Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Amor en el aire

Amor en el aire,

Que nació del aire,

Que vive del aire

No puedo olvidarlo, ¡no, no, no!

La imagino en voz de Rocío Durcal

Muy temprano, antes de que la casa se despierte, Andrés busca en su celular el mensaje de Rosario; ambos habitan un espacio en Facebook, son amantes del feis, también lo son de cuerpo y alma. Los dos son casados, su relación es estable y, por el momento, nadie habla de cambiar esa circunstancia. Fueron novios en preparatoria, no se volvieron a ver; una noche de nostalgia Rosario le mandó una invitación de amistad desde su espacio personal. La curiosidad, el deseo, el tedio cotidiano invocaron a los noviecitos adolescentes que dejaron una pasión pendiente. Una cosa llevó a la otra, la aceptación de la solicitud, varios “Me gusta” en estados y fotografías, dos o tres salidas a tomar el café, y al poco tiempo, Andrés y Rosario inauguraron su red de Facebook, donde se dan el lujo de ser otros, de no tener más que dos amigos; dos integrantes (rechazan sistemáticamente toda solicitud) usan nuevos nombres, fortalecen un vínculo mediante nuevas historias, fotografías, frases cotidianas, en fin, amueblaron su vida virtual, tan real como la otra, incluso tiene sus rituales: la frase del día, el beso o “toque” de las buenas noches, el contacto permanente a una tecla o dígito de distancia (no es albur) ¿Sería lo mismo en Twitter? Menos acogedor, se responde Rosario.

La palabra es poderosa, lo sabemos, son ellas portadoras y representantes de nuestros deseos, pensamientos y sentimientos, las palabras ponen en orden nuestra historia, mejor dicho, inventan nuestra historia; el devenir vital es una serie más o menos caótica de eventos, sensaciones, recuerdos, que el pequeño escritor que vive dentro de nosotros ordena y da sentido, somos lo que creemos, somos las historias que nos contamos. Qué pasa si a esas bombas de sentido que usamos en lo cotidiano se les brindan nuevos espacios; como gérmenes invaden la nueva realidad para tramar nuevas historias, conquistar corazones, encontrar nuevos juegos o perversiones. La realidad de la red existe, llegó para ampliar nuestras vidas, comenzó despacio, aumentando nuestro espectro de comunicación, recuperamos amistades o familiares perdidos o lejanos, se duplicó el horario de trabajo (es común ver familias juntas, sin estarlo, en un restaurant, sin hablarse, contestando mensajes de otros o llamadas de trabajo, resolviendo la tarea o acordando eventos sociales) ¿Por qué no iban a extenderse las posibilidades eróticas y románticas?

Una palabra tuya bastará para sanarme, seducirme, excitarme o amargarme el día. Rosario y Andrés quieren poner su granja pero les hacen falta amigos, están considerando solicitar personas de otros países para no levantar sospechas; Rosario prefiere que no, el álbum de sus fotos al desnudo, sus poemas y besos electrónicos dejarán de ser íntimos; después de todo lo más importante son sus palabras cotidianas, eslabones que los unen y dan forma a esa historia alternativa, son el consuelo nocturno después de un fatigoso día de trabajo, de una tarde de tareas con los niños.

***

Don Marcelo es mayor, viudo, hace tiempo le echó el ojo a la secretaria del segundo piso, se llama Patricia y es divorciada. Mucho tiempo pensó que no tendría oportunidad, ella tiene 46 y el 70, ella es bonita, él feo. Por asuntos de trabajo establecieron comunicación vía mail, las misivas eran formales, peticiones, acuerdos, intercambios de información. Don Marcelo comenzó a acompañar los mails con una frase de aliento, luego fueron piropos que Patricia no rechazó, Marcelo guardó silencio unos días y Patricia reclamó sus palabras, ya le hacían falta. Marcelo respondió con un poema y luego otro. Marcelo y Patricia hoy ya viven juntos una relación que comenzó por mail y de palabra.

Marta se siente traicionada, encontró una serie de mensajes en la Black Berry de su esposo. Conoció a una jovencita edecán en una feria de automovilismo, y por lo visto, sus encuentros habían pasado de ser simplemente virtuales. Marta se sintió sorprendida, confusa, irritada, humillada, triste, sola. No pudo jamás perdonar a su ex marido por obligarla a reescribir un futuro que imaginaba estable o tener que reconstruir un pasado que jamás advirtió ese desenlace. En síntesis, fue doloroso buscar nuevas palabras para salir de un laberinto sentimental.

Los nuevos medios potencian la palabra (claro, también las imágenes), son como si fuera una inyección intravenosa que viaja directa al torrente sanguíneo, y Marcelo, Andrés, Patricia, Rosario, o quien sea, avanza de palabra alojándose como un virus que crece, una idea expansiva que construye al personaje romántico de los sueños: cuéntame tus deseos, los más oscuros, ésos que no te atreverías a mencionar frente a frente y en voz alta. La red posibilita la construcción de una nueva máscara, cansados de portar esa persona cotidiana y oxidada que hemos construido desde niños, ésa que lleva abolladuras de viejas batallas; nuestra vida en la red nos permite reeditarnos, reinventarnos, inaugurar nuevos espacios vitales y todo comienza por una idea que se cifra en palabras, éstas se dotan de imágenes y música ¿Se está fingiendo? No, se gesta otra posibilidad del ser que no deja de ser uno mismo y quizás la naturaleza esencial sea ineludible, pero nos damos el lujo de sacar a pasear posibilidades que habíamos dejado en el tintero.

El espacio verdadero de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más etéreos, nos recuerda Alex Grijelmo en “La seducción de las palabras”; las palabras son aire o manchas en un fondo o pantalla, pero su significado absoluto, permanece oculto para el consiente, y es un poderosos detonante emocional. Apunta Grijelmo que la seducción de las palabras no busca el sonido del significante que llega directo a la mente racional, sino el significante del sonido que se percibe por los sentidos y termina, por tanto, en los sentimientos. El lenguaje constituye un hecho sensorial que recibimos con el oído o la vista. La primera impresión de lo que escuchamos llega con golpes de voz, o encadenamientos de signos que la voz interior traduce, en ese momento el cerebro humano decodifica fonéticamente una clave que le permite adentrarse luego en las ideas.

“A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea”, escribió Virginia Woolf en su diario y nos lo recuerda José Antonio Marina en su ineludible libro “Laberinto sentimental”. “Nos morimos de amor, nos morimos de pena, nos morimos de ganas, nos morimos de miedo, nos morimos de aburrimiento, y, a pesar de la eficacia letal de los afectos, la anestesia afectiva nos da pavor”. Somos insaciables consumidores de emociones, las redes son el antídoto al tedio cotidiano, la posibilidad ¿”ficticia”? de sentir nuevas emociones. Nos empeñamos en conocer los sentimientos, propios y ajenos, te doy mis palabras a cambio de las tuyas, mis sentimientos son una flor que de a poco se abre para ti, tú me das otra de vuelta y nos internamos juntos en un laberinto emocional, en el cogollo mismo de nuestro sentir, te doy mi palabra. Marina insiste: “Podría leerse la historia de nuestra cultura, desde los griegos hasta nosotros, como un intento de contestar a una sola pregunta: ¿Qué hacemos con nuestros sentimientos?” El amor es nuestra patología favorita; patología, significa en realidad ciencia de los afectos , luego pasó a designar la enfermedad. ¿Somos una sociedad enferma de amor?

Nicholas A. Christakis y James H. Fowler nos dicen que la forma de conocer una pareja está relacionada con la rapidez para llegar al sexo. Por medio de los amigos se logra rápido, por medio de familiares, más lento. Las redes se han vuelto puntos de encuentro amoroso y sexual; no es fácil probar si su influencia es mayor o menor, pero sabemos que es muy popular entre los que buscan mayor certeza que una cita a ciegas. Aunque existen romances virtuales, 43% de las parejas necesitan pasar al siguiente nivel, el encuentro cara a cara. De entre las nuevas patologías románticas que la red detona existe una forma de trascender la propia generación, es decir, de eludir la edad y encontrar la compatibilidad de ideas; a eso le llama Dominique Lecourt “Cibería” (cybérie). El proceso de buscar pareja suele estar impulsado por la homogamia, las redes tienden a congregar a personas semejantes. Pascal Brukner, por su parte, en “La paradoja del amor”, dice que el Speed dating se reduce a siete minutos para hacerte interesante, creando un mundo de artificio del apasionamiento instantáneo. Hay quienes han convertido la seducción en un modo de vida, son coleccionistas de comienzos, incitadores que prefieren las situaciones a las personas, la caza a la captura, la sensación a la emoción. Las redes sociales afectan nuestras relaciones en dos aspectos: los rasgos estructurales de nuestra posición en la red pueden influir en lo atractivos que resultemos para los demás (¿Tenemos pareja? ¿Muchos o pocos amigos? las preferencias se contagian, así que la misma red puede difundir ideas y cambiar actitudes con respecto a lo que es atractivo y lo que no. Como se difunde una epidemia a partir de un portador del germen, así puede difundirse un sentimiento.

Buscamos pasiones simultáneas y sinceridades paralelas, las redes nos hacen sentir que lo que pasa en la red se queda en la red. Las relaciones están en el centro de nuestra experiencia vital, pero, como nos dice Zygmunt Bauman en “Amor líquido”, se buscan vínculos fáciles de atar y desatar, se buscan los gozos de la relación pero sin lo duro de sus compromisos. Relaciones que nos confieran poder sin que nos debiliten. La gente prefiere hablar de redes y conexiones porque éstas, a diferencia de las relaciones, pueden desconectarse en cualquier momento. Pero no es así de fácil, es un guiño que nos sirve de coartada, las palabras que comenzaron a tejer una historia cibernética desbordan la pantalla, las fronteras se desdibujan y, como malabaristas o acróbatas, lanzamos dos bolas al aire o saltamos de una pista a la otra intentando no caer. Pero es probable que en el futuro, gracias a nuestro creciente miedo al compromiso y la huida ante el apego, se toleren formas diversas de sexualidad y romance, las comunidades virtuales abrirán una nueva ventana a un mundo paralelo donde se escribirán, perdón, ya se escriben, nuevas aventuras amorosas.

Las nuevas tecnologías reviven viejas palabras, reaniman emociones y sólo para recordarnos que, en el centro,está la palabra creadora: de historias, de proyectos, de vínculos, de pasados y futuros. Somos nuestras palabras, esas que hoy brillan como neones en escaparates múltiples, veloces, fugitivos.

Bibliografía y referencias

Attali, Jaques. Breve historia del futuro. Barcelona: Paidós. 2007.

Bauman, Zygmunt. Amor líquido. México: Fondo de Cultura Económica. 2005

Bruckner, Pascal. La paradoja del amor. México: Tusquets, 2011.

Christakis, Nicholas A. y James H. Fowler. Conectados. Madrid: Taurus, 2010.

Freyman, Regina. “Amor ¿Futuro perfecto?”. En Ergo Sum

http://ergosum.uaemex.mx/pdfs/pdf_vol_18_2/12_regina_freyman.pdf .

Marina, José Antonio. Laberinto sentimental. Barcelona: Anagrama. 2002.

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