Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

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Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

Drácula en Lomas de Chapultepec

 

“Sólo cuando el hombre se encuentra
cara a cara con sus terrores es cuando
puede comprender su auténtica importancia”
Bram Stoker

Este 2017 conmemoramos el aniversario 120 de la publicación de la novela Drácula, de Bram Stoker, relato que culmina y corona todo un siglo de publicaciones sobre vampiros y cierra de manera magistral el romanticismo gótico. Su importancia y vigencia lo convierte en uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Sin duda, Drácula es el vampiro más famoso de todos los tiempos, y al igual que otros personajes emblemáticos de la cultura, ha generado un sinfín de productos en torno a su figura. El personaje, que es uno de esos cuya importancia rebasa por mucho a su propio autor, es objeto de obras de teatro, películas, videojuegos, libros, prendas de ropa, juegos de mesa y muchos otros mensajes que homenajean al vampiro que puso en el mapa de occidente a Transilvania por primera vez.

Ante tanta grandeza y frente a una influencia cultural muy poderosa, podrían surgir algunas preguntas, sobre todo si tomamos la famosa cita de Jorge Ibargüengoitia que aparece en su ensayo “Vida de vampiros”: “sabemos más de los vampiros que de los otomíes”. La afirmación del autor vincula al vampiro con lo que somos como nación y la manera que tenemos de entender al mundo desde México. Un país que sabe más de una leyenda folklórica del este de Europa que de sus propias etnias, no podría sino invitar al personaje a pasearse por sus calles y generar terror entre sus propios habitantes a quienes, seguramente, se les han ocurrido planteamientos como: ¿Qué pasaría si Drácula viniera a México?, ¿por qué vendría?, ¿cómo lo haría? o ¿qué desea el temible vampiro en nuestro país? Y claro, ¿quién sería su víctima perfecta de entre los habitantes de nuestra nación?

Bien, pues Carlos Fuentes puso de manifiesto estas dudas y las respondió con su novela corta Vlad, publicada en 2004 en la colección de relatos Inquieta compañía y de manera unitaria en 2010, ambos en Editorial Alfaguara. Este relato es el punto de análisis de este ensayo. En su novela, Fuentes hace una reinterpretación de Drácula y lo traslada hasta tierras mexicanas, el texto es un homenaje más que una parodia, escrita en un tono serio y de ambientes góticos, igual que el relato que la inspiró, hace nuestra una realidad que parecía ajena y le da giros interesantes.

Es evidente que Drácula no puede ser el mismo que el del siglo XIX, tiene que haber cambiado para poder seguir causando el pánico entre las masas. Cabe una comparación, entonces, del vampiro de Stoker con el de Fuentes.

Por lo anterior cito la descripción que el autor irlandés hace de su vampiro clásico:

“un hombre alto y viejo, de cara afeitada, aunque con un gran bigote blanco, vestido de negro de pies a cabeza, sin mácula de color en todo él. En la mano sostenía una antigua lámpara de plata, en la que ardía una llama sin pantalla que la protegiera, la cual arrojaba largas y temblorosas sombras al vacilar en la corriente de la puerta abierta”. (Stoker: 14).

Vemos aquí la descripción de un personaje sobrio y terrorífico, en medio de un castillo enclavado en los Cárpatos orientales.

Por otro lado, Fuentes lo describe de la siguiente manera:

“El Conde Vlad aparecía vestido, más que como un aristócrata, como un bohemio, un actor, un artista. Todo de negro, con suéter […] de cuello de tortuga, pantalones negros, sin calcetines […] El bigote de aguacero […] lograba ocultar la boca de nuestro cliente, privándolo de esas expresiones de alegría, enojo, burla, afecto […] Pero si el bigote disfrazaba, los anteojos oscuros eran un verdadero antifaz, cubrían totalmente su mirada, no dejaban un resquicio para la luz, se encajaban dolorosamente en las cuencas de sus ojos y se cerraban sin misericordia alrededor de las orejas […] Sus manos eran elocuentes. Las movía con displicencia y elegancia, las cerraba con fuerza abrupta, pero no deseaba, en todo caso, esconder la extraña anomalía de unas uñas de vidrio, largas, transparentes”. (Fuentes: 227-228).

La descripción de Fuentes es detallada, mientras que Stoker deja más a la imaginación. El irlandés, como se ha mencionado en muchas ocasiones, pretendía que el monstruo fuera una construcción mucho más personal, que los miedos y recuerdos de cada lector influyeran en el retrato de su vampiro. Por supuesto, el autor mexicano no podía hacer eso, simplemente por razones contextuales, en donde la gran mayoría de la gente tiene una imagen preconcebida del vampiro, por ello, recurre a la descripción extensa y lo retrata perfectamente, para que de ese modo notemos cómo es el personaje en nuestros días. Otro aspecto son los protagonistas de ambas historias, personajes con atributos comunes pero también con enormes diferencias. Tanto Jonathan Harker como Yves Navarro son abogados, y están encargados de conseguirle alojamiento al vampiro en sus ciudades destino, Londres y México, respectivamente.

Ahora bien, Harker es un héroe romántico, dispuesto a sacrificar la vida por conseguir el bien y la verdad y defender a su amada de las garras del mal. Es joven y apuesto, honrado, valiente y audaz, además de estar dotado de una gran inteligencia y de un sentido del deber intachable. Por otro lado, lejos ya de la tradición romántica, tenemos a Navarro, un abogado de clase acomodada de la Ciudad de México, con un muy buen trabajo, una familia estándar y pocas o ninguna afiliación ideológica; alguien lastimado por la muerte de su hijo adolescente y sin ganas de luchar, ni siquiera por su familia.

Al primero, Drácula querrá destruirlo y no lo logrará, pues las fuerzas del bien juegan en su contra, la bendición de Dios y la bondad del héroe se impondrán para generar la derrota final del monstruo. Al segundo, el Conde Vlad, le irá arrebatando poco a poco todo lo que tiene, lo que desea y lo que ama, hasta despojarlo absolutamente de todo, de ese modo logra la destrucción completa de su víctima, quien, por cierto, opone muy poca resistencia ante su agresor. Se nota entonces, que no solo el vampiro tiene una actualización, sino también su principal enemigo, pues el espíritu ligero de los tiempos que corren, la apatía y la relatividad del siglo XXI hacen de Navarro, una víctima perfecta, un blanco fácil y divertido para el monstruo que, pudiendo acabarlo de un solo golpe, lo va degradando poco a poco hasta que no queda nada de él.

Por otro lado, la guarida o mansión de Drácula es de suma importancia, de hecho, el espacio dentro del que habita el vampiro es uno de los símbolos principales y más emblemáticos. El cine se ha encargado de presentarnos el castillo de estilo medieval que sirve de residencia al Conde Drácula, por supuesto, en la actualidad, se encuentra en pie el edificio que fuera del príncipe Vlad Tepes Radu, personaje histórico que sirvió a Stoker de modelo para su monstruo.

En la novela del siglo XIX, el castillo de Drácula es una intrincada cárcel de altísimos murtos de piedra tallada y es descrito en el texto de la siguiente manera:

“El castillo está en el borde mismo de un terrible precipicio […] Hasta donde alcanza la mirada, se extiende un mar de verdes copas de árboles, con partes vacías donde se abren los abismos […] Después de ver el paisaje seguí explorando: puertas, puertas, puertas por todas partes; todas cerradas con llave y cerrojo. No hay salida posible, salvo las ventanas que se abren en los muros del castillo. El castillo es una auténtica prisión, ¡y yo soy un prisionero!”. (Stoker: 24).

El castillo de los Cárpatos, un lugar apartado y siniestro, tenía que tener su símil en la Ciudad de México, para ello Fuentes no recurrió a las afueras de la urbe o a la zona metropolitana, como podría ser la Zona Esmeralda de Atizapán, un lugar frío, elevado y retirado del ajetreo principal del corazón capitalino, y más bien, coloca la residencia vampírica en Lomas Altas, fraccionamiento aledaño a Lomas de Chapultepec y cuyas calles refieren a diferentes sistemas montañosos del mundo. Al parecer, una colonia perfecta para la habitación de un vampiro. Carlos Fuentes, describe así aquella guarida:

“Limpia de excrecencias victorianas o neobarrocas, muy Roche-Bobois, toda ángulos rectos y horizontes despejados, la mansión de las Lomas parecía un monasterio moderno […] Ningún cuadro, ningún retrato, ningún espejo […] el cliente de mi patrón había exiliado la luz de este espacio de cristal […] mandó tapiar las ventanas, un sombrío velo cayó sobre la casa […] Se cavó un túnel entre la parte posterior de la casa y la barranca abrupta”. (Fuentes: 225-226).

Una mansión en las Lomas, oscura, alejada y al borde de un precipicio; con un túnel para esconder sus fechorías y salir a cazar por las noches, nada de adornos o espejos y un toque siniestro con un mayordomo deforme y atroz, son las características de la guarida mexicana.

Ambos espacios son muy parecidos, su diferencia fundamental es el difícil acceso al castillo y su soledad abrumadora, situaciones que no presenta la casa de las Lomas, pues las vialidades son de lo mejor, es una zona residencial bastante poblada y que además tiene otros inquilinos siniestros: Minea, la supuesta hija del Conde, e Igor, su extraño mayordomo.

Además existe algo en la novela de Carlos Fuentes que no aparece en la de Stoker y es toda la historia y genealogía del personaje histórico y ficcional a la vez, de Vlad Tepes Radu, en ella, el autor mexicano hace una larga explicación en forma de un documento que Eloy Zurinaga le deja a Navarro, sobre dicho príncipe de Valaquia, cuya violencia y ferocidad son incomparables, un noble del siglo XV que defiende su reino en contra de los turcos a través de los métodos más crueles y que es finalmente condenado y maldito por obra de todos sus pecados. En este fragmento es importante destacar que el autor hace uso también de su propia interpretación y más allá de una investigación formal o histórica, construye un antecedente ficcional verosímil con el mundo narrado que quiere ofrecernos y verosímil también con su antecedente del siglo XIX.

Hay que mencionar que en la novela de Stoker, no aparece como tal el personaje de Vlad Tepes, y solamente es esbozado o referido sin decir su nombre en voz de Abraham Van Helsing, quien explica que era un príncipe con cuatrocientos años de antigüedad y que causó el terror en su época de gobierno. En este sentido, la novela Fuentes, completa un poco,ese vacío que Stoker dejó, sin duda, para regocijo de sus lectores, y le da otra cara al vampiro que conocemos.

Esta novela de Fuentes se inscribe en la enorme lista de recreaciones de Drácula, y tiene elementos que se pueden estudiar, como la presencia del PRI y la manera tan siniestra que el autor tiene de relacionarla con un vampiro, la sexualización de los niños, el dolor de la pérdida y el duelo por un hijo muerto y los símbolos relacionados al vidrio, la sangre y las vísceras, además de algunos otros que pueden ser objeto de futuros trabajos.

Vlad es un buen homenaje a Drácula, le hace justicia al personaje y que no sólo imita, sino aporta una nueva visión del vampiro, que ahora habita, camina, vive y ronda entre las calles de esta gran Ciudad de México.


Bibliografía

Fuentes, C. (2013) “Vlad” en Inquieta compañía. México: Alfaguara.
Ibargüengoitia, J. (1972) “Vida de vampiros” en Viajes en la América ignota. México: Joaquín Mortiz.
Rendón, L. (2010) “Drácula se muda a la ciudad de México” en Revista de la Universidad de México: <http://www.revistadelauniversidad. unam.mx/8311/pdf/83rendon.pdf> Consultado en septiembre de 2017.
Stoker, B. (2013) Drácula. México: Porrúa.

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