Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Con los pies en la Tierra

 

La palabra “humildad” viene del latín humilitas
y esta viene de la raíz humus que significa “tierra”.
La palabra humildad está relacionada con la aceptación
de nuestras propias limitaciones, bajeza,
sumisión y rendimiento. Cualidades muy humanas
(de la tierra) si son comparadas con los dioses que
estaban en el cielo.

Etimologías de Chile www.etimologias.dechile.net/?humildad

Cuando comienzo los cursos de storytelling que doy a emprendedores o maestros, en algún punto les cuento la fábula que relaté en la edición de marzo, que narra la historia de dos hermanas: Fantasía y Verdad; como todas las hermanas que conozco, se retan y compiten, se trata de averiguar quién es más bella y apreciada por los mortales. Mi curso es de historias, así que la Verdad desnuda y difícil de asimilar siempre pierde ante Fantasía, toda adornada y complaciente. La historia prueba el punto que quiero que comprendan los asistentes a este taller, sin embargo, en un mundo donde la verdad es un camaleón que se adapta a los escenarios construidos por la mercadotecnia, la ficción y la conveniencia, siempre me queda la inquietud de poner en claro que contar historias o usarlas como vehículo para transmitir información es algo muy distinto a fabricar mentiras para hacerlas pasar por realidades. Al final de mi historia, las dos hermanas comprenden que ambas se ayudan para poder llegar a la gente, caminan juntas, hombro con hombro, y el mensaje es más apreciado por el auditorio.

Prosigo entonces en mi curso con la descripción de tres arquetipos fundamentales: el héroe, el mentor y el oponente. Me resulta indispensable establecer que los seres humanos como protagonistas de nuestras propias historias necesitamos un aliado y un obstáculo a vencer, que de todas las cualidades que debe tener un héroe la humildad es, por mucho, la piedra angular que, como dice la etimología que usé de epígrafe, debe mantenerlo con los pies sobre la tierra. Por su parte, el mentor debe ser un acompañante que no desampara al protagonista, pero sus lecciones son oblicuas porque más que un corrector de destinos es un espejo que permite que el protagonista mire su reflejo. Resalto también que, según Bauman, en tiempos de paz los líderes o héroes no representan las grandes virtudes ni los enormes sacrificios puesto que los tiempos no exigen probarse en los grandes campos de batalla o morir en una cruz por salvar a los semejantes.

El héroe contemporáneo, a partir de la muerte de dios proclamada por Nietzsche (o la muerte del autor de Barthes), es el hombre común, cada quién encarna su historia y es tratado por el mercado o la política como el héroe que, posibilitado por la “marca”, “el servicio”, “el candidato”, etcétera, es capaz de transitar de un presente miserable hacia un futuro luminoso, o al menos mejor, del presente que lo oprime. Contrario a lo que se piensa, la simplificación del héroe no estriba en sus razones o argumentos para abrazar una causa, sino en la emoción que representa y el deseo que promete. Es por ello que detrás de la máscara de Batman se esconden la venganza y la sofisticación erótica de un misterio; detrás de la armadura del Quijote se esconde la nostalgia y la libertad de ser la versión que sueñas. Podríamos afirmar “Dime a quién admiras y te diré quién eres”. Es, pues, una emoción la que mueve al relato, una pasión poderosa que toma rostro de un ser humano como Mildred Hayes, que es el nombre que porta la ira en Tres anuncios por un crimen.

Fotografías / Cecilia Rodart

De igual modo es una la emoción predominante que conduce nuestras vidas, que integran nuestros valores y que orienta nuestro destino. Una emoción tan poderosa que a momentos oscurece la verdad y nos enferma en una historia inverosímil que nos hace elevarnos y perder la tierra de la humildad. Generalmente es ahí donde el héroe se pierde; es emblemático el caso empresarial de Kodak, quien no quiso creer en lo que pensó el mito digital; o de Frankenstein, quien despreció a su propio hijo hasta convertirlo en monstruo, o de Lucifer, quien dejó de ser ángel y cayó en demonio.

Me considero una protagonista menor que escribe historias y da taller, que cuenta historias para vivir en todos sus escenarios, la vida que es la mejor mentora, la madre absoluta de la verdad se ha encargado de no alejarme de la Tierra (humildad obligada del hombre mediano, que no del mérito heroico) y mostrarme las dimensiones discretas de mi labor, y me gusta mi tamaño; con el tiempo y entre cuentos descubro que es mejor contar la historia de los otros. Es por ello que no me gusta el personaje de López Obrador, se parece a esos héroes que se pierden hasta convertirse en monstruos. Ésa es mi interpretación, pero no la impongo ni la obligo, tampoco me aferro a promover que se le odie, mucho menos a declarar al país perdido si asciende a presidente.

El pasado 11 de febrero publiqué en el portal de esta revista el texto “X 1 Destape Limpio” (http://bit.ly/2EiO615) donde hablé sobre mi preferencia política rumbo a las elecciones. Como nunca, recibí comentarios y disgustos, me enfrenté a pasiones desbordadas y lo disfruté muchísimo. Hubo quienes me regalaron su tiempo, hurgaron en mis redes, leyeron y juzgaron, me escribieron, felicitaron e insultaron. No sé cuáles sean sus historias, tampoco me interesa ganarles el punto o responder sus argumentos; cuento, como siempre, lo que veo, espero el desenlace con paciencia, con gratitud a quien me atiende, sea para bien o para mal. No tomo personal el insulto ni tampoco el halago, reconozco que en la historia política hoy más que nunca se debaten las pasiones, se alborotan los deseos, al final, y como en toda historia, ganará la emoción más poderosa del candidato que mejor la personifique, lo que lamento es que hoy, detrás de cada opción, pesan emociones tristes como el miedo, la venganza, la vergüenza y la desesperanza. Después de la contienda entre ellas, llegarán las razones que, como en toda historia, habrán de justificar a posteriori el impulso poderoso de sumar votos delirantes para desahogar el desencanto.

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