Myrrha Yglesias

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Periodista.

Cuando leer no es solo descifrar letras

“No tienes que quemar libros para destruir una cultura. Solo consigue que la gente deje de leerlos”.

Ray Bradbury

Leemos relatos, representaciones, semblantes, expresiones, y obtenemos deleite de cada mensaje descubierto. Los placeres de la lectura son incomparables.

¿Qué puede dar más felicidad que perderse en los clásicos y en el mundo de la fantasía? Abrir un libro es como abrir una puerta al mundo del conocimiento. Leer nos lleva a descubrir acontecimientos, para darle un significado a lo que nos rodea. Nos da tanta dicha que se convierte en una adicción.

Al leer adquirimos conocimiento, desarrollamos un amplio vocabulario, obtenemos fluidez al escribir y hablar, aprendemos a comunicar y expresar nuestras ideas de la mejor manera posible. También es la forma más conveniente y provechosa para pasar el tiempo.

Una persona puede ser juzgada por la forma en la que habla o escribe. La gente que lee con más frecuencia suele tener un mayor conocimiento de la vida y también una perspectiva más amplia de su entorno. Creo que este hecho les da una ventaja sobre todos los demás que no leen con frecuencia. Los cerebros lectores entienden de otra manera el lenguaje, procesan de manera diferente las señales visuales; incluso razonan y forman los recuerdos de otra manera, tal y como señala la psicóloga Feggy Ostrosky-Solís.

Para quienes hemos desarrollado el gusto por la lectura, hay algo más que el conocimiento, es algo que explica la felicidad, el placer y la satisfacción sensual que la lectura nos otorga. Leer y escribir son de los procesos más complejos del ser humano, convertir en símbolos los sonidos y acomodarlos para que armen ideas y ensoñaciones es un proceso admirable.

En 2009, la revista Psychological Science publicó un estudio al respecto, llevado a cabo en el Laboratorio de Cognición Dinámica de la Universidad de Washington, cuya principal investigadora fue Nicole Speer. “Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones y sensaciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas. Las regiones del cerebro que se activan a menudo son similares a las que se activan cuando la gente realiza, imagina u observa actividades similares en el mundo real”.

Nuestra vida mental es un misterio. La relación entre nosotros y nuestro pensamiento se nos da en el lenguaje y de esa manera, el idioma se nos da como la vía de acceso a lo más profundo de nuestra realidad mental.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, inició un experimento: en algunas prisiones a los reclusos del país se les quitan cuatro días en la cárcel por cada libro leído, y por un máximo de 48 días al año. Es una bella historia. Se trata de una iniciativa que reúne la visión de que nunca es demasiado tarde para aprender a amar los libros, -un libro puede cambiar la vida para que sea mejor-.

La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Leer no es simplemente abrir un libro e imaginarse lo que se describe en cada página, porque si así fuera, no sería más que un acto de asimilación, algo estéril e inútil. Cada libro que leemos nos permite capturar e imaginar cualquier cosa para siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones, cada página que leemos es el resultado de un intelecto generoso que quiso compartir con nosotros sus pensamientos y cada palabra, cada frase es un punto de partida para soñar.

“Un lector es un autor que interpreta lo que lee, que llena los intersticios, que le da sentido a los implícitos con su experiencia y su ideología”. Alcira Bras.

Para muchos leer es darle un sentido a su existencia, significa descubrirse a uno mismo en las palabras que se encuentran en un texto, dar nombre a nuestras emociones, disfrutar de un espacio que nadie te puede quitar. La lectura se considera como algo íntimo y personal, un escape de los problemas de la vida cotidiana, y nos permite dar forma a las experiencias personales y darle un significado. En el lector la imaginación y la fantasía son necesarias para soñar y escapar a un lugar lejano e invisible para los demás. Nuestra vida interior se fortalece y nuestro pensamiento recorre nuevos escenarios. A través de las páginas de un libro podemos ver partes de nosotros mismos, podemos darnos cuenta de que las emociones, las situaciones, las alegrías y las tristezas que estamos experimentando, son comunes en otras personas que las han experimentado, atenazados por las mismas dudas. Leer nos da la oportunidad de salir de situaciones en las que estamos paralizados y reconstruir nuestra individualidad. Leer nos permite centrarnos en nosotros mismos para despertar a las “Bellas Durmientes” que juegan inconscientemente en nosotros, para excitarlas con una frase reveladora que expresa exactamente lo que queríamos decir, pero no podíamos encontrar las palabras. En el caso de las personas que han sufrido una pérdida, o que se encuentran en un momento difícil de sus vidas, puede ayudar a “desbloquear”, para recuperar el dominio de sí mismos y el control de sus propias vidas.

“Las palabras confirman nuestra existencia y nuestra relación con el mundo, y con los otros. En este sentido, somos creaciones de nuestra lengua: existimos porque nos nombramos y somos nombrados, y porque damos testimonio de nuestra experiencia en palabras compartidas”: Alberto Manguel, del libro “La ciudad de las palabras”.

La lectura es una zona libre entre lo posible y lo imposible, que atrae al alma a sí misma con la tensión del deseo a otras dimensiones, para obtener y mantener un desplazamiento continuo de la delgada línea que marca la frontera entre la realidad y el sueño. Es una de las preguntas en el espacio de la existencia humana, no puede ser eludida, porque representa la gran urgencia de las aventuras de la mente.

Nacemos para crecer, crecemos transformándonos por las experiencias y el mundo. La magia de la lectura radica en la experiencia del mundo como una de las más intensas y más ricas posibles. No sólo porque requiere de habilidades sensoriales y lingu%u0308ísticas-simbólicas, sino también porque se presenta como una metáfora y una proyección de la vida real.

Leer significa hacer uso de la ficción para competir con los deseos y temores, más allá de los límites del espacio y del tiempo, más allá de la mera existencia de un ser finito, en dimensiones impensables e impracticables, ver a miles de posibles direcciones, observar mucho más y más lejos. Al leer queremos saber lo que ocurre a continuación, deseamos pasar la página, tenemos la necesidad de seguir adelante, aunque sea duro, porque quizá alguien que está en problemas y necesitamos saber que todo va a terminar, y eso es una verdadera unidad. Leer te obliga a aprender nuevas palabras, a pensar nuevos pensamientos, a seguir adelante.

Las palabras son más importantes de lo que eran antes: navegamos el mundo con palabras, y a medida que el mundo se desliza en la web, tenemos que seguir, para comunicarnos y para comprender lo que estamos leyendo. Usando la imaginación, creamos un mundo y buscamos a través de otros ojos. Aprendemos que todo el mundo ahí fuera también es un yo. Estás siendo otra persona, y al volver a tu propio mundo, habrás cambiado un poco. Una vez que has visitado otros universos a partir de la lectura, quizá dejarás de estar contento del mundo en el que creciste.

El descontento es bueno porque puedes modificar y cambiar tu orbe y hacerlo mejor. Al abrir un libro y sumergirte en sus páginas adquirirás habilidades, conocimientos y herramientas que puedes utilizar para escapar de situaciones en las que no quieres estar. Los libros son la forma en que nos comunicamos con los muertos. Es el aspecto en que aprendemos las lecciones de aquellos que ya no están con nosotros, lo que la humanidad ha construido sobre sí misma. Hay cuentos que son más viejos que la mayoría de los países, cuentos que durante mucho tiempo han sobrevivido a las culturas y a la gente.

Tenemos la obligación de utilizar el idioma. Para empujarnos a nosotros mismos, para saber lo que significan las palabras y cómo implementarlas, para comunicar con claridad, para decir lo que queremos decir. No debemos fingir que el lenguaje es una cosa muerta que debe ser reverenciada, debemos usarlo como un ser vivo, que fluye, que toma prestado, es decir, que permite a los significados

y pronunciaciones que cambien con el tiempo. Podemos encontrar los libros que amamos, las ideas en las que queremos nadar, el idioma que queremos hablar, pues finalmente leemos para saber que no estamos solos.

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