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Melina Alzogaray Vanella

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Melina Alzogaray Vanella Lic. en Historia. Investigadora-creativa

Cada quien puede inventar su propio cielo

¿Empezamos a grabar…? Hoy es 14 de noviembre de 2012, son más de las cuatro de la tarde en la Ciudad de México. Estoy sentada en la mesa de casa junto a Sofi y a Yayo, dos argentinos treintañeros que desde hace dos años vienen atravesando América Latina por tierra, organizando talleres experimentales de astronomía en escuelas rurales. Hace unos meses que llegaron a México, parieron su primera hija en Chiapas y ahorita se proponen regresar lentamente hacia el sur, volver a surcar Latinoamérica por tierra en su motor-home. Para ellos estar lejos de casa es haberse dado la posibilidad de vivir un montón de vidas juntas. No creen en la idea del que “el viajero es un aventurero”. De hecho no se consideran viajeros, ni aventureros, ni nómades. Dicen estar haciendo el viaje que quieren, dicen que el viaje es lo que los un e, lo que les da vida como pareja, lo que les permite respirar.

Se dice que somos polvo de estrellas, Sofi y Yayo encontraron en el cielo una excusa para embarcarse en las tierras de América y encontrarse con los otros y con sus experiencias, y jugar. Tienen los ojos abiertos, les gusta la gente. Su elección es darse la posibilidad de poder pensar en el otro, de olvidarse de ellos mismos, de dimensionar lo imperceptible que somos todos. Su propósito tiene un nombre y se llama “Proyecto Miradas”.

Esta nota es una reflexión acerca de América Latina, es una invitación a pensar sobre la realidad de las comunidades campesinas e indígenas, sobre el brillo de las estrellas, sobre los ciclos de la luna y los movimientos del sol. La esencia de su propuesta es que los niños puedan inventar su propio cielo, interpretarlo y crear sus propios mitos y leyendas. Yayo y Sofi se reconocen como puentes, como nexos. Yo les digo que todo eso viene del verbo polinizar.

¿Cómo se les ocurrió salir de viaje?

Sofi: Yayo venía de una experiencia de viaje por México y por Centroamérica que duró dos años. Tenía una deuda, había sido un viaje que -para mí- no lo había terminado. Había vuelto a Argentina por un proyecto político que lo esperaba pero le quedaban cosas pendientes en esta búsqueda de viajar y encontrarse con la gente. Y siempre me pinchaba y me pinchaba pero a mí, mi cotidianidad me gustaba mucho y me gustaban mucho las cosas que hacíamos y no quería dejarlas de hacer. Hasta que después hubo otra necesidad; y ya los dos, quisimos hacer un proyecto juntos, y quisimos salir a ver qué pasaba por Latinoamérica. Sin embargo sabíamos que teníamos que hacerlo dentro de algún hilo conductor, un motorcito, algo que nos motive a hacer todo esto. Entonces comenzamos a encaminar este proyecto desde la cuestión material, prepararnos para salir de viaje.

Yayo: Logística!

Sofi: Lo logístico, lo material y lo ideológico, todo juntito.

¿Entonces cómo fue que se gestó este proyecto?

Yayo: Nosotros empezamos por hacernos preguntas. Teníamos las ganas y la necesidad de salir de viaje, apuntamos a un sujeto social con el que queríamos trabajar y por eso elegimos viajar por Latinoamérica; dentro de Latinoamérica fuimos afinando y dijimos “con alumnos de escuelas rurales” y todo lo que eso implica ya que son comunidades golpeadas, marginadas, con una tradición muy fuerte de lo indígena, comunidades campesinas. Y comenzamos a hacernos preguntas para irle dando más forma, pensamos… ¿cómo poder indagar en lo social y en lo cultural desde un punto de vista creativo y novedoso que involucre lo artístico y lo político? Y así surgieron nuevas preguntas: ¿qué vamos a trabajar con los niños?, ¿qué tienen todos en común?, ¿qué tenemos nosotros en común con ellos?, ¿qué tenemos de diferente?, ¿esta red de escuelitas rurales en que se diferencian y en qué se asemejan?

Sofi: Nos preguntábamos ¿para qué podía servir que nosotros pasemos por ahí?, ¿en qué podíamos colaborar con estos chicos y también con el resto de Latinoamérica?

Yayo: También empezamos a cuestionarnos qué se puede trabajar en clave plural y en clave comunitaria y qué se piensa en clave individual.

Sofi: ¿Somos “un pueblo latinoamericano” o existen muchos pueblos e identidades en América Latina?

Yayo: ¿Hay una sola mirada latinoamericana o hay una multiplicidad de miradas regionales, autóctonas y diferentes que la conforman?, ¿en qué medida estamos dominados por la cultura dominante; occidental, por decirlo de alguna manera, o norteamericana?

Sofi: ¿Hacia dónde mira este personaje con el que nosotros queríamos interactuar?

Yayo: ¿Y cuánto de las raíces profundas, de lo ancestral, de lo prehispánico…sigue latente? (Silencio) Entonces todas esas preguntas nos sirvieron para ir definiendo el trabajo, la metodología, la ideología, etcétera. Y en el camino nos dimos cuenta que en vez de encontrar respuestas, fueron surgiendo más preguntas. Parece un cliché pero realmente es así, encontramos pocas certezas y eso es justamente lo que nos motiva a seguir viajando, a seguir conociendo. Es decir cómo surgen las preguntas, cómo se van direccionando las respuestas y fundamentalmente cómo aprendemos a convivir con las cosas con las que no estamos de acuerdo, cómo difundimos esas cosas, cómo dialogamos con ellas.

¿Por qué astronomía?

Yayo: La astronomía tiene que ver con un campo donde se maneja la mirada por excelencia, la mirada en el sentido de significar su tono, de cómo los chicos significan su propio mundo: la vida, la muerte, la amistad, la escuela, la familia, el perro y el gato. ¿Qué piensan de todos los otros chicos latinoamericanos? Por un lado teníamos lo de “la mirada”, por otro lado teníamos “lo latinoamericano”, por otra parte el interés de trabajar desde “lo pedagógico” y trabajar también desde el arte. La astronomía viene a darnos una mano en ese sentido porque es una herramienta que trabaja desde lo artístico, lo pedagógico, lo físico también y así nos permite integrar nuestro interés de amigar a las ciencias con los intereses culturales; porque generalmente se trabaja desde las ciencias más blandas o desde lo artístico.

Sofi: Porque la ciencia es un campo que despierta mucho asombro y nos incentiva permanentemente a buscar más allá y más allá; es permanentemente novedoso y es algo que a nosotros nos interesaba buscar como metáfora para todo lo que veíamos.

Yayo: Encontrábamos en el cielo una “vuelta de tuerca” que nos permitió hacer una analogía entre lo que pasa allá arriba y lo que pasa en la tierra. Siempre trabajamos con los chicos la idea de que hay una tierra que nos llenaron de fronteras, de aduanas y de leyes migratorias que nos separan, nos diferencian: la tierra fértil del que puede tenerla y la tierra desértica y rocosa del que le toca. Y el cielo siempre es uno, no tiene fronteras, es de todos. Y suena muy lindo pero de alguna manera es real: hasta el preso puede mirar el cielo…el cielo nos pertenece a todos.

Sofi: Además a mí como maestra me parecía que este proyecto tenía que tener un anclaje que resulte atractivo para un niño, algo en lo que un niño se pudiese involucrar instantáneamente. Y que no sea una idea nuestra que estemos forzando, tenía que ser algo que despierte realmente una curiosidad y ganas de ser parte de eso. La astronomía y las ciencias en general invitan a esto.

Ahora… vos Sofi sos maestra, vos Yayo sos carpintero y comunicador social. ¿Me pregunto qué saben ustedes de astronomía?

Yayo: Nada. (Risas) Hicimos muchos cursos -la carrera universitaria de astronomía en toda la provincia de Santa Fé no existe-, aprendimos mucho de manera autodidacta: participamos en noches de estrellas, simposios, congresos, encuentros, no nos perdíamos de nada. Y justamente por este viaje nos permitieron hacer todos los cursos en un año, en vez de hacerlos de manera gradual.

Sofi: Y toda la formación de astronomía es también autodidacta porque lo que está desarrollado es una técnica para conocer cómo son los movimientos en este universo. Pero lo que nosotros también investigamos mucho es cómo se explora ese universo para conocerlo. El telescopio es la única exploración que se conoce para hacer con los chicos. A partir de esa posible exploración que existe para tocar ese universo con los chicos es que fuimos platicando con gente e inventando nosotros muchos dispositivos con experimentos científicos…

Yayo: …para acercar el cielo a los chicos. Y así inventamos cosas estrambóticas de madera y de cartón.

Sofi: Periscopios, cámara oscura, la luz, el disco de Newton, y lo que inventamos nosotros no tiene nombre, son todas cositas.

Yayo: Y lo importante es que todo el abordaje astronómico no es ni teórico, ni abstracto, ni técnico. Es experimental, es grupal y es totalmente concreto: ¿cómo nos afecta cotidianamente? Podemos hablar mucho pero en pocas palabras hay que decir que nos han quitado -sobre todo en el campo de la astronomía- la han hecho muy elitista y muy sectaria. Dentro de todas las ciencias que implican una inserción universitaria para aprenderla, la astronomía se la asocia a la tecnología de punta, a la Nassa, a los astronautas, a los cohetes… A los astrónomos les gusta estar solamente entre ellos y a nosotros nos parecía importante devolver esa mirada de la naturaleza. Porque la astronomía se efectúa cuando uno mira por dónde sale el sol, la fase en que está la luna… De hecho, se dice que es la ciencia más vieja porque desde que el hombre comenzó a mirar el cielo está haciendo astronomía. Y es muy loco que nosotros nos propongamos devolver esa mirada, cuando justamente son los pueblos ancestrales quienes la desarrollaron y que lamentablemente está en extinción.

¿Y en qué medida pudieron confrontar el conocimiento de astronomía local de cada una de las comunidades que encontraron con el conocimiento que ustedes llevaban?

Sofi: Esa es justamente una discusión que venimos teniendo hace rato. Nosotros conocemos una de las tantas formas de abordaje que existen sobre el cielo, conocemos los datos que tiene esta forma de abordaje porque es lo que se escribió y es la que nosotros aprendimos -la occidental, la que usaban los griegos-. Pero cuando vamos a trabajar no enseñamos esta teoría sino que fundamentalmente indagamos acerca de cómo los chicos interpretan el cielo; al final la teoría astronómica que nos interesa es la que los chicos inventan, los chicos y las familias, la que ellos tienen.

Supongo que las comunidades rurales e indígenas de América latina tienen bastantes conocimientos al respecto.

Sofi: Nuestra actividad se asemeja mucho a la de un periodista que pone el micrófono; a nosotros lo que fundamentalmente nos interesa es que nos cuenten cuál es la astronomía que ellos conocen. Y no es sólo que nos la cuenten, es descubrirla, nombrarla, volverla a exponer. Resignificarla, es un poco valorar y fomentar sus propios conocimientos. Además tienen una práctica muy tangible… por ejemplo muchos de ellos tenían un palo en el techo para saber la hora…

Yayo: Con la pregunta tuya surgieron varias cosas interesantes; por un lado que no salimos con el ánimo de “enseñar”, metodológicamente trabajamos bajo la forma de talleres donde se construye el aprendizaje entre todos, salimos más con la idea de escuchar que de hablar, más de aprender que de enseñar. Y con las comunidades indígenas pasó algo muy interesante porque ellos de alguna manera nos obligaron a prestar más atención y a valorar más y, a no subestimar los conocimientos astronómicos ancestrales.

Sofi: Tampoco creo que sea un conocimiento versus el otro, más bien existe una práctica muy real respecto al cielo y a la vida cotidiana de un campesino: la jornada se organiza en función del sol, la siembra, la cosecha, el cuidar los animales, todo…

Yayo: Ese es otro de los puntos que quería nombrar, ellos tienen un conocimiento muy vivo y cotidiano; sin embargo o no saben que está relacionado con lo astronómico o hasta les da vergu%u0308enza reconocerlo, como muchas veces les da vergu%u0308enza hablar sus lenguas indígenas. Quiero decir que mantener el conocimiento ancestral no es un motivo de orgullo. Humildemente nuestra función es estimular la revalorización de ese conocimiento que es de ellos, que es de todos. Difundirlo, comunicarlo, publicarlo. En todo caso es interesante replantearse en qué medida sigue vivo y en qué medida no.

Sofi: Porque hay una astronomía que está más reconocida que es la astronomía maya o en Perú lo vimos con los Incas, hay una astronomía más palpable, pero es puntual.

Yayo: Y lo bueno es que, al trabajar con comunidades campesinas e indígenas, al tiempo que viajábamos comenzamos a hacer un paralelismo entre la situación social vulnerable y débil de los campesinos, y su conocimiento ancestral ninguneado por la ciencia occidental y académica. El sujeto al que más repudia el modelo político predominante, es el mismo sujeto que todavía guarda un conocimiento ancestral; conocimiento que tristemente el mismo sistema desprecia. (Silencio)

¿Y qué tenemos que saber para explorar el cielo?

Sofi: Creo que lo más importante es saber que el cielo es un sinfín de información, el cielo es historia porque todo lo que vemos allí es pasado; el cielo es movimiento para que así uno pueda entenderse dentro de un universo como parte de este planeta tierra; y también el cielo es movimiento para comprender que no hay nada estático. Además mirar el cielo nos invita a abrazar esa grandeza y reconocer que somos efímeros en este mundo que a su vez es tan chiquitito.

Yayo: Los grandes avances astronómicos mayas se regían por la minuciosa observación y el detallado registro de lo que observaban en piedra, en escultura, en donde sea. Si nosotros miramos la luna de hoy y tratamos de buscar una referencia física, nos encontramos con que si la vemos mañana a la misma hora vamos a notar una diferencia.

Sofi: Lo único que necesitas para leer el cielo son ojos y tiempo… y un lugar donde el cielo se pueda apreciar.

Yayo: De hecho todo el conocimiento desarrollado hasta ahora tiene que ver con un palito clavado en la tierra. Con eso podían ubicarse con la misma rigurosidad que un GPS, incluso la ciencia moderna aún no llega a comprenderlo del todo. Con ese palito que se llama Gnomon y que es el primer dispositivo astronómico del que se tiene noción: comprender los movimientos del sol, ubicarse en medio del mar, sembrar la tierra. Nosotros fomentamos mucho esto de “volver a leer la información que el cielo nos brinda”.

Sofi: Porque eso también habla de cómo es la organización social. El cómo cada pueblo interpretó su cielo habla también de cómo también vive la tierra: para surcar el mar, para sembrar la tierra, para organizar las fiestas, para comprender los ciclos de fertilidad y los partos, la pesca, cortar el pelo, curar enfermedades.

Yayo: Absolutamente todo: lo calendárico, lo festivo, lo religioso, lo simbólico…esa es otra parte interesante, de cómo cada civilización interpretó el mismo cielo de diferentes maneras. Y lo que nosotros fomentamos es que en vez de repetir lo que ya está establecido, que los chicos puedan inventar su propio cielo y así surge una nueva manera de contar sus propios mitos y creencias. Todas las historias que nos llegaron de la mitología griega vienen del cielo, allí están. Gane el PRI o el PAN el cielo está ahí y allí siguen estando las mismas estrellas.

Sofi: Cada quien puede inventar su propio cielo. Lo que ellos ven en el cielo tiene que ver con su cotidianeidad; algunos ven un Mickey Mouse, otros ven una llama, acá en México no van a ver una llama porque no existe.

Yayo: Las constelaciones y el horizonte son ejemplo de cómo trabajar la parte cultural, la vida de las estrellas es otro, la actividad atómica en el sentido de que lo mismo que pasa a nivel macro, inimaginablemente grande y colosalmente inalcanzable de lejos pasa exactamente lo mismo y en proporciones mínimas y adentro nuestro, en los átomos que nos componen. De hecho nosotros estamos compuestos del mismo material que las estrellas, se dice que somos polvo de estrellas. Lo importante es trabajar la mirada, que es una excusa para hablar de ellos mismos.

¿Qué es para vos la mirada?

Yayo: (Risas). ¡Chan! La mirada es la forma en que absorbemos el mundo y a su vez lo transformamos; o la forma en que el mundo nos permea y nosotros lo intervenimos, ¿no?.

Sofi: Para mí la mirada es una lectura instantánea desde nuestro mundo interno.

Y en este profundo viaje que vienen haciendo por América Latina comentan que se encontraron con un mosaico de particularidades. ¿Teniendo en cuenta esa heterogeneidad, podrían definir una identidad latinoamericana?

Yayo: Yo creo que no hay una identidad latinoamericana, pero si nos ponemos a buscar denominadores comunes o puntos de encuentro podemos decir que…en esto de las miradas, las fronteras y lo que cada uno tenemos de similar y diferente; vimos que -y no vamos a decir nada nuevo- las diferencias no están dadas tanto por naciones sino más bien por condiciones sociales.

Sofi: Eso te iba a decir, porque nosotros podríamos hacer un recorte entre los individuos latinoamericanos, pero tendría que ser sobre lo que conocimos que fue básicamente la población rural. A lo largo del viaje en las poblaciones con esas características encontramos muchas similitudes: la gente está acostumbrada a pertenecer a grupos, a su comunidad.

Yayo: Es la paradoja entre un pueblo tan embrutecido y tan sabio; tan colorido y tan descolorido porque nos han arrebatado todo: tan saqueado y tan rico. Las comunidades indígenas y campesinas a pesar de ser el pueblo más golpeado son los únicos que conservan la última llama de esperanza, quizás las últimas generaciones que preservan los conocimientos ancestrales.

Sofi: Y un hacer… que va en contra del individualismo, de este otro modelo que nos venden y que miramos tanto para arriba. Por suerte en estas comunidades este modelo todavía no llegó tan fuerte.

Yayo: O lo han confrontado.

Sofi: Están en la suya, resolviendo sus propios problemas, organizándose para sus propias inquietudes. Los problemas son comunes a todos y naturalmente todos se ocupan de resolverlos de manera colectiva y solidaria.

¿Cómo sostienen económicamente este proyecto?

Yayo: Lo mismo que hacemos en escuelas rurales gratis, lo hacemos en escuelas privadas y cobramos para poder costearlo. Vendemos el marchandaising del proyecto: remeras, bolígrafos, etc. Colaboraciones con el telescopio. Vendemos artesanía. Sofi: Preparamos el viaje dos años antes y además de pensar en ahorros y en cómo íbamos a buscar financiamiento; también nos esforzamos mucho en disminuir gastos. Viviendo en un motor-home es más fácil. Somos más conscientes sobre eso. Tenemos el apoyo de la gente que nos invitan a comer y dormimos en el auto. Nuestros mayores gastos son gasolina, arreglos mecánicos y trámites para pasar las fronteras con el auto.

¿Cómo imaginan a América Látina en un futuro lejano?

Yayo: Yo soy bastante escéptico en ese sentido, no sé si está bueno contarlo. Creo que hay un montón de avances interesantísimos, una revalorización de las culturas locales, hay un encuentro político… Pero hay un modelo que nos está pisoteando y que va a pasos mucho más rápidos que los nuestros y mucho más voraces que los nuestros…

Sofi: Un modelo que además es más atractivo.

Yayo: Igualmente creo que necesariamente hay que dar la pelea, tenemos que dejar de copiar modelos, dejar de mirar afuera para mirar hacia abajo o hacia atrás: la tierra. Quizás no me imagino a América Latina en un futuro porque no quiero ver cosas que no me gustarían ver. Pero de unos años a esta parte si he visto un montón de cosas que me las encuentro peor.

Sofi: Yo en el futuro -por los gobiernos que está habiendo- veo una “seudo democracia” y una nueva imposición del concepto de democracia que va en contra de la real democracia que existe en algunas pequeñas comunidades por las que hemos pasado. Y veo que las posibilidades de estas comunidades de seguir manteniendo su autonomía y no entrar en lo que otros quieren están cada vez más chicas. Los chicos del campo para terminar la escuela tienen que ir a las ciudades y después tienen que trabajar y entonces toman el ritmo de vida que está impuesto, esto de que “tenés que tener ciertas cosas” y eso te perpetúa para siempre al hecho de que tenés que trabajar para sobrevivir. Y…

Yayo: ¿Me dejás hablar un poquito? (Yayo sigue interrumpiendo a Sofi)

Yayo pará que va a terminar de hablar Sofí (risas).

Sofí: Y eso es my triste, porque siempre va a haber explosiones y búsquedas de otras cosas de algunas minorías. Pero veo que hasta que este sistema no explote, va a ser muy difícil pensar en algo nuevo. Y eso es porque todo siempre lo pensamos en referencia a lo que existe.

Yayo: Yo coincido con el punto de vista pero; para no dejar un mensaje final tan tétrico y tan triste cito a León Gieco que tiene una canción que dice “…Yo no creo que esto se vaya poner mejor pero si no luchamos, ésto se va a poner peor seguro”. Políticamente no está bien decirlo pero sí vemos que hay una tendencia a empeorar un montón de cosas: despersonalizar, deshumanizarnos, copiar mecánicamente un modelo… Concretamente escuelas donde trabajamos que ya no van a existir más por las dificultades que tiene para sostenerlas. La astronomía ancestral probablemente se vaya perdiendo. Políticamente no es correcto decirlo pero nosotros lo vemos y no nos podemos hacer los tontos. La tendencia se está agravando, así y todo hay que ponerle el cuerpo, hay que ponerle una sonrisa, hay que juntarnos, hay que compartir, hay que bailar y todo, hay que estar juntos y organizarnos. No sé para dónde está la solución pero necesariamente pasa por estar juntos con el de al lado y pensarla juntos.

¿Sofi después de tantas preguntas que les hice, qué te preguntas vos?

Sofi: ¿Qué hago con este pibe que no para de hablar? (risas) Me pregunto si a este proyecto lo podemos hacer más fuerte, si podemos integrar a otra gente. Cómo podemos hacer para proponer otra forma de vida, una forma respetuosa de los otros, de la naturaleza.

Yayo: Eso ponéle que lo dije yo (risas).

¿Cuál es el estado actual de tu espíritu?

Yayo: No me gusta pensar en eso, no sé pensar en eso… Feliz. ¿Feliz se puede?

Se puede. Como dice Carl Sagan, se puede conquistar hasta lo imposible

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