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Bettie Page

En julio de este año se cumplen cinco desde que comencé a buscar cualquier pretexto para escribir sobre Bettie Page, y quiero festejarlos. Lo hago no porque ella hubiera quedado en la memoria como un icono de la libertad de expresión –tan regateada en los Estados Unidos en la década de los cincuenta– ni porque su imagen sea una continua provocación a la moral y las buenas costumbres -incluso las de ella misma cuando abrazó al cristianismo– ni por su belleza delineada por siempre en diversos portafolios pin up; lo hago por todo eso y también por la gratitud que le guardan mis ardores de adolescente ahora en mis nostalgias de viejo.

Mis recuerdos de ella transcurren en varios planos que cuando se entrelazan me provocan sensaciones que no puedo describir. El primero es su hermosura concupiscente, retadora y procaz; el segundo es saberla ignorante del reto que su imagen desnuda le significaba a la censura que había en su país; el tercero es imaginarla impactada por la cultura negra de Haití durante su viaje en 1947, mientras en Nashville, Tennessee, donde ella nació, había un vigoroso movimiento social negro antirrascista. El cuarto es su contumaz firmeza de ser actriz cuando no lo era –nunca lo fue– y el quinto es su conversión al cristianismo, lo cual prueba que hasta el último momento todos podemos arrepentirnos de la impudicia.

Un entrecruce de aquellos planos podría ser la vida de Page que alude a la familia, a los celos de la madre y el abuso sexual del padre y a los cinco hermanos de los que ella se hizo cargo; el fugaz paso por las aulas como docente y sus dotes de costurera para diseñar los propios atavíos, y su afición por el cine además de su frustrada aventura en Hollywood, hasta abandonar el modelaje, intempestivamente, para intentar involucrarse en causas filántrópicas en África, asilarse en la palabra de Cristo y padecer esquizofrenia paranóica poco antes de morir, el 11 de diciembre de 2008 en Los Ángeles, California.

Otro plano alternativo podría surgir de las virtudes que se le confieren a Bettie y así pergeñar algo merecedor del aplauso de la izquierda en su tendencia nice. Sin embargo, en las pocas entrevistas que concedió, ella misma afirma que no quiso ser heroína contra la censura ni ser parte de epopeya alguna en favor de la libertad de expresión; tampoco buscó ser instrumento para abrir reductos a la divulgación del erotismo y menos aun simbolizar esas aspiraciones a lado de la izquierda. La paradoja es clara, Page quiso pero no lo logró, ser actriz e integrar alguna congregación religiosa, en cambio, sin proponérselo de veras, es la diva del bondaje y el Pin up y un emblema incluso político por los efectos que suscitaron sus imágenes.

El ángel negro

Hilvano mejor sobre la típica doble moral estadounidense que, por ejemplo, en 1933 diluyó la ley seca pero mantuvo otras restricciones como la libertad de expresión -en particular de las ideas comunistas– o prohibiciones tajantes como la del jazz en ciertas regiones del país porque era la expresión musical que acompañaba al movimiento por los derechos civiles que, en ese entonces, se gestaba contra la segregación racial; su expresión cúspide, es decir, nacional, sucedió en 1955. El asunto es que ahí, en ese contexto donde a escondidas podían escucharse discos de jazz, leerse ciertos textos o mirarse algunas imágenes, (y en el que aparecieron otros iconos como Betty Boop), es que se desplegó la innata cualidad de Bettie Page al posar ante las cámaras hasta que fue parte de una investigación de las autoridades sobre la producción y difusión de “pornografía”, no obstante que nunca hubo instantáneas sexuales explícitas de ella. (Ya se sabe que Page no declaró, pero que el episodio le resultó tan importante como para abandonar paulatinamente su carrera de modelo).

Sin duda, Bettie Page fue famosa porque su hermosura estimulaba lo prohibido que era ver imágenes eróticas pero, sobre todo, por esa complicidad muy suya con el obturador: muchos aseguran que lo hizo con un esbozo de ingenuidad -y se amparan, por ejemplo, en el copete al ras de la frente– en tanto el de la voz sostiene que en el descaro se halla buena parte de su éxito. Como sea, en las más de 20 mil fotografías que de Page se conocen, aparte las tres cintas que filmó, son claras su traviesa sonrisa o su gesticulación salvaje, la sugerencia a apretar su voluptuosidad e incluso a ser castigada con el látigo de nuestro aprecio, o a caminar a su lado por la selva o en la playa o a retozar en cualquier silla y circuir su figura para dejarla a la intemperie de nuestros deseos. Al respecto de su desenvoltura ella misma explicó: “solía imaginarme que el de la cámara era mi novio y yo estaba haciéndole el amor” y también dijo que, en todo caso, eso era más divertido que escribir a máquina durante ocho horas al día; tiene razón, excepto cuando se escribe sobre personajes como Bettie Page.

Creo que la presencia permanente de la reina del Pin up resulta de aquel atractivo muy suyo e inexplicable que llamamos carisma, entre lo que destaca la carga erótica de su imagen, la insolente audacia ante las cámaras y la identificación que tuvo con el apetito del vouyeurista admirador, incluso a pesar de que buena parte de sus fotografías ahora nos parezcan incluso anodinas, insulsas o tan inocentes como la portada de Playboy de enero de 1955. Además, tal vez, la vigencia de Bettie

Page también se deba al eterno retorno con el que construímos símbolos del pasado reciente. Por mi parte, creo que también ella está entre nosotros porque nunca falta algún nostálgico que la traiga consigo en cualquier momento, y que lo haga con gratitud por los anhelos de antes, a pesar de que ella misma, como una Diosa auténtica, fue siempre ajena a esas pasiones carnales.

También se debe al eterno retorno con el que erigimos símbolos del pasado reciente.

De película

1- Número de páginas sobre Betty Page en Internet : 387,000.

2- Nació en Nashville, un lugar dominado por el fundamentalismo religioso.

3- En 1957, en pleno apogeo de su carrera, decidió retirarse, abandonó la vida pública y se negó a volver a posar.

4- Número de fotografías que se estima le tomaron: más de 20 mil.

5- Año en que se volvió en un icono de los norteamericanos: 1980.

6- Su primer fotógrafo fue un policía.

7- Años que trabajo de modelo: 17.

8- Director famoso que pretende realizar otra película sobre su vida: Martín Scorsese.

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