Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Cerebro andrógino

De la era de la agricultura a la era conceptual

Nos dice Pink que nuestros modos de producción nos condicionan. Hemos pasado de una economía basada en la agricultura, a una era basada en la industria, posteriormente se privilegió a la informática y hoy estamos en una era conceptual.

La economía y sociedad basada en la lógica lineal de la era de la informática se agotó planteando las tres preguntas antes mencionadas.

Mi trabajo:

¿Alguien lo ofrece más barato en un país asiático? Sabemos que el procesamiento de información, la producción de partes tanto de hardware como de software así como la maquila en general, es hoy más barata en lugares como India o China.

¿Lo puede hacer la computadora más rápido? Las nuevas tecnologías han creado aplicaciones que hacen obsoleta la mano de obra, entre otras cosas, baste pensar qué sucederá cuando las impresoras 3D produzcan casi todos los productos o el Internet de las cosas elimine la intermediación.

¿Ofrezco algo no material, un bien trascendente acorde a esta era de los excesos? La necesidad humana hacia la idea de trascendencia orienta al consumidor a preferir aquellos productos o servicios que ofrezcan un bien conceptual. Prefiero Apple porque su diseño y el personaje que lo representa (Steve Jobs) me dan algo más que una computadora; prefiero un mueble de Ikea que me permite sentir que soy el artista que ensambla mi propio mueble y que además es una empresa socialmente responsable.

La nueva economía plantea una sociedad construida sobre talentos de la empatía, el ingenio y el arte como también menciona Lipovetsky en su libro La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico, en el que señala que es el arte el principal motor de la producción simbólica.

Vivimos la era del alto concepto o High concept, que implica la capacidad para detectar patrones y oportunidades, para crear belleza artística y emocional, para elaborar un relato conmovedor o impactante, y combinar las ideas aparentemente inconexas en algo nuevo. Implica la capacidad de empatizar con los demás para entender las sutilezas de la interacción humana, encontrar la pasión en uno mismo para contagiarla a los demás. Se requiere irrumpir en el desgaste cotidiano para que tenga un sentido.

El hemisferio izquierdo es secuencial, lógico y analítico. El hemisferio derecho es no lineal, intuitivo y holístico. Ambos trabajando juntos dan equilibrio y logran la tarea. En mis clases cuando quiero explicar esta dicotomía y la necesidad que ejerce un hemisferio sobre otro tomo como ejemplo el cuento de Hansel y Gretel. Los dos niños son expulsados de casa por la carencia económica de los padres, algo debe cambiar puesto que la familia ya no puede sostenerse. Los padres abandonan a los niños en el bosque y Hansel, quien en esta alegoría representa al hemisferio izquierdo cerebral, provee una respuesta lógica: habrá que señalar el camino con migas de pan. Como ya conocen el cuento baste decir que esto no resulta. Los niños son atrapados por la bruja y es Gretel, hemisferio derecho, quien aplica una respuesta creativa, hacer creer a la bruja que su hermano no engorda. El niño obedece a la hermana y cuando la bruja cegatona le pide un dedo para ver su avance, él le saca un hueso de pollo. Esto resulta por un tiempo pero al igual que la estrategia de Hansel, al final pierde su eficacia. La bruja amenaza con comer al niño, este logra escapar de la jaula en que estaba prisionero y ambos hermanos lanzan a la bruja al horno, se llevan su tesoro y son felices para siempre. El éxito fue posible porque ambos trabajaron en equipo.

Actualmente y como la bicicleta al revés, que por cierto un niño logra aprender más rápido que un adulto, lo que necesitamos desarrollar son los talentos olvidados del hemisferio derecho. En una de sus conferencias el notable educador Ken Robinson comenta que cuando llega a preescolar y pregunta cuántos niños de la clase son artistas, todos levantan la mano. A medida que el grado escolar avanza, las manos se esconden.

Los nuevos seis sentidos

Daniel Pink dice que los nuevos seis sentidos o talentos que debemos desarrollar son: el diseño, la narrativa, la sinfonía, la empatía, el juego y el sentido.

Platón tenía razón, preferimos lo bello, esa es la razón por la cual disfrutamos de un restaurante hermoso aun cuando la comida no sea tan buena; o nos inclinamos a una marca sobre otra que ofrece el mismo servicio. Pero el diseño no es sólo apariencia, en la era conceptual negocios como Uber nos hablan de un gran diseño logístico, o negocios como Facebook o twitter nos dicen mucho de la empatía del usuario y del inteligente aprovechamiento del narcisismo artístico del hombre postmoderno. La narrativa como he dicho ya en múltiples textos, es nuestra esencia dado que nuestro cerebro almacena mejor y construye identidad en esos términos. Cada que compramos un producto o servicio, optamos por una marca o ideología, en realidad nos afiliamos a una narrativa, nos convence la historia que nos cuenta el proveedor A sobre la que ofrece el proveedor B.

La sinfonía para Pink es la cualidad que ensambla las piezas, es la capacidad de síntesis sobre el análisis que separa; es la tendencia a conectar elementos de campos en apariencia distintos, la posibilidad de inventar patrones nuevos sobre los ya existentes. A quién se le hubiera ocurrido en otra época, crear una enciclopedia virtual alimentada por desconocidos y en tiempo real, que la red de cafeterías más exitosa, en realidad vende conexión a Internet y un espacio confortable donde trabajar fuera de casa y oficina.

El juego es en sí una forma de sentido, desde niños jugamos sólo por el placer de competir, de empatizar, de conocer nuestras fortalezas y límites. Para alcanzar tres cualidades fundamentales para el ser humano: autonomía, maestría (destreza) y sentido (dirección hacia una meta). Los expertos en motivación dicen que el juego es más estimulante que la propia remuneración económica. Mirar al trabajo en esos términos logra lealtades que extienden horarios y trascienden espacios de oficina. Las líneas aéreas nos regalan puntos, Starbucks, estrellitas, las escaleras del metro se convierten en teclas musicales para invitarnos a sonar. Los empleados de Google han hecho de sus oficinas un patio de juego y los productos más exitosos de la empresa australiana Altassia se logran en horarios y lugares que no son el trabajo. Una vez al año se invita a los empleados a tomar 24 horas para inventar algo nuevo fuera de la oficina.

Por último, la búsqueda de sentido, de propósito vital, nos invita a preferir marcas, servicios o empresas que ayudan a construir al personaje que soy y quiero ser. Un sendero de elecciones que me posicione como un ser único, el artista y artífice de su propia vida.

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