Cinque Terre

Sergio Anzaldo Baeza

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Consultor y profesor de cultura y comunicación política de la UNAM.

Efecto inesperado

Durante el pasado proceso electoral hubo fenómenos políticos inesperados que, en algunos casos, no sólo incidieron sino definieron los resultados. Estos sorpresivos efectos no fueron deliberadamente impulsados por los tradicionales protagonistas de la contienda.

Las estrategias de comunicación que diseñan los actores políticos en detrimento de sus rivales, genera un ambiente mediático que propicia el surgimiento de acontecimientos políticos que, a veces, contravienen todos los resultados esperados. En ciertas ocasiones, este efecto colateral se vuelve determinante en la configuración de corrientes de opinión que inciden de manera decisiva en la vida política.

El resultado de los candidatos independientes, como “El Bronco” en Nuevo León y Kumamoto en Zapopán, o de ciudadanos arropados por partidos, como Cuauhtémoc Blanco, se debe, en buena medida, a este efecto colateral.

Ninguno de los actores políticos tuvo otro propósito que ganar la simpatía ciudadana a partir del desprestigio de los demás. Cada acción comunicativa estuvo orientada a socavar el prestigio y la reputación de otro actor político. La concurrencia de estas acciones abonó en la formación de un ambiente mediático de desprestigio, incredulidad y enojo hacia los partidos y sus candidatos, generando una creciente corriente de opinión pública en contra y, como efecto colateral, un impulso inesperado a los candidatos independientes. Los actores políticos nunca previeron esto.

Cada ataque, cada denuncia, cada filtración entre partidos y candidatos provocaron el efecto colateral de obligar a la opinión pública voltear hacia cualquier otro lado que no fuera lo conocido, encontrando en los independientes una salida a su frustración y enojo. Este efecto permite ofrecer una explicación complementaria a fenómenos políticos similares por su dosis de repentina y arrolladora aparición, como Podemos y Ciudadanos en una España devastada por los escándalos políticos de corrupción o de SYRIZA en una Grecia al borde del abismo.

Regresando a México, este efecto también permite entender desde otro ángulo fenómenos de opinión pública como, por ejemplo, el sorprendente triunfo en 2012 de Mancera. Como a todos nos consta, la estrategia de comunicación del presidente Calderón consistió en poner en el centro de su agenda política el tema de la seguridad declarando una guerra frontal contra el narcotráfico. Así, durante su sexenio la nota roja vinculada a esta estrategia fue el pan de cada en los medios. En este contexto Mancera, en su calidad de Procurador del DF, y en cumplimiento de su deber, aparecía mañana, tarde y noche en prácticamente todas las emisiones informativas de los noticieros de la ciudad de México que, además, tienen cobertura nacional. Esto tuvo el efecto colateral inesperado de generar una percepción pública mayoritariamente favorable hacia su persona. Estoy seguro de que Calderón y sus estrategas no lo previeron y tampoco el entonces jefe de gobierno de la ciudad, Marcelo Ebrard, al proponerlo como procurador sustituto. Esto ayuda a entender por qué Mancera ganó en todas y cada una de las casillas electorales de la ciudad de México en 2012.

En nuestro complejo escenario mediático revolucionado, además, por las redes sociales, es indispensable que cada actor haga un esfuerzo por ponderar el efecto colateral que su estrategia de comunicación va a contribuir a crear al concurrir con la de otros actores políticos. Acaso esta sea uno de los pocos caminos que tienen para alcanzar sus propios objetivos considerando el restringido y asfixiante marco normativo que en la materia. En caso contrario corren el riesgo de ser arrasados por el ambiente mediático y las corrientes de opinión que ellos mismos propician de manera involuntaria.

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