Cinque Terre

Ruth Esparza Carvajal

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Subdirectora de etcétera

Chabelita


etcétera no se explica sin Chabelita, por eso al hablar de nosotros lo hacemos de ella: una mujer entrañable a la que desde hace poco más de 11 años debemos la casa limpia y el café humeante, pero no sólo eso.

La primera en llegar

La incansable señora Isabel Adela Martínez Romero nació en Tlatlahtitepec, Puebla, y llegó a la ciudad de México a los 13 años, a un internado de monjas en donde le enseñaron las labores de la limpieza.

Desde las seis y media de la mañana hasta la una y media de la tarde, cuando no se atraviesan las contingencias en la repartición de la revista a lo que también ayuda y entonces termina como a las diez de la noche, Chabelita es la primera en llegar. Y lo hace lo mismo para recoger los estragos del cierre vuelto latas vacías de cerveza y colillas de cigarro que para poner en orden los desbarajustes cotidianos, cuando no, como ya dijimos, hasta para empacar las revistas. Tiene un sueldo quincenal de mil 694.79 pesos, claro, con todas las prestaciones de ley, más el pago de horas extras, que a veces duplican su ingreso.

La conocimos cuando cumplió 30 años y desde entonces está con nosotros para lavar trastes, limpiar pisos y poner en orden los periódicos. Pero en realidad lo que más le gusta es cuando llegan los ejemplares de la revista y hay que empacarlos y entregarlos, o sea, preparar y hacer lo que en la oficina llamamos “las rutas”. Colabora en el reparto, pero eso sí, sólo en los lugares que conoce porque si no se pierde y como no fue a la escuela, apenas sabe leer y escribir. Eso no es obstáculo, sin embargo, para qué ella sea la primera en detectar que está mal escrito un nombre o una dirección o si falta algo en algún paquete. Se sabe de memoria a qué librerías hay que entregar con factura y a cuáles con remisiones, cuántas copias para cada lugar y los horarios, ya la conocen y a veces aunque llegue tarde le reciben la revista. Es de esas personas a las que hay que corretear para que se vaya, nunca para que se quede. Sin ella en etcétera todo se ve muy diferente, como ahora que es 17 de marzo y el panorama está desolado.

Por ejemplo

Chabelita es madre de dos jóvenes, Magali y Nancy, una secretaria y otra cultora de belleza, las dos mayores de edad. Pero como es común en estas familias donde la solidaridad es el principal lazo, desde hace cuatro años que falleció su hermana atropellada por un microbús, ella se hace cargo de sus cuatro sobrinos. El mayor tiene retraso mental, y otros dos, ahora ya jovencitos, más un pequeñín de ocho años que fue atropellado junto con su mamá, pero gracias a los cuidados y a las innumerables vueltas de Chabelita al Seguro Social para su rehabilitación, ahora estudia igual que su hermana mayor.

Una jornada normal para ella en etcétera termina a la una y media de la tarde. De aquí se va a otras casas a trabajar, para llegar en la noche a la suya a concluir su jornada con más tareas domésticas. De tan sólo 41 años, Chabelita ha estado varias veces muy delicada en el hospital, principalmente por un sobrepeso de unos 40 kilos. Pero en eso también nos ha puesto la muestra: logró bajar más de 20 kilos en dos años, con una dieta y una disciplina que se han convertido en una forma de vida. Comer ensaladas, verduras, carne asada. No rompe la dieta ni el 2 de febrero con los tradicionales tamales, los prepara en su casa, incluso nos convida, pero ella no se come uno solo.

Está casada desde hace 22 años. Su esposo, don Leonardo García, respeta los tiempos de Chabelita, su pasión por el trabajo y a sus sobrinos y, claro, también colabora. Cada que pueden se van de viaje, ya sea a Guadalajara, Fresnillo o a donde se pueda, pero lo que más les gusta es ir a San Juan de los Lagos y a Puerto Escondido. Se van en familia pero siempre en excursión, así conviven con más personas y rinde más el dinero. Para ella es una satisfacción trabajar en etcétera, le gusta mucho convivir con nosotros aunque en silencio. Por ejemplo, defiende la playera de los Pumas frente a nuestras encendidas discusiones futboleras, sólo sonriendo. Con todo, Chabelita ha dibujado su amplia sonrisa en cada uno de nosotros, incluso como un aliciente para saber, aún en el panorama devastado de la desesperanza que aquí llega a permear, que nunca nada es para tanto. Le agradecemos mucho que esté con nosotros y ella lo sabe, sólo queremos dejar testimonio de eso.


Gerente de etcétera
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