Alberto Gonze

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Del cielo a la tierra y viceversa

Dos sucesos televisivos han cimbrado al público de EU y de México, cada uno por razones completamente distintas, pero ambas dignas de ser mencionadas.

FOTO: GUSTAVO BECERRA / CUARTOSCURO.COM

La comediante norteamericana Roseanne Barr hizo un regreso triunfal a la televisión con su sitcom “Roseanne”, luego de veinte años. A pesar del tiempo de ausencia, la aceptación del público fue absoluta; el primer episodio de esta nueva temporada alcanzó altos niveles de audiencia, por lo que Donald Trump mandó una felicitación a la creadora de la serie. Pero hace unos días, ABC anunció su cancelación, horas después de que Barr escribiera en Twitter un chiste acerca de Valerie Jarret, exasesora de Barak Obama, a quien comparó con el resultado que se obtendría si se mezcla a gente musulmana con “El planeta de los simios”, y la verdad sea dicha, muy guapa no es. El chiste no fue bien recibido por un gran número de personas que de inmediato se lanzaron a exigir a la cadena ABC la cancelación del show. Y aunque Roseanne se disculpó e incluso se justificó al decir que había escrito el tuit bajo los efectos de un medicamento, la ola de indignación era ya un tsunami imparable que arrastró a la comediante. Por cierto, los laboratorios Sanofi, que elaboran el medicamento Ambien, pusieron el último clavo en el ataúd de Roseanne con su respuesta: “…pese a que todos los tratamientos farmacéuticos tienen efectos secundarios, el racismo no es conocido como uno de ellos, en lo que respecta a medicamentos de Sanofi”. ¡Tómala!

Horas más tarde, el mismo Donald Trump lanzó un tuit y criticó a ABC por la cancelación de la serie, sin hacer mención del “chiste” de Barr, y los acusó de nunca haberse disculpado con él por los comentarios que se han hecho en la cadena hacia su persona. ¡Pobrecito, cómo sufre! Como era de esperarse, las especulaciones acerca de que ABC usó de pretexto el gravísimo error de Barr para enviar un mensaje sobre su apoyo al Partido Demócrata no tardaron en aparecer, además, el director ejecutivo de la cadena, Bob Iger, llamó personalmente a Valerie Jarret para informarle que romperían relaciones con Barr, horas antes de hacerlo público.

Hasta el momento, se desconoce si ABC seguirá con la serie sin su protagonista o si la cancelación será definitiva, pero cuesta trabajo creer que continuarán con un proyecto asociado al nombre de Roseanne, quien además de apoyar a Trump y de ser republicana, es una profesional del escándalo, ya en una ocasión, mientras desentonaba intencionalmente al interpretar el himno nacional estadounidense, escupió al suelo y se agarró la entrepierna. ¿Podrá esta vez Rosanne Barr salir adelante con semejante controversia? Estamos en un momento álgido donde la línea que separa la libertad de expresión del insulto es muy delgada. Roseanne podrá ser una comediante, pero lanzar un chiste de ese calibre, como ya lo comprobó ella misma, tiene repercusiones inimaginables, de alcances brutales como la cancelación de una serie, cosa nada sencilla ni barata, pues mucha gente perdió su trabajo sin deberla ni temerla. ¿Demandarán a Barr por haber perdido su trabajo los guionistas y actores? A partir de ahora, todos los que trabajamos para alguna empresa debemos ser muy cuidadosos sobre lo que compartimos en las redes sociales. La nueva inquisición moral se ha impuesto y todos somos susceptibles de caer en sus garras o tuitazos. ¡Qué miedo!

Cuando calienta el sol, aquí en Netflix

Lo que parecía imposible de lograr en México, ocurrió: una figura de la música pop más bien eclipsada por el paso del tiempo y por haberse dormido en sus laureles, renació como el ave fénix, y no gracias a nuevo material musical, sino a una biografía: “Luis Miguel”. Me queda claro que a algunos exquisitos que se jactan de “no ver televisión”, les resultará ofensivo que yo mencione dicha serie dentro del ámbito televisivo, pero aunque no les guste la idea, esta serie biográfica pertenece al género melodramático, el mismo de las telenovelas, tan repudiadas por esa gente que no ve tele, pero ve… ¿su tablet, su compu, su celular…? ¡Cómo nos gusta jugar a ser esnobs!

Aunque las bioseries son un producto relativamente nuevo en el mercado mexicano, ninguna había logrado los alcances de popularidad que ésta, la del solista más exitoso en los años ochenta y noventa, famoso también por retomar el bolero y acercarlo con gran éxito a los jóvenes de aquel entonces. El suceso mediático que ha significado la serie biográfica de Luis Miguel tiene gran relevancia en varios ámbitos: ha despertado el interés no sólo del público cautivo que tiene el cantante, también los más jóvenes están prestando atención a lo que ocurre en la serie y a su música; haga el experimento de asomarse a las redes sociales los domingos por la noche o los lunes por la mañana para ver los memes y comentarios que la serie ha generado. Se ha roto una barrera generacional a través de una historia. Netflix además tomó nota de las costumbres que tenemos en México a la hora de ver televisión, y le apostó a dosificar los episodios, a sacar uno nuevo cada domingo, lo opuesto a su norma, la de sacar series completas para que el público las devore en “maratones”.

¿Por qué no ha ocurrido este fenómeno con otras series? Mi teoría es que, a diferencia de otras series biográficas como la de Juan Gabriel (icono musical que tuvo la puntada de fallecer el mismo día que se transmitió el último episodio de su bioserie), con la de Luis Miguel el público está recibiendo información que desconocía; no sólo el morbo está siendo alimentado con las revelaciones sobre sus amoríos adolescentes, también llega al espectador a un nivel de empatía y compasión por el maltrato que sufrió a manos de su propio padre. Cualquier historia, ficticia o basada en hechos reales, debe sorprender al público, atraparlo con emotividad y con una buena reflexión; parece que Netflix lo ha conseguido con esta serie, la primera hecha ex profeso para el público mexicano con uno de sus más famosos cantantes. Podrá gustarnos o no la música de Luis Miguel, eso es aparte, aquí lo interesante es que estamos ante un proyecto que, crucemos los dedos, nos podría colocar de nuevo en el candelero de la industria televisiva, y que hemos ido perdiendo ante las extraordinarias producciones coreanas, japonesas y turcas, países que tomaron nota de nuestras clásicas telenovelas y se lanzaron a producir aventando la casa por la ventana con temas novedosos y contemporáneos.

La suerte parece estar sonriéndole a Luismi: Spotify reportó que la reproducción de sus canciones, así como el soundtrack de la serie, han incrementado el número de reproducciones hasta en un 200%. Ningún otro “reencuentro” o revival de otros artistas ha sido tan exitoso. Si bien es cierto que para otros mercados como el anglosajón, la serie de Luismi no resulta atractiva, ojalá que su éxito nos dé la oportunidad de crear y disfrutar más contenidos hechos por y para mexicanos.

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