Rodrigo Ramírez

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Ex baterista de El Cerillazo y del Colectivo Musical Arterias

Brío Naciente

Así, sin querer y gracias a lo que el optometrista llama miopía, descubrí el anagrama escondido en la palabra Bicentenario, Brío Naciente es el ánimo que a muchos nos gustaría encontrar en los mexicanos a 200 años de independencia.

El nuestro es un País de viejos sueños que se transmiten como las leyendas.

Tanto fervor patrio hace que me falle la memoria, estoy atiborrado de información que no recordaré y que sigue sin resultarme necesaria, la Independencia me ha hecho dependiente y la Revolución me ha vuelto estático. La nuestra es una historia de pretextos, para llenar de estatuas los jardines, con glorias anotadas en los libros y fechas celebradas con desfiles.

Los festejos del Bicentenario son desde hace meses motivo de discusiones y debates cuyo resultado sigue sin convertirse en causa, en chispa motora que desamodorre nuestro habitual valemadrismo.

A noventa días de concluir el 2010 no percibo un mayor sentido de fervor nacionalista, ni tampoco un conocimiento más profundo acerca de las justas independentistas y revolucionarias; Hidalgo, Morelos, Madero y Zapata se mantendrán en nuestras palabras gracias a que seguirán siendo los nombres con que se adornan las nomenclaturas de las calles cercanas al centro de cualquier ciudad mexicana. El Bicentenario ha sido más el pretexto para, que la razón de.

Los cuentos infantiles de la escuela desbaratados dolorosamente, al conocer la historia de los héroes con los mismos defectos de los hombres.

No estoy en contra de los festejos, de hecho yo mismo los celebro, me gusta cantar el Himno Nacional, me agrada pensar que en algún momento alguien luchó por un ideal de justicia e igualdad, reconozco en nuestros héroes las virtudes de las que yo carezco, aun cuando la mayoría de ellos sucumbieron ante los placeres que el poder otorga.

El nuestro es un presente cabizbajo dictado por decretos pasajeros, con un honrado presidente excelso y show desmantelable por sexenios.

Siendo positivo, reconozco al Bicentenario como una política de gobierno que, en algunos sectores ha tenido aciertos destacados, me parece indudable que la oferta cultural en los estados y municipios del país se incrementaron notablemente este año, con los eventos deportivos ha sucedido igual y por supuesto hay una cantidad importante de inmuebles y obras de infraestructura que llevan como apellido al Bicentenario, pero, ¿qué pasara en 2011? Cuando los fondos económicos destinados a celebrar dichos festejos, corran el riesgo de convertirse en gasto operativo de las estructuras públicas.

Mensaje a la nación televisado, que habla de un porvenir esplendoroso, cuando todos sabemos el futuro que nos espera de un presente roto.

El Bicentenario puede ser la nota del pasado venturoso, el “logro” de una administración federal, muchos suponen que recordaremos el gobierno de Felipe por el Bicentenario, tal vez así sea.

Después del primero de enero seguiré tan orgulloso de ser mexicano como lo estaba hace 20 años, cantaré la Canción Mixteca en cada borrachera lejos de mi pueblo, menospreciaré el hecho de que Jimena Navarrete sea Miss Universo, pero observaré sus fotos a escondidas; guardaré cama cada puente que resulte de un festejo histórico; me quejaré de los gringos ataviado en jeans Levis, postergaré el pago del predial, reclamaré el mal uso de mis impuestos y me uniré a la voz colectiva en cada ocasión que amerite desgarrarse la garganta al son de ¡Viva México Cabrones!

Por que como dice la canción:

El nuestro es un país de viejos sueños.

Verso de la canción Lo Nuestro, escrita por el cantautor colimense René Hernández Corona, que fuera parte del repertorio musical de El Cerillazo.

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