Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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Call me “fifí” Medios y 4T

etcétera cumple 18 años. Toda una vida de contribuir al debate de los asuntos más trascendentales –los urgentes y los importantes– en las agendas de los ámbitos cultural, político, económico y, por supuesto, mediático. En papel y, más recientemente, también en el terreno digital y de las redes sociales, etcétera alienta el intercambio de ideas y combate a los fundamentalismos que asechan desde todos los polos del espectro ideológico.

En medio de un contexto internacional y local en marcha hacia la locura (Barbara Tuchman dixit), etcétera y otros medios y espacios realizan una digna tarea a contracorriente. En estos tiempos es cuando más se necesita de publicaciones plurales, multifacéticas y de talante libertario, máxime en un océano o lago –para estar a tono con las discusiones de la grilla tropical mexicana– donde hay quienes hacen periodismo de facción, militante, sin rigor o colmado de frivolidades (al fin, parte de la diversidad). Un lago medio árido pues, pero con valiosos oasis donde, al igual que en la vida misma, la libertad se abre camino.

No es un lujo, algo accesorio o un capricho. Recordemos que los medios de difusión juegan un papel insustituible en toda sociedad abierta.

La forma democrática de sociedad exige de sus miembros una participación activa e inteligente en los asuntos de su comunidad… supone que están lo suficientemente bien informados sobre las cuestiones del momento para poder formarse los juicios amplios que una elección requiere y para mantener, entre elecciones, la vigilancia necesaria por parte de aquellos de quienes los gobernantes son los servidores y no los amos (Denis Mc Quail en La acción de los medios).

En consecuencia, la existencia de múltiples medios –públicos y privados, muchos y en competencia– es vital para el interés público (lo que paulatinamente se ha ido logrando en el caso mexicano). Es una condición sine qua non para la consolidación de una democracia realmente sustantiva, con mayor calidad. Los media son piezas clave del engranaje que hace efectiva la dualidad libertad de expresión-derecho a la información. Propician, aunque no por sí solos, la construcción de ciudadanía. He allí su trascendencia para la res publica. En México, cabe añadir, los medios y los periodistas –el sistema mediático en su conjunto– llegan a padecer las amenazas de poderes salvajes legales (como gobiernos o agentes económicos) e ilegales (el crimen organizado) y, por otro lado, son susceptibles de ser cooptados (en algunos casos, en una relación de complicidad) a través de la discrecional entrega de publicidad del gobierno. Quien a final de cuentas se ve beneficiada o afectada, es la opinión pública y el país en su conjunto. Sería ingrato dejar de lado estos fenómenos. México es, no lo olvidemos, uno de los lugares donde el periodismo es una actividad de alto riesgo. Con la llegada de la “Cuarta Transformación” (así le dicen pues, no crea que este escribano ya “compró” la narrativa lopezobradorista) a ver cómo nos va. Lo cierto es que las primeras señales enviadas por el presidente electo no son del todo esperanzadoras. Además de la “amnistía” como parte de la estrategia para supuestamente disminuir la violencia (aún se nos debe una puntual explicación de sus alcances), López Obrador persiste en tildar de “fifí” a la prensa que no le agrada (ciertamente, es mejor ser “fifí” y no un aplaudidor acrítico de la 4T) y, dado su comportamiento previo y actual, ha desencadenado decisiones editoriales y político- empresariales que podrían mermar la riqueza de “plumas” en los periódicos y otros espacios informativos. Parece haber censura y autocensura; un día nos enteramos de despidos o “reestructuraciones” y el otro, de que un reclamo en el primer círculo del próximo mandatario ocasionó que un editor de “El Gran Diario de México” perdiera su empleo.

El fantasma de López… Portillo y su “no pago para que me peguen” parece recorrer foros, redacciones y cabinas. ¿Y esto a qué viene a colación si aún no estamos en posadas?. Pues mire usted: podría haber recortes en el gasto publicitario de la administración pública federal, pero no necesariamente mayor transparencia en su uso (la administración de Peña Nieto ha gastado, sin criterios claros, más de 50 mil mdp en publicidad).

Es oportuno recordar que apenas en mayo pasado el Ejecutivo publicó la Ley General de Comunicación Social, que entrará en vigor en 2019, la cual ha sido criticada porque ignora el mandado de la Suprema Corte al Congreso de la Unión para regular el gasto del gobierno en la materia de comunicación anteponiendo el tan vapuleado interés público (de gran valía las investigaciones que esta revista ha hecho al respecto). Contrario a lo dispuesto por la Corte, el PRI y sus aliados tradicionales –con una actitud ambigua de Morena, pues votó a favor del dictamen en la Comisión de Gobernación– convalidaron en la Cámara de Diputados una iniciativa basada en los lineamientos dictados por la Secretaría de Gobernación, dando la espalda a especialistas, organizaciones sociales y otros grupos parlamentarios.

López Obrador y Morena jamás han planteado un cambio de régimen político. Son conservadores y, si se requiere, pragmáticos. La transformación región IV le apuesta más bien al refortalecimiento de la figura presidencial por encima de necesarias reformas de “gran calado”. Así lo sugirió el presidente electo: que con su ejemplo de probidad, honestidad y austeridad bastaba (la terca realidad lo desmiente, ¿verdad, César?). En el ámbito mediático, ¿conservarán el actual régimen publicitario que asegura discrecionalidad o –como anunciaron recientemente en el Senado– le apostarán a una reforma auténticamente democratizadora? Ojalá se conjuren los malos augurios para el derecho a la información y la libertad de expresión.

Mi más entusiasta felicitación a Marco Levario y al equipo que lidera. Que vengan muchos años más. Por un largo etcétera, ¡salud!

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