Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Crímenes y selfies en Internet

En Internet es común hallar contenidos provenientes de esferas ocultas, como aquellos que las autoridades consideran ilegales. Hoy en día circulan videos, fotografías y mensajes sobre suicidios, violaciones y homicidios, así como un mercado donde se pueden comprar armas o marihuana, consumir pornografía o contactar agencias de prostitución, entre otros productos y servicios.

En Internet la difusión de actos que impliquen una trasgresión o violación de valores sociales pone en vitrina de cristal las conductas de sus protagonistas. Hechos como burlas sexuales contra mujeres, discriminación social o la cacería furtiva, pueden provocar rechazos entre la comunidad. Un caso reciente es el escándalo que protagonizó la cantante mexicana Lucero, quien, al lado de su novio el millonario Michel Kuri Slim, posó en varias fotografías portando rifles de asalto al lado de animales cazados. La también actriz fue linchada en las redes por su afición a la cacería de animales.

Con el desarrollo de artefactos móviles como tabletas y teléfonos que tienen integradas cámaras fotográficas y la posibilidad de conectarse a Internet, imágenes captadas después de cazar a una presa, al asistir a un gimnasio, mientras se corre un maratón o se intenta salvar la vida en un naufragio,1 pueden compartirse con cierta facilidad en las redes siempre y cuando el testigo de los acontecimientos sea más importante que el contexto, es decir, sea la estrella principal de la obra.

Los autorretratos convierten a los usuarios en selfies: personas que se toman fotografías de sí mismas para documentar acontecimientos y posteriormente las comparten en las redes. El diccionario digital Oxford define la palabra selfie como una fotografía que ha sido tomada por uno mismo, por lo general con un teléfono inteligente o una webcam y subida a un sitio web de medios sociales.2 Esta actividad narcisista se ha convertido en ventana del individualismo a espacios antes desconocidos.

Actos criminales, investigaciones policiacas, juicios y la vida de presidiarios tras las rejas hasta hace algunas décadas eran entornos poco conocidos. Publicaciones periodísticas permitieron a las audiencias tener un acercamiento al mundo delictivo, a la forma en la cual funcionan las redes de grupos vinculados a estas formas de vida. Pero con Internet, tales actividades ya no son contadas solo por periodistas o a través de guiones para series de televisión. Ahora pueden ser narradas en la red por sus protagonistas que se han vinculado a ese tipo de ambientes.

En este panorama la tecnología cobra un papel comunicativo y como estantería de la existencia: funciona como mecanismo en el cual la delincuencia se integra, o mejor dicho, los actos delictivos alcanzan a la tecnología en sus más variados usos y apropiaciones. Ante estos supuestos la tecnología puede tener varias salidas en cuanto a sus fines: puede ser utilizada por criminales, no solo para propósitos delictivos, sino también para la extensión de sus hábitos, hobbies, ideologías, creencias, etcétera, y al tener la tecnología en red la posibilidad de conexión a infinidad de otros nodos puede ser un arma de dos filos para quien comete alguna infracción. Veamos una serie de ejemplos donde la tecnología en red alberga contextos criminales y transparenta algunas de sus trasgresiones.

En marzo del 2013 en la ciudad de México fue asesinada Darcey Mariell Losada Álvarez. Su muerte ocurrió por golpes y estrangulamiento. Según la PGJDF el homicida resultó ser su exnovio, Omar Alejandro Rodes, quien en un ataque de celos le quito la vida a la joven de 25 años. El asesino se inculpó luego de que a través del chat de Facebook relató la forma en que mató a Darcey y cómo se deshizo del cadáver.

En julio del año pasado un hombre surcoreano de nombre Shim estranguló, violó y pasó 16 horas descuartizando el cuerpo de una joven. El asesino narró la historia en la red social KakaoStory (www.kakao.com). En 16 mensajes electrónicos el homicida confesó haber arrojado partes de la víctima por el inodoro y otras más en bolsas para la basura. Antes de entregarse a la policía publicó su último mensaje referente a la joven: “alabo el valor de haberme mirado a los ojos hasta el último momento”.

Semanas después del terrible caso coreano, en Estados Unidos un hombre de 31 años de edad, Derek Medina, publicó en su perfil: “iré preso o seré condenado a muerte por haber matado a mi mujer. Los quiero amigos y los extraño. Cuídense. Gente de Facebook, me verán en las noticias”.3 Junto con la confesión, Medina también colocó una foto del cadáver de su esposa, Jennifer Alonso, donde aparecía tirada en el piso de la cocina, con ropa oscura y ensangrentada, ultimada de seis balazos después de una discusión marital. A finales del año pasado, el llamado “Asesino de Facebook” fue encontrado culpable de asesinato en primer grado y podría ser condenado a la pena capital.

En agosto de 2013, en California, Cody Hall de 18 años de edad, se convirtió en la primera persona en el sistema judicial de Estados Unidos en ser acusada de homicidio por los mensajes que publicó en @Codyhall. El joven se jactaba de haber conducido un automóvil a más de 200 kilómetros por hora y de atropellar a una mujer, quien resultó ser Diana Hersvoort de 58 años de edad. El conductor que llamaba a su vehículo “trampa mortal” fue arrestado por el presunto asesinato premeditado de una transeúnte.

A mediados de diciembre del año pasado, un alguacil de Palm Beach en Florida navegaba en Internet cuando de pronto encontró el perfil de una persona en Instagram que posaba en una gran cantidad de fotografías retocadas portando armas, fumando droga, con dinero y alhajas así como a bordo de autos lujosos. La policía comenzó a investigar al cibernauta que resultó ser Dupree Johnson, un joven de 19 años de edad, quien ya contaba con antecedentes de robo y posesión ilegal de armas de fuego. Los uniformados catearon la casa que se había convertido en escenario fotográfico para Instagram, donde recuperaron armas cargadas y 250 mil dólares en artículos electrónicos y joyas, obtenidos presuntamente en al menos 40 robos que Johnson había perpetrado en centros para personas mayores. La policía fincó 142 cargos contra el internauta ególatra.

El primero de enero del año en curso dos empleados de seguridad privada del Rally Dakar, Adelquis D., de 23 años, y Gabril V., de 29, fueron detenidos por la policía luego de que una joven los acusara de haber robado su teléfono Samsung Galaxy última generación. Lo cómico del caso es que el artefacto fue utilizado por los ladrones para culparse ellos mismos: se tomaron varias fotografías y en automático se publicaron en el perfil de Facebook de la víctima, así fue como las autoridades descubrieron a los cleptómanos.

El pasado 10 de enero la policía de Bogotá, Colombia, detuvo a cinco personas, cuatro de las cuales son menores de edad, luego de que se publicara en Facebook un video que muestra una presunta violación contra una joven mujer. Los hechos habrían ocurrido el 28 de diciembre de 2013 en el municipio de Chinchiná, del departamento de Caldas. El video que comenzó a circular en varias páginas, blogs y sitios de almacenamiento, fue distribuido por quien grabó las imágenes, donde se muestra a varios jóvenes abusando sexualmente de una mujer que aparentemente se encuentra semiconsciente, mientras observan y platican la forma en la cual la violarán y qué harán después con la chica. Los hechos indignaron a la comunidad en red, se crearon perfiles y cuentas en blogs y en Twitter donde se pide al gobierno esclarecer el hecho y encarcelar a los responsables.

A inicios del presente año, en Perú, una familia denunció el robo de 8 mil soles, equivalentes a cerca de 3 mil dólares estadounidenses, dinero que había sido ahorrado y desapareció misteriosamente del lugar donde se guardaba. Pero las investigaciones encontraron las primeras pistas en Facebook. Conversaciones en la famosa red social de una adolescente integrante de la familia afectada y su novio, revelaron que el enamorado persuadió a la menor para que sustrajera los ahorros bajo la promesa de que estarían juntos para siempre. La policía de Lima detuvo a los fugitivos en la habitación de un hotel donde se escondían, junto con un perro de raza pitbull que acababan de comprar.

Del anonimato al selfie

En México, desde 2006, cuando el gobierno federal desató una guerra contra cárteles del narcotráfico, la cultura que contextualiza al crimen organizado fue más visible en Internet que en otros espacios comunicativos. Por ejemplo, la difusión de videos que mostraban ejecuciones, interrogatorios o decapitaciones, o la propagación de portales que divulgan notas rojas, comunicados, filtraciones policiacas, narcocorridos y una diversidad de datos relacionados con actos delictivos. En los últimos años el uso de Internet por parte de miembros de organismos delincuenciales permitió transparentar su modus vivendi.

Tal vez la actividad más conocida ahora en las redes digitales donde circulan contenidos vinculados a la narcocultura es la figura del asesino a sueldo, el sicario. En Internet se pueden encontrar videos, fotografías e historias sobre sicarios, incluyendo imágenes de enfrentamientos, “ruedas de prensa”, declaraciones bajo amenazas, uniformes y armamento, vehículos blindados, etcétera. En algunos casos, los sicarios han adquirido fama electrónica generada por las hazañas y los contenidos que ellos mismos construyen desde sus perfiles.

Sitios electrónicos en honor a la “santa muerte” (figura simbólica que dentro del narcotráfico puede llegar a ser considerada sagrada), portales de canciones y en honor a traficantes, o espacios diseñador por “civiles” para difundir contenidos sobre la guerra entre cárteles son parte de la cultura subterránea que representa el crimen organizado mexicano. En los albores de la narcoguerra uno de los espacios más conocidos fue el Blog del Narco y en años más recientes la propagación de páginas “espejo”con ese tipo de material.

La actividad criminal vinculada al narcotráfico transitó de la vida real a la vida digital. Los reproductores de video, espacios de almacenamiento de datos, redes sociales, blogs, servicios de correo electrónico y herramientas de comunicación conectadas a Internet, se convirtieron en canales para que los elementos simbólicos de la narcocultura sean compartidos entre sus miembros, simpatizantes y curiosos de este fenómeno.

Los narcovideos son la muestra icónica de la cultura del crimen organizado. Un ejemplo son las imágenes que circulan libremente en la red, ya no solo a través de archivos ocultos en servidores, sino en espacios abiertos. En YouTube se pueden encontrar cientos.

Durante los últimos meses la narcocultura cobró mayor interés en la redes sociales mexicanas, principalmente a raíz de la detención en noviembre pasado de Serafín Zambada Ortiz, hijo del capo sinaloense Ismael, “El Mayo” Zambada. Desde hace algún tiempo el joven Zambada gozaba de cierta popularidad en las redes sociales, principalmente en Twitter a través de su cuenta @ZambadaSerafin donde mostraba la forma en la cual vivía: rodeado de lujos, automóviles importados y de último modelo, abundancia de tecnologías, vacaciones en el Caribe y animales exóticos como mascotas, entre otras excentricidades.

Otro caso reciente fue el arresto en Holanda de José Rodrigo Aréchiga Gamboa, mejor conocido como el “Chino Ántrax” y señalado por las autoridades norteamericanas y por medios de comunicación como un jefe de sicarios al servicio del narcotráfico. El “Chino Ántrax” es popular entre la narcocultura en Internet donde circulan algunos corridos compuestos por cantantes gruperos que hablan de su historia, videos “clandestinos” que muestras su entrenamiento físico y parte de sus actividades cotidianas se volvieron públicas debido a que las compartía por medio de sus cuentas en las redes sociales Instagram, Facebook y Twitter.

El nuevo ingrediente en estos casos es el selfie, es decir, los presuntos criminales están construyendo un autorretrato real o ficticio para compartirlo ante la sociedad red.4 La cámara portátil (principalmente en teléfonos inteligentes) y conectada a Internet, permite al usuario captar parte del contexto y compartirlo a sus seguidores o amigos digitales.

A mediados del año pasado en el poblado de San Juanito, Chihuahua, policías estatales se enfrentaron a un comando de sicarios. En la balacera murió Roberto Arturo Gándara Estrada, desconocido para la policía pero con cierta fama en algunos espacios abiertos en Facebook. Gándara Estrada en su perfil (www.facebook.com/robertoarturo.gandaraes trada) afirma ser un asesino a sueldo dedicado a “matar jente k no anda bien y matar kontrarios”. El presunto sicario se convirtió en las redes en un usuario selfie al posar en una gran cantidad de fotografías con pistolas y fusiles tipo R-15. En su perfil ofrece sus servicios como sicario, en tanto en sus galerías fotográficas aparece principalmente en zonas rurales, portando ametralladoras y al lado de vehículos de lujo.

Tal vez el ejemplo más conocido es el caso de Antonio Olalde, Broly Balderas, seudónimo tomado de las caricatura Dragon Ball. En su perfil de Facebook, Broly Balderas asegura ser jefe de grupo de la organización Caballeros Templarios que opera en el estado de Michoacán y haber estudiado en el Instituto Tecnológico Superior de Apatzingán. Con cerca de 4 mil seguidores, sus publicaciones reciben “me gusta” y comentarios de una gran cantidad de cibernautas.

Balderas ha sido considerado uno de los sicarios más famoso en las redes por su actividad selfie, donde lo mismo posa con armamento de grueso calibre que a bordo de camionetas de lujo mientras transporta a un detenido. Las publicaciones de Broly abarcan parte de los hechos que vive, incluyendo operativos o balaceras contra rivales, en una de las cuales resultó herido. Alrededor de su selfie los usuarios y cibernautas que consumen contenidos del crimen organizado han tejido historias y compartido sus fotografías en blogs y páginas electrónicas.

Conforme integrantes de culturas relacionadas a actividades ilícitas vinculan su propia vida a las redes sociales digitales, sus hábitos, gustos, preferencias, ideologías y hasta formas del lenguaje son trasladadas a espacios públicos donde en algunas ocasiones los contenidos permanecen abiertos a la comunidad en red. Aunque tal exposición no es una actividad propia de personas vinculadas a las mafias, también ha sido expandida por cibernautas vinculados a la narcocultura por otros motivos, como por ejemplo el fetichismo. En este último argumento se pueden encontrar blogs o cuentas en redes creadas por usuarios como apología hacia determinados grupos delictivos o criminales.

La tecnología en red permite transparentar aquello sobre lo cual se desconoce su existencia. Asesinatos, robos, secuestros, ejecuciones y una variedad de crímenes y actividades ilícitas, ahora son visibles. Las cámaras móviles y la posibilidad de que permanezcan conectadas casi siempre a Internet, da la facultad a sus actores para hacer públicas sus identidades. El selfie no puede representar solo la autoimagen de quien lo produce, sino también el contexto en el cual el autorretrato virtual se genera, ya sea consciente o no.

Notas:

1 El 10 de enero de 2010 un avión de la compañía Makani Kai aterrizó de emergencia cerca de la cosa de la isla Molokai en Hawaii, para luego hundirse. Uno de los sobrevivientes, Ferdinand Puentes, tomó su teléfono móvil y grabó videos y fotografías que compartí en internet. En las imágenes aparece en primer plano con chaleco salvavidas mientras flota en el agua. Su selfie se convirtió en un fenómeno viral en las redes sociales.

2 La definición de selfie puede ser consultada en el diccionario online Oxford en el siguiente sitio: www.oxforddictionaries.com.

3 Los hechos provocaron indignación entre los cibernautas quienes realizaron una campaña en contra de Medina a través del perfil www.facebook.com/Derek.Medina

4 Los perfiles en Twitter de Serafín Zambada (@ZambadaSerafin) y de José Rodrigo Aréchiga Gamboa (@comandante57_) permanecen abiertos.

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