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Dos visiones

 



La muerte de Ernestina Ascencio ocurrida el 26 de febrero suscitó una serie de especulaciones en las que estuvieron involucradas la Procuraduría de Justicia de Veracruz, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Los contradictorios dictámenes sobre la causa de su fallecimiento dieron pie al rebumbio en el que destacaron Milenio, La Jornada y Proceso.

Estos dos últimos asumieron una actitud militante en contra del presidente de la CNDH, José Luis Soberanes, descartando el informe de ese organismo que sostiene que la señora Ascencio murió a consecuencia de úlceras gástricas que le provocaron una severa anemia. El semanario, que otrora había dado por buenas muchas resoluciones de la comisión, descalificó los peritajes en el caso de Ernestina Ascencio, llamándolos incluso “El trabajo sucio” (Proceso, núm. 1588).

Algo similar sucedió con La Jornada cuya posición informativa se orientó a darle validez a la versión de que la anciana fue víctima de un ataque sexual por parte de militares.

Por su parte, Milenio Diario se ubicó en el otro extremo. Carlos Marín, director del diario, ha calificado como “puro cuento” y “patraña” la versión sostenida por la procuraduría de Veracruz.

El periodismo de facción, más que informar atiende a sus propias agendas políticas. Más allá de cómo actuaron las autoridades correspondientes, el anterior es un ejemplo de ese tipo de prensa orientado por filias y fobias.

 

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