Cinque Terre

Salvador Quiauhtlazollin.

Crichton y su mundo perdido

Durante décadas fascinó al mundo cambiando los paradigmas de la ciencia ficción: sus novelas apelaban a la inteligencia del lector con descripciones milimétricas de creaciones científicas desmenuzadas hasta los más nimios detalles, de tal forma que cualquiera con conocimientos rudimentarios podía entender cómo se podía detener a un microorganismo alienígena, volver a la vida a un dinosaurio, comunicarse con un gorila o viajar en el tiempo.

Michael Crichton (maestro de lo hipertecnológico, multimillonario doctor, escritor y director cinematográfico) falleció después de una privada lucha contra el cáncer. Fue venerado por los fans de la ciencia ficción por ser él mismo un fiel amante del género. Después de ser un estudiante brillante de literatura, antropología y medicina, Crichton se decidió por la carrera literaria y cinematográfica. Desde esa trinchera nos dio cintas de culto como Oestelandia y Coma, y novelas insuperables como La amenaza de Andrómeda y El parque Jurásico (quizá la mejor novela sobre dinosaurios jamás escrita). Con fino olfato crematístico (en promedio, cobraba regalías por 50 millones de dólares), Crichton atacó Hollywood por donde más se le puede sacar: con series como ER y cintas como Twister, que multiplicaron por centenares cada centavo de inversión.

La penúltima novela de Michael Crichton ocupa ahora los estantes de las novedades bibliográficas, aunque representa uno de sus trabajos más fantasiosos y menos acuciosos: Next es una desigual incursión en el mundo de la ingeniería genética que entrama varias historias, dejando abiertas todas ellas, con ánimo de que el lector cuestione to-das las falacias alrededor de las cacareadas maravillas de la manipulación del genoma.

En Next aparecen los personajes familiares que han plagado la mayoría de las tramas del autor: científicos reconvertidos en voraces ejecutivos compitiendo en una carrera de ratas por las patentes, empleados sumergidos en las intrigas empresariales que conocen los sucios secretos de sus jefes, abogados que litigan en materias inimaginables hace pocos meses. A ellos se unen ahora tortugas con caparazón fosforescente, un mono híbrido con el coeficiente intelectual de un niño, y un loro inteligentísimo que casi sabe latín, y no tiene buen fin.
La última novela de Michael Crichton se publicará en forma póstuma en 2009. Vale la pena revisar mientras la estupenda Estado de sitio, el polémico alegato del autor contra el fraude científico que para él supone el calentamiento global, hipótesis refutada con inteligentes y documentadísimos argumentos. Fiel creyente en lo racional, el fallecido escritor fue homenajeado en innumerables ocasiones y en su honor fue nombrado un anquilosaurio, el Crichtonsaurus bohlini. Con sus creaciones, Michael Crichton no sólo invitó al orbe a soñar con las maravillas de la ciencia, también contribuyó a que millones afinaran su mente hacia el pensamiento racional y escéptico que de vez en cuando, se divierte soñando con dinosaurios genéticamente modificados.

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