Cinque Terre

Luis Torres Albarrán

Daniel Moreno: “Queremos competir con los periódicos”

 

Foto: Guillermo Cardoso

Hoy por hoy, ¿qué puede esperar el radioescucha de los informativos de la W?

Queremos ser una estación de radio informativa y que, además, cumpla con otros requisitos porque, evidentemente, sólo decir informativa sería insuficiente. Informativa en el sentido de que sea oportuna, que el radioescucha poco a poco vaya viendo en la W un espacio donde si algo importante ocurre, nosotros pasaremos la información lo más rápido posible. Segundo, en el sentido de que la información sea lo más completa posible, con todas las voces incluidas. Tercero, aspiramos y ése es un elemento fundamental a manejar cada vez más información exclusiva, queremos ser competencia no sólo para la radio, en términos de oportunidad, sino para los periódicos, en términos de exclusividad.

¿Podríamos decir que ésas son las premisas básicas sobre las que se desarrollará la labor informativa de los noticiarios de la W?

Sin duda. Evidentemente, a eso le queremos añadir muchas cosas más. Queremos que la W sea un espacio donde encontremos diferentes voces debatiendo sobre temas que consideremos centrales, donde también se escuchen las entrevistas con los personajes más relevantes.

Queremos ser una W que aborde no sólo los temas de la agenda política, queremos ser una estación donde podamos ser muy ciudadanos: hay muchísimos temas que están más allá de lo que es estrictamente el debate político que le interesan a la gente. Queremos ir abarcando cada vez más este tipo de temas. Me refiero a temas como educación, salud, créditos bancarios, servicios de telefonía, preocupaciones cotidianas a las que los medios con mucha frecuencia no le entramos, porque creemos que el debate en el PRD o la reforma energética son los verdaderamente importantes para la gente, y no es cierto. Son importantes, por supuesto, pero también lo son muchos otros que los medios, por desgracia, muchas veces omitimos investigar por estar demasiado metidos en la coyuntura política.

Uno piensa, cuando escucha las programaciones de radio, que el rating es lo importante. Entonces están las figuras políticas, está López Obrador, la reforma energética, en voz de los medios; sin embargo, para tratar estos temas que poco se abordan, que podrían ser marginales, ¿influirá el peso del rating?

El rating importa, por supuesto. Sería absolutamente demagogo de mi lado decir que nosotros queremos hacer periodismo y el rating no importa. Nos importa porque es simplemente el reflejo de cuánta gente nos escucha y porque de ahí se derivan otras cosas. Uno vende en función del rating y las ventas en una radio comercial son capitales.

Si nosotros sobrepolitizáramos un noticiario, estaríamos perdiendo, en todo caso, rating. El rating es un concepto pobre cuando queremos entender lo que es el público. Hay un círculo rojo al que le interesa el debate sobre reforma energética, López Obrador, el PRD y demás, información que queremos tener; pero hay siguiendo esta clasificación foxista de la gente un círculo verde al que le interesan salud, educación y demás temas, al que también le queremos llegar.

Aspiramos a que nos escuche la clase política, sin duda, a que nos escuche la clase intelectual, la gente que toma decisiones; pero no podemos limitarnos a eso porque, por desgracia, si revisamos no sólo el rating en la radio sino los tirajes en los periódicos, quizá la obsesión que tenemos por llegarle siempre al círculo rojo nos ha hecho perder los espacios con la gente del círculo verde. Si revisáramos algunos de los casos exitosos de la radio o de los periódicos o de los programas de televisión con rating, veríamos que tienen que ver también con programaciones ciudadanas.

Esta apuesta por la ciudadanización de los medios es cada vez más concreta; sin embargo, los consumidores de noticias en radio están todavía muy hechos a esta idea de los contenidos dirigidos al círculo rojo. En ese sentido, ¿cómo van a manejar la relación entre la información y el poder?

La coyuntura te va dictando un poco los esquemas en los que puedes trabajar. Ahí tendrá mucho que ver la información cotidiana, su peso y, por tanto, definir qué tanto peso le vas a dar a uno o a otro. Más que generar un modelo de trabajo en el cual metamos la información y la ajustemos, tenemos que trabajar al revés: viendo la agenda informativa que tengamos, viendo lo que hayamos generado nosotros mismos.

Hay información que es ineludible, que traemos todos; pero, el generar tu propia información, el abrirte a temas que vayan más de allá de lo estrictamente político, el hacer que esta información sea importante e interesante, es lo que va abriendo los espacios dentro de los mismos informativos y lo que va permitiendo, además, que el poder mismo escuche este otro tipo de información, que es la que afecta a la ciudadanía en su vida cotidiana.

¿Cuáles son las insuficiencias o limitaciones que has encontrado para llevar a cabo este objetivo?

Yo vengo de periódico, realmente llevo un año trabajando en la radio. Una de las cosas que me he topado es que la formación de los reporteros es muy distinta. Los medios radiofónicos hemos pecado de sobrecargar el trabajo de los reporteros y dificultarles el trabajo reporteril, verdaderamente.


Si revisamos las estaciones de radio y ahora voy a establecer la diferencia que queremos hacer en la W, vemos redacciones muy pequeñas, ocho, diez, 12 reporteros, a los que se les pide cubrir, a cada uno, dos, tres, cuatro conferencias de prensa, porque lo que necesita la estación de radio es solamente un audio con una declaración de algún político. Son estaciones de radio que sostienen su trabajo con la contratación de conductores de mucho peso, que generan su propia información sobre la base de entrevistas o de lo que ellos mismos reportean.

Nosotros estamos tratando de entender un poquito distinto la redacción. Asumimos que nuestra redacción tiene que competir con la de un periódico. Si tú le pides a un reportero que vaya a tres conferencias de prensa y recabe audios, evidentemente, lo estás poniendo en una situación de absoluta desventaja con el resto de los medios. Lo que hemos hecho es consolidar, primero en términos cuantitativos, la redacción: contratar más reporteros, redactores, tener una redacción de poco más de 40 personas. Esa redacción es la que te va a permitir no sobrecargar a un reportero sino distribuir mejor las órdenes de trabajo.

Otra cosa: en la radio, la improvisación era algo cotidiano. Un reportero entraba al aire, improvisaba sus notas, metía sus audios y las notas podían durar cuatro o cinco minutos. Nosotros queremos que las notas sean bien redactadas, trabajadas pensando en evitar repeticiones, mejorar contenidos, pulir una entrada, consensuar un ángulo, igual que como se trabaja en un periódico. Es un asunto, insisto, de tratar de utilizar las ventajas del modelo de trabajo de los periódicos para la radio.

Ya no podemos aspirar a simplemente registrar los hechos informativos que hay, porque eso lo hace cualquier medio. Tenemos que buscar más y mejores notas, notas distintas, mejor redactadas, con mejores audios, con mejores ángulos, para poco a poco diferenciarnos de la competencia.

Este nuevo enfoque, ¿cómo ha sido recibido por el equipo de trabajo?

Yo creo que bien, porque ¿qué reportero estaría en contra de que le quites sus conferencias de prensa? Tenemos una redacción muy joven. Hay conductores, como Carlos Puig, que tienen 20 años en esto, reporteros que tienen 20 años en esto como Edith Gómez o Rafael Arce, pero también tenemos gente muy joven. Tenemos conductores que tienen 30 o 32 años, como Enrique Hernández o León Krauze. Esto es intencional, porque aspiramos a trabajar distinto, a tomar gente que esté recién salida de la escuela, que tenga poca experiencia para ir trabajando. Te diría que hay una buena recepción de arranque asumiendo que este es un proyecto de largo plazo y que llevamos realmente poco tiempo en este sentido.

¿Ya hay un primer balance sobre el trabajo de Carlos Puig?

No tengo más que lo que uno normalmente hace de preguntarle a los cuates, a la misma clase política con la que coincides, cómo oyen, cómo ven, pero no hay un estudio como tal. Creo que hay un buen saldo, por varias razones: primero, porque Carlos Puig es un periodista. Le apostamos a traer un conductor que, sin el oficio de la radio, fuera periodista, alguien que pudiera aportar informativamente algo distinto, que pudiera contribuir a esta decisión de diferenciarnos de las otras radios. Eso lo veo como una virtud importante. En el equipo que hemos logrado conformar, así como está Omar Sánchez de Tagle como jefe de información de toda la estación, tenemos como coordinador de información a Julián Andrade, un periodista que tiene, no sé, 15 años en el medio, que ha sido jefe de información de Milenio, subdirector de Centro, subdirector de Crónica. Entonces, te diría que el programa de la mañana está siendo muy informativo.

También es un acierto el haber sumado colaboradores de muy buen nivel: están Carlos Marín, Carlos Elizondo, Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Sabino Bastidas, Leo Zuckerman, Ignacio Marván, un equipo de editorialistas de muy buen nivel.

Finalmente, creo que ha sido un programa que ha estado en la nota, hemos llevado no sólo las notas, sino los reportajes y las entrevistas sobre los temas informativos más importantes. No se nos ha ido nada fundamental y además hemos dado algunas cosas distintas.

Dices que no se les ha ido ningún tema de los fundamentales en la agenda de todos los días. Y en esta agenda, en lo inmediato, vienen las elecciones de 2009, pero también la discusión de la reforma energética, el seguimiento de la situación económica y la crisis de alimentos, la temporada de lluvias en el DF, la tormenta a propósito de la despenalización del aborto también en la capital, el cierre de la campaña presidencial en EU, una nueva oportunidad para el América en el próximo torneo local, y los reality shows de estreno en Televisa. ¿Cómo hará la W para dar cuenta de estas y tantas otras coberturas sin caer en el sensacionalismo, la parcialidad y la trivialización?

Primero que nada, con información. Todos los temas de la agenda periodística del segundo semestre del año son ineludibles, capitales, porque van a marcar a este país. Informar termina siendo una palabra y un ejercicio complejo, porque sabemos que informar objetivamente y fríamente termina siendo un poco de ciencia ficción. Queremos informar a profundidad. Estamos convencidos de que todas las voces tienen que entrar. ¿Cómo podemos enfrentar esta agenda tan cargada informativamente? Con un trabajo colectivo de reflexión.

Más allá de hacer una reflexión previa y decir nos vamos a conducir por acá insisto, la coyuntura muchas veces te va marcando la agenda. Yo no creo, por ejemplo, en declaraciones como la de Felipe Calderón diciendo: los medios tienen que bajarle a la cobertura sobre seguridad pública, porque no por dejar de cubrirla el asunto se va a resolver ni por continuar la cobertura va a empeorar. Al contrario, nuestra obligación es reportear permanentemente este tipo de temas.

Aristegui

Han pasado prácticamente cinco meses de la salida de Carmen Aristegui de la W. Al paso de este tiempo, ¿cuál es el recuento de daños que dejó esta ruptura en sus noticiarios, lo mismo en términos de credibilidad que de comercialización?

Han sido cinco meses complicados por varias razones. Primero, porque hubo un sector de analistas de todo tipo que fueron injustos con la W sobre las razones por las que se tomó tal decisión. Injustos, porque estoy convencido y creo que es un tema que siempre se podría demostrar cuando fuera necesario de que no hubo razones editoriales en la salida de Carmen. Hubo una diferencia en un contrato, una diferencia en cómo trabajar. Son diferencias que se presentan en todo tipo de medios y que, en nuestro caso, hubo una acusación nunca demostrada de que hubo razones editoriales para la salida de Carmen.

Al generarse este discurso, evidentemente hubo un golpe a la credibilidad de W. Un golpe que, sin embargo, día a día hemos ido revirtiendo, porque nuestro trabajo cotidiano ha demostrado que nunca hubo, insisto, razones editoriales. ¿Nos pegó? Por supuesto, mentiría si dijera que no. No fueron justas las razones por las que nos pegó, también estoy convencido de eso. Yo sigo esperando una sola prueba de que hubo una razón editorial. Yo quiero que me digan un solo tema que desde la salida de Carmen no se haya abordado en la W. Un solo personaje que no haya sido entrevistado por W desde la salida de Carmen. El día que me demuestren uno, ese día vemos. Pero hasta hoy, ¿cuál tema? Insisto: hubo una acusación nunca probada sobre cuáles fueron las razones. Quizá sea una estrategia que, a la luz del tiempo, se pueda considerar equivocada o no, pero no quisimos subirnos al ring de un debate. Frente a discursos como el hubo censura uno puede anteponer tres horas de argumentos y no sirve de mucho. Entonces tomamos la decisión de no subirnos a un debate porque no le veíamos sentido a debatir con gente que no quería escuchar razones. Están en su derecho. Le cambian a la estación y asunto resuelto.

Sí tuvimos que pagar un costo, creo que es un costo por lo menos en parte injusto. Yo entiendo que paguemos un costo de gente que nos diga yo prefería a Carmen. Eso es normal, hay gente que le gusta un conductor o le gusta otro. Pero de eso a decir que somos censores, hay una distancia gigantesca. Esa distancia es la que no me parece aceptable, esa distancia es con la que jamás coincidiré. Y eso es en lo que yo insistiré siempre: quiero una prueba, una sola prueba. Los que nos acusaban en enero de censores, por lo menos ahora deberían reconocer que se equivocaron. Esperaría, por lo menos, cinco meses después, que alguien de los que se sumaron a este coro digan es cierto: han demostrado que no era por ahí, que no era tema de censura.

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