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Fátima Fernández Christlieb

Después de la Corte, ¿qué?

Pensé que me iba a morir sin ver algo como lo que sucedió en la Suprema Corte de Justicia durante la semana del 4 de junio. Perdón por la primera persona del singular, pero llevaba yo 38 años mirando la misma película con diferentes actores. Desde el ángulo que me ha tocado observar esta historia había muy pequeño espacio para el optimismo. Lo acaban de ensanchar los nueve ministros que trabajaron en la acción de inconstitucionalidad sobre la llamada Ley Televisa. El martes 5 de junio a las 13 horas con 50 minutos, cuando Ortiz Mayagoitia dio el martillazo para cerrar aquella sesión, estalló un aplauso que repercutió en muchos lugares del país. Por primera vez un poder constitucional pudo marcarle el alto a un poder fáctico acostumbrado a imponer su voluntad sobre el Ejecutivo y el Legislativo.

Las sesiones del pleno de la Corte, que comenzaron a transmitirse el 21 de mayo por el canal del Poder Judicial y por el del Congreso, ya quedaron escritas en las páginas de la transparencia nacional. Además, las deliberaciones de los ministros constituyen una cátedra de lógica jurídica y de derecho constitucional empírico. La grabación de las sesiones es un documento de estudio al que ésta y las siguientes generaciones tendrán que regresar. Digo la grabación y no sólo el llamado “engrose” del proyecto de resolución, porque mirar a los ministros en toda su formalidad y viveza es también una lección de inteligencia y de institucionalidad nacional que nos hacía falta. La primera sorpresa la dio Aguirre Anguiano, el ministro ponente. Mantuvo en secreto su trabajo elaborado durante un año y cuando terminó lo puso a disposición del pleno. Artículos claves para que las televisoras mantuvieran sus privilegios fueron presentados como inconstitucionales. En la primera semana de mayo hubo resistencias para dar a conocer públicamente el proyecto, pero para el día 14 ya estaba disponible en la página Web de la Corte. Quien quiso y quien pudo, leyó las 546 cuartillas. En esa semana mientras los ministros estudiaban y acumulaban dudas y preguntas, los diseñadores y apologistas de las reformas de 2006 divulgaban su defensa, no exenta de falacias y verdades a medias. Habrá que analizar en qué puntos tuvieron también razón. Con el retiro de José Ramón Cossío se abrieron las sesiones públicas. Sólo él sabe qué aflicciones personales o conflictos de interés lo llevaron a abandonar el caso. Los argumentos de los ministros Aguirre, Valls y Azuela fueron elocuentes: no había impedimento para que permaneciera en el pleno. Tal vez su salida se tradujo en una mayor cohesión del grupo de ministros, ante la dificultad de alcanzar la mayoría calificada.

Tras de las exposiciones y respuestas de los expertos en telecomunicaciones, el jueves 24 comenzó la deliberación y las primeras votaciones. No hubo nada en lo oscurito. Las diferencias y las zonas de convergencia se construyeron ante las cámaras. Aquí era casi imposible votar sin argumentar, como ocurrió en el Congreso. Aquí no hubo manera de tirar línea, ni de comprar ministros. Privó la cordura, el respeto ante la diferencia, la institucionalidad, el buen humor, la búsqueda de la verdad. Lección para los mexicanos también en la manera de discutir: sin descalificaciones, sin adjetivos, con argumentos jurídicos y técnicos, aceptando y comprendiendo la postura del ángulo distinto. Los votos concurrentes y las opiniones divididas dieron y darán luz.

El producto de estas deliberaciones del Poder Judicial ya quedó como un referente para trabajos judiciales y legislativos posteriores. Mientras más avanzaba la discusión en el pleno de la Corte, más claras les quedaban las implicaciones de la convergencia digital a los ministros y mayor era el silencio de quienes veían desnudados sus propósitos.

¿Qué sigue tras la resolución de la Corte? Necesariamente se abre un periodo en el que debe haber asimilación de lo ocurrido, eliminando la visión de vencedores y vencidos. Se cerró un periodo despótico en el manejo de la televisión. Quedaron muchos pendientes que corresponden al Ejecutivo. También es preciso que los legisladores de ambas cámaras estudien el documento de los ministros. No sólo ellos que en lo inmediato habrán de usar el instrumento, también tenemos que estudiarlo todos: los servidores públicos que toman decisiones en las múltiples áreas relacionadas con el tema; los directores de medios, jefes de información y reporteros. Por otro lado los cientos de escuelas de comunicación que hay en el país deben tender puentes interdisciplinarios con juristas e ingenieros en electrónica y telecomunicaciones. La convergencia digital es algo nuevo para todos y en pocos se advierte el dominio del fenómeno que el futuro exige. Preparémonos para la siguiente etapa.

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