Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Culpar a dios

Podemos admitir, como nos dice Coyne, que “ISIS es una cepa de islam bárbara y disfuncional, pero no podemos negar que es, como lo son todos los movimientos religiosos, una interpretación posible, una forma de fe que no es verdadera o falsa, sino simplemente irracional”.

Idolatría, secta y religión

La idolatría es la adoración a un ser que no es dios; la diatriba sobre el ídolo y la idolatría provienen de la tendencia a dirimir el mundo entre lo puro e impuro, y por tanto, en el maniqueísmo de lo verdadero y lo falso que aparece a partir de las creencias monoteístas. Toda revelación monoteísta surge de la noción divina de el dios verdadero que, por tanto, convierte en ídolo a todos los que no son él. “Se trata de una guerra de apropiación de mercados simbólicos” (nos dice Jorge Virgil Rubio en su Diccionario razonado de vicios, pecados y enfermedades morales) que es común a los judíos, al islam y al cristianismo. Por tanto el concepto de idolatría es un espacio despectivo ocupado por aquél otro que no cree en mi dios. Por supuesto que entre más consolidada está una religión, más tolerante es, por tanto, en países donde la mayoría profesa un credo, dicha religión es más incluyente porque no siente el peso de la amenaza, pero en un principio evangelizante su intolerancia era parte de la estrategia de exclusión que dibuja el nosotros versus el ustedes. Por ello existe un chiste que dice que mientras las sectas tienen un grupo de creyentes tocapuertas que como vendedores de aspiradoras meten de cuña la palabra para poder entrar a conquistar un nuevo adepto, las grandes religiones no tienen necesidad de ello, pero eso cambia según la región geográfica en que uno se encuentre.

Esto nos lleva a otro concepto relativo, el de secta, que es definido como la reunión de individuos derrotados por la duda y por el error como dijera Voltaire, quien además asegura que “No hay ninguna secta en geometría: cuando la verdad es evidente, es imposible que de ella nazcan partidos y facciones”.

La búsqueda de la identidad

Si la religión, al margen de su mesianismo, es un sentimiento humano que busca la unión con un cuerpo colectivo, al tiempo que un sentido que haga válida la existencia, sería difícil creer que, al margen de la semántica, no nos sea necesario un sentimiento de pertenencia o una jerarquía de valores que nos orienten. El problema en esta modernidad líquida como la llama Zigmunt Bauman, es que las afiliaciones son esporádicas y muchas veces el sentido es una ruta de ocasión. Como hijos recrudecidos de Sartre, la nausea ante la nada, o en este caso la oferta ilimitada de tanto en un mundo de consumo, nos distrae y nos anula. En la actualidad y ante la devoción a las pantallas, todos buscamos ser apreciados, vistos, tomados en cuenta. Pero no todos cabemos, buscamos ser elegidos, validados, así como los libros que compiten ante la mirada del lector en la novela de Calvino Si una Noche de Invierno un viajero. Los títulos en una inmensa mesa de ofertas miran al comprador “…con el aire extraviado de los perros…” Es en ese sentido que me pregunto si emprender guerras en nombre de dios no es más que un pretexto del hastío, el grito desesperado por ser visto, por construir una identidad notable ante la gran oferta de destinos alienados.

Esconder el odio tras la máscara de dios

Por mí y por todo el que se precie de ser liberal, que cada quien crea en lo que quiera; que sea visto como guste; que ame o parrandee como mejor le plazca; que simpatice o se deslinde, pero estos no son tiempos propicios para el odio. Si nunca lo han sido, hoy menos que nunca porque se ha perdido el pudor ante la sangre, porque no se respeta a los civiles, porque la globalización hiperboliza el consumo, la tecnología eficientiza la proliferación dramática de la muerte, del espectáculo y de las pasiones.

Me hinco como atea ante la horrible imagen de quien ante el miedo a la nulidad, ante la falta de imaginación y misericordia, se calza la máscara de dios para justificar su miseria. Si el concepto dios tiene una marca común en todo pueblo, esa debería ser la idea de vida y no de muerte. No creo en dios pero si existiera, judío, cristiano, musulmán, egipcio o maya, no daría licencia para que se matara en su nombre.

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