Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Diez claves, para explicar el mundo

Ignacio Ramonet, profesor emérito de la Universidad de Paris, plantea en su artículo “Las diez claves que explican el Nuevo Sistema Mundo” cuáles son las características que van a estar presentes a nivel mundial de aquí al 2030. A continuación ofrezco una síntesis de lo que sostiene. He hecho algunos pequeños añadidos para poner el texto al día. Se puede estar o no de acuerdo con el autor, pero sin duda, su reflexión resulta útil y provocadora.

Para describir y prever su futuro inmediato vamos a suponer, dice Ramonet, que es director de Le Monde diplomatique en español, “la brújula de la geopolítica, una disciplina que nos permite comprender el juego general de las potencias y evaluar los principales riesgos y peligros. Para anticipar, como en un tablero de ajedrez, los movimientos de cada potencial adversario. ¿Qué nos dice esa brújula?”

Lucía Mayoral – The Eye

1) El declive de Occidente

Los países occidentales pierden poderío frente al surgimiento de nuevas potencias emergentes. “Empieza la fase final de un ciclo de cinco siglos de dominación occidental del mundo”. En 2030, el porcentaje de los países occidentales en la economía mundial pasa del 56% de hoy al 25%. Y aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia pierde su hegemonía económica en favor de China. Y ya no ejercerá su ‘hegemonía militar solitaria’ como lo hizo desde el fin de la guerra fría (1989).

Avanzamos hacia un mundo multipolar donde nuevos actores (China, Rusia, India) construyen polos regionales que le disputan la supremacía a Washington y a sus aliados históricos (Reino Unido, Francia, Alemania, Japón). Aparecen una serie de potencias intermediarias, con demografías en alza y fuertes tasas de crecimiento económico, llamadas a convertirse en polos hegemónicos regionales y con tendencia a transformarse, de aquí a 15 años, en un grupo de influencia planetaria (Indonesia, Brasil …).

2) Imparable emergencia de China

En el siglo XXI China emerge como la gran potencia mundial, ya ahora es la segunda economía del mundo. Está aún lejos de representar un auténtico rival para Estados Unidos que sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. En China, esa es su debilidad, coexiste el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos dinámicas puede causar, tarde o temprano, un quiebre que podría debilitarla.

Estados Unidos trata de frenar la expansión de China en Asia. La cerca de bases militares con apoyo de sus aliados locales (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Filipinas). Los mares de China se han convertido en la zona de mayor potencial de conflicto armado del Asia- Pacífico. China está modernizando a toda marcha su armada. En 2012, lanzó su primer portaaviones y ahora construye un segundo. Pekín soporta cada vez menos la presencia militar de Estados Unidos en Asia. Hay una “desconfianza estratégica” entre estas dos potencias que marca la política internacional en esta región.

3) El terrorismo yihadista

En Oriente Próximo se sitúa el actual foco perturbador del mundo. En particular en torno a la guerra civil en Siria. Estados Unidos, Reino Unido, Francia, y países aliados con la concepción más arcaica y retrógrada del Islam (Arabia Saudíta, Qatar y Turquía) apoyaron la insurgencia islamista sunní con el objetivo de derrocar a Bashar al-Assad y despojar así a Teherán de un gran aliado regional. Pero el gobierno de Bashar al-Assad, con el apoyo de Rusia e Irán resistió.

El terrorismo yihadista realiza atentados contra civiles inocentes en Europa y Estados Unidos. En la historia hay ejemplos de que el terrorismo, siendo débil, puede mantenerse y no ser derrotado. En los conflictos de nuevo tipo el empleo masivo de medios militares pesados no permite necesariamente alcanzar los objetivos buscados. La lucha contra el terrorismo “autoriza”, en materia de política interior, excesos en una versión moderna del “autoritarismo democrático” que toma como blanco, más allá de las organizaciones terroristas, a todos los que se oponen a las políticas globalizadoras y neoliberales.

4) Hay crisis para largo

Fotografía – MLT

En Europa, la crisis económica se mantendrá hasta 2025. Las repercusiones sociales de la crisis económica de 2008 han sido brutales. En la Unión Europea arrojó 23 millones de desempleados y más de 80 millones de pobres. Los jóvenes son las víctimas principales. Las clases medias están frustradas y angustiadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las ha dejado de lado.

La crisis global produce perdedores y ganadores. Los primeros se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes. Hay también ganadores y perdedores al interior de los países occidentales cuyas sociedades se ven fracturadas por la terrible desigualdad entre ricos y pobres. La crisis aumenta el miedo y el resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad e incertidumbre. El miedo se transforma en odio. En países europeos y en Estados Unidos ese odio se dirige contra el extranjero, el inmigrante, el refugiado y el diferente. El problema se vuelve un desafío para las democracias.

5) Decepción y desencanto

Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes se percibe el aumento de formaciones de extrema derecha (Francia, Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España).

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, que en 2010 conoció una ola populista encarnada, entonces, por el Tea Party y en 2017 por el asenso del multimillonario Donald Trump a la presidencia de ese país. Él interpretó, mejor que nadie, la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra.

Su discurso violentamente anti-burocracia de Washington, anti-medios y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

6) Seísmos y más seísmos

Otra característica del Nuevo Sistema Mundo son los seísmos (terremotos). Vivimos profundos y contínuos seísmos financieros, monetarios, bursátiles, climáticos, energéticos, tecnológicos, sociales, geopolíticos, políticos y electorales. Con frecuencia acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los haya visto venir. Hay una falta de visibilidad general y una crisis de la democracia representativa. Se insiste en la necesidad de reinventar la política y de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero de los mercados.

7) Internet, el Ciber-espionaje y la Ciber-defensa

Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, con la desmaterialización y la digitalización generalizadas, y con la explosión de las redes sociales. De aquí a 2030, algunas de las mayores colectividades del planeta ya no serán países sino comunidades congregadas y vinculadas entre sí por Internet y las redes sociales.

Las mega empresas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones, como Google, Apple, Microsoft y Facebook han establecido estrechos lazos con el aparato del Estado en Washington. Comparten las mismas ideas políticas y tienen idéntica visión del mundo. Así, estos vínculos estrechos e ideas compartidas, por ejemplo, entre Google y el gobierno de Estados Unidos se ponen al servicio de los intereses del último.

Ahora, todas las grandes potencias a los áreas tradicionales de los ejércitos (infantería, aviación y marina) han tenido que añadir un cuarto elemento: el ciberejército, encargado de la ciberdefensa, que tiene sus propias estructuras orgánicas, su Estado mayor, sus cibersoldados y sus propias armas: superordenadores preparados para defender las ciberfronteras y llevar a cabo la ciberguerra digital en el ámbito de Internet.

Fotografía – MLT

8) Una mutación del capitalismo: La economía colaborativa

Los hábitos de consumo están cambiando y se impone la idea de que lo más inteligente es usar algo en común, y no necesariamente comprarlo. Eso significa dejar atrás, poco a poco, una economía basada en la competencia entre los productores y la sumisión de los consumidores a una que estimula la colaboración y el intercambio entre los usuarios de un bien o servicio. Se plantea una revolución al seno del capitalismo que ya está operando.

A nivel mundial esta economía colaborativa crece entre el 15% y el 17% al año. Hay ejemplos de crecimiento espectacular de plataformas digitales de intercambio de productos y servicios. Entre ellos el de Uber que ya opera en 132 países y Airbnb, que sin ser propietaria de ningún hotel, vale en la Bolsa más que los grandes grupos hoteleros como Hilton, Marriott o Hyatt.

La economía colaborativa constituye un modelo económico que se basa en el intercambio y la puesta en común de bienes y servicios mediante el uso de plataformas digitales. Se inspira de las utopías del compartir y de valores no mercantiles como la ayuda mutua o la convivialidad, y también del espíritu de gratuidad, mito fundador de Internet. Su idea principal es: “lo mío es tuyo” , o sea compartir en vez de poseer. Y el concepto básico es el trueque. Se trata de conectar, por vía digital, a gente que busca “algo” con gente que lo ofrece.

Hoy en una sociedad que tiene fuerte desconfianza hacia el modelo neoliberal y hacia las elites políticas, financieras, mediáticas y bancarias, la economía colaborativa parece aportar respuestas a muchos ciudadanos en busca de sentido y de una ética responsable. Exalta valores de ayuda mutua y ganas de compartir. Hoy es el nuevo rostro de un capitalismo deseoso de alejarse del salvajismo despiadado de su reciente periodo ultraliberal.

Han aparecido tensiones entre los ciudadanos y algunos gobiernos en unas dinámicas que se califican de ‘post-políticas’ o ‘post-democráticas’. La generalización del acceso a Internet y la universalización del uso de las nuevas tecnologías permite a la ciudadanía alcanzar altas cuotas de libertad y desafiar a sus representantes políticos. Pero, a la vez, estas mismas herramientas electrónicas proporcionan a los gobiernos, como ya vimos, una capacidad sin precedentes para vigilar a sus ciudadanos.

9) Amenazas no militares

Fotografía – MLT

“La tecnología continuará siendo el gran nivelador, y los futuros magnates de Internet, como podría ser el caso de los de Google y Facebook, poseen montañas enteras de bases de datos, y manejan en tiempo real mucha más información que cualquier gobierno”, dice un informe de la CIA y por eso recomienda a su gobierno que haga frente a esa amenaza activando un servicio de inteligencia secreto especializado en la captación clandestina de informaciones de origen electromagnético.

Hoy se reconoce nuevos tipos de amenazas a la seguridad nacional que no tienen un carácter militar. Algunos de estos peligros son: cambio climático, mutación tecnológica, conflictos económicos, crimen organizado, guerras electrónicas y agotamiento de los recursos naturales. En 2030, el 60% de la población mundial tendrá problemas de abastecimiento de agua, dando lugar a la aparición de “conflictos hídricos”. En el tema de los hidrocarburos, Estados Unidos es ya casi autosuficiente en gas y petróleo. ¿Qué va a pasar si ese país, que es el principal importador actual de hidrocarburos, deja de importar petróleo? Se espera que los precios del barril sigan a la baja. ¿Cuáles serán entonces las consecuencias para los grandes países exportadores?

10) Hacia el triunfo de las ciudades y de las clases medias

En 2030, el 60% de las personas vivirán, por primera vez en la historia de la humanidad, en las ciudades. Y, como consecuencia de la reducción acelerada de la pobreza, las clases medias se triplicarán y serán dominantes. Esto, que, en sí, es una revolución colosal, va a traer como secuela, entre otros efectos, un cambio general en los hábitos alimenticios y, en particular, un aumento del consumo de carne a escala mundial. Lo cual agravará la crisis medioambiental.

En 2030, los habitantes del planeta serán ocho mil 500 millones. El aumento demográfico cesará en todos los continentes menos en África. Habrá un envejecimiento general de la población mundial con los problemas de salud que eso trae. El vínculo entre el ser humano y las tecnologías protésicas acelerará la puesta a punto de nuevas generaciones de robots y la aparición de “superhombres” capaces de proezas físicas e intelectuales inéditas.

A manera de conclusión

El futuro es muy pocas veces predecible. No por ello hay que dejar de imaginarlo en términos de prospectiva. Las sociedades deben prepararse para actuar ante las diversas circunstancias posibles. A este respecto, la geopolítica es una herramienta extremadamente útil. Ayuda a tomar conciencia de las rápidas evoluciones en curso y a reflexionar sobre la posibilidad, para cada uno de nosotros, de intervenir y fijar el rumbo. Para tratar de construir un futuro más justo, más ecológico, menos desigual y más solidario.

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