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María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Bob Dylan: ¿la respuesta está en el Nobel?

Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de diciembre 2016.

 

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que lo llamen hombre? ¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en la arena?”.

 

Bob Dylan es un carácter atípico en el mundo de las artes. Es músico, poeta, pintor, guionista, filósofo, escritor y activista. El hijo pródigo de Minnesota, EU, nacido con el nombre de Robert Alen Zimmerman el 24 de mayo de 1941, es un ícono de la música popular, aunque consagra otras facetas importantes y que seguramente fueron determinantes para que se le otorgara el Premio Nobel de Literatura 2016.

 

Muchos ceños fruncidos generó tal noticia, aunque es normal que ello ocurra. Desde que el citado galardón se entrega (1901), hay todo tipo de reacciones. Hay escritores connotados que se han hecho acreedores al Premio Nobel; Rabindranath Tagore (1913), Anatole France (1921), Thomas Mann (1929), Luigi Pirandello (1934), Gabriela Mistral (1945), Hermann Hesse (1946), André Gide (1947), Bertrand Russell (1950), Ernest Hemingway (1954), Juan Ramón Jiménez (1956), Albert Camus (1957), Jean- Paul Sartre (1964), Pablo Neruda (1971), Gabriel García Márquez (1982), Octavio Paz (1990), José Saramago (1998), Günter Grass (1999), Mario Vargas Llosa (2010) y Alice Munro (2013), por citar algunos. También el Nobel se ha entregado a dos escritores al mismo tiempo; en 1904, a José Echegaray y Frédéric Mistral; en 1917, otorgado a Karl Gjellerup y Henrik Pontoppidan; en 1966, fueron Nelly Sachs y Shmuel Yosef Agnon; y en 1974, Eyvind Johnson y Harry Martinson –fue ese año la última vez en que se registró un “empate”.

 

Claramente es una distinción más masculina, la han recibido en 116 años solamente 14 mujeres –siendo la galardonada más reciente (2015) la periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich–.

 

Si se analiza por nacionalidad, se observa una preponderancia de autores europeos y estadounidenses. Francia encabeza la lista, con 15 premiados en 116 años. Le sigue EU con 12. El tercer lugar lo ocupa Alemania, con 10, seguido de la Gran Bretaña con ocho; Suecia –país donde se origina el premio– siete; España, seis; Italia y la URSS, cinco; Irlanda y Polonia, cuatro; Dinamarca y Noruega, tres, y Grecia y Suiza, dos. Lo cierto es que es muy abultado el predominio del viejo continente. La suma de los premios obtenidos por los países citados, asciende a 86.

 

El idioma del Nobel de Literatura es el inglés, a juzgar por los 28 ganadores que tiene esa lengua materna. La segunda lengua, es el francés con 15 autores, seguida del alemán y la lengua de Cervantes, con 12 escritores –seis españoles y seis latinoamericanos. Varios autores sustentan doble nacionalidad –por ejemplo Mario Vargas Llosa, peruano-español–, pero, en las cifras acerca del predominio entre los galardonados, es una realidad.

 

Entre 1901 y 1912 todos los laureados fueron europeos y hasta 1913 se le adjudicó a un no-europeo, el indio Rabindranath Tagore. Fue necesario esperar 17 años para que otro no-europeo lo recibiera, el estadounidense Sinclair Lewis. Se consideró a los autores rusos hasta 1933, pese a las obras de Tolstoi y Anton Chejov. 45 años después de instaurado este premio una autora –sí, mujer– latinoamericana lo recibió: la chilena Gabriela Mistral, primer premio en la región. Pasaron otros 22 años antes de que la literatura de América Latina volviera a ser considerada con el premio otorgado en 1967 al guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Mistral es también la única mujer hispanoparlante acreedora a la distinción.

 

También se podría acusar al jurado de racista; pasaron 86 años para que un país africano obtuviera el premio. África, continente que alberga al 15% de la población mundial, sólo ha estado presente en cuatro ocasiones, con el nigeriano Wole Soyinka (1986); el egipcio Naguib Mahfoud (1988); y los sudafricanos Nadine Gordimer (1991) y J. M. Coetzee (2003). Mahfoud, fallecido en 2006, es el único escritor en lengua árabe galardonado –y qué bueno que eso ocurrió en 1988 porque después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, difícilmente se le habría considerado. Ser nativo de un país africano, latinoamericano, caribeño, árabe o asiático, prácticamente descalifica para acceder a la presea. Una opción es buscar la nacionalidad de alguno de los países más galardonados, como lo ilustran los casos de los únicos dos caribeños premiados, Derek Walcott (1992), santalucense y Vidiadhar Surajprasad Naipaul (2001), nacido en Trinidad y Tobago, que también son ciudadanos británicos y su obra tiene más proyección, a los ojos del jurado sueco, desde la Gran Bretaña que desde sus países natales. La historia de los premios corrobora la importancia que tiene Europa en este tema.

 

 

 

¿Cómo se otorgan los Premios Nobel?

 

Los Premios Nobel se conceden cada año a personas, entidades u organismos por sus aportaciones extraordinarias realizadas durante el año anterior en los campos de la física, la química, la fisiología y la medicina, la paz, la economía y, claro está, la literatura –aunque en éste último caso no se premia solamente lo escrito el año precedente.

 

Otorgados por primera vez el 10 de diciembre de 1901, los premios son financiados gracias a un fondo en fideicomiso contemplado en el testamento del químico, inventor y filántropo sueco Alfred Bernhard Nobel. El Nobel de Literatura es entregado por la Academia de Estocolmo. Además de una retribución en metálico, el ganador recibe una medalla de oro y un diploma. Los jueces pueden dividir cada premio entre dos o tres personas. Si se considerara que más de tres personas merecen el premio, se concedería de forma conjunta. El fondo es administrado por un comité de la Fundación Nobel, compuesto por seis miembros con mandatos de dos años: cinco son elegidos por los administradores de los organismos contemplados en el testamento, y el sexto es nombrado por el gobierno sueco. Los seis miembros son ciudadanos suecos o noruegos.

 

Si bien los galardones en las ciencias duras son menos impugnados, categorías como economía, paz y literatura suelen ser más controvertidas. El caso del Nobel de Economía, que se otorga desde 1968, Alfred Nobel jamás habló de entregar un galardón de esas características en en su testamento. De hecho, lo otorga el Banco de Suecia y su verdadero nombre es Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Para hacer más debatible esta distinción, todos los beneficiarios han sido estadounidenses (24) o europeos, en su mayoría británicos, y sólo uno procede de un país en desarrollo, el indio Amartya Sen (1998). Ésto parecería enviar el mensaje de que sólo hay economistas dignos de reconocimiento en los países desarrollados. En toda su historia, sólo una mujer lo ha recibido –la estadounidense Elinor Ostrom en 2009–, por lo que se trata de una distinción que sugeriría que la economía es un tema esencialmente masculino.

 

El Premio Nobel de la Paz es, el que más da de qué hablar, dado que es mucho más político. La lista de laureados es enorme e incluye a personas y a organismos internacionales y no gubernamentales, suele suceder que ciertas designaciones dan pie a airadas protestas debido al “mensaje” que, presuntamente, transmiten. Se podría decir muy poco en contra de Henry Dunant –el primero en recibirlo en 1901–, de Fridjot Nansen, el Comité Internacional de la Cruz Roja, Lester Pearson, Dag Hammarskjöld –el único en obtenerlo de manera póstuma–, Martin Luther King Jr., René Cassin, Amnistía Internacional, Alfonso García Robles, Médicos sin Fronteras, o la Campaña Internacional para Proscribir las Minas Terrestres Anti-personal. Es inevitable que se produzcan fuertes críticas contra designaciones como el caso del activista chino defensor de los derechos humanos, Liu Xiaobo, premiado en 2010, que arrancó la ira del gobierno de China, que, a manera de represalia, dispuso castigar sus relaciones comerciales con Noruega –donde se entrega la presea. En su testamento, Alfred Nobel especificó que este premio debería entregarse al individuo o grupo que más haya trabajado por la fraternidad de las naciones, por la abolición de los ejércitos o por la promoción de congresos de paz. Hay personas que se han hecho acreedoras al Premio Nobel de la Paz con pocos méritos –Barack Obama en 2009- o, de plano, mintiendo –fue el caso de Rigoberta Menchú en 1992, pese a que más tarde se supo que inventó una historia personal y familiar de abusos contra sus derechos humanos en Guatemala.

 

Los otros

 

El Premio Nobel de Literatura se impugna por favorecer a un literato –o a veces dos– sobre los demás. Han quedado fuera muchos escritores ampliamente reconocidos. La lista es larga: Juan Rulfo, Alfonso Reyes y Carlos Fuentes; del controvertido japonés Yukio Mishima –cuya postura política se piensa le impidió acceder a la distinción, aunque se cuentaque él prefirió que se premiara a su paisano y mentor Yasunari Kawabata en 1968-; del irlandés James Joyce; de la británica Virginia Woolf; del ruso León Tolstoi; y de los argentinos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Éste último, nominado por varios años consecutivos, simpatizó con la dictadura de Augusto Pinochet, al menos en los primeros años del régimen. Para una parte importante de la intelectualidad de la época, era reprochable que un escritor como Borges aceptara acercarse a Pinochet. Se especula, que siendo Suecia un país que recibió a 15 mil chilenos como asilados políticos durante la dictadura pinochetista, no era posible que se premiara a un escritor favorable a dicho régimen, aun cuando más tarde Borges cambió de parecer. Si ésta historia es verídica el Premio Nobel de Literatura es también, un galardón político.

 

 

 

Pero, ¿todo escritor quiere recibir un Premio Nobel de Literatura? Hay quienes lo han rechazado momentánea o permanentemente. El caso más conocido es el del autor de La náusea, Jean-Paul Sartre, notificado de la designación en 1964 a la cual respondió con una carta, rechazándola. Argumentaba Sartre que “un escritor que adopte posiciones políticas, sociales o literarias, debe actuar solo con sus propios medios, esto es, el mundo escrito. Todos los honores que pueda recibir exponen a sus lectores a una presión que no considero deseable”.

 

George Bernard Shaw en un primer momento declinó aunque al final lo aceptó. Boris Pasternak, agradeció el galardón y luego declinó por presiones del gobierno soviético.

 

El Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan

 

Para la Real Academia Española la literatura es una actividad de raíz artística que aprovecha como vía de expresión al lenguaje. A grandes rasgos se identifican tres géneros literarios: el lírico, el épico y el dramático, ello en función de aspectos semánticos, formales o fonológicos. La pregunta obligada es: ¿en qué género literario se puede ubicar a Dylan? Antes de responder quizá sea pertinente recordar que numerosos Premios Nobel han sido entregados a personas que, además de literatos, destacaron en otras esferas. Se pueden citar los casos de Bertrand Russell, matemático y economista o bien, el de Winston Churchill, laureado en 1953, cuya faceta más conocida fue la de estadista y líder político en los azarosos tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

 

Arte y literatura van de la mano. Mediante el arte, el escritor incorpora a sus obras aspectos que desea destacar. Lo contrario también es cierto: al arte lo inspiran las obras literarias. Un ejemplo es Oscar Wilde, quien en El retrato de Dorian Gray echa mano de la pintura para criticar al hedonismo y el narcisismo del protagonista. ¿Qué hay de la relación entre literatura y música? Joan Manuel Serrat, considerado un poeta-cantante hizo del poema de Machado, “Cantares”, una pieza extraordinaria. Hay también una lista larga de cantantes considerados literatos.

 

En el caso de Dylan quizá la polémica que desató emane de que muchas personas piensan en el músico, aun cuando tiene una producción literaria menos conocida, pero que no deja de ser interesante. Las canciones de Dylan, por cierto, no son poca cosa. En la página Web del cantautor, figuran 67 discos. Para la academia sueca, Dylan es merecedor de la distinción porque creó “nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición musical estadounidense”.

 

 

 

Es recomendable consultar la Enciclopedia de Bob Dylan elaborada por Michael Grey, resultado de una investigación de 30 años. Grey es autor de textos pioneros sobre Dylan, y ha participado en análisis académicos en los terrenos de la música y la literatura inglesa y estadounidense. La Enciclopedia de Bob Dylan, publicada en 2008, da cuenta en 800 páginas, del mundo del músico, es un libro para leerse de principio a fin. Ahí Grey analiza a detalle las canciones de Dylan, y señala la influencia que de tuvo William Blake, la música popular, La Biblia, el blues,etcétera.

 

Hay que leer también lo escrito por el hoy laureado. Tarántula, una especie de monólogo que realizó entre 1965 y 1966, texto pequeño en verso y prosa, profundamente surrealista. Según el propio Dylan, él no había querido escribir este libro, lo hizo porque así lo negoció uno de sus representantes. El libro, recibió muy malas críticas. En la ruta literaria del autor, figura Crónicas volumen 1 (2004). Aquí un Dylan maduro, experimentado y conocedor recorre la historia de la música estadounidense de manera autobiográfica. Detalla su arribo a Nueva York, como fue incursionando en los clubes del Greenwich Village y la forma en que la fama lo afectó, al crear una imagen de él de la que el propio Dylan quería huir. Muchos le colocaron etiquetas, por ejemplo, como “cantante de protesta”, a él no le gustaba, por más que La respuesta está en el viento se haya convertido en una suerte de himno del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos en los años 60.

 

Dylan es prolífico en su discografía, donde Blonde on Blonde, un acetato doble de 1966, es imprescindible. Es considerado uno de los mejores discos de todos los tiempos. En ese año, Dylan sufrió un accidente en motocicleta del que se sabe poco, pero que llevó a que dejara de hacer giras por ocho años. Se especula que ocurrido en momentos en que tenía una fuerte carga de trabajo, fue un pretexto para que descansara.

 

La carrera musical de Dylan ha sido vertiginosa y diversa. Incluye el rock y el folk, y también el blues y el country. Su conversión al cristianismo a finales de los 70 dio pie a producciones que rechazaron muchos. No abandonó el secularismo, aunque comercialmente no fue tan exitoso en los 80. En los últimos 20 años regresó con nuevas producciones y giras, recibiendo numerosos galardones. En febrero de 2008 se presentó en México con un repertorio que incluyó su Modern Times. En 2007, el controvertido cineasta estadounidense Todd Haynes realizó una película sobre Dylan, “I’m Not There”, para la cual requirió de seis actores a efecto de retratar sendas etapas de la vida del célebre músico. Diversas universidades han realizado seminarios y congresos para analizar la obra de Dylan.

 

La realidad de las cosas es que Dylan se ha reinventado a sí mismo, sea como músico, filósofo, pintor, escritor, guionista o activista. Es decir que Dylan para ser Dylan ha debido desarrollar una complejidad artística pocas veces vista en una misma persona. Por todo ello, el Premio Nobel es un justo reconocimiento a su trayectoria. A sus detractores, Dylan podría muy bien dedicarles una estrofa de “Enredado en azul”, que reza:

 

“No sé cómo empezó todo, no sé qué hacen ellos con sus vidas, pero yo sigo mi camino, rumbo a mi próxima aventura, nosotros siempre sentimos lo mismo, sólo que lo vemos desde distintos puntos de vista”.

 

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