Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Censura

Mi primer acercamiento con la censura ocurrió hace ya muchos años cuando visitaba en los veranos la ciudad de Guatemala para reunirme con los familiares de mi madre. Era aburridísimo debido a que mis primos se encontraban en período escolar y entonces yo me pasaba las mañanas viendo al techo o leyendo “El pequeño tesoro de la juventud”, mismo que consumí de cabo a rabo y que me dejó con vista cansada a la temprana edad de ocho años.

Empezando la tarde prendía la televisión y veía programas de demanda penal hasta que un día por accidente descubrí la telenovela “Ruby” protagonizada por Fanny Cano, quien personificaba a una mujer maldita pero que estaba buenísima y traía unos escotes que provocaron mis primeros tartamudeos hormonales. En esas estábamos, un servidor asombrado y la señorita Cano mostrando atributos cuando entró mi tía Regina, apagó la televisión y me dijo que eso “no era apropiado” y que estaba prohibido verlo. En ese momento comprendí vagamente el papel de la censura.

El cine es uno de los espacios en que la censura ha ocupado un espacio preponderante; desde el señor cura de “Cinema Paradiso” que a campanazo limpio vetaba escenas inconvenientes hasta un grupo, que imagino de ancianos, sentados frente a un monitor decidiendo qué cosa es buen o mal

ejemplo y quiénes son los que pueden acceder a esas imágenes en función de su edad. Sobre el tema considero que las personas mejor calificadas para determinar a qué se debe acceder son los padres. Mi hija, la niña María por ejemplo, vio conmigo “La Caída”, esa película en la que se narran los últimos días de Hitler y clasificada para adultos sin ninguna consecuencia deletérea.

Otro tipo de censura es la periodística. En este país estuvimos acostumbrados durante años a que los

medios estuvieran controlados por el Gobierno, quien decidía a su antojo lo que se podía publicar y lo que no. Son frecuentes las anécdotas de periodistas que recibían dinero o eran evaluados como insectos de entomólogo por las autoridades para evitar una frase o un tema incómodo. Esto ha cambiado y en muchos casos a extremos totalmente opuestos en los que algunos medios simplemente publican información falsa con niveles de impunidad altísimos.

Recientemente La Jornada soltó una nota en la que aseguraba que Lázaro Cárdenas sería el Embajador en Cuba, información que no tenía ningún soporte. Pasaron cuatro días y cuando el propio Cárdenas negó esta versión el periodista Julio Hernández lo censuró argumentando que “no había desmentido oportunamente” o que es equivalente a que publiquen que me ha fichado el Inter de Milán y luego me regañen por no negarlo de inmediato. Hablar de censura o de total permisividad es patinar sobre hielo muy delgado ya que es evidente que en ambos extremos se cometen excesos. Mi intuición es que los medios ganan o pierden credibilidad en función de la veracidad y objetividad de sus contenidos, pero se hace necesaria una defensoría del lector debido a que no ha permeado de forma generalizada una cultura crítica hacia los contenidos; baste ver los titulares de los periódicos de Vázquez Raña para dar cuenta de ello.

El último elemento en el que la censura puede tener cabida es en el de las redes sociales y no me refiero evidentemente a contenidos que son ilegales sino a aquellos que lastiman la privacidad de las personas. Nos hemos acostumbrado a registrarlo todo y en muchos casos compartirlo de manera anónima con cientos o miles de personas. En este caso es donde sí me manifiestoa favor de mecanismos censores que impidan que estos contenidos (que en muchos casos producen profundos

destrozos emocionales como suicidios adolescentes) sean retirados de inmediato ya que la accesibilidad creciente de equipos electrónicos y la nula responsabilidad en su uso están generando problemas emergentes que nadie parece dispuesto a regular.

La libertad de expresión es un valor, qué duda cabe, sin embargo, la corrección política se ha encargado de llevar a límites muy altos de impunidad el uso de la información, falsa, tergiversada o privada y sobre ello me parece que sería ya un buen momento de iniciar una discusión que oriente estos temas. Ojalá sea más temprano que tarde.

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