Cinque Terre

Miguelángel Díaz Monges

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Cablevisiones

Allegro melodramático para no perder la compostura (ni a los lectores).

La desgracia empieza cuando un esmerado joven o una graciosa señorita se acercan a uno con un volante en couche y a cuatro tintas en la mano. Se les recibe, puesto que están trabajando y hay que permitirles hacer su trabajo, aunque generalmente esos papeles van a dar al bote de basura más cercano. Pero esta vez el diablo tienta poderosamente con una oferta irresistible, como las de los Corleone, con perdón por la suspicacia.

Uno está harto (cuando no imposibilitado gracias a la próspera economía nacional globalizada, y a las cuentas que rinde “El Presidente del empleo”) de pagar dinerales a Sky y a Telmex. En los casos más modestos la suma de servicios de estas empresas para televisión, Internet y teléfono oscila entre los mil 300 y los mil 700 pesos. Cablevisión, en el volante de marras, ofrece paquetes de tres servicios integrados a costos de 499 hasta 699 pesos todo incluido. ¡Habría que ser tonto de capirote para no aprovechar la oportunidad! Va uno, la aprovecha y por arte de birlibirlo que se convierte precisamente en tonto de capirote cinco estrellas: condición trágica del consumidor que trata de eludir los designios olímpicos.

Cuando uno llama para contratar contestan en dos segundos, y en un tiempo récord siembran de rosas este valle de lágrimas: un mes de prueba gratis con quién sabe cuantos canales extra, instalación pronta y excelente, la tecnología de fibra óptica y otras maravillas. Uno entiende que el amable telefonista, en su alegría de cerrar una venta (tiene derecho) olvida mencionar que hace pocas semanas la empresa envió a sus suscriptores una carta en la que explica que para mejorar el servicio tendrán que empeorarlo durante un tiempo indefinido (in-de-fi-ni-do). Con ganas de andar leyendo entre líneas, se podría decir que es una carta más o menos en estos términos:

“Estimado suscriptor:

Con el fin de algún día resultar competitivos, cumplir el contrato con usted y con las condiciones de concesión establecidas por la SCT a través de la Cofetel, le avisamos -y sobre advertencia no hay engaño- que incumpliremos aún más durante todo el tiempo que nos haga falta y teniendo en cuenta que las cosas de palacio van despacio. Le agradecemos su comprensión. Le recordamos que sus pagos puntuales pueden realizarse por el método que sea y de preferencia con antelación porque la suspensión del servicio se cierne sobre su estabilidad psíquica y con esa, fíjese usté, no tenemos ningún problema técnico.

Atte. Sus Amigos de Cablevisión”.

El paraiso perdido

Uno no se entera de esta carta hasta que le dice a los vecinos, los parientes o los contactos de redes sociales que contrató Cablevisión y estos le llaman idiota. Ahora: ¿se puede pensar en maldad? No. Cablevisión sabe que uno está en su mes de prueba, que las empresas alternativas piden un mes de antelación para cancelar y que el cliente puede meter reversa fácilmente. Ellos saben todo eso, pero también saben que cuando un suscriptor del servicio lo quiere cancelar le siguen cobrando ad infinitum (con perdón por el latinajo que le es tan molesto a los señores de la empresa de la que hablamos), sin que haya manera legal de librarse de pagar un servicio cancelado o, a elegir, caer en la caldera del Buró de Crédito. Sólo así se explica que el mismo día en que le instalan a uno venga la primera falla en el servicio (Internet en este caso) y la primera experiencia con “Reparaciones”, donde tras 20 minutos de espera se corta la llamada y por ahí de la sexta un amable caballero explica que uno no debe preocuparse, que la falla es general (es decir que uno no está solo en su dolor, como cantara Discépolo), pero que “para mañana” estará reparada. Pregunta el suscriptor acerca de lo hallado en Google: Más páginas que las de El libro de Arena acerca del mal servicio de esa empresa. El amable servidor del cliente lo regaña: “Si se fija, hay quejas contra todaslas empresas”.¡Ah, bueno, entonces no estoy peor que el resto de los mexicanos, qué consuelo!

El caso es que sí estoy peor, puesto que mis quejas a Sky nunca tuvieron que llegar a la red y en Telmex basta una llamada de un minuto de celular para que reparen la falla en menos de 24 horas (el usuario detesta reconocer que el señor Slim y los de Sky son mejores que otros, pero al pan pan y al vino vino). En ese primer reporte uno se queda esperando la recuperación de Internet con dos moscas rondando la más generosa intención de privilegio de la duda: la primera: con esta empresa no hay dial-up, lo que me impide conectarme en moda retro; segunda: ¿y si falla el teléfono y lo tengo que reportar por celular, cuánto me va a costar la gracia? (en una de esas Telcel -otra notable en número de quejas- y competidores se van a michas con Cablevisión, o al menos le están muy agradecidos). Internet reaparece, a ratos muy lento, a ratos más o menos, nunca bastante veloz y así seguirá en el caso del usuario y el de todos sus compañeros, pero al menos ahí está, a saber por cuánto tiempo.

Perdone las molestias

Por andar pensando estas cosas, a la semana se queda uno sin teléfono (Dios omnisciente y omnipresente ocupa los primeros 10 mil sitios de Forbes). La suegra, que es la más gentil de la familia al menos en el caso del suscriptor de marras (y en el de Mike Laure, que además tenía una buena mula) mata la tarde haciendo punto en lo que logra establecer contacto telefónico con el prodigioso servicio a clientes de Cablevisión. No lo consigue antes de su lavado de cerebro de las 19:00 horas en la Iglesia de San Judas Tadeo, a quien endilga el asunto (ya se sabe que este santo tiene teléfono rojo en todas partes).

Este es el momento en que Sófocles y Eurípides aplauden delirantes: Deux ex machina, el teléfono empieza a dar tono de ocupado, con lo que aún no da línea pero ya da esperanza. 12 horas después el bebé (que por la noche tuvo vómito rojo y fiebre de 45o sin que uno pudiera hacer la llamada al médico o a la ambulancia) se apodera del aparato telefónico y lo deja junto a la cama de la abuela (que por la noche tuvo espasmos y consumió más oxígeno del habitual sin que uno pudiera llamar a los proveedores de las bombillas). La abuela, que ya no recuerda que ya no hay teléfono ni que alguna vez lo hubo y mucho menos recuerda qué es esa cosa que le puso ahí ese niño que no recuerda de donde salió, pincha un botón y se oye una sostenida nota “LA”. Los demás habitantes de la casa suspiran diciéndose “los vecinos sí tienen teléfono”, hasta que el tío sordo indica el lugar exacto de donde proviene el sonido. Ya hay teléfono. “¿Para qué era que te urgía el teléfono, Cuchicuchita?”, “A mí para nada, mi Pirinolito, eras tú el que quería hablar a Locatel por lo del arresto de la Nena”, “Cierto, voy a ver qué aconsejan los pasantes de Asesoría Legal”. A la mitad del infinito corte comercial entre operadora y abogangsters se interrumpe el anuncio sobre derechos de la mujer y cáncer de mama (¡vaya un derecho, por cierto!). Uno cuelga desconcertado. Cuando va a marcar de nuevo ya no hay línea, misma que vuelve unas horas después, justo a tiempo para reportar que otra vez se cayó la conexión a Internet.

Vuelta a intentar comunicarse a “Reparaciones”. Diez sesiones de 20 minutos infructuosos, nueve novenas ininterrumpidas, mochada de a mil pesos a San Juditas y nada. Dos aspirinas, una buscapina y venga a uno de los módulos de atención ubicados en distintos puntos de la ciudad (no importa de cual, pero el usuario de marras padece la ciudad de México). La cola es más larga que la de los que quieren matar a Fidel, pero sin el orden siempre loable del Coma-andante, al punto que cuando llega el quejoso hay una señora de bigote insultando a un señor calvo por presunto agandalle de lugar. En el menú de opciones para desesperados aparece la Profeco, pero el usuario recuerda que su último acercamiento a esta procuraduría terminó con la pregunta: “¿Y usted sabe dónde puedo meter una queja contra la Profeco?”

“Cuchicuchita” (esposa de “Pirinolito”, el usuario), santa y paciente mujer cristiana, apostólica y romana (nacida en la calle de Orizaba) decidió entretanto desentenderse de estas tragedias pequeñoburguesas viendo la pequeñoburguesa tele. Pica un botón del control remoto y no pasa nada, lo mismo con los cinco siguientes, hasta que (tras consultar un manual que no se refiere al control que le dieron a uno) da con un botón en el que se activa la ventana de programación. Como tiene personalidad mística y teleológica intenta saber qué programas interesantes habrá más tarde. Tres canales y sólo hora y media después en los datos de la pantalla, su dedo se ha entumido. Corre a asistirla el puberto experto en juegos de teclado, quien descubre que si uno no está suscrito a la revista de Cablevisión (que tiene costo extra) lo mejor que se puede hacer es jugar “zapping” (o sea meterle al zapeo, palabra aprobada por la Real Academia Española y gugleable si se tiene conexión a Internet), porque la guía de programación es un enigma sólo un poco más complicado que el cubo Rubik.

Pero el chaval es persistente y consigue leerle a mamá todos los programas que trasmitirán durante ese día y la semana entera (en los casos en que vienen y suponiendo que coinciden con lo que en realidad trasmitirán). Un menú maravilloso para ella: “Esto lo quiero volver a ver, esa me gustó mucho, qué bueno que vuelvan a pasar esa serie, tu papá dice que ese fue un partidazo”. Bueno, vale, sí, ¿y esto de Televisión de Paga es más o menos como ir con el pirata de cabecera y comprar vejestorios? Pues sí: exactamente lo mismo salvo por aquello de qué le está uno enseñando a sus hijos, implacables jueces que nos tacharán de ladrones y malvivientes si llegamos con la última de Harry Potter antes de que se estrene o de tarados si compramos una francesa inconseguible con lo fácil que es descargar el torrent (porque la descarga ilegal en México no está regulada, ergo es un ilícito legal ¡y que vivan Aristóteles y México, cabrones!).

Todo esto tiene sus pertrechos: si uno quiere compartir su experiencia con humanos que no trabajen para la propia empresa, se topa con que los que han tenido experiencias similares están incomunicados, así que en cuanto a falta de logística no se puede poner tachas a Cablevisión. Se empieza a sospechar que el extraño fenómeno no es porque son tontos sino que más bien van sobraditos de listos. (Y tanto que cuando Cuchicuchita sube a secar la ropa en la azotea, en décimo piso, la cuelga sin querer en el cable de fibra óptica porque está tendido así nomás, a lo cuerda floja, entre alambres de las jaulas, ahora por arriba, ahora por abajo, dos derechos y un revés y tal, toda una chambrita con lo que Cablevisión ahorró 6 metros de cable y acortó unos cuantos años la vida del que colocó).

Y así, andandito nomás, llega la quinta caída -ésta de teléfono- en menos de tres semanas. Es primero de noviembre, puente mortuorio y merecido en un país fantasmal y agónico. Seguramente ese día de poco tráfico en telecomunicaciones le pareció fabuloso a Cablevisión para tumbar el servicio (es decir mejorarlo, eso ya quedó claro). Así, quienes están trabajando, o están más solos que un perro o sencillamente se quedaron en casa no pueden hablarle ni a su loquero. Se le fue una liebre a los genios de Cablevisión que no tumbaron Internet al mismo tiempo (no los juzguemos con dureza: en un día como ese todo mundo está crudo y las empresas operan con los suplentes), de modo que el usuario consigue entrar a Facebook y a Twitter. Tuitea su queja y empieza un thriller escalofriante, sólo precedido por la admirable secuencia del libro de afecciones cutáneas de After Our.

Entremés alfanumérico para fanáticos del suspenso

Se cumple el mes y -suma sumando- el recibo no ha llegado, ante lo cual uno -que ya va conociendo los tiempos de atención de la empresa- cancela un par de citas y rechaza un pequeño contrato a fin de consagrar una tarde a averiguar cuánto y cuándo pagar, pues -como es obvio- uno está loco por pagar tan excelente servicio.

En el menú telefónico de la fantasía hay la opción de “Saldos, pagos, etcétera”. Pero lo que sucede cuando uno pincha esa opción es que la llamada se corta. Así, se corta y ya. Suponemos que un pequeño desliz técnico, una cosa aislada, pues. No hay alternativas tales como “servicio al cliente”, pero uno que no es tan guarín, ya por ahí de la tercera llamada a Saldos, elige al tun tun cualquier otra tecla. Resulta ser “Reparaciones” (empieza una comezón de tipo alérgico). En descargo de los empleados de Cablevisión -a quienes no atribuimos sueldo de funcionarios ni bonos por la mejor siesta del sexenio- hay que decir que sí lo intentan atender a uno, pero el servicio vuelve a cortarse hasta tres veces más (lo que consta en las grabaciones de la empresa, aunque bien pudiera ser que también estas estén pasando por una etapa difícil en su salud técnica). Finalmente uno consigue una llamada donde le informan que el monto a pagar por su primer mes, el de prueba, el gratuito, es de la módica cantidad de mil 200 pesos. Uno se permitiría un silencio y hasta un espasmo si no temiera que se corte la llamada antes de preguntar el significado aproximado de la palabra “gratis”. (Nótese que la cifra de facturación equivale a pagar los mucho mejores servicios de Telmex y Sky, con perdón). El amable telefonista entiende lo mismo que uno por “gratis”, pero no tiene modo de acceder al desglose de saldo, de modo que hay que marcar otro teléfono. “¿Y consulta en línea no hay?”, “Sí, caballero, pero lo que es consulta en línea ha venido teniendo algunas fallas técnicas”. Ahí el usuario ya se permite un pequeño tramafat que sirve para recuperar el aliento que haya a mano. Tras unas cachetaditas de Cuchicuchita, ubica su realidad y marca el tal número. Le repiten la cifra. Pide el desglose. No existe. La dama que atiende -esta es dama y está de mal humor (la redacción del enunciado inmediato anterior tiene dedicatoria para la RAE y sus futuras “mejoras” ortográficas)- se asombra ante las explicaciones del usuario, de tal modo que parecen estar echando chorcha en un salón porfiriano entre tacitas de té. La dama que estaba de mal humor ya está de buen humor, lo que no importa demasiado pero no tiene desperdicio. Su respuesta es más o menos: “le han de estar cobrando Internet, HBO, los canales internacionales, los pagos por evento, las largas distancia, las llamadas a celular…”

Uno aclara que contrató todo gratis, que sólo pueden estar cobrando las llamadas con costo y que de ninguna manera hizo tantas como para un monto de entre 400 y 500 morlacos (diferencia que resulta en el supuesto de que “gratis” signifique gratis). La respuesta pone de manifiesto la preparación técnica que Cablevisión da a sus telefonistas: “¡Ah!” Uno espera, pero ya sin esperanza, desespera, pregunta: “Bueno, ¿y?” La señorita tarda en comprender que el usuario no tiene la menor intención de pagar tal robo en despoblado, hasta que le llega el agua al tinaco y suelta como más inspirada que sabedora de lo que hace: “Hay que mandar una aclaración a Tesorería”, “¿Yo?”, “No, yo me encargo, estamos para servirle”, “Pues eso”, “Usted vuelva a llamar dentro de 72 horas”, “¿Ocho veces?”, “No, no tantas, lo que pasa es que hoy tenemos problemas técnicos”. El usuario hace una pausa canturreando -para que la dama no crea que se cortó la llamada- mientras mastica un mélox. “Oiga, señorita, pero ya se cumple el mes y me podrían cortar el servicio”. La respuesta es hermosa: “No deberían”. (En cuanto a lo del recibo, para evitar estas aclaraciones sobre la hora y hacerlas responsablemente y cada mes en cuanto llega el cobro, puede ser enviado por mail: ¿Usted le daría su mail a Cablevisión?) Llanamente, el asunto pierde toda posibilidad de plantearse de modo jocoso.

Ciberdrama sin la menor gracia

Arriba, el usuario hizo referencia al thriller que vivió horrorizado en el inmenso chat llamado Twitter. Quizá por falta de aliento o por una segunda chiripiolca omitió que la secuencia tenía importantes escenas de Facebook y otros sitios y, lo que es digno de destacarse, por parte del reducido número de internautas que puede haber en días feriados.

Para comprender la dimensión del problema es necesario tener en cuenta que todo fue en unas pocas horas y que continuó cuando la telefonía de Cablevisión ya se había reestablecido (primero, claro está, la del usuario que amenazó con periodicazos y acciones tanto legales como de boicot en defensa propia) pero no así el fastidio de los usuarios. También es de primera importancia destacar que ni Cablevisión, ni la SCT/ Cofetel se molestaron en ponerse en contacto con los afectados, ya fuera para pedir una disculpa que no sería otorgada o para suavizar el ánimo del siniestro personaje llamado “El Periodista”, a quien en todas las dependencias odian (a menos que acepte chayote) como si el irresponsable, corrupto, haragán y vividor fuera él y no otros, en caso de haberlos.

De cartas de usuarios a diversos medios se están hinchando las hemerotecas. Es obvio que tanto la empresa como los reguladores gubernamentales leen estas cartas. Y es obvio que las recortan junto con los cartones de sus moneros favoritos para cagarse de risa y enseñrselas a su mujer (esposa o amante o ambas) antes de hacer la meme o lo que tengan que hacer. ¿Lo mismo harán con esta sentida queja de un usuario que se asume vocero de muchos? Parece obvio que sí y que éste con todos los que hablan con él se volverán a quedar con un palmode narices, pero sin olvidar que las elecciones están próximas y que de lo que haga cada actor político (y sus relaciones con monopolios, clientes, propagandistas, defensores a ultranza, etc.) dependen muchas cosas, entre ellas el temible y temido asunto de la violencia en un país donde se encuentra a mejor precio y más funcional una metralleta que los servicios básicos y los alimentos. Podrá afirmarse que exagero, pero quien lea las quejas que copio verá que el ambiente no es precisamente el de un país con suficiente resto de paciencia.

Pero antes de pasar a los testimonios en que se basa todo esto, aún chapotean en el tintero unas pocas reflexiones:

En todo lo anterior y en las quejas de usuarios que recojo más abajo encontramos diversas faltas contractuales o incumplimientos al título de concesión otorgado a la empresa Cablevisión por la Cofetel (a la hora del cierre de esta edición de etcétera no hemos recibido por parte de la Cofetel el título de Concesión que habían prometido para el lunes 8 de noviembre, por algo será). Finalmente encontramos propuestas concretas, las más importantes de las cuales tocan los temas nodales de un México que necesita reinventarse en más de un aspecto.

Es evidente que Cablevisión, amparada en leyes sujetas a interpretación y sembradas de toda clase de abismos, y con la anuencia de facto de la Cofetel, es una empresa que defrauda sistemáticamente a los usuarios y al país. También es evidente que de los incontables intereses que inducen movimiento en el gobierno federal, el único que no cuenta para nada es el de los usuarios que pagamos la subsistencia tanto de la empresa como la de este gobierno. Es evidente que se pueden hacer muchas cosas. Lo que parece menos evidente es que la gente esté dispuesta a hacerlo, aunque no faltan unos cuantos millones de mexicanos (de esos infelices que no tienen voz ni van con partido político alguno y que uno se topa en la calle, en los foros abiertos del ciberespacio, en los cafés o en las reuniones) que aseguran que la gente está harta y que a estas alturas se puede armar un maremagnum por un quítame estas pajas.

Chance y Cablevisión tendrá la oportunidad de una exclusiva acerca de su propia quiebra por impagos con amparo, por demandas y por esas tonterías que hacen los ociosos cuando no pueden entretenerse con la tele, el teléfono o la Internet.

Este usuario se da por bien servido con quejarse, que mexicanos somos y en la costumbre andamos.

Barullo final y a coro

Hablen pues los afectados por Cablevisión, por la Ley vigente y por la indiferencia cómplice de la Cofetel, es decir la SCT, es decir el gobierno (pero no es decir ni el Estado ni la Nación como es decir los afectados (pero no ciudadanos), todo hay que decirlo, por su propia desidia y su nula disposición a hacer algo más que quejarse.

Por parte de usuarios de Twitter encontramos las siguientes frases selectas dirigidas mayoritariamente a Cablevisión (@CablevisionMX), pero también a la SCT (@SCTMexico) y retuiteadas a diversos medios. También consigno, con pesar, un par de tweets que ponen de manifiesto el desaliento y el enojo de algunos mexicanos.

Breve antología de tweets dirigidos a Cablevisión (reproducidos tal y como fueron escritos):

– “Sin telefono 10 dias DF Sur y somos varios los afectados exigimos respuesta. SERVICIO GRATIS hasta solución”.

– “Otras vez sin teléfono y van cinco en un mes. Apenas el viernes la más reciente: FRAUDE TOTAL (y dos veces horas sin Internet)”.

– “hey mencionen q la atencion a clientes de @ cablevisionmx es una mierda”.

– “No puede ser que cuando te decidas a usar on demand resulte que esta ‘desactivado temporalmente’ que cosas”.

– “FRAUDE INTOLERABLE. ¡Felicidades por el mes de prueba!, demostraron ser basura! Habrá que seguir con Telmex y Sky”.

– “COMO EL MELATE ‘MÁS LO QUE SE ACUMULE ESTA SEMANA’ SIGUEN PROBLEMAS Y CABLEVISION NO RESUELVE”.

– “Clientes exigimos servicio gratis si al menos falla una vez al mes. / 1

– “Tengo que ponerle ofrenda a mi teléfono #está muerto//@fulana ya lleva 10 días sin teléfono”.

– “Así es. Como se lo dije a AXTEL en su centro de desatención: ‘Tu mediocridad como empresa fortalece monopolios'”.

– “No queremos que nos pidan datos personales por Tweet, queremos que cumplan o no pagaremos y nos ampararemos”

– “Estoy de acuerdo en unirnos, aunque creo que no hay mejor unión que dejarlos sin un solo cliente al que defraudar”.

-“La mejor forma de joderlos es correr la voz, no pagar, ampararnos y PERIODICAZO, QUE ASÍ MUEREN LAS MOSCAS”.

Selección de tweets que involucran directamente a la SCT y la Cofetel:

– “@SCTMexico LEAN LOS TWEETS DE HOY Y TODA LA SEMANA Y MES ACERCA DE @CablevisionMX”.

– “@Cablevisionmx ofrece barato un servicio fantasma, Telmex y Sky nos roban y @SCTMexico lo sabe y está de puente. ¡Todo un día de muertos!

– “@CablevisionMX ofrece a prueba un servicio fantasma, Telmex y Sky roban. @SCTMexico solapa esto. ¿Día de muertos o país de muertos?”.

– “Pero hay que resucitarlos sin contar con estas instituciones, partiduchos y dema%u0301s basura como @cablevisionMX y cómplices”.

– “@SCTmexico también guarda silencio. ¿De puente en un país en ruinas? Tienen ante ustedes el FRAUDE tremendo”.

– “El incumplimiento de obligaciones contractuales y de concesio%u0301n para fibra óptica TIENE que hacer que la @SCTMexico rescinda”.

Tres tristes tweets de un país desencantado:

– “La denuncia es magnífica: No resuelve nada pero qué catarsis. ¿Qué quieren el gobierno y similares sino eso?: ‘¡Griten pero no se muevan!'”

– “Así es y eso, evidentemente, le conviene a cofetel- @SCTMexico, es decir al Estado. Un estado antagonista de la nación”.

– “Muerta la solidaridad se enquistó la rabia”.

Por su parte, faltaba más, Cablevisión responde, así sea estúpidez y media a punta de plantillas (así que no son tantas las estupideces, sólo es que se repiten a lo bruto). Más lamentable es el caso de la SCT que no se molestó siquiera en acusar recibo. Así, silencio del órgano regulador y cinismo de la empresa:

“Hola puedes escribirnos a [email protected]mx para que podamos ayudarte de manera personalizada”, “Si lo deseas puedes enviarnos un DM con tus datos para que podamos contactarte y ayudarte a solucionar el problema”, “¿Cómo podemos ayudarte? Estamos a tu disposición”, “Puedes escribirnos a (mismo mail), incluye tu nombre, número de cuenta, dirección de mail y teléfono”, “Muchas Gracias! Un representante de atención al cliente se contactará contigo. Saludos!”, “Estamos checando tus consultas para poder responderte a la brevedad”.

Dos notables: “Lamentamos que hayas cancelado y no haber podido ayudarte de antemano. ¿Podemos ofrecerte ayuda de alguna manera?” (¡Eso se llama cachaza!), “Estamos trabajando justamente para poder contestar todos los mails que lleguen y ayudar a cada usuario”. (Lo notable de esto es que no asumen que el servicio está caído totalmente lo tratan como casos particulares que se cuentan por ¿decenas, cientos, miles?).

Facebook es una red de características muy diferentes, por las cuales son menos los comentarios pero más extensos y detallados. En esta red pedí a mis contactos afectados por la inoperancia de Cablevisión que me comentaran sus experiencias con un pequeño ribete que -como al gitano de don Juan de Mairena- me salió del alma: “Hay que recuperar el derecho ciudadano a exigir que se cumplan los contratos y las condiciones para concesionarios, cuyas faltas (ya viejas y excesivas) tolera cínicamente la Cofetel”. Quizá lo principal a destacar es que de mis casi 2 mil 600 contactos no hubo uno solo que defendiera el servicio citado. Selecciono y resumo:

Usuaria de Chiapas: Aqui en mi aldeita tardan de 10 a 15 dias en conectarte el cable y te cobran el mes completo. ¡Cablevision apesta!

Diseñadora DF, recién repatriada: Tengo el Internet wifi de Cable… Cada vez que entra una llamada, se va el Internet. Es como regresar a los años 90.

Destacado periodista, analista político y cultural: Sería bueno insistir en la posibilidad de la demanda colectiva en nuestro país.

Doctora en historia, investigadora por el SNI y docente de tiempo completo en la UNAM: Salimos de México por seis meses (…) absurdo seguir pagando un servicio, por lo demás pinche, así es que decidí cancelarlo. Después de (via crucis) vinieron por el decodificador y se llevaron sus chivas. El recibo seguía llegando y se acumulaba el adeudo. Seis meses después, cuando regresé, me vine a enterar de que les debía un dineral. Llamé y nada. (Monsergosa demostración ante Cablevisión de que el cobro no aplicaba. Finiquito). Bufete jurídico (este tema de los cobradores acosadores y fanfarrones se cuece aparte, pero lo consigno por lo que sigue). Conseguí los datos del bufete y le dije que esperaran la notificación de la demanda que les había puesto por acoso. No sé si fue por eso o porque mi marido le comentó el caso a una amiga suya, digamos influyente en Televisa, que el asunto paró. Desde entonces en mi casa hay una televisión en la que se ven películas. Las series se compran o se piratean por Internet y todos tan contentos.

Médico y escritor, Guadalajara, Jal.: Por lo que veo Cablevisión es un problema en todas partes. La programación está por los suelos, las películas las repiten una y otra vez, no hay programaciones nuevas, las series lo mismo, los subtítulos terribles, se comen la mitad de los diálogos, ellos han de pensar que como mexicanos tenemos que hablar inglés a fuerza. Creo que el problema de cable es que compran muy barato y malo y nos lo venden como de primera y caro, están cometiendo un abuso.

Escritora y Artista Plástica, DF: Ha sido un desastre, sobre todo con el Internet (la TV funciona perfecto) lo peor es que… Me cambié de servicio, porque antes tenía SKY que es recontracaro, y porque TELMEX me estaba robando cobrándome llamadas que no habíamos hecho en casa. Pensé que era la mejor decisión y me estoy arrepintiendo, pero no de dejar TELMEX, sino de contratar estos servicios. Lo malo es que en este país no tenemos opciones, te roba uno o te roba el otro.

Abogada y escritora, DF: Pago (y a tiempo ya que está domiciliado el pago) uno de sus paquetes combo. Es recurrente la falta de telé1fono, esta vez ya van 15 días y contando, del servicio de Internet ni hablamos, las velocidades fluctúan como se les da la gana, pese a que pago por una alta velocidad. Creo que lo único que siempre sirve es el servicio de TV, pero la programación es un insulto. ¿Se supone que es televisión de paga no? Se supone que deberíamos tener acceso a televisión de calidad, entonces, por qué tanto programa prepagado donde ofertan tanta basura. Me he quejado inútilmente. No conservo la carta en que amenazaron (y cumplieron) con empeorar el servicio: envían tanta publicidad que toda la tiro a la basura así como llega, pero en verdad estoy tan cansada de este servicio que yo me apunto para dar testimonio sin problemas, total peor servicio no creo que pueda tener. A veces estas empresas son como los perros maltratados, sólo entienden a periodicazos.

Respuesta a mis contactos: (El tema de la CFE y sus cobros acompañados de constantes y sospechosos cortes de servicio es harina de otro costal, pero ambos asuntos convergen en un punto: la contraposición estúpida entre el gobierno -que no Estado salvo en el papel- y la gente -que no nación hasta que se asuma tal-. Lo del agua y el señor Ebrard hierve muy aparte porque no es asunto federal, salvo en el discurso del “tú las traes” que le gusta tanto a nuestros trepa-grillos con poder que no políticos según entiendo el español).

De lo que propones (periodista, analista politico y cultural), también el amparo colectivo. Evidentemente no será fácil y no debemos contar con las instituciones y la gente que hay en este momento. Tampoco vamos a hacer (terminar es la palabra) la revolución, pero sí creo que la discusión acerca del Estado y la Nación contrapuestos es urgente. Ahora, en épocas de crisis a todos niveles y desencanto generalizado hay que volver a discutir estos temas, pero no con arreglo a intereses empresariales o partidistas (no veo mayor diferencia entre unos y otros). La denuncia está bien, pero es insuficiente, lo sabemos. La acción tiene que ser eficaz, no necesariamente ruidosa.

(Médico de Guadalajara): Interesante lo que comentas de lo mucho que ahorran para ofrecer un servicio esféricamente malo y con mucho de fraudulento.

(Abogada): A veces ni a periodicazos (quizá es que son perros protegidos), pero hay que insistir, antes de que sea más lamentable la forma en que la gente decida hacer que entiendan tanto empresas como gobierno.

Finalmente una queja que recoge completo el panorama de cablevisión y de los proveedores opcionales. Me fue enviada por mail y previamente había sido posteada en “Apestan.com” (http://www.apestan.com). Este sitio, hasta donde llega mi información, es el más confiable (aunque tan inútil como todos) para los consumidores que quieren informarse y quejarse de manera independiente. Copio los fragmentos más relevantes tal como fueron publicados en dicho sitio: “Cablevision D.F. Culpable de fortalecer monopolios (Ciudad de México, Distrito Federal, MEXICO) Por: microchips46MAYO 3 2010: Me llaman para preguntarme si puedo recibir al instalador; llegó pero como hacía mucho calor se negó a instalarme el servicio porque el predio donde vivo no tiene estacionamiento y para que me pudiera instalar le tenía que pagar el lugar donde guardar su carro. Al negarme a eso por radio se comunicó a la central alegando problemas técnicos y que tenía que reagendar nueva fecha. Lo hice, me asignan fecha hasta mayo 12.

MAYO 12 2010: No hacía tanto calor, me instalan TV y el cable modem, el cual no servía pero la tele sí, para eso del Internet el instalador me comentó que no tenían sistema pero que en tres horas se activaba el teléfono e Internet en automático, pasó medio día y nada; lo reporto, se me asigna visita técnica para otro día.

MAYO 17 2010: Me cambian el cablemodem, sólo me dejan activado el Internet, el teléfono según funcionaría en media hora porque ese tiempo tardaría supuestamente en enlazar.

Ya encanijado y diciendo palabras que no quiero repetir aquí peleándome con el de sotorpe técnico me asigna una nueva visita para MAYO 20 2010…. Si no vuelve a funcionar esta tarde llevaré sus aparatos de mi***a al centro de atención porque no se vale que carezcan de control de calidad aparte de verme la cara de p**de*o…. ¿A qué quiero llegar con todo este rollo? Simple, con el dolor de mi corazón y mi frustración tendré que venderle mi alma otra vez al perro pa conectarme en infinitum y ser parte del monopolio $lim. Si cualquiera de las otras dos empresas fueran de calidad otro gallo cantaría.

En este mismo servicio independiente para el consumidor uno puede ver estadísticas elocuentes. En la sección ” Las Empresas Apestosas”, Cablevisión ocupa un notable décimo lugar con 240 menciones, mientras que en la sección “Las empresas Responden” ni siquiera aparece.

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