la identidad individual, e incluso en la canalización de respuestas e iniciativas sociales”.

La expansión sostenida del equipamiento que se anuncia igual se traduce en fuertes presiones para generar las infraestructuras y plataformas móviles, que soporten los tráficos extraordinarios que ya se generan cotidianamente. Un estudio de Verizon, operador de telecomunicaciones en Estados Unidos y otros países del mundo, detecta que el uso y apropiación de una gama amplísima de dispositivos móviles innovadores y sofisticados, se complementa con dos tendencias más para complementar el proceso de hiperconectividad, nueva categoría que remite al aprovechamiento de redes e instrumentos de acceso para generar herramientas virtuales de comunicación versátiles, y con la facilidad de acceder a los servicios y aplicaciones desde una posición itinerante y durante las 24 horas del día y los 365 días del año. Las dos tendencias identificadas por Verizon comprenden: i) la adopción por las organizaciones públicas y privadas y por los mismos individuos, de las tecnologías IP, lo que ha facilitado la convergencia entre sistemas y servicios por la homogenización del formato de transporte y de consulta; y ii) la emergencia de infraestructuras que igual han emprendido procesos constantes de integración de redes y de comunicaciones, como es el caso de los servicios en la nube. El impacto combinado de los dos elementos anteriores habrá de provocar un crecimiento sin precedentes en el sector de telecomunicaciones, en especial y sobre todo del tráfico móvil. Verizon ilustra esta premisa con los considerandos de la firma especializada IDC, la cual pronostica: “el universo digital duplicará su tamaño cada 18 meses, por lo cual al término de este 2012 habrá alcanzado un tamaño cinco veces superior al que tenía en 2008” (Verizon, 2010). Referencias de esta naturaleza han llevado a generar términos de medición inéditos, que desde luego están generando una nueva métrica de la información (Cuadro 1). “Por donde se le mire, la cantidad de información en el mundo se está disparando. Según las estimaciones de The Economist, la humanidad creó 150 exabytes (mil millones de gigabytes) en 2005. Este año (2010), se crearán mil 200 exabytes” (Sepúlveda et al, 2011). Las referencias que por su parte proporciona Cisco completan el escenario y reseñan el crecimiento en el prototipo IP. “El tráfico mundial por año superará las tres cuartas partes de un zettabyte (767 exabytes) en cuatro años. Durante el año 2009, el tráfico IP mundial aumentó un 45% para alcanzar una tasa de proyección anual de 176 exabytes por año o, expresado de otro modo, de 15 exabytes por mes. En 2014, el tráfico IP mundial alcanzará los 767 exabytes por año o los 64 exabytes por mes. El tráfico IP mundial se cuadruplicará entre 2009 y 2014. En general, el tráfico IP aumentará a una tasa de crecimiento anual compuesto del 34%” (Cisco, 2012).

El tráfico de comunicaciones, el aprovisionamiento de dispositivos, y la apropiación social de la tecnología para la gestión de la vida diaria de instituciones e individuos, confluyen en el imperativo de generar redes e infraestructuras que soporten el gran dinamismo del sector. Sobre todo, los requerimientos se especifican en dos grandes ejes de desarrollo: a) generar plataformas para el servicio móvil a costos reducidos y con una capacidad suficiente para soportar el intenso tráfico de los dispositivos móviles; y, b) lograr la mayor cobertura territorial de las redes, para ofrecer el acceso, aplicaciones y servicios en cualquier zona de los territorios nacionales. Con base en análisis de ingeniería que evalúan tanto la propagación en el espacio libre de las señales de comunicaciones y las pérdidas en la señal en función de la frecuencia y las distancias, se presenta una alternativa de explotación de las bandas de frecuencias para el desarrollo y explotación de redes móviles en nuestro país.

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La mayoría de nosotros entendemos la palabra radio como sinónimo del equipo electrodoméstico que nos permite escuchar música, noticias y/o emisiones de entretenimiento por medio de estaciones sintonizadas en Frecuencia Modulada (FM), o Amplitud Modulada (AM). Sin embargo, el espectro radioeléctrico es más que tan solo el servicio de radiodifusión que se concreta en las estaciones transmisoras conocidas. El espectro radioeléctrico está compuesto por frecuencias u ondas hertzianas, que así se designan en honor a su inventor Heinrich Hertz. Éstas oscilan de los 3 Hz a los 3000 GHz, tal como lo definió el Consejo Consultivo Internacional de Radiocomunicaciones (CCIR) de la UIT en el año 1953. Dentro de los rangos señalados, se encuentran distintos servicios aplicados, como la radio comercial o pública; la televisión en iguales modalidades y ya en formato digital; telefonía celular; radares; servicios satelitales; radionavegación aérea o marítima, entre muchos otros. Cada uno de estos servicios han sido atribuidos a segmentos de frecuencias definidos por la UIT, y también existen otros organismos encargados de realizar estudios permanentes para que el aprovechamiento del espectro radioeléctrico sea el óptimo. Entre otros organismos se encuentran: la Comisión Interamericana de Telecomunicaciones, también conocida como CITEL, que representa los intereses de los países miembros de la región Américas; la APT, con el mismo propósito para la región Asia-Pacífico, o la CEPT para los países agrupados en la Unión Europea.

A partir de la colaboración de todos estos organismos, se han definido distintas bandas de frecuencias dentro del espectro radioeléctrico como las óptimas para utilizarse en la prestación de servicios móviles, o también conocidos como servicios IMT (por sus siglas en inglés, Telecomunicaciones Móviles Internacionales). Definido como el conjunto de frecuencias de radio, el espectro radioeléctrico presenta diferentes características propias a tiempo de propagarse por el espacio libre como medio de transmisión, y esta propagación por sí misma atiende distintas leyes y fórmulas en su actuar. En específico, las leyes de Maxwell y la fórmula de Friis, que reciben el nombre de los investigadores que se dieron a la tarea de analizar el espacio libre para poder realizar comunicaciones, determinaron que si bien de forma general un sistema de comunicación enlaza tres elementos fundamentales:

1. Un equipo transmisor con una antena como elemento radiador,

2. El espacio libre como medio de propagación, por donde viaja la información en forma de ondas electromagnéticas a una frecuencia determinada.

3. En el otro extremo, un equipo receptor con una antena capaz de captar la señal que ha sido transmitida. Cabe señalar que la señal inicial no llegará al receptor 100% íntegra al final de su trayectoria. Este hecho se fundamenta en que el medio (esto es, el espacio libre) no está libre de obstáculos, y se presentan distintos fenómenos físicos que se oponen al paso libre de las ondas que viajan por él. Ello limita el alcance o distancia a la cual podemos enviar nuestra señal.

Para ser exactos, existen muchas pérdidas en la trayectoria que sigue la señal por el espacio libre. La pérdida en este espacio está relacionada de manera directamente proporcional a la frecuencia utilizada y a la distancia que se desea alcanzar, como se establece en la recomendación UIT-R P341-5 cuya fórmula desarrolló Friis:

LpdB=20log4πfDc=20log4πc 20log f 20 logD

Donde:

Lp=pérdida en la trayectoria por el espacio libre expresada en dB

D=distancia kilometros

f=frecuencia hertz

c=velocidad de la luz en el espacio libre (3×108 metros por segundo)

Ejemplificando la relación, puede preguntarse: ¿qué pasaría si una frecuencia se propaga por debajo de 1GHz (500 MHz por ejemplo) y otra frecuencia por arriba de 1 GHz (2.1 GHz), utilizando un sistema de comunicación con los mismos equipos y con el fin de que la transmisión de la señal cubra una distancia de 50 Km al receptor?

La aplicación de la fórmula señalada conlleva el ejercicio siguiente, donde la única variable que cambia es el valor de la frecuencia, 500 MHz y 2.1 GHz. Así tenemos:

La conclusión del ejercicio es meridiana. Entre más baja es la frecuencia, la atenuación o pérdida en la señal es menor (se debe resaltar que una pérdida siempre es negativa, aunque se exprese en forma positiva). A contrario sensu, igual se puede concluir que entre más baja es la frecuencia, mayor será la cobertura, ya que la señal sufre menos pérdida. Como ejemplo puede compararse la operación de dos prestadores de servicio. El primero trabaja en la banda de 700 MHz, y el segundo en la banda de 2100 MHz. Como se ilustra en la figura 2, el operador que trabaja en 700 MHz requiere menos radiobases para cubrir diez kilómetros, mientras que el operador que trabaja en la frecuencia de 2100 MHz, requiere hasta de 10 radiobases para cubrir un área de solo 5 kilómetros, es decir, requiere una inversión hasta de cinco veces más que el primer operador, e incluso no logra la misma cobertura.

Con base en la característica recién definida, es pertinente evaluar la posibilidad de implementar servicios móviles en frecuencias más bajas, incluso por debajo de la banda de 700 MHz, como podría ser la banda de 500 a 600 MHz. Esta opción incluso atiende el numeral primero del artículo 44 de la constitución de la UIT, relativo a que los estados miembros de ese organismo deben procurar limitar las frecuencias y el espectro utilizado al mínimo indispensable para obtener el funcionamiento satisfactorio de los servicios necesarios. Para ello, deben aplicar los últimos adelantos de la técnica.

El arribo de la televisión digital terrestre (TDT) representa con claridad el ordenamiento planteado por la UIT en el artículo señalado. El tránsito hacia el formato digital supone la liberación de las frecuencias donde se transmite la televisión analógica, lo que ha supuesto la liberación de la banda de 700 MHz, la cual constituye lo que se conoce como dividendo digital, esto es decir que su aprovechamiento podrá fincarse para servicios de comunicación móvil. Sin embargo, ante referencias como la que aquí se ha planteado, convendría atender otras posibilidades de atribución a servicios móviles en bandas de frecuencias incluso por debajo de los 700 MHz. Cabe señalar que esta posibilidad ya ha sido sugerida a nivel internacional. Como se ha planteado, ante la necesidad de conseguir mayor espectro radioeléctrico para los servicios móviles, algunos países han insistido en estudiar las opciones que ofrecen las bandas de frecuencias por debajo del Gigahertz. Entre otras acciones se destacan:

a) Los países pertenecientes a la Región 1 de la UIT (África y algunos países de Europa) propusieron cambiar la atribución del espectro radioeléctrico comprendido entre 694 y 790 MHz para ser utilizado en servicios móviles a título primario, es decir, como el servicio preferente en caso de interferencias. Ello evidencia la imperiosa necesidad de aprovechar el espectro radioeléctrico en sus frecuencias bajas para aquellos servicios que registran una mayor demanda real y potencial.

b) Un segundo acuerdo de la misma Conferencia fue el mantener bajo evaluación las posibles bandas para ser utilizadas en servicios IMT 2000, incluyendo las bandas por debajo de 1 GHz.

Como se aprecia, se presenta una gran discusión en torno a cuáles son las mejores formas de proporcionar los servicios móviles que tanto urgen a todos. En esta indagatoria permanente parece fundamental el tener la suficiente apertura para considerar todas las opciones posibles. Como se ha señalado, la comunicación móvil no sólo presenta un perfil técnico y cualitativo, sino también una profunda orientación social. Como lo ha señalado un analista distinguido, “el dividendo digital es sin lugar a dudas un elemento central en el futuro desarrollo y alcance de la Sociedad de la Información de todo el mundo. Nos encontramos hoy frente a un recurso crucial para democratizar el acceso a los servicios móviles. Si bien este es un tema que concierne a todos los gobiernos a través de sus políticas regulatorias de telecomunicaciones y radiodifusión, es la sociedad en su conjunto la que debe participar del debate acerca de cómo deben satisfacer sus necesidades y de los mejores usos que pueden darse de los recursos de propiedad de una nación, tales como en este caso, del espectro radioeléctrico. Si asumimos esta afirmación, tenemos aún mucho que discutir.

Notas:

1 La fórmula de Arthur Jipp, especialista colaborador de UIT, se plantea por primera vez en 1963, como intento para cuantificar la relación entre la infraestructura de telecomunicaciones y desarrollo económico. Según Jipp, al estudiar esa relación resultó clara la fuerte interdependencia entre el crecimiento nacional del sector de telecomunicaciones y la salud económica del país huésped. En primera instancia, su medición se centró en entrelazar la llamada densidad telefónica, esto es, el número de líneas fijas entre cada 100 habitantes de un país dado, y el ingreso nacional medido en la magnitud del PIB. Al establecer que al crecimiento del primer indicador correspondía una mayor riqueza, la comparación generó evidencia cuantitativa concreta que se magnificó como instrumento econométrico para justificar el mayor aprovisionamiento telefónico de todos los países.

En tanto la aplicación internacional de la fórmula se dificultaba por la carencia de información económica. Jipp decidió integrar otras fuentes, tales como la dimensión del parque vehicular; la producción de electricidad, y hasta el número de cartas que manejaba el servicio postal en los países bajo análisis. Con el tiempo, y ante la especialización estadística, la fórmula ha evolucionado mediante la diversificación de los indicadores, y hoy en día cualquier estudio económico incluye la relación entre riqueza nacional y una extensa variedad de factores estadísticos que retratan a las telecomunicaciones.

2 Peralta, J.L. (2011). “Mitos y cuentos del espectro”. En: etcétera, noviembre.

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