Drogas. La construcción del prejuicio prohibicionista

Opinión

Después de la Revolución vinieron las prohibiciones, y con estas un gran brote de corrupción con casos de militares, de gobernadores y policías. ¿Cuál ha sido la herencia del prohibicionismo en esta materia?


Se sabía que las drogas estaban prohibidas, y precisamente por ello generaron una posibilidad de hacer un dinero lateralmente: de corromper, de aumentar precios, de circularlas clandestinamente bajo la protección de las autoridades. Eso fue, casi me atrevería a decir, una consecuencia inmediata: si hay prohibición, hay corrupción. Por ejemplo, empezó a haber gente que metía mariguana a la cárcel dándole dinero al celador.


En el caso de las autoridades que tenían que instrumentar las políticas prohibicionistas esto no era nuevo y tampoco era propiamente mexicano. En Estados Unidos fue evidente, y ha habido una mitología alrededor de los gánsteres, que surgieron, precisamente, con las leyes prohibicionistas. Eso no existía antes: había otro tipo de gánsteres, pero no éstos. El prohibicionismo creó un tipo de delincuente que permea a la autoridad, al distribuidor, la impartición de justicia, y eso está documentado, pero no aparece en las historias.


La prensa se encargó de denunciar lo corruptas que eran las autoridades, cómo estaban vinculadas: cómo presidente municipales estaban relacionados con productores, con distribuidores, y casos de jueces involucrados, cómo los policías tenían instrumentos para extorsionar, para distribuir, etcétera.


Lo que la prohibición ha hecho es construir un ámbito de injusticia clandestina, de crimen organizado, de violencia radical brutal.


Sobre las mujeres: hay una parte donde dice que muchos de los detenidos por transporte de droga eran mujeres. También están los casos de las grandes jefas del narcotráfico, como La Nacha, Lola la Chata, e incluso por allí hay una mención a La Bandida. ¿Qué pasó con estos casos?


Se asumía que el asunto de los narcos era de machos porque apelaba al asunto de la violencia, y no es así. El asunto del vínculo con la droga planteaba una relación muy pareja que incluía a los hombres, a las mujeres, a los niños, a los ancianos. Permeaba el ámbito social, y las mujeres no eran necesariamente una excepción: colaboraban, se convirtieron en adictas, contribuyeron, y sin embargo la ley con ellas era mucho más indulgente, y eso jugó un papel muy especial. Las mujeres, todavía en los años veinte y treinta, no eran sujetas de la misma manera que un hombre para la aplicación de las leyes penales. Eran vistas como menores, por lo que entonces sus infracciones son muy consideradas y se hacían mucho menos altas las penas, lo cual también es interesante. Así, en la revisión de los casos no se encuentran penas muy altas, y hubo solamente uno o dos en los que a la acusada se le dieron cinco años, pero es excepcional.


Entonces con las mujeres la justicia era mucho más indulgente, lo cual fue aprovechado en el tráfico de drogas; además.


A partir de las historias que relata en su libro, como aquellos cuatro meses en 1940 cuando las drogas fueron legales, y por supuesto tomando en cuenta que la realidad de hoy es muy distinta, ¿qué lecciones podemos extraer que nos puedan ser útiles?


Lecciones: primera, romper con la idea de que las drogas siempre han sido proscritas y malas. Hay que darse cuenta de que históricamente ha habido momentos en que no fueron una preocupación social, que no son un problema, que no generan violencia.


La segunda: creo que es importante entender que el fenómeno de las drogas no es monolítico sino complejo: no es lo mismo la mariguana que la cocaína, el peyote que la heroína. Hay que tratarlas y pensarlas de manera distinta.


Una tercera lección, es pensar el fenómeno desde por qué y cómo se instrumentó una posición irracional frente a estas sustancias que parecían inocuas, y que no eran tampoco tan relevantes. ¿Por qué pasó eso? Por cierta obstinación, cierta insistencia, cierta manipulación de información que no es necesariamente verídica. Entonces hay que ver lo que sucede cuando no se tiene conocimiento puntual de los fenómenos, cuando se manipula la información en función de intereses económicos, morales o políticos.


En ese sentido lo que yo traté de hacer fue encontrar un ejemplo de cómo lo que produce la intolerancia es fundamentalmente violencia, la prohibición genera crimen organizado, y la desinformación produce seres mutilados, gente que no es capaz de racionalizar y de entender los fenómenos cabalmente. Si juntas esos tres elementos lo que creas es precisamente una unidad social que tiene una profunda disposición a la violencia.


Si lo que estamos tratando de hacer es evitar la violencia, una de las primeras medidas que tenemos que realizar es evitar las prohibiciones y ser tolerantes.

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