Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

etcétera

De película

En gustos se rompen madres sólo si hay quien quiera imponer los suyos sobre otros. Ese no es nuestro caso. En ningún ámbito y menos en éste en el que queremos hablar de las que a nuestro parecer, y luego de una recopilación de preferencias en la mesa de la redacción, son las mejores escenas eróticas del cine que hemos visto.

El director, claro está, disparó primero. Pero fue una chinampina al juicio de los demás que no vieron seducción alguna en el baile y el canto de Rita Hayworth en aquella memorable Gilda. De inmediato, quizá para diluir la indiferencia de los demás o el riesgo de un pase autoritario, Luis Miguel Carriedo mencionó las escenas censuradas de Cinema paradiso que luego fueron recuperadas. Eterno romántico el reportero de etcétera, tampoco halló eco en los demás. Qué tal si mejor tomamos viagra, dijo algún chistoso, y luego hablamos del asunto. No, esperen, agregó Ruth Esparza: ¿recuerdan los arrebatos de Marcello Mastroianni y Sofía Loren en Un día especial? Silencio. Bueno ahí está Nueve semanas y media, y Manuel Martínez fue el único que la secundó.

Fue entonces cuando el director quiso rehacerse y mencionó aquel momento en el que, sentada en un carruaje, a Emmanuelle, o sea, a Sylvia Kristel, le deslizan las medias con la boca y las manos dos campesinos que, al final, la dejan con las ganas húmedas. Unos no la recordaban, o sea que no los marcó, y otros no la habían visto. El caso es que nada más Julio Chávez respaldó el entusiasmo con la frase académica “esa escena sí está chingona” y junto con el director recordó otras de sus úaños idos, aunque usted no lo crea, desde El sexo me da risa, pasando por Las ficheras o Las del talón, y repasando a las Colegialas hasta llegar a La esposa busca amante con la siempre entrañable Edwige Fenech. Pero ésta era una reunión seria y no sólo de dos.

No se preocupen, dijo comprensiva Ruth, también hay películas disque de culto que, en realidad, a mí no me gustan, por ejemplo La gran comilona. Eso abrió las puertas a la pose y los lugares comunes. Del protagonismo del director surgió La insoportable levedad del ser, El amante y El imperio de los sentidos. De la seriedad de Manuel brotó El último tango en París y Terciopelo azul, pero se ganó los silbidos cuando agregó a Y tu mamá también. Y tu mamá también, alguien le respondió. Pero la plática no más no prendía, incluso ni cuando Luis Miguel balbuceó Acoso sexual y el tremendo faje entre Michael Douglas y Demmi More.

Decidido a recobrar el entusiasmo y la seriedad, profesional siempre, Julio comentó que otras escenas deliciosas estás en los primeros planos de Betty Blue y más donde ella y su pareja se dan un agarrón de campeonato pero sólo obtuvo la misma complicidad del viejo adolescente arriba señalado. ¡Luna amarga! dijeron casi al unísono Manuel y Luis Miguel. Qué tiernos. Y eso no se les quitó ni cuando Luis Miguel se quiso poner denso y recordó a las tres arpías de Drácula.

¿Y si mejor pensamos en las escenas que no nos han gustado a ver si desde ahí podemos redactar algo?

Irreversible es muy mala, dijo Manuel y ese fue el único momento en que las decisiones autoritarias se hicieron inminentes pues el que manda en etcétera no acepta la insolencia de maltratar a Mónica Bellucci, ni en esa película ni en Danza de lobos ni en Matrix ni en Espías ni en… Ninguna. Los principios son los principios. El asunto fue más tenso cuando Manuel, al querer componer las cosas mencionó que también es fea la cinta Lambada. La comparación entre una y otra película realmente ofendió. Sin embargo, el mal ambiente comenzó a diluirse cuando varios comentaron que el famoso entrecruce de piernas de Sharon Stone no era para tanto ni tampoco lo era Orquídea salvaje ni las dos Lolita ni los abrazos y los besos de Tom Cruise y Nicole Kidman en Ojos bien cerrados. Striptease, huácala. Entonces parecía que al menos en esas escenas que no nos gustaban habría acuerdo, pero no. Como un rayo Julio se encargó de disolver la esperanza al decir que no estaba entre sus predilectas La historia de O y esa era otra irreverencia inaceptable que ni con Garganta profunda o Salón Kitty pudo remediar. Una cosa es la tolerancia y otra el vacío de poder. Había que hacer algo: la revista no tiene dirección.

Hasta esos momentos Laura Islas Reyes permanecía calladita igual que siempre. Mustia. Pero al fin dijo algo. La más joven del equipo levantó una hoja y leyó muy seria:

“Pues a mí me súper prende la escena de Angelina Jolie cuando se viste de dominatriz en Mr. and Mrs. Smith, y su restriego lésbico en Gia. También Natalie Portman como Alice Ayres haciendo un desnudo para Larry y Jessica Alba bailando en Sin City.”

Y luego agregó como si respondiera a preguntas de su tesis doctoral:

“Hay una escena de Conoces a Joe Black que me encanta, o la de Johnny Depp y Cristina Ricci en Lágrimas del corazón cuando se la coge por primera vez. También está Catherine Zeta Jones en La emboscada, cuando hace la rutina del láser. Otra escena es la de María Bello y Viggo Mortensen en Una historia violenta. Además me parece muy sensual Kate Beckinsale vestida de látex negro en Inframundo.”

Ante el silencio de los integrantes de la mesa, Laura advirtió: “Hay quien dice que Julia Roberts se ve súper cachonda en Pretty Woman pero a mí me parece descafeinada aún con sus botas de charol”. Y luego calló como quien espera el aplauso del respetable y eso hubiera sido por lo último que dijo, pero no por sus preferencias antes expuestas. Imagínense ustedes, por favor, que etcétera respaldara a Brad Pitt: ahí sí renuncia el consejo editorial completo y con toda razón. O sea que reinó otra vez el silencio hasta que una voz salvadora, no nos hemos puesto de acuerdo en quién fue, pronunció El cartero siempre llama dos veces, pero no la de 1946 con Lana Turner y John Garfield, advertimos todos casi al mismo tiempo, sino la de 1981 en donde se trenzan pero bien Jessica Lange y Jack Nicholson. Lo único anticlimático fue cuando Julio quiso hacer sociología diciendo que debíamos comprender que en los 40 la censura era tremenda y todo eso.

Después de tres horas sólo hubo acuerdo unánime en una escena, una sola. El asunto definitivamente no prometía como para llegar a lo mismo otras nueve veces. Así es que decidimos convocar al lector para que nos envíe un correo electrónico con sus preferencias porque, en efecto, en gustos se rompen reuniones aún incluso entre los comprometidos integrantes de esta revista.

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