Cinque Terre

Pedro Manterola

Escritor.

Bésame mucho

 

El domingo es un día impreciso, fugaz y duradero más allá de lo deseable; ocupado por 24 horas imperturbables, eternas y fugitivas. A un día así, y a otro cualquiera que tenga uno o más síntomas semejantes o equivalentes, lo único que puede salvarlo es un beso. Sí, un beso. Uno solo. No un beso ambiguo ni mucho menos evaporado. No. Hablamos de un beso en el que exista el antes, el ahora y el después. Un beso que origine un mundo en ese instante, y lo convierta en dos cuerpos simétricos y cadenciosos en una atmósfera tan efímera como inagotable. Un beso es el primer paso para identificar otra vida en nuestros cuerpos, el silencio obligado de dos lenguas originando las palabras. La contracción de dos músculos que se reinventan y renacen al juntarse, el maná que reproduce células, nervios, vidas y universos. Un beso es el principio, el destino, la permanencia y la evolución de las especies.

En un hecho que podría considerarse contradictorio, extravagante o paradójico, como otros miles que tienen que ver con el sexo, el hombre, la mujer y la pareja, los besos provocan excitación, alteran el pulso, incrementan la presión de las arterias, dilatan las pupilas y taladran la respiración, pero reducen el estrés. Un beso es placer, incitación, adicción y recompensa. También es, y sobre todo, cuestión de confianza. Si al besar descubres a tu interlocutor en ternuras y caricias ladear su cabeza hacia la izquierda, y exhibiendo la mejilla derecha, existe alguna posibilidad de que esté falsificando lo que siente o dice sentir. Quienes besan con apasionada y enternecida entrega, quienes lo hacen de manera natural, intensa y espontánea, es muy probable que hayan crecido de manera cariñosa, tolerante y afanosa en asuntos de ideas y emociones.

Se habla y reseña el intercambio de caricias con la lengua y los labios desde 10 mil años antes del nacimiento de Jesús, por cierto, traicionado con un beso. También hay toda clase de besos: besos públicos que manifiestan una profunda intimidad; besos como huellas, como lastres, como renuncia, besos de certidumbre y de mentiras; besos que parecen siempre el primero, besos robadosy besos rotos. El beso nos dice, nos exhibe nos revela. También hay besos eléctricos, besos a oscuras, besos a solas que proclaman nuestra existencia desde la banca de un parque. Hay besos fríos que derriten agravios y prejuicios. Besos que empiezan en tus párpados, rodean tus mejillas, navegan tu cuello, descubren tu boca, se pierden en tu pecho, siguen su camino y regresan a tus labios desde la planta de tus pies.

Un beso siempre es un inicio, una constante certeza interrumpida que termina y se convierte en escalera, en travesía, sueño, itinerario de una búsqueda que siempre termina en un encuentro. Hoy es el día del beso. No pierdas más tiempo en estas letras. Besa, bésame mucho

(Versión editada)

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