Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

Del mimeógrafo a Twitter

Las redes de poder desde siempre, oh Perogrullo, tienen sustento en la información. Cada etapa de la humanidad, necesariamente, es diferente. El instrumento cambia pero la manía continúa. Y, obviamente, para llevar a cabo una tarea acertada es necesario tener las herramientas indispensables y los hombres adecuados.

En 1968, los estudiantes utilizamos el mimeógrafo para difundir nuestras posiciones contrarias al gobierno autoritario. “Expropiábamos” los que había en las escuelas y facultades, y el entonces rector, Javier Barros Sierra, el único, se hacía de la “vista gorda”.

Dice el especialista Fausto Petrelín de Cote que en 1989, estudiantes de Michigan utilizaron el fax para dar a conocer la situación en Tiannanmen, China, y en Moldavia y Honduras brilló el Twitter (Eje Central, 3 de julio).

Antes, el teléfono celular jugó un papel fundamental para que el Partido Popular cayera de las preferencias y ganara José Luis Rodríguez Zapatero (11 de marzo de 2004). Y qué decir de YouTube, el cual ha mostrado sus ventajas y limitaciones.

La elección de Barack Obama en Estados Unidos se debió a la “Rebelión On Line” (Jaime Manzano León, Revista Mexicana de Comunicación, número 114). Y es que el afroamericano le entró con ganas no sólo a difundir sus puntos de vista en la red de redes, sino a dialogar con todos aquellos que le respondían. Y aquí está la clave, pues no únicamente hay que usar los adelantos técnicos, sino entender su funcionamiento.

Es cierto, como nos dice Bárbara Cassin, la democracia no llegará a través de Internet ni todo lo que aparezca en pantalla es lo máximo, pero de eso a quedarse a tratar de destruir las máquinas, hay un gran trecho.

En la pasada campaña electoral nos dimos cuenta del atraso tecnológico de los partidos y la pobre utilización de sus mensajes. Ninguno tenía una página respetable. Los que más quisieron acercarse fueron el PAN y el PSD. Pero ninguno atinó a comprometerse, dialogar, entrar en acción en un sistema complejo que necesita tiempo, esfuerzo y un poco de dinero.

Lastimoso el PRD. Su imagen en la red era una ensalada desabrida y Jesús Ortega, por más que se le alertó, prefirió cotorrear con Marianita. ¿Esa es la izquierda que pretende transformar al país?

De los candidatos a gobernadores todos usaron Internet como si vinieran de la época dinosáurica: en forma torpe, excesiva, salvaje. Únicamente dos hicieron un esfuerzo: Mario Anguiano (Colima) por medio de Twitter y José Calzada Falcón (Querétaro) con Facebook. El segundo tuvo un asesor que diseñó la campaña electrónica (José Adolfo Ibinarriaga, El Universal, 10 de julio).

No obstante los ejemplos para rebelarse contra los poderosos, dar a conocer asuntos que son una bomba y el éxito en otras naciones de los instrumentos modernos, acá seguimos pensando que los diarios, revistas y hasta la hoy cuestionada y mal vista televisión son lo máximo. No es que mandemos al armario todos esos medios de difusión, sino que aquilatemos en qué momento nos encontramos y cómo llegar a los más jóvenes que son el 56 por ciento de la población y quienes están contra todos los “grillos”.

Aquí entra la ola que desató el voto nulo. Llegó de muchas partes, especialmente de Guadalajara y el norte, pero ya tenía un pie en el DF con los “13” que estudiaron en Acatlán. Ellos abrieron el sitio Las 2 mil palabras.

Muchos jóvenes y no los “intelectuales de primera” fueron los que desequilibraron lo mismo a Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Krauze y un largo etcétera. Considerarlos guerrilleros, antidemocráticos, románticos, saboteadores es un desvarío, pero al mismo tiempo un elogio a quienes han entendido que existen nuevas redes sociales y deben utilizarse para desarticular un sistema de radio y televisión oligopólico, manipulador y obsoleto.

Ilustración:Doyer

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