Cinque Terre

Roberto García Requena

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Experto en telecomunicaciones

Distribución de contenidos, el futuro de la tele

Cada día se confirma con mayor contundencia la migración de consumidores de contenidos audiovisuales, desde la televisión abierta hacia otras plataformas tecnológicas, particularmente a sistemas de televisión restringida, tanto satelital como por cable, banda ancha fija o móvil, y marcadamente hacia Internet. Conforme las nuevas generaciones crecen, el consumo de entretenimiento y noticias por la vía tradicional televisiva tiende a disminuir. La población ahora demanda más contenidos en línea o a través de otros sistemas de telecomunicaciones. Un ejemplo es la televisión móvil, que para 2012 generará ingresos en el mundo de casi 30 mil millones de dólares y llegará a 500 millones de usuarios.

Aunque la penetración de la televisión abierta aún es considerable, la gente modifica sus patrones de consumo para acceder a contenidos audiovisuales. Los adolescentes de hoy reflejan una idea de los estándares de consumo del mañana. Este segmento de la población tiene una manera de entretenerse audiovisualmente muy distinta a las generaciones previas. No respetan o se conforman con la idea de que alguien más fije de manera unilateral una agenda de programación; ellos quieren escuchar o ver lo que quieren, cuando y donde quieren. Estos nuevos consumidores de medios comúnmente demandan aplicaciones múltiples y se sienten cómodos con las herramientas modernas que les permite organizar a su gusto la información y el entretenimiento. Por ejemplo, la posibilidad del video sobre demanda o la de compartir archivos y programación con sus amigos.

Consistentemente, la televisión abierta, ha perdido audiencia en los últimos años, mientras que la televisión restringida o Internet crecen en número de usuarios. Los consumidores aceleradament e voltean a fuentes de noticias e información por vías alternas a la televisión o a los medios impresos.

Internet y televisión restringida en México
El pasado 18 de mayo, en el marco del Día Mundial del Internet, la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) dio a conocer que el número de usuarios de Internet en México al cierre de 2010 alcanzó la cifra de 34.9 millones de personas, lo que significó un incremento de 4.3 millones de nuevos usuarios con relación al año anterior (14% de incremento). Asimismo, señaló que en los recientes diez años se ha triplicado la posesión de computadoras en los hogares mexicanos, por arriba del crecimiento del mismo índice referido a otros bienes duraderos como la TV, el automóvil y el refrigerador.
Mauricio Braverman, presidente de la AMIPCI, aseguró que “la computadora y la conexión a Internet empiezan a integrarse a la infraestructura básica de los hogares mexicanos, y forma parte ya de la cultura de entretenimiento y trabajo de una parte importante de la población, principalmente en las comunidades urbanas del país”.

Ahora bien, con respecto a la televisión restringida en México, según cifras de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), existían a diciembre de 2010 más de 10 millones de suscripciones; pero lo interesante del caso es que la tasa de crecimiento respecto al número de usuarios es del 25% anual, y ésta se ha sostenido durante los recientes tres años. En esta misma proporción es que la televisión abierta pierde audiencia o ahora es vista a través de algún sistema de televisión restringida. A este ritmo de crecimiento, en escasos años serán muy pocos los que aún reciban señales de televisión directamente del aire.

En Estados Unidos el 90% de los programas de la televisión abierta son distribuidos por las redes de paga. De hecho, esta importante penetración de la televisión restringida, principalmente por cable, fue lo que dio origen en 1992 a las reglas de “must carry” vigentes. Esta regulación sirvió para proteger a las estaciones de televisión abierta de la pérdida de audiencia que tenían frente a las empresas cableras. Estas reglas obligan a los operadores de televisión por cable a retransmitir las señales de las estaciones de televisión abierta local. Por la retransmisión de sus contenidos, las televisoras tienen derecho a pedir una compensación económica.

Por alguna razón, en México esta regulación se ha malentendido y en diversos intentos legislativos, hasta ahora infructuosos, han desnaturalizado la esencia del “must carry”.

Cambio en el modelo
Este cambio en los patrones de consumo de contenidos audiovisuales ha impactado negativamente el modelo de negocio tradicional de la televisión abierta. La constante pérdida de audiencia ha provocado que el mercado publicitario busque otras alternativas para anunciarse, en detrimento de los ingresos de las estaciones de televisión. De conformidad con cifras de la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, las inversiones destinadas a la publicidad en televisión abierta entre 2005 y 2010 cayeron en términos reales a una tasa promedio ponderada anual de 0.83%, situación que compromete cada vez más la rentabilidad del negocio.

Concesionar una tercera o cuarta cadena
Desde hace tiempo hay voces que pugnan porque se licite una tercera o cuarta cadena de televisión. El argumento atrás de esta intención es que haya mayor diversidad de contenidos y que alguien haga competencia a Televisa y a Televisión Azteca.

Es cierto que una mayor pluralidad de contenidos es deseable en cualquier democracia. Sin embargo, por las razones anteriormente expresadas esta demanda parece no tener viabilidad por conducto de la televisión abierta. Cuesta trabajo pensar que un empresario, en su sano juicio va a meter dinero en un negocio que tiende a perder rentabilidad rápidamente y que además necesita de inversiones multimillonarias con periodos de amortización a muy largo plazo. Simple y llanamente no hace sentido desde una perspectiva financiera. Ahora bien, la pluralidad de contenidos se está logrando de manera natural a través de medios alternos al de la televisión abierta, particularmente mediante las redes de telecomunicaciones.

Además, no hay siquiera la suficiencia espectral. Ya no hay disponibilidad de espectro radioeléctrico analógico en el que quepa una cadena nacional de televisión, mucho menos dos. En todo caso la Cofetel tendría que licitar espectro en la banda de UHF (canales 20 al 51), dónde sólo tienen cabida las señales digitales. Esta condicionante viene a dificultar más la viabilidad del modelo, en razón de que la penetración entre la población de receptores capaces de sintonizar las señales digitales es aún incipiente. Por la misma razón, el mercado publicitario no está nada interesado en la televisión digital.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), realizada por el INEGI, en 2009 existían en el país apenas 3.6 millones de hogares con televisor digital. Este dato representa el 13.6% del total de los hogares con televisión en nuestro país, cifra que por sí sola hace manifiesta la escasa penetración de receptores de televisión digital en el país.

De hecho, el decreto del Presidente Calderón publicado en septiembre del año pasado, que pretende acelerar las etapas de la transición a la televisión digital terrestre (TDT) y adelantar el llamado “apagón analógico” al año 2015, en lugar del 2021 como originalmente estaba previsto, se encuentra suspendido en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Por todo ello se antoja extremadamente difícil, desde un punto de vista de racionalidad económica, la viabilidad de concesionar una tercera cadena de televisión. De lanzar una convocatoria para una licitación, seguramente ésta quedaría desierta al no despertar apetito por parte de los inversionistas. Es más, aunque previamente se legalizara la inversión extranjera en la radiodifusión, sería muy poco probable el interés de una empresa transnacional para instalar una cadena de televisión en nuestro país.

Convergencia de industrias
La migración de usuarios de la televisión abierta hacia otro tipo de plataformas es resultado del avance tecnológico y de la digitalización de las señales de voz, datos, y video. Cualquier plataforma tecnológica puede transmitir y recibir todo tipo de contenido. Esto ha provocado que industrias como la de telecomunicaciones, tecnologías de la información y la radiodifusión converjan y compitan entre ellas. Por ejemplo: acceder a Internet a través del teléfono móvil, o ver la TV en la computadora o en el teléfono móvil.

Esta situación ha modificado drásticamente la estructura del modelo clásico de explotación de servicios, tanto de radiodifusión como de telecomunicaciones. Esta especie de amalgama industrial generada por la modernización tecnológica ha obligado a los empresarios de estos sectores a replantear sus estrategias de negocio. Evidentemente, las circunstancias y condiciones del mercado y de la tecnología han transformado la manera de pensar y actuar de estas industrias. Antes mantenían mercados independientes claramente delimitados, ahora compiten entre ellas por la aceptación
de los usuarios.

La convergencia de industrias es en realidad la razón por la que presenciamos la lucha natural entre los gigantes de las telecomunicaciones y la radiodifusión, particularmente entre Telmex/Telcel versus las dos televisoras (Televisa y Televisión Azteca). En este contexto la SCT acaba de negar a Telmex, por diversos incumplimientos a obligaciones establecidas en su título de concesión, la autorización para ofrecer servicios de video a través de su red.

La gran diferencia es que el modelo de radiodifusión tradicional tiende a agotarse, como ya se comentó. El negocio para las televisoras ahora está en el establecimiento y distribución de sus contenidos a través de las redes de telecomunicaciones, donde como comenté hace dos meses en este mismo espacio, Telmex y Telcel son los dominantes, con concentraciones del 80 y 70% en telefonía fija y móvil, respectivamente. Es claro que iría en contra del interés público tener ahora una concentración similar de Telmex en la televisión de paga.

El futuro de la tele no está en la tele. El futuro de la tele está en la generación de contenidos y en la posibilidad de que éstos se distribuyan masivamente por cualquier plataforma tecnológica de telecomunicaciones. Se equivocan los que creen que licitando una tercera o cuarta cadena de televisión se va a lograr mayor pluralidad en un mercado más equilibrado y competitivo. Esta visión es anacrónica. La pluralidad se gesta de manera natural gracias a las nuevas tecnologías. El secreto no está en la tele, sino en las redes de telecomunicaciones. Ojo.

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