Cinque Terre

Ignacio Herrera Cruz

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Analista

Batman y su lucha por la noche

El caballero de la noche arranca donde había terminado Batman inicia: con la advertencia del recién ascendido detective James Gordon (Gary Oldman) al encapuchado (Chistian Bale) de que su presencia y forma de actuar en Ciudad Gótica, con gusto por lo teatral, iba a incitar a los criminales a actuar de la misma forma, incrementando el uso de la violencia.

El primer ejemplo de lo anterior era un ladrón y homicida, que dejaba como tarjeta de visita el naipe de El Joker/Guasón (Heath Ledger, muerto después de concluir el rodaje). Ledger tenía que darle al personaje un giro diferente al que en 1989 le había dado Jack Nicholson; era un excelente reto actoral y el histrión australiano eligió volverlo más amenazador y violento, empleando como modelo el Alex DeLarge que interpretó Malcolm McDowell en Naranja mecánica.

A su vez, Bruce Wayne/Bruno Díaz debe lidiar con el hecho de haber perdido su hogar, con el emplear nuevos artefactos para combatir a sus rivales, ingeniados por Lucius Fox (Morgan Freeman), con la doble vida de millonario ocioso y vengador enmascarado y con el desatar fuerzas que pueden salirse de control y acrecentar la orgía de destrucción que el uso de la fuerza provoca inexorablemente.

Con este filme de 180 millones de dólares, más los que se emplearán en la promoción, que transformó a Chicago y Hong Kong en Ciudad Gótica, el director británico Christopher Nolan enfrenta el doble reto de igualar por lo menos el tono oscuro del filme anterior dirigido por él mismo, además de sobrepasar lo hecho recientemente por Jon Favreau con Iron Man: El Hombre de Hierro, otro millonario que decide utilizar su riqueza para combatir lo que considera injusto y que resultó en una película bastante lograda.

De cómo un adolescente se puso una máscara
En el curso de una noche al salirse a la mitad de una ópera, el niño Bruno testimonió cómo sus padres eran ultimados por un asaltante y juró vengarse de él y de todos los de su calaña. Perfeccionó su conocimento de las artes marciales y la estrategia de combate en el Tibet y aprovechó los desarrollos tecnológicos de la compañía que le heredaron cinco generaciones previas de Díaz, para allegarse las armas para combatir a los delincuentes.

Debido al temor que le infundieron unos murciélagos que moraban en la cueva que había bajo su mansión, a los que conoció al caer en un pozo, decidió nombrarse el Hombre Murciélago o Batman.

Hace casi 70 años, en mayo de 1939, en el número 27 de Detective Comics, por el cual los coleccionistas han llegado a pagar decenas de miles de dólares, nació The Batman dibujado por Bob Kane. A un año de la creación de Superman, el personaje adquirió la popularidad suficiente para, en 1940, ser el protagonista de su propio cómic, perder el The y en el número inicial, afrontar a su eterno némesis, el Guasón. Con los años se le fueron agregando personajes y motivos al universo murcielaguesco, como su ayudante Robin (Ricardo Tapia/Dick Grayson) y enemigos como el Pingüino, Gatúbela o el Acertijo.

El cómic pasó a los medios audiovisuales ya desde 1943, cuando el actor Lewis Wilson le prestó su figura al encapotado para una serie de episodios cinematográficos, proyectada en nuestro país en 1946.

En 1966 surgió el Batman más popular y conocido: el de la televisión. Adam West fue el héroe y sus rivales primeros actores. El programa se volvió de plática obligada para los niños de aquellos años, hoy ya padres. Las onomatopeyas de los golpes: zak, pum, paz; las vestimentas pop y los guiones con humor, además del añadido de haber sido uno de los primeros programas transmitidos en color, lo tornaron inolvidable en su gustosa comicidad. Aprovechando la popularidad de la serie se hizo una película sin muchas pretensiones y el reparto se volvería a reunir en un especial para la televisión llamado Retorno a la baticueva en 2003.

En 1986 el personaje retomó un nuevo aire, en esta ocasión desde el cómic, de la mano del dibujante Frank Miller, también imaginador de Sin City y 300, ambas llevadas al cine con su estética exagerada. En un conjunto de cuatro libros gráficos conocidos como Dark Knight returns, un Batman cincuentón, resentido y amargado, regresa a las andadas acompañado por un Robin femenino. Ese Batman de Miller revivió el interés del público en general por el héroe más oscuro de los cómics.

El fenómeno se acentuó con las cuatro películas que se sucedieron entre 1989 y 1997. Las dos primeras, las más complejas y completas, dirigidas por Tim Burton, las dos siguientes orquestadas por Joel Schumacher y que se parodiaban a sí mismas.

El primo de Drácula
La asociación de Batman con Drácula y la fascinación que el vampiro ejerce sobre la cultura popular es evidente. Sus orejas puntiagudas evocan al Nosferatu de Murnau, el vampiro cinematográfico primigenio. Al igual que en la cinta de los 20 los avances técnicos se ponen al servicio del espanto. Díaz no es un nuevo rico, por el contrario. Al ocultarse bajo el disfraz es enigmático y se convierte en algo más. Tanto en la elección del color negro, símbolo de elegancia aristocrática junto con la capa, revela su crianza de clase alta.

Batman se emparenta con el vampirismo desde tres vertientes: la arquitectura, la indumentaria y la seducción. ¿Qué es la mansión Díaz sino el castillo de Drácula? Una casa llena de recuerdos acumulados por seis generaciones, en la que su dueño es un señor feudal.

Nueva York en los 30, era una auténtica Ciudad Gótica con sus rascacielos elegantes, previos a la incorporación del aire acondicionado que los transformó en cubos de cristal y acero. Lo gótico remite a la barbarie que se viste de gala, así el hombre murciélago es la version moderna y urbana de lo que viene de los bosques y del espacio inmemorial de las leyendas.

Un murciélago para cada cual
Así, de la combinación de cómics, películas y televisión se ha establecido en nuestro inconsciente cultural este personaje, que curiosamente está cambiando continuamente. En esta nueva entrega cinematográfica, en la que con base en una cámara Imax las secuencias iniciales se pretenden grandiosas y en la que un símbolo del caos en el que se sumerge Ciudad Gótica es la destrucción del faro con el que se emite la batiseñal, Nolan debe confirmar que pertenece a la estirpe de quienes saben aprovechar el cine como el arte más popularmente comercial.

Un gran acierto de Nolan es el crearse sus propias fuentes y describir por qué Díaz se convirtió en Batman en sus peregrinares por el Tibet, en donde se le capacitó en el arte de los Ninja, cómo aprovechó el desarrollo armamentístico de su compañía para hacerse del batimóvil y el cómo usó armas primitivas (los batibumerans) para perfeccionarlos en la guerra urbana.

El caballero de la noche se inscribe en la corriente de las adaptaciones de las tiras cómicas que han predominado en Hollywood en los últimos años (Spiderman, Los hombres X, Hulk) y que cada vez más parece encaminarse a un callejón sin salida debido a que lo fresco de las primeras entregas se vuelve rutinario. Tal vez con este capítulo se ponga a descansar por un buen rato al hombre murciélago, que esperará nuevas oportunidades para salir de la baticueva, enfundarse en su negro uniforme y disputarle la noche a enemigos celosos de popularidad.

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