Cinque Terre

Alfonso Gumucio-Dagron

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Especialista en Comunicación para el desarrollo. Desde 1997 forma parte de la inciativa "Comunicación para el Cambio Social" que promueve la Fundación Rockfeller.

Cinco propuestas para las NTIC

Mis argumentos no convencieron a Laura Islas, pero como ella misma dice, resulta que al final nuestras diferencias no son tantas. Al leer su réplica no sé a qué contestar. No tendría sentido abundar sobre lo que ya dije en textos afines publicados en otras revistas; pero en beneficio de los lectores voy a responder a quienes defienden con denuedo las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), como la varita mágica del conocimiento.

Cada quien tiene sus ideas y una experiencia que las respalda. Leyendo a algunos colegas académicos, me parece que las suyas están restringidas al ámbito teórico y quizás algunas experiencias “de campo”. Mi trayectoria de más de 30 años en programas de desarrollo en América Latina y El Caribe, Asia, África y el Pacífico Sur, me permite afirmar algunas cosas.

Nadie duda que las nuevas tecnologías están aquí para quedarse. Pero siempre hubo “nuevas tecnologías”: la electricidad, la radio, el cine, la televisión o los satélites fueron en su momento “nuevas” tecnologías que asombraron al mundo y provocaron entusiasmos como los que ahora provoca Internet. La fascinación tecnológica es siempre un reestreno generacional que recuerda los debates sobre la “difusión de innovaciones” en los años 70.

Los que tienen memoria de esos años, o los que se han tomado la molestia de leer esos debates, encontrarán muchas similitudes con el debate actual sobre las NTIC: el acceso a la información nos hará salir de la pobreza y la marginalidad, como si no hubiera poderosas razones políticas, económicas y sociales que son la causa primera.

Laura niega la posibilidad de “democratizar los medios de comunicación”, pero confunde términos: los medios masivos no son medios de comunicación sino de información y de difusión. La confusión es demasiado común incluso entre los que investigan el tema, como si no hubiera distinción semántica entre ambas palabras.

La democratización de la comunicación, es decir, el derecho a la comunicación que tenemos todos los ciudadanos, es imprescindible para que podamos aspirar algún día a una sociedad democrática y participativa. No basta que los medios sean “plurales”, pues nunca lo serán de verdad porque obedecen a intereses políticos y comerciales (leer a Ramonet: el “quinto poder”). Por eso la gente necesita sus propios medios, lo cual explica el florecimiento de más de 10 mil radios comunitarias en la región, a pesar de toda la represión ejercida contra ellas. Y así como se lucha para que haya una participación democrática en los medios comunitarios, se debe luchar en las iniciativas de nuevas tecnologías, que por ahora son “proyectos” verticales y no instrumentos de conocimiento y comunicación.

¿Qué hacer al respecto?, pregunta Laura. Yo digo: aprendan de la experiencia de las radios comunitarias. Nadie pretende tener a mano todas las respuestas, pero cada quien sugiere las que puede. Lo he hecho en un capítulo del libro Secreto a voces, coordinado por Bruce Girard (2004, FAO), donde digo que los requisitos principales son: 1) participación y apropiación por parte de las comunidades; 2) pertinencia cultural y linguística; 3) generación de contenidos locales; 4) uso de tecnología apropiada; y 5) conformación de redes sociales (de las que movilizan para la acción colectiva, no de las que sirven como catarsis).

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