Cinque Terre

Lucía Saad

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Historiadora.

El caballero oscuro asciende

“Entre el espectador y la imagen existe una relación mucho más fundamental que entre lo verbal y lo icónico. La relación entre lo que sabe que ve y lo que ve sin saberlo. Esta ignorancia lo contempla”.

Michel de Certeau

Cuando uno se sienta en la butaca del cine se encuentra cargado de expectativas, unas se cumplen y otras no.

Cada quien interpreta la película como puede y como quiere. Si la tarde es pesada y el tiempo oprime, es probable que la impresión que nos deje el filme sea apenas la de un entramado de imágenes, palabras, sonidos y música, inmersos en cierta trama. En esa situación podemos resumir el guión en términos literales y considerar solo los acontecimientos más sobresalientes. Pero si la vista es favorable y nos clavamos en el menor detalle, que podemos adentrarnos casi con lupa en el celuloide.

Hubiera querido asistir a la premier de Batman: el caballero oscuro asciende, y escribir estas líneas hace cuatro meses, sin embargo, esperé a que Cuevana la tuviera para verla junto con mi hija en casa. La previsión que tomé fue exclusivamente por comodidad.

Conforme las imágenes iban sucediéndose en la pantalla algunas impresiones iban quedando señeras en mi memoria y formando una imagen intrigante. Me surgieron algunas dudas. ¿Por qué la mansión de Bruce Wayne no tiene nada gótico? ¿Por qué eligieron a Anne Hattaway para interpretar a Selina Kyle si era el prototipo de la princesa sacramental y no el de una gata sensual? Digo, sin menospreciar su estatura y curvas. La bata de Bruce Wayne carece de estilo ¿por qué no lo ataviaron con algo más adecuado? ¿Por qué el policía John Blake nunca le dice al niño huérfano que su hermano murió? ¿Por qué el comisario Gordon, ante la tumba, lee de un libro las últimas palabras de Bruce? Así me podría seguir, mas no se piense que esto es un conjunto de reclamos al productor, director y co-guionista Chirtopher Nolan, no lo es. El séptimo arte goza de total libertad, de tal suerte que el cineasta inglés, Nolan, siguiendo a René Magritte, podría afirmar, “Este no es Batman”, traicionando las imágenes que nos han dado el cómic, películas anteriores, videojuegos, series televisivas, etcétera. Digámoslo de otra manera, toda traición es una libre interpretación permitida en las obras de arte. Particularmente, gocé más implicándome en los signos y su significado, descubriendo el nexo entre los diálogos, diseñando mi perfil de los personajes, que con la historia llana que ahí se mostró.

En la historia fantástica que se relata en el siglo XXI, filmada en Nueva York (entre otras ciudades), yo vislumbré una historia antigua imperial en una ciudad a la que, a partir de Batman asciende, podríamos llamar Nueva Jerusalén. Espero que nadie concuerde conmigo y que cada quien haga su peculiar interpretación.

Veamos las siguientes imágenes en las que se detuvo mi inquietud.

En la primera toma la imagen de Harvey Dent aparece custodiando al alcalde de ciudad Gótica. La postura del alcalde concuerda con la del César, pero la corona de laureles le corresponde a Doblecara. La siguiente toma es la de una casa de campaña que se encuentra frente al estrado del orador y que por la disposición de objetos corresponde al sitio de los oficiales de mayor rango que se encuentran haciendo guardia. La mujer que se observa de espalda, con peinado recatado y largo cuello desnudo, es Selina Kyle antes de su conversión en Gatúbela. Sumemos, ahora, la siguiente imagen que corresponde al exterior de la mansión Wayne. En ella se observa el típico pilar, y el barandal grecolatino. La sombra de un hombre apoyado en un bastón que se refleja en la penumbra es la del dueño de la mansión, Bruce Wayne.

Después observemos el interior de la casa. Dos lámparas romanas, aunque con bombilla, en la entrada de la sala, y en el costado izquierdo la estatua del César. Alfred, con un impecable traje, acompaña a Bruce, el cual porta una bata de dormir semejante a las túnicas que usaban los cristianos en la época del Imperio romano, y se sostiene de un bastón que, por ejemplo, en Jerusalén llevaban los patriarcas. El hombre que yo veo ahí representado no es un empresario maduro, caído en desgracia, sino un jerarca, un profeta desarmado, un mesías que se oculta y que vive dentro de un régimen imperial. La reiteración de la imagen, desde diferentes perspectivas, diseños y de manera intermitente, dan al detalle una mayor dimensión aunque aparezca en cada toma de manera tangencial, o en último plano. En la película se respira un ambiente imperial.

Pero también la habitan otros símbolos. Pasemos a las imágenes del espacio íntimo del magnate en desgracia. La lámpara que se observa al fondo de la habitación donde Selina, disfrazada de mucama, es sorprendida por Bruce, proyecta en la pared la sombra del murciélago, cuya imagen invertida corresponde al cuello sobrepuesto en el traje de la mujer que, entonces, expresa luz. El espíritu del murciélago sobrecoge a la mujer por la espalda, casi víctima de la tercera flecha que tira el hombre: el cuerpo separado de la sombra. La materialización del ícono de Batman se encuentra destruido en la azotea de la comisaría; también Batman se encuentra preso de sí mismo en su mansión. Del cuello de Selina pende un collar de finísimas perlas blancas.

Cuando felinamente salta por la ventana de la habitación y se despoja del cuello y el abultado mandil, se lleva consigo el objeto que representa la pureza del amor de la madre del hombre que se apoya en el bastón con mirada lasciva. La sonrisa se enmarca también por la sombra del murciélago y los objetos que están sobre el mueble o arca que contiene lo más sagrado para él: las perlas de la madre, la foto de los padres y de la mujer que amó y dejó morir, y, asombrosamente en la esquina inferior, un objeto con cuernos de cordero. Selina entra en la habitación para llevar la cena a Bruce, y cuando finalmente se descubre su robo, su rostro se transforma en la verdadera mujer que es, con una mirada perturbadora seduce y se defiende: “Nadie me dijo que era impenetrable”.

Los cuernos aparecen nuevamente en la siguiente escena, pero ahora sobre un piano y a la izquierda de Alfred, contrapuestos a la figura de la virgen, que descansa sobre un atril junto a la ventana. La analogía es típica del cristianismo y en general de la metafísica. Los cuernos representan el pecado, al diablo que habita en la oscuridad; y la virgen María, la luz inmaculada de la gracia de dios. En otra escena se observa a Bruce con gesto adusto y barba mesiánica, respaldado por la imagen de José, custodio de María santísima. Resumamos, dos flechas en el tiro al blanco, y la tercera surca por el costado de la mujer, o tres figuras: Selina virginal, el espíritu del murciélago y Bruce Wayne.

Y entre la luz y la obscuridad Alfred es para Bruce Wayne y Batman el fiel de la balanza. A falta del padre, está él para guiar, castigar y perdonar; siempre fiel. El mayordomo le muestra al niño huérfano la verdad sobre el amor y que el camino hacia la búsqueda de la felicidad no está en el sufrimiento. Cuando decide abandonar la mansión se disculpa: “Siete años lo esperé con la esperanza de que no volviera”; pero Bruce persiste en el dolor porque ha perdido la esperanza de que la humanidad mejore: “No hay nada ahí que me interese”.

No obstante, la renuncia del dolor y la búsqueda del placer ocurre justo cuando Bruce decide ir tras Gatúbela, es entonces cuando deja el encierro y vuelve a ser Batman, el hombre que vive en la oscuridad, sitio del pecado. Alfred, como José, no es el padre pero es guía y protector. Alfred desea que Bruce abandone su doble identidad y con esa finalidad le relata la verdad sobre la intención de Rachel de abandonarlo. Pero la verdad no es reconfortante y Bruce le reclama: “Esperas destruir mi mundo y que luego nos demos la mano” La imagen de Rachel se desacraliza.

Los personajes principales de la película tienen doble identidad, con la que juega el director para imbuirles características que en los mitos tradicionales del cristianismo corresponden a una sola figura. En Gatúbela y en Batman coexisten el bien y el mal, la culpa y el castigo, el miedo y el valor. Otro ejemplo es Doblecara o Harvey Dent. La Ley Dent representa la búsqueda de la justicia.

Ciudad Gótica vive en un aparente sistema de derecho; pero en las cloacas habitan las excrecencias sociales, los hijos de nadie. El comisario Gordon no puede relatar la verdad sobre Harvey porque se le revela su imagen diabólica que envilece al ángel de ciudad Gótica. El precio de la justicia ha sido pagado con mentiras sobre la identidad del hombre murciélago que fue quien los salvó. ¿Pero realmente quién es Batman? El tipo duro que entrenó Ra’s Al Gul y que perdió el miedo a la muerte o el hombre que se crió bajo la égida de Alfred.

Antes de ser víctima del Guasón, en la película anterior, Harvey conocía los límites de la democracia y sabía que el imperio de la ley tenía sus costos. Cuando Bruce y Harvey son presentados por Rachel en el restaurante, se da una conversación relevante. La bailarina rusa que los acompaña sostiene que Batman es una muestra de que no existe democracia en ciudad Gótica puesto que pasa por encima de la ley. Harvey, apasionado, toma la palabra: “Cuando había enemigos a sus puertas, los romanos suspendían la democracia y nombraban un protector. No era un honor. Era un servicio público”. Entonces Rachel interviene: “El último hombre nombrado para proteger la república fue César y nunca cedió su poder”. Harvey concluye con su propio corolario: “O mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para volverte villano”. En este diálogo se anuncia el tema central y el ambiente del filme que aquí estamos analizando. Sin embargo, lo que para Harvey fue un imperativo, volverse un villano que casi mata al hijo de Gordon, para Bruce es una disyuntiva. Hayvey, en el segundo filme, representa al César que sacrifica a Batman.

Pasemos al villano. La dimensión emocional que nos dejó el Guasón es muy difícil que pueda ser sustituida por Bane. La maldad del Guason no tiene cortapisa, es un perro furioso desbocado. Su perversión consiste en disfrutar al máximo del daño que ocasiona. Su psicología criminal se fundamenta en un daño atroz ocasionado por unos padres de una maldad tan basta como las historias que se le pueden ocurrir. La inteligencia y astucia de Batman lo complementan porque no le interesan las razones de Batman sino el daño que el también es capaz de ocasionar. La actuación de Heath Ledger y su parlamento en Batman el caballero oscuro lo convierten en una figura legendaria. No obstante, me parece que Nolan logra también un buen perfil de Bane como villano, aunque en la dimensión de la trama del filme. Lo anterior ocurre porque rescata las características típicas del cómic y las amalgama con la imagen que quiere proyectar en el argumento central de la película. El actor británico Tom Hardey tuvo que ejercitarse y subir catorce kilos para proyectar a un hombre hecho en la cárcel curtido en el dolor y la oscuridad. Bane tiene la misión de llevar con vida al físico nuclear que puede activar el corazón de un reactor de neutrones y convertirlo de una máquina que genera energía limpia, a una bomba nuclear. Aparece embozado en la primera escena de la película, simulando ser un vil mercenario. Lo introducen en un avión que es izado por un aeroplano hasta quedar en posición vertical haciendo una cruz a la que le explotan los brazos, como se puede observar en las imágenes.

Los brazos del avión son substituidos por los brazos de Bane, quien los extiende y observa desde arriba a los hombres temerosos. Cuando le preguntan por su identidad responde: “No importa quién soy lo que importa es el plan”. “A nadie le importaba quién era yo hasta que me puse la máscara”. Su plan consiste en destruir ciudad Gótica. La frase con la que festeja en el avión su victoria es emblemática: “Ya iniciamos el fuego; el fuego asciende” El director de la película juega con la imagen de Bane. Nos hace creer que fue el niño que logró salir de la cueva que fungía como prisión de hombres menesterosos, quienes cubrían su cuerpo y rostro como si fueran leprosos. Que, por lo tanto, era el hijo de Ra’s al Ghul (expresión árabe que significa “La cabeza del demonio”) y heredero de la Liga de las sombras.

Bane no se siente vulnerable, así lo afirma: “no es el momento para tener miedo, el miedo viene después”. Cabe mencionar que Bruce y Bane tuvieron el mismo maestro, R’as al Ghul, aprendieron a controlar el miedo con dolor, con sufrimiento. Ambos dejaron de temer a la muerte, aunque con diferentes consecuencias: para el primero, el dolor es un motor de justicia, para el segundo, es una maquina destructora apocalíptica. Alfred lo sintetiza: Bane “nació y creció en un infierno terrenal.” Bane es famoso entre los villanos porque, tanto en el cómic como en la película, “quiebra a Batman” le rompe el cuerpo. Gatúbela lleva a Batman por el túnel de su calvario y lo deja ante la furia incontenible de Bane, quien afirma:¡ vengo a realizar el destino de R’as al Ghul”, entonces le propina a Batman una golpiza espantosa en los túneles de ciudad Gótica, que semejan, por los arcos que adornan los pasillos, catacumbas cristianas. No es, sin embargo, un mercenario sino un gladiador romano. Batman intenta ganar ventaja controlando la oscuridad para el solaz de Bane “las sombras te traicionan porque me pertenecen a mi”. Después de someter a Batman lo levanta en vilo, formando con su cuerpo la cruz, y dice: “Me preguntaba qué se rompería primero tu espíritu o tu cuerpo”. Lo parte, le quita media máscara y lo deja a sus pies. Bane sentencia: “La paz te costó tu fuerza, la victoria te ha vencido”. En la siguiente toma podemos observar a Gatúbela llorando como una Magdalena, sintiendo el dolor de Batman y arrepintiéndose como Judas, de haberlo entregado ante las fuerzas oscuras del Imperio.

Bane encierra a Batman en la cueva. Después de torturar su cuerpo le toca torturar su alma. La cueva es la tumba del espíritu. Pero el castigo del poderoso gladiador resulta en una ironía que él mismo reconoce “No puede haber desesperanza sin esperanza. A diferencia de la baticueva que se encuentra precedida por una cascada radiante, pero dentro es todo oscuridad, el espacio donde habitó Bane es un gran pozo, cubierto por el sol. El director de la película fusionó las Fosas de Lázaro con la cárcel en la que se crió Bane. La idea original en el cómic es que las Fosas se encontraban bajo el arbitrio de R’as al Ghul y que eran unos cenotes de agua con la propiedad de regenerar la vida, de ahí el nombre de Lázaro. Pero el precio de renacer era la demencia y la violencia. Otra alegoría relacionada con la luz y la obscuridad es el mito de la Caverna de Platón que guarda semejanza con el sitio que Nolan eligió para enterrar el espíritu y el cuerpo maltrecho de Batman. De acuerdo con el antiguo mito griego, el que siempre ha vivido en la oscuridad solo puede observar la existencia a través de las sombras, si le quitan las cadenas y lo llevan a la luz no podrá descifrar la verdad porque el conocimiento solo llega por medio de la potencia luminosa del espíritu divino. Los mitos y la fantasía se entrecruzan para dar forma a la tumba de la que se renace o se asciende. El ciego en la caverna puede alcanzar la luz de la verdad a través del encierro, del castigo, del sufrimiento. Bruce es custodiado en su calvario por dos hombres mayores que se hallan a sus costados, tal como Jesús se encontraba en la cruz acompañado de los ladrones Dimas y Gestas. El ciego desconfía del espíritu de Bruce, como Gestas desconfiaba de Jesús y lo retaba a bajar de la cruz. Sin embargo, el hombre a la derecha de Bruce le ayuda a recuperar su cuerpo y le brinda su confianza, en la misma tesitura de Dimas, quien aceptaba que Jesucristo era hijo de dios. Bruce, a pesar de los malos augurios y de que intenta infructuosamente salir del foso, no pierde la esperanza y se ejercita para la siguiente batalla. Si un niño logró salir de ahí él también puede lograrlo. El hombre ciego lo increpa: “La sobrevivencia depende del espíritu”. “No temerle a la muerte te hace débil”. Con la potencia de voz que le es característica, Bruce responde que teme morir en ese lugar entonces sigue el consejo del ciego y se arriesga a morir para vivir. Trepa por el muro sin protección, tal como lo hizo el niño, que realmente era una niña, y asciende. Detuve dos imágenes justo antes del último impulso. Veamos. Si Bruce se hubiera dejado el cabello largo sería la viva imagen de Jesucristo; pero no es conveniente tanta fidelidad al estereotipo porque la intención del director es generar una interpretación abierta del espectador. Bruce casi se hinca para saltar y logra el ascenso. Ya habíamos observado el ascenso del fuego con Bane, ahora toca el de la pureza.

La moraleja de este acto supremo es que se necesita amar la vida y temer la muerte para vivir con humildad. El miedo es el motor de la vida y la vida esencialmente es dolor no placer. Una vez fuera del pozo observamos a su espalda una ciudad amurallada, perdida en el desierto. La miro y pienso en Jerusalén. Después me remonto a la época del humanismo y la referencia a Dante Alighieri es obligada. Dante imaginó en su Divina comedia que los nueve pisos del infierno se encontraban justo debajo de Jerusalén, aunque con una diferencia notable, los que llegaban al infierno jamás salían. La Iglesia ya había diseñado un sitio más adecuado para purgar las penas sin perder la esperanza: el purgatorio. Las almas del purgatorio podían caer al infierno o ascender al paraíso siempre y cuando sus deudos pagaran indulgencia al padre santísimo.

Cuando apresan a Batman ciudad Gótica queda incomunica por órdenes de Bane. La ciudad es una isla, como el purgatorio lo era en la imaginación de Dante, pero también es el mundo donde se pagan los pecados. Bane aparece con la fuerza que le otorgó Cabeza de demonio y tiene la ocasión de cumplir con su plan apocalíptico. Ahora es el anticristo: “Soy el ajustador de cuentas de Gótica”. “Soy la maldad necesaria”, “pondré fin al tiempo prestado en el que viven”. Da su gran discurso en un estadio de futbol que estalla y deja devastada su plataforma, descubriendo en el fondo los pasillos y mostrando al público vociferante como si se encontraran en las ruinas del Coliseo romano. Se dirige al pueblo como un gran tribuno y los alienta: “Mañana reclamaran lo que es por derecho suyo.” El plan se completa manteniendo a la policía esperando en los túneles como presos cristianos el momento de luchar contra los gladiadores. La nave de Batman es el espíritu que los dejará salir y enfrentarse a la tiranía. Bane es el emperador romano, el tirano que Harvey imaginaba. Para él no hay más justicia que la muerte, aunque sea elegida en forma de destierro. Juzga, incluso, a la representación de la muerte, Phillip Stryver, asistente de John Daggett, empresario siniestro, que compite por el control de las empresas Wayne. Selina Kyle se entrevista con Stryver en una taberna, cuyas puertas, como se observa en la imagen, muestran la faz difusa de la muerte. El actor Burn Gorman da el tipo exacto del personaje, puesto que su rostro es cadavérico. La figura de Daggett no es literalmete demoniaca, aunque sí el ambiente de lámparas rojizas en el que se desenvuelve. Resulta una gran broma cuando antes de morir en las rudas manos de Bane, le dice: “Eres la pura maldad”.

Gatúbela prestó sus servicios a Daggett a cambio de un artilugio de la tecnología que, como la tabla rasa, limpia el pasado pecaminoso. Pero finalmente la llave para borrar el pasado la recibió de Batman. Cuando se entrevistan en el departamento, Selina filosofa “Todo lo que hacemos permanece Bruce”. El mensaje es trascendido por un beso que sella el nuevo pacto entre la pareja. Batman elige a Gatúbela y le asigna una misión: “Dirige un éxodo, salva todas las vidas posibles. Pero Gatúbela tiene otro plan: “Ven conmigo, sálvate”. Bruce Wayne ya había sido tentado por Talia al Ghul en su propia mansión, paraíso terrenal del que no tenía las llaves para entrar. El fuego de su pasión fue acompañado por la oscuridad. Esa manzana de la discordia, ese fruto prohibido, vemos, ya al final de la película, cómo es arrebatado de las manos de un niño; pero va a ser Gatúbela quien rescate la manzana del edén, y después de morderla la devuelva al niño. No es Eva en el paraíso sino María Magdalena en la tierra quien va a ser elegida por Wayne para cumplir un plan distinto al de Ra’s al Ghul. La enseñanza de Cabeza del diablo es errónea porque el precio de alcanzar un objetivo, salvar a la humanidad, implicaba renunciar a las relaciones amorosas, a formar una familia, tal y como ocurre a Jesucristo, condenado por su padre a vivir sin dolor, sin miedo, sin esperanza y jamás alcanzar la felicidad terrenal.

La intensidad del ser, el espíritu está en el sacrificio por el bien de quien más lo necesita: para Ra’s al Ghul la naturaleza, para Jesús, los niños. Acércate a los niños porque de ellos será el reino de los cielos, así reza la plegaria Cristo; sin embargo, no todos los niños huérfanos de ciudad Gótica gozan de esta alternativa. Bruce Wayne fue un niño huérfano que contó con privilegios paradisiacos, su naturaleza es distinta de la Bane y Robin. Ellos comparten la misma naturaleza, hijos de nadie criados en las cavernas. John Blake se entrevista con Bruce en su mansión para mostrarle que conoce su identidad secreta; pero también para mostrarle su historia de orfandad y su disyuntiva: “quieren que el niño enojado olvide el pasado”, “hay que aprender a ocultar el enojo”, es como ponerse una máscara. El enojo de ser el hijo de nadie. Blake pudo haber elegido una vida criminal y terminar como el hermano del niño del orfelinato que muere en las catacumbas, pero prefirió ser policía y sobreponerse a su condición social subordinada. En las últimas escenas de la película lo vemos en el límite de ciudad Gótica protegiendo a los niños de la desesperanza. El joven que murió en las cloacas de la ciudad no será nombrado para que la esperanza de un futuro más justo permanezca. Él mismo será su sucesor, renunciando a la placa de policía e infiltrándose en la baticueva para recobrar la identidad perdida.

Como Robin, “Batman podría ser cualquiera” Así lo admite ante Gordon antes de subir a la batinave y deshacerse de la bomba atómica que destruiría la ciudad: “Héroe puede ser cualquiera, incluso hasta un hombre haciendo algo simple y reconfortante… para que sepa que el mundo no se ha acabado”. Llegado a ese momento del filme todas las imágenes se juntan y la alegoría cobra autoridad en el alma del espectador. ¿Será que Bruce gana la redención como Batman, digamos, que su lado obscuro torna a la luz cuando se pierde al fondo de la pantalla y se forma el hongo de

la explosión? El sacrificio del espíritu por la salvación del alma. Pero ¿y el cuerpo? Alfred llora desconsoladamente ante la tumba de Bruce, mientras Gordon lee de un libro sus últimas palabras dirigidas al pueblo de ciudad Gótica: “Tengo un santuario en su corazón y en el de las generaciones siguientes”.

Una vez develada la identidad de Robin la esperanza de que Bruce siga vivo renace en el espectador. En la última escena, Bruce esta sentado a la diestra de… Alfred, y acompañado por Selina Kyle. Podría pensarse que el libro sagrado en las manos de Gordon eran las sagradas escrituras, pero no, eran los evangelios apócrifos, en los cuales se relata que Jesús no muere, vive en la Tierra y tiene descendencia con María Magdalena. La resurrección de Jesucristo es una vieja leyenda judeocristiana que a pesar de contar con tanta autoridad moral nunca logró conmoverme como lo hizo “El caballero oscuro asciende”.

Cielos, uno no sabe ni por qué llora.

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