Caso OHL. Cuando los medios no respetan el debido proceso

También recuerda que Pedro Topete, propietario de Infraiber enfrenta un litigio en Estados Unidos por la concesión del ferrocarril Chiapas-Mayab, que adquirió a la norteamericana Genesse & Wyoming a través de Viabilis, otra empresa de su propiedad. Asimismo, se menciona la presunción de que Topete se encuentra en Brasil, al ser un país exento de tratados de extradición.


Pero ninguno de los medios mexicanos ha citado siquiera esta parte de la historia, como una práctica obligada de equilibrio informativo y continúan su cobertura con las directrices que les marca Diez, el apoderado de Infraiber, quien el 13 de enero dio la primicia a Aristegui Noticias de que, tras una investigación que él hizo “descubrió” que un agente del Estado de México participó en el operativo del 7 de septiembre en el que agentes federales presuntamente le “sembraron” un arma para luego detenerlo. Se adjunta una nueva carta dirigida al gobernador Eruviel Ávila, en la que asegura que existen elementos suficientes para considerar seriamente la hipótesis de que su detención y el cateo a las oficinas de Infraiber forman parte de un “esquema criminal” en cuyo diseño y ejecución participaron accionistas, consejeros y empleados de OHL, así como funcionarios federales y del Estado de México.


Un día después, esta información la retoman Proceso y Animal Político, pero a diferencia de Aristegui Noticias, no señalan que la revelación de la identidad del policía mexiquense es resultado de una investigación del abogado de Infraiber, sino que el dato está asentado en un oficio incluido en el expediente del juicio penal que se dirime en la PGR, por la detención presuntamente ilegal de Paulo Diez. En pocas palabras, se trata de la filtración de documentos que forman parte de una investigación en curso.


El 21 de enero, Proceso publica “Exhibe Infraiber a OHL ante órgano regulador hispano”, y cita un documento elaborado de nuevo por Paulo Diez y enviado a la Comisión Nacional de Mercado de Valores de España, donde hace algunas estimaciones sobre los registros contables de OHL, presuntamente falseados y que son investigados por su similar en México. Aun cuando no hay un dictamen sobre esta investigación, para Proceso divulgar parte de otra investigación en curso es sinónimo de “exhibir”.


“Pista maldita”. Sesgos y doble moral


Proceso no se ocupa de accidentes carreteros, sin embargo, del registrado el pasado 24 de diciembre en el Circuito Exterior Mexiquense hizo una cobertura y no fue informativa sino política. Esta es la cabeza original de la nota: “Carambola en autopista de OHL deja 5 muertos y más de 30 lesionados”, pero horas más tarde, ante reclamos en las redes sociales, la reemplazó por “Choques en carreteras del Edomex y Tamaulipas dejan 9 muertos y más de 40 lesionados”. En su nota, más que los detalles del hecho o la identidad de los afectados, su consigna es clara: resaltar que la autopista es operada por OHL y recordar el escándalo en que está inmersa la empresa.


Cuatro días más tarde, el 28 de diciembre, se registró un nuevo accidente en la misma autopista y Proceso repitió su esquema en el titular: “Nueva carambola en autopista OHL deja un muerto y 11 lesionados” en la que se enfatiza que la carretera es la más cara del país, es decir, una vez más privilegió los cuestionamientos al concesionario de la autopista por encima de la información. (El 10 de enero hubo un accidente carretero en Veracruz aún mayor que los ocurridos en el Circuito Exterior Mexiquense, sin embargo, Proceso ni siquiera lo mencionó.)


El periódico de nota roja Metro, filial del Grupo Reforma y cuyo diario capitalino del mismo nombre se encargó de detonar el escándalo de OHL, también utilizó los accidentes en el Circuito Exterior Mexiquense con una intencionalidad sesgada: su encabezado de portada del 29 de diciembre fue “Pista maldita” y en la nota destaca que la autopista es operada por la citada compañía española.


Entre los medios elegidos por Infraiber para dirimir su conflicto legal con OHL, Proceso ha sido uno de los más incisivos. Principalmente a través de Jenaro Villamil, quien ha hurgado en el pasado de la relación de OHL con las anteriores administraciones del gobierno del Estado de México, pero su reconstrucción de hechos ha sido más política que documental. El reportero, el pasado 20 de enero publicó un artículo en el que fustiga la filtración de las comunicaciones entre Kate del Castillo y el abogado de “El Chapo” Guzmán e incluso cita artículos de la Constitución y de la Ley Federal de Telecomunicaciones donde se establece la ilegalidad de esta práctica. Sin embargo, como una forma de “curarse en salud” Villamil menciona que en distintas ocasiones se ha debatido el uso de las filtraciones de llamadas y otras formas de comunicación privada, una de ellas en el caso OHL. Pero a lo largo de los ocho meses que lleva este tema en el ámbito mediático, Villamil y Proceso no sólo no han cuestionado la ilegalidad de las grabaciones que el consorcio español afirma que fueron editadas, sino que la han convalidado, mostrando así su doble moral y una ética periodística endeble.


El tribunal paralelo


De acuerdo con el investigador Jesús Martínez Barbero, en los relatos periodísticos de un escándalo, los que vienen a reemplazar la información y la argumentación en los temas de interés público, predomina la narración primitiva, fuertemente codificada y de perspectiva vertical que separa tajantemente a los héroes de los villanos y exige a los lectores tomar partido. Para ello se recurre a imprimirle intensidad a la construcción narrativa, además de poner en marcha las operaciones de esquematización y polarización, mediante las cueles se apela a las figuras arquetípicas del justiciero, el traidor y la víctima.


Con los matices expuestos, Reforma, Sin Embargo, Aristegui Noticias, La Jornada, Animal Político y Proceso han hecho una cobertura casi uniforme del pleito entre Infraiber y OHL. Con una eficaz sincronía, han difundido prácticamente las mismas notas para construir una historia mediáticamente atractiva.


Estos medios han soslayadola importancia y el compromiso ético de realizar una investigación de fondo, y aún cuando no han concluido las investigaciones, violentando el debido proceso mediático, se han erigido en un tribunal paralelo que ha dictado su veredicto: OHL es culpable, y es un ícono de corrupción.

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