Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Bienvenido al otro interior del espejo negro: “Black Mirror”

Bienvenido al otro interior del espejo negro, un mundo donde los políticos son rehenes, hostigados por la opinión pública a tener sexo con animales en videos; artistas conceptuales que hacen del secuestro un happening político y del rescate una obra conceptual; donde las personas tienen instalado un disco duro en la mente: un grano que almacena sus memorias, filmadas por Z-eyes, unos lentes de contacto que registran lo vivido y pueden proyectar en su mente o en un televisor cada recuerdo, cada movimiento. Esta misma tecnología, más sofisticada claro, es una potente arma de percepción para el ejército que la utiliza para distorsionar la apariencia del enemigo que se percibe como una vil cucaracha, lo que hace más fácil aniquilarlo; al mismo tiempo este dichoso aparato guarda memorias pero es capaz de que su usuario las borre a placer para “editar” aquellos momentos dolorosos o inconvenientes. En dicho universo, los gordos son la peor ralea y se dedican a servir a los demás en el complejo Hot Shots un edificio que produce programas de entretenimiento que destacan el talento desde sexual hasta artístico. Dicho recinto abastece de electricidad al pueblo entero mientras sus habitantes pedalean para no engordar, ganan “meritos” puntos con valor comercial que les compra privilegios que van desde una fruta hasta la oportunidad de participar como aspirantes en el concurso de talentos. En un pintoresco pueblo cercano, donde todo es color de rosa, la gente se gana la vida siendo amable on y off line. Pero el objetivo es ganar privilegios mediante puntos acumulables que se otorgan a la colección de bellas imágenes subidas a una red social para promocionar productos y estilos de vida; también se premian muestras gentiles y apoyo a otros usuarios. La nueva cortesía en red es una acumulación de puntos gentiles y de castigos velados que pueden incluso borrar tu existencia: GAME OVER! Cerca de ahí una empresa promete revivir a tus seres fallecidos, primero reuniendo sus comentarios vertidos en red y posteriormente creando un robot con la misma apariencia que, gracias a los milagros del Big Data, puede replicar sus actitudes, mas no sus emociones. En este mundo y decepcionados por sus malos políticos, en sus últimas elecciones han decidido elegir como líder a un monigote azul e irreverente. En cuestión de criminalidad, el secuestro ya no está de moda, la mejor forma de manipulación es el secuestro de imagen que, a partir de medios espías, te roban tus indecencias para chantajearte con ellas y obligarte a delinquir. Esto hace víctimas a primeros ministros o jóvenes incautos, peligros de la democracia dirían algunos. El videojuego gracias a la realidad virtual es el nuevo destino turístico, viajar en el tiempo es la última experiencia, misma que aloja a las almas rebeldes que buscan no morir jamás. Así la virtualidad es la última embriaguez y el último reducto de libertad pues en un mundo gobernado por pantallas y videos hasta las abejas vigilan a los ciudadanos. Porque “Si la tecnología es una droga ¿cuáles son en concreto sus efectos secundarios?” (Premisa del mundo del Espejo negro).

La descripción de este universo es la prueba de la solidez narrativa de la serie de televisión británica que con tan solo 13 episodios ha logrado no sólo retratar nuestro mundo contemporáneo, incluso ha logrado predecirlo.

Como hemos argumentado en otros textos, la serie devela muy bien los efectos secundarios de la hiperpantalla, esta pantalla ubicua que llevamos en la bolsa de un pantalón o a la que rendimos tributo colectivo en una sala oscura, la escuchamos con atención venerándola en silencio mientras nos alimenta con todas sus imaginerías.

Desde su primer episodio es capaz de voltear el espejo para retratar la conducta de los espectadores adictos al espectáculo sórdido, ávidos por engullir la siguiente torpeza del político en turno. Nos ayuda a percatarnos de que ese gran hermano prefigurado por Orwell no es un ente maquiavélico, sino nuestro inocente rastro, nuestro andar engolosinado como moscas revoloteando obsesivas en torno a la luz de la pantalla.

Y como no pensar que Waldo el impertinente oso de caricatura que termina por lanzarse como candidato a Primer Ministro, es una premonición de Brooker que adivinó que la carrera política cada vez más trivial terminará por coronar a Donald Trump como presidente de la nación más poderosa del mundo. Waldo es la oposición acéfala que se limita a injuriar, el pueblo lo adora, mientras el programa parece decirnos que los políticos suelen ser fraudes de manipulación.

Nuestro rostro es el código de nuestras emociones, aprendemos a leer las intenciones del otro porque decodificamos su cara; cuando la interface que nos conecta es una pantalla debemos conformarnos con su frialdad, hay algo en la pantalla que genera ruido, altera aquello que solíamos pensar como realidad, de menos, nos muestra nuevas reglas que rompen con lo previsible. En el episodio “El hombre contra el fuego” se ilustra la realidad de desfigurar al otro, al enemigo. La necesidad de mirar como “cucarachas” a quienes amenazan nuestros intereses. La metáfora no requiere de un aditamento o casco para lograr el simulacro, “Black Mirror”, no es una distopía, es la realidad presente. Las siguientes frases provenientes de dicho episodio son quizás, la prueba más fehaciente de un realismo innegable:

— Las cucarachas son como nosotros…
— Claro que lo son, por eso son tan peligrosas. Los humanos… nos atribuimos una mala reputación pero somos genuinamente una especie empática… En realidad no queremos matarnos… hasta que tu futuro depende de matar a tu enemigo… es más fácil dispara cuando tu enemigo tiene aspecto de monstruo.

Así, se hace del extraño al enemigo perfecto dado que tienden a causar inquietud por ser “aterradoramente impredecible”.

Las conexiones de este mundo narrativo son evidentes desde su exposición en el capítulo especial “Blanca Navidad”. En el lenguaje narrativo audiovisual y gracias a una iniciativa de la empresa Atari, se llaman huevos de pascua a los guiños que aparecen en las distintas narrativas y que conectan a un episodio con otro, o a un juego con otro, a una película con otra, a una novela…; pasadizos que nos deslizan de una historia a otra. De ese modo, ocultos en la trama operante se esconden viñetas que aluden a un personaje, a un suceso, a un objeto, todos ellos ocultos como el juego religioso, incitando a los participantes a encontrar la sorpresa oculta.

 

Una historia de amor como corazón del espejo

En el centro de cada historia hay una pareja, el contrapunto perfecto para indicar que seguimos siendo seres precarios, necesitados del otro para subsistir y que ponemos en riesgo constante nuestra frágil realidad. De un Primer Ministro trastocado entre divorcios que acude al zoológico para encontrar el consuelo amoroso que los hombres ya no le pueden dar; un hombre decidido a entregar su herencia para que a la mujer que ama tenga oportunidad de una mejor vida; un hombre celoso que hubiera preferido no descubrir la traición de su pareja; una mujer que para llenar el vacío de su esposo muerto lo recrea en un robot solo para comprobar que no hay remplazo para el afecto natural; y una pareja que logra el sueño de hacer del amor eterno al migrar su cerebro en un mundo alternativo: San Junípero, un Paraíso a la medida donde la música, la época y el afecto no terminan nunca, una pantalla ubicua alojada en un archivo infinito de almas que juegan a perpetrar su historia.

 

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