Carmina Burana

Los Cármina Burana son un conjunto de cantos de los siglos XII y XIII provenientes de los goliardos medievales. Se encuentran reunidos en un códice o manuscrito cuyo original fue encontrado en el siglo XIX en la abadía de Bura Sancti Benedicti (“Benediktbeuern”), en Baviera.


Actualmente se les conserva en la Biblioteca Estatal de Baviera en Múnich. Sobre algunos de estos cantos el compositor Carl Orff, un favorito de Hitler, compuso su Carmina Burana, hoy día una composición de música de concierto favorita de las masas.


Antecedente medieval de los jipis, los goliardos eran estudiantes pacifistas que abandonaban la escuela para ir a vivir de modo bohemio nómada, cantando y actuando para el pueblo de un lado para otro. Eran un grupo contracultural que cantaban la trilogía del juego, el vino y el amor, sobre todo el amor licencioso, donde no dudaban en llegar hasta la obscenidad y lo sacrílego.


Un ejemplo: “Quiera Dios, quieran los dioses / lo que dentro de mí me propuse: quebrar las cadenas / de su virginidad. / ¡Canción de gozo, / canción de gozo, / mi amigo no se queja.”


El inmoralismo provocativo de los goliardos y su elogio del erotismo en sus formas transgresivas, como festejar los amores de los curas y las monjas, los gérmenes de una moral libertina y libre de los prejuicios y censuras impuestos por la iglesia, un punto de partida importante para el ateismo.


Son los fundamentos de la contracultura como acción directa para ejercer y aumentar las libertades reales en la vida cotidiana. Los goliardos fueron un grupo de rebeldes culturales que promovieron mayor libertad en las costumbres y el lenguaje, una especie de juglares y trovadores radicales, más cerca del pueblo que de la aristocracia feudal. Por eso sus canciones criticaron mucho los poderes terrenales en todas sus formas y desfiguros: el ecleseástico, el noble y el de los caciques campesinos. Con una intensa crítica y burla a la milicia y la guerra justo en la hora de las cruzadas papales para defender Jerusalén de los musulmanes.


Aunque se van conociendo poco a poco los nombres de estos cantores goliardos, la mayor parte de su obra circuló y se conservó en forma anónima. No eran defensores de la propiedad privada ni idólatras de la autoridades, como sí lo fueron los juglares y trovadores hasta llegar a Dante.


Grates ago veneri… (“Gracias doy a Venus…”) es un canto donde el goliardo enamorado celebra que su amada le entregó por fin la virginidad: “Gracias doy a Venus, / que con propia inspiración / me ha sonreído / y me ha otorgado / el triunfo, / tan grato y anhelado, / sobre mi moza”.


Así nos informa que no fue fácil conseguir el amor total de su moza, que tuvo que luchar literalmente para conseguirlo: “Harto audaz, / recurro a la fuerza: / ella me clava las uñas aguzadas, / me tira del pelo, / me rechaza / llena de coraje; / y se dobla / y cruza / las rodillas, / para que no se quiebre / la puerta del pudor. // Pero llevo la lucha adelante, / lo pongo todo al servicio del triunfo. / Con abrazos / afirmo el vínculo / y le ligo / los brazos, / la cubro / de besos: / así se abre / el real de Dione. // Y ello place a ambos: / mi amante, más dulce, / va dejando de hacerme reproches, / me da besos / de miel. // Y sonriente, trémulos / los ojos medio cerrados, / en un suspiro / como de inquietud, / se adormece”.

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