Cinque Terre

Ulises Castellanos

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Director de Círculo Rojo

Defraudaron como siempre…

Son 20 años de aquel partido de pesadilla, el México-Bulgaria jugado en Nueva Jersey el 5 de julio de 1994. Era el cuarto partido de la selección durante el mundial en Estados Unidos.

Ya estamos en Brasil 2014 y jamás hemos jugado el mítico “Quinto Partido”.

La debacle

Fue aquel partido “sin cambios” que comandó el doctor Mejía Barón. Fue el último juego de Hugo Sánchez sin pisar la cancha. Fue el partido que marcó la derrota clásica en penales. Fue el partido donde García Aspe lloró después de fallar el primer penal, que presuntamente nos daría “seguridad”. Fue la debacle.

Jorge Campos salió con su llamativa playera verde con el número 1 en la espalda. Jugaban Aspe, Zague, Ambriz, Hermosillo, Suárez, Bernal y Luis García entre otros. Incluso Javier Aguirre ya estaba en el cuerpo técnico.

La esperanza de nuestra selección se tambaleó en el minuto 6 por la anotación del búlgaro H. Stoichkov y 12 minutos después se renovó con el gol de García Aspe, que empató el juego. Así terminó hasta los penales.

México jugaba prácticamente como “local”, había estadio lleno con más de 70 mil almas -casi todos mexicanos- y una docena de búlgaros por ahí.

Para la cobertura del partido, el semanario Proceso, que dirigía entonces Julio Scherer, envió al corresponsal en Washington, Carlos Puig; a Francisco Ponce y Rafael Ocampo de la sección deportiva, y a nuestro flamante subdirector, Vicente Leñero. Yo estaba por cumplir un año en la revista y venía de meses en Chiapas y unas cuantas semanas en la cobertura del asesinato de Colosio en Tijuana con Pascal Beltrán del Río.

Aquella cobertura del mundial fue inolvidable para todos en Proceso. La revista estaba en uno de sus mejores momentos y calculo que esa cobertura le habrá costado al semanario más de 130 mil dólares entre aviones, hoteles, autos y viáticos. Aquello derivó en dos portadas y una fue precisamente con esta imagen.

Recuerdo las últimas instrucciones de Leñero antes de dispersarnos en la cancha: “Quiero la foto de cuando lloren los jugadores, lo demás vale madre”, “Quiero que resumas en una imagen su eliminación”, “Solo si pierden será portada de la revista”… Primero pensé que era una broma, luego caí en la cuenta de que no y en eso me concentré todo el partido. Sufrí ese juego como ningún otro.

Después del empate en tiempo regular, fui testigo de la disputa en banca entre Hugo Sánchez y Mejía Barón, los dos gritaban, los dos dirigían. Fue el desastre. En los penales fallaron Aspe, Bernal y Rodríguez, uno tras otro. El único que anotó fue Suárez.

García Aspe regresó al centro de la cancha llorando, lo abrazaron Hermosillo y los otros. Bernal balbuceó después de fallar: “No mames” y Rodríguez gritó al cielo: “Puta madre”, después de fallar también.

Letchkov, con el número 9, tiró su penal y fulminó a México, se hizo un silencio descomunal. Jorge Campos quedó tirado. Yo nunca disparé hacia los penales, me concentré en las instrucciones de Leñero: al centro de la cancha, fotografié los llantos, las mentadas, los gritos, el dolor…

Al final, vi a esos sombrerudos, al jugador número 12, el que nunca falla, el que más grita, el que siempre va, el que también llora y al que siempre defraudan.

Cuando los vi salir, cabizbajos, derrotados, caminando debajo del marcador parcial de la derrota, enfoqué mi lente 500 mm montado en la Nikon F4 y disparé mi TRI-X de entonces; me temblaban las piernas y me lloraban los ojos.

La selección quedó eliminada y nosotros regresamos a Nueva York para armar la portada de Proceso que Leñero cabeceó sin dudarlo un segundo: “Defraudaron como siempre”, y esta imagen fue la portada.

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