Cinque Terre

Daniel Herrera

Escritor. Autor de Quisiera ser John Fante.

Diez años sin Rollins Band

Hace apenas diez años, el 30 de octubre del 2006, Henry Rollins declaró en el programa de Tom Green que no volvería a la música jamás. Esto sería una sencilla bravuconada en la voz de otros cantantes, y es probable que algo común en el Rollins que integró a Black Flag por algo así como cinco años, pero no en el Henry Rollins que se ha dedicado al spoken word y a la actuación desde hace décadas.


En diez años, el cantante, escritor, empresario y actor, no ha vuelto a ensayar con su banda. El largo paréntesis no parece tener fin y Rollins se ha enfrascado en largas giras presentando sus shows hablados y actuar en malas películas con personajes olvidables.


Nada más lejano del joven Henry Garfield que decidió cambiarse el nombre para alejarse emocionalmente de una familia de clase media rota y abusos sexuales en la niñez. Henry fue un freak toda su vida hasta ese momento, justo cuando encontró en el mundo del punk y el hardcore el ambiente que necesitaba para canalizar la furia que llevaba royendo desde tiempo atrás. Cuando veo en YouTube sus standups, pienso que ese freak no ha desaparecido por completo.


Black Flag fue la puerta grande para que Henry Rollins comenzara a autoexplorar su vida y mente. De ser un cantante tímido e inseguro, poco a poco fue construyendo una imagen que lo llevó a desplazar al guitarrista y miembro fundador, Greg Ginn, hasta que este decidió terminar con el grupo en 1986.


Un año después, el cantante ya había formado la Rollins Band, un proyecto personal en donde se decantó por una combinación de géneros: rock, metal, punk, hardcore, jazz y funk metal envueltos en largos spoken word de letras misántropas, oscuras, pesimistas y masoquistas. El sonido de la banda se fue transformando durante los 20 años que se mantuvo activa. También sus integrantes cambiaron con Rollins a la cabeza dirigiendo la agrupación casi con puño de hierro.


Hay un poco más de 20 discos en la vida de Rollins Band, pero sólo siete son de estudio. He decidido escucharlos de principio a fin. Algunos por primera vez y otros, la mayoría, por quién sabe cuál número. Estos álbumes son la prueba de la evolución musical de Rollins pero también una exploración por sus obsesiones literarias.


Cada uno tiene características muy específicas y diferentes. Buscaré la personalidad de cada uno y haré todo lo que pueda por explicarlo aquí de la manera más clara posible. Tengo apenas dos días para hacerlo.


Prometo no ingerir más que cerveza y café durante el proceso y no saldré a golpear personas como lo hizo el cantante en su juventud más de una vez.


Estoy listo, comencemos con la sobredosis


Life Time es el primero y fue lanzado al año siguiente de que Black Flag se desintegró. Para crearlo, Rollins invitó a su amigo de la adolescencia, el guitarrista Chris Haskett, y dos músicos que fueron parte de un proyecto alterno del fundador de Black Flag: el bajista Andrew Weiss y el baterista Sam Cain. Así, el cantante no sólo ayudó a matar a Black Flag, sino que, además, le bajó dos excelentes músicos a su excompañero de grupo. Con razón afirmaban que en Black Flag no había amistad.


En fin, el disco es un impresionante revoltijo de rock, metal y alternativo. Ceñido con las letras de Rollins que van desde la autocompasión por los fracasos amorosos hasta la expresión de un presente convertido en mierda del cual el autor no puede escapar.


La influencia de Black Flag es audible, pero, y sé que algunos viejos punks saltarán indignados, estos músicos suenan mejor. Lo siento, pero así es.


Sólo debemos escuchar You Look at You, la forma en que salta del hardcore a un metal más influenciado por Black Sabbath y de ahí de nuevo al punk metal. Todo rematado con un solo de guitarra que reflejaba las habilidades de Haskett. Rock de calidad, carajo.


Hard Volume fue lanzado en 1989 y no parece una simple continuación de Life Time, sino una exploración de cierto swing, cierto mood más funky. Un buen ejemplo de esto es la canción que abre el disco: Hard, que incluye hasta un pequeño solo de bajo. Algunas canciones son menores, no tanto por sencillas sino porque parecen esforzarse demasiado, sin una verdadera intención que las cohesione, por ejemplo, Feel Like This. Funcionan porque Henry Rollins está enfurecido, siempre parece estarlo.


En casi todas las canciones parece que Rollins está pasándose de listo. Su ego invade toda la canción y está seguro de ser muy innovador. Love Song consiste en soportar durante seis minutos al cantante debatiéndose entre el odio y el amor, pero no hay mucho más. Tal vez sí, la inimitable voz de Rollins que, en ese momento, seguía siendo un aullido aterrador. Pero aquí es sólo un vehículo para exhibirse.


Algunos entusiastas aman este disco, pero lo encuentro flojo, aunque introduce elementos que aparecerán mejor explotados en los siguientes trabajos.


Tres años después, la experimentación dio un fruto excepcional. The End of Silence representa la montaña más alta que logrará la primera alineación del grupo. Después de presentar este disco y salir de gira, las tensiones entre el líder y el bajista sobrepasaron lo que Rollins podía soportar. Más de una vez acusó a Weiss de ser un flojo mariguano que no deseaba ensayar o tocar. Me parece una declaración injusta. La manera en que Weiss se desempeña en el disco y en las otras grabaciones en vivo no corresponden a un músico flojo. Pero esa es una de las características de Rollins, hacer declaraciones escandalosas y miserables sobre sus músicos y conocidos.


The End of Silence es una obra maestra. El grupo se muestra por completo cohesionado. La voz de Rollins ha dejado atrás el sencillo aullido perfeccionándose en una máquina de escupir emociones. El bajo sobresale tanto como la guitarra y con esto logra un equilibrio auditivo. No demasiada guitarra, ni voz atronadora por encima de todo, el oído puede escudriñar cada instrumento por igual. Me recuerda, sin duda, al mejor Black Sabbath.


Las letras de Rollins son menos masoquistas y cuentan mejores historias. Sin hacer ninguna concesión se dedica a cantar coros que no son fáciles de recordar. Requiere de toda la atención del escucha. Un tema recurrente es el amor propio, al parecer nuestro cantante superó la autocompasión y se levanta como un hombre nuevo. El disco completo vale la pena, pero las que me parecen más atractivas son: Low Self Opinion, Obscene y Blues Jam.


Un gran disco, aunque pronto el grupo alcanzaría alturas de rockstar insospechadas.


"El álbum que convierte a Rollins Band en una de los mejores grupos de los noventas, fue Weight de 1994"


Después de que Rollins despidiera a Weiss, se incorporó el bajista Melvins Gibbs quien procedía de una larga experiencia dentro del jazz y el funk. Esto, más las obsesiones del líder por Miles Davis convierte este disco en el más cercano al jazz, exceptuando el disco Weighting, grabado durante las mismas sesiones de Weight pero junto al saxofonista de free Charles Gayle y que salió publicado hasta el 2003. No importa, en los 90 el disco más jazzy y metalero que se escuchaba en todos lados era Weight. Fue un uppercut para mí. No sólo su música, también las letras que eran poderosas, mejor escritas, sin juegos baratos como lo llegó a hacer en el pasado. La voz de Rollins viaja de la rabia contenida al spoken word, dejando que sean las letras quienes expresen la decepción frente a la sociedad moderna.


No puedo elegir la mejor canción, pero la abridora, Disconnected conectaba fácilmente con mi espíritu adolescente. De ahí, cada pieza nos lleva a más altas cimas. Potente, salvaje pero inteligente. Gigante. Después de giras y una pelea legal contra su disquera, el grupo se encerró a ensayar nuevas canciones y el siguiente disco apareció en 1997. Come In and Burn, parece una continuación mediocre y mucho más heavy de Weight. Segundas partes siempre fracasan.


El disco, a pesar de los excelentes músicos que lo crearon, se queda a medio camino. Apenas algunas canciones de verdad retan al escucha: Starve y Thursday Afternoon, Es un álbum de rock tradicional más que una obra innovadora. No es que esté mal, de hecho, ya quisieran muchos grupos de rock nacional grabar algo así, simplemente no enciende, no produce rabia ni emociones poderosas. Más bien es repetitivo, monótono y autocomplaciente.


Y culpo de esto al líder, quien convierte este disco casi en una parodia de lo que fue su banda, aunque Rollins más de una vez afirmó que fueron ellos, sus tres músicos quienes arruinaron lo que él estaba construyendo. Más bravuconadas del líder. Para confirmar lo que asevero se debe escuchar y leer la canción On My Way To The Cage, es como si quisiera regresar a su traumática adolescencia porque está pasando por algún tipo de crisis de la vida adulta.


Al final, pienso, que él entendió el bache creativo y decidió desintegrar su grupo. Hacia 1999 se unió al grupo angelino de rock Mother Superior y, manteniendo el nombre de Rollins Band, en el 2000 apareció el disco Get Some Go Again.


A pesar de las peleas con su disquera, DreamWorks, el álbum le permite al cantante regresar a su primer amor: el rock punk derecho y sin delicadezas. Sus nuevos músicos eran un trio tan compenetrado que suena como si la banda llevara 20 años tocando juntos. Las letras, muchísimo menos cercanas al spoken word y más sencillas en su melodía, completan un muy aceptable disco de hard rock. No es nuevo, pero sí refrescante. Se deja escuchar completo sin sufrimientos y Rollins suena más honesto, menos bocón y muchísimo más inteligente que en su disco anterior. Incluso podemos encontrar un excelente cover de Thin Lizzy.


Pero ese disco se queda por debajo del último que Henry Rollins grabó en estudio con Mother Superior. En el 2001 apareció Nice, una combinación de rock, blues, funk y metal. Lo que perdió de punk lo ganó en swing. Las canciones se bambolean, Up For It es una canción que brinca del funk al soul al rock con tanta facilidad que casi pasa desapercibido.


What’s the Matter Man es un rock acelerado cercano al punk. You Number is One funkea durísimo. En I Want Some Much More aparece un coro femenino y un saxofón mientras el bajo machaca el mismo riff funky una y otra vez. El álbum cierra con Let That Devil Out, un rock & roll pesado, con leves influencias jazzeras. Un gran final para el disco y para el grupo, sin duda.


Si Henry Rollins se ha despedido por completo de la música, Nice fue la mejor manera de hacerlo. De todas maneras, supongo que este largo silencio de diez años puede romperse en cualquier momento. Al tiempo.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password