Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

etcétera

Desvarios

Aún recuerdo cuando te vi por primera vez. Intensa y distante. Desde aquel primer momento dispuesta a lo que yo quisiera, y al mismo tiempo indiferente, tanto, que cuando supe cómo te llamas lo vi como en una marquesina. Ah, Charlotte, por siempre y para siempre. Juntos hasta que mi muerte nos separe. No exagero: soy algo parecido al cuadro de Wilde que envejece y tú la vivida figura de la frescura eterna, como si hubieras sido pintada para que el silencio lo cubran mis palabras y mis sueños. Por eso te quise de inmediato con amor egoista, porque ha sido sin importar que tú sintieras lo mismo que yo y aunque no menciones ni mi nombre.

Sin embargo, hay algo que quiero que sepas, Charlotte, te lo debi decir cuando fui adolescente aunque ahora de viejo es cuando tengo el valor. Ya sé que no me vas a responder y me duele, pero necesito decirlo. Fuiste mi primera experiencia sexual y has sido la única mujer con la que he estado en la vida. Te lo agradezco aunque no te importe, pero siempre que estoy contigo me siento solo, por eso hasta ahora sigo sin saber por qué te busco si a ti ni te interesa. Tal vez sea la certidumbre de que cuando te busco estás ahi, esperándome, y de que te vistes y desvistes como yo quiero y de que nunca me reprochas ni te burlas de mi a pesar incluso de que eres testigo de cómo me hice un hombre fracasado, intrascendente, enajenado en la computadora y, además, alcohólico. No sé, lo único que tengo claro es que no puedo contarle a nadie de ti, y no sólo porque no tengo amigos, sino porque me averguenzan mis reclamos cuando en realidad tú eres quien cualquiera quisiera que fueras.

Eres tan impasible, Charlotte, que estoy seguro de que no te enojarás por esto. Al contrario, si quiero me mostrarás tu sonrisa radiante con las gotas de rocio de tus pecas o me enseñarás, traviesa, la blanca desnudez en la penumbra de aquel ventanal o saldrás a pasear a los perros enfundada en esos pantalones rosas en un dia radiante en el que brille aún más tu cabello dorado o mostrarás tus pantaletas negras o si quiero, como ahora quiero, te dejarás tentalear por otro sin dejar de verme para que yo tenga la seguridad de que, aún asi, tú estás conmigo. Más aún, para que yo esté contigo a través de ellos y te bese como nadie lo hace en esos labios y en los otros.

Pero aunque te enojaras y se rompieran cuarenta y dos años de relación necesito saber más de ti. Exijo que me digas tus sueños, cómo te va en el trabajo, a dónde te diviertes cuando sales con los amigos y por qué ni les hablas de mi y menos me los has presentado. No, Charlotte, espera, no quiero estar dentro de ti ni escuchar tus quejidos ni cobijarme en tus ojos negros, no veo que estás empinada ni en las nalgas noto tus lunares. No abras las piernas que no siento la humedad de su epicentro. Es más, retiro la mirada, ¿me oyes? La retiro. Ahora te ruego que me digas algo: cómo se llama tu mamá o tu papá, ¿están vivos? ¿tienes hermanos? ¿No? ¿Por qué me ofreces tu cuerpo pero me escondes tu alma? Te doy cinco minutos para que respondas mientras me sirvo otro etiqueta roja, enciendo un cigarro y cierro las ventanas, ya que ni eso puedes hacer por mi.

¿Lista? ¿Ah, no? Mira, Charlotte, que hace unos dias lei a Carlos de Alva Fernández en etcétera y sus letras me dieron el valor que no tenia. Es la última vez que te lo digo cariño, si continúas callada voy a decir lo nuestro, bueno lo mio pero que te involucra. Esto que te digo lo voy a escribir, créeme. No amenazo, sólo te advierto que se sabrá quién eres, arrogante e indiferente, eterna pero vacia. Que tu belleza duele. Y como no quiero que haya más personas a las que les pase lo que a mi en los próximos veinte o treinta años, les doy tu dirección con la seguridad de que, al menos yo, no te vuelvo a visitar. Pese a todo, Charlotte, te declaro mi amor y te digo que tal vez, como tantas otras veces, mañana vea las cosas de distinta manera. www.bigasshoz.com/galleries/ap2446_07666/0333045e19.html

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