Cinque Terre

Ruth Esparza Carvajal

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Subdirectora de etcétera

Alejandro Piscitelli: “Los medios no han sabido reinventarse”

Esta es una charla sobre cultura digital y es con una de las mayores autoridades en el tema a nivel mundial quien, además de ser integrante del consejo editorial de esta revista, a él debemos buena parte de nuestras preocupaciones y definiciones acerca del desarrollo de la tecnología de la comunicación y, por supuesto, sus implicaciones en diversas esferas de la actividad humana. Pero ya hemos dicho que esta es una plática, no la exposición de recetas o frases hechas sino que más bien, en el más estricto sentido de la actividad intelectual, sólo establece líneas de diagnóstico y coordenadas probables sobre los efectos de Internet y las redes sociales, entre otros aspectos que, según nosotros, muchas veces son atendidos con escasa seriedad y precisión, dentro de la retahíla ideológica revestida de academia.
No queremos omitir el registro de nuestra gratitud a Alejandro Piscitelli, y no nada más por la oportunidad que nos dio para esta entrevista que le hizo Ruth Esparza, sino por su opinión sobre el esfuerzo de esta casa editorial que es suya, y que mucho nos compromete.

En etcétera estamos convencidos de que el cambio que representan las nuevas tecnologías en todos los ámbitos sociales, laborales, informativos, de tiempo y espacio, de creatividad, implican cambios equiparables a los que suscitó la Revolución Industrial. ¿Tú qué opinas?
En el 2005 publiqué el libro El Internet, la imprenta del siglo XXI, pero es difícil, no hay motor único de la historia, uno puede decir que el motor está en la economía, en la política o en la ideología, siempre es un entrecruzamiento de tensiones, de tendencias. Pero si a uno le interesa la historia de la tecnología vas viendo que se puede clasificar en seis, ocho o diez grandes categorías. La que a mí más me interesó fue la que tiene que ver con la tecnología de la información, comunicación, pero más con la tecnología del conocimiento, tecnología cognitiva y en ese sentido, hay tres o cuatro nada más, porque la mención del lenguaje oral, está bien representada, la guerra del fuego, hace 100 mil años, 80 mil años, después los proto alfabetos que se inventaron en distintos lugares hace como 5 mil años, pero en particular el alfabeto Fenicio Griego, que inventó esta idea de la abstracción de las 27 letras que representan todos los sonidos y que realmente fue tan extraordinario que superó a todos los que había. Después el códice, el libro, la imprenta, no hay mucho más. No sé si es más importante el hacha que el arado o la familia que el patrimonio, porque en una lista de 50 o 100 innovaciones básicas pondría todas esas, pero como nosotros estamos en los medios de comunicación, en los temas de transmisión cultural o de reproducción intelectual, nos interesan en particular estas herramientas de transformación de los conceptos, de las ideas.

Pero no se sabe mucho porque, en los últimos 20 años, se está entendiendo algo sobre la neurofisiología de la lectura. En general la forma de pensar muchos fenómenos como el educativo, en el sentido de la transmisión, no sólo en términos de socialización, estuvo ligado a algunas disciplinas que tiraban algunos conceptos de los que te agarrabas como garrapata; decías, bueno, con eso pienso el fenómeno. Y la educación básicamente se manejó con el concepto de la sociología, la psicología, del desarrollo durante 50 años.

Y si miras las teorías de la pedagogía, la teoría de la comunicación saca básicamente las ideas de ahí. No así los últimos 15 años que son las neurociencias las que están teniendo un peso brutal. Por lo menos hoy sabemos mejor cómo se aprende, por qué se aprende, qué se aprende y, sobre todo, cómo funciona el cerebro para permitirnos aprender o desaprender: ¿cómo piensas enseñar a la gente si no sabes cómo aprendemos? Eso es brutal.

Volviendo a la pregunta ¿la revolución internetiana o digital es equivalente a la industrial? No lo sé, porque son situaciones tan diferentes, por ejemplo la Revolución Industrial se hizo sobre un universo que no debía exceder los 500 millones de personas, de los cuales llegó a un universo muy pequeño, sólo en algunos países de Europa. Ahora se está dando un fenómeno que llega a 7 mil millones de personas, 20 veces más grande, que tiene una rapidez no sólo de expansión. Me acuerdo cuando Margaret Mead fue en los años 20 a la Polinecia y trabajó sobre Samoa, ella volvió 30 o 40 años después y quedó muy shockeada, se autoculpaba, porque al descubrir su cultura la había promocionado y eso había servido para que el capitalismo la corroyera, la destruyera; eso que ella había visto hacía 30 o 40 años ya había desaparecido, pero el lapso fue de 20, 30, 40, ahora el lapso de desaparición de prácticas y de formato cultural, inclusive no son formatos culturales. Recién estaba hablando el subsecretario (de educación en el congreso de editorial Santillana, llevado a cabo en la ciudad de México) un poco del tema del papel, el libro, la estabilidad de la imprenta y la volatilidad del mundo digital. Pero es una cosa mucho más dramática, porque lo que está redefiniendo Facebook en este momento es la idea de privacidad, y no en el sentido más tonto, como de qué cosas hay que publicar o no, que si pones una foto de una fiesta borracho no vas a conseguir trabajo, cosas totalmente triviales. Con respecto al tema de fondo, ¿quién define la privacidad o qué es la privacidad? y eso durante siglos no cambió, y no cambió con el alfabeto ni con la lectura o cambió mínimamente, de repente una herramienta de una plataforma que tiene cinco o seis años y captura los ciclos ociosos y básicamente la libido de 650 millones de personas que no casualmente son, en general, los más y mejor educados, los más alfabetizados o con las mejores posiciones socioeconómicas. Y empieza a decidir cosas sobre qué está bien y qué está mal, qué da placer, que no, cuáles son los valores dominantes o no.
Ahora, por ejemplo se habla de muchas otras cuestiones de tipo social y lo que llama mucho la atención es que no hay ningún determinismo sino que la sociedad va a ir a donde quiera ir, porque la sociedad es un sujeto, el colectivo somos los sujetos, pero eso es cierto y no tanto porque como pregunta Kelly, ¿qué quiere la tecnología?

Y ¿qué quiere la tecnología?
La tecnología es un sujeto, que empieza a decidir qué es lo que quiere. Parece una tontería, un antroporfismo, parece una claudicación al ideal humanista pero tiene que ver con ideas muy fuertes sobre el cuestionamiento de la identidad humana como especie. Porque una cosa es imaginarte que el ser humano es el rey de la creación como planteaba la iglesia en el siglo XV, XVI, y que retomó después el humanismo desde otra perspectiva, una especie de religión laica, y otra cosa es que de repente te vengan otras cosas de las discontinuidades de Freud, de Copérnico, de Darwin, ahora de los robots y de repente te des cuenta que no sólo te ganan en muchas cosas, sino que pueden llegar a sentir, o a pensar. Y toda esta problemática de la liberación animal también. Peter Singer planteó que a los animales en general habría que darles un estatus de personas. Esto qué tiene que ver con la revolución de la que estás hablando, que lo que se está trastocando son nociones que tienen 500 años o 2 mil años donde la tecnología, es un catalizador, pero si eres un poquito más delirante puedes pensar que es un sujeto. Por eso la pregunta de Kelly ¿qué quiere la tecnología? O la problemática del loco de Kurzweil que habla de la futura singularidad, que de acá a 30 años va haber dos tipos de seres humanos, los chipiados y los sin chipear y los que no estén chipeados no van a entender nada de lo que pasa.

¿La ciencia ficción volviéndose realidad?
La ciencia ficción es un fenómeno reciente del año 1920, pero está la literatura imaginaria de Julio Verne o si quieres ir más atrás todavía, está la literatura fantástica de los viajes, en realidad es también una proyección de un estado de la sociedad, la gente que dice que los pronósticos delirantes se aceleran cuando la sociedad está en momentos de graves crísis. El futuro para la tecnología está en la ciencia ficción, por supuesto, cuando uno ve películas como “Blade Runner”, “2001 Odisea del Espacio”, “Terminator” o “Matrix”, te das cuenta que los pronósticos son siempre chiquitos con respecto a la realidad, porque ahora nos fascinan las redes sociales, pero la gente se imagina traducción automática en tiempo real, poder leer el pensamiento de los otros.

La revolución tecnológica ha tenido un desarrollo exponencial y los estudiosos de este fenómeno ¿van a la par? Sentimos que en México, salvo escasas excepciones, el discurso y el análisis de estas herramientas se han quedado rezagados.
Fallan muchas cosas, no sé si es el discurso sobre la tecnología, que siempre es fácil, históricamente se divide en tres grupos, tecnófilos, tecnofugos y los tecniintermedios, que son tecnorealistas. Y siempre tienes eso, los que dicen que la tecnología tiene la culpa de todo, otros que la tecnología nos va a salvar y los que dicen, no, un poquito de cada cosa. En realidad lo que nos falla no son tanto los conceptos para pensar en la tecnología, fallan los conceptos para pensar en la sociedad y en la articulación tecnología-sociedad. Si justamente te planteas que la tecnología puede ser un sujeto entonces casi nada de lo que está escrito sirve para entender eso. Bruno Latour, un sociólogo francés brillante, plantea que no hay una naturaleza por un lado y la tecnología por el otro, sino que todo está en la naturaleza. Te dice cosas geniales como que Pasteur no descubrió los microbios, sino que los microbios inventaron a Pasteur, cosa que es cierta, sin microbios no habría Pasteur, puede parecer un chiste pero es literal. Entonces si hay un déficit de conceptos y una aceleración de procesos, digamos cada vez hay más hechos y cada vez menos palabras para entender lo que está pasando.

Es más como de incorporarse que de teorizarlo.
Es más de imaginar, que para entender estas cosas tendrás que vivirlas, tienes que ser coprotagonista, por ejemplo que alguien critique Facebook, si no tiene cuenta es irrelevante.

En el caso de los medios de comunicación, la mayoría han hecho sus versiones web, pero solamente han llevado su formato tradicional a su página electrónica, y si acaso incorporado video audio, pero no ha habido una verdadera revolución, ¿qué hace falta?
Bueno, ese diagnóstico es parcialmente cierto; el 80 o 90% de los medios han sucumbido a la novedad pero no han sabido reinventarse. Pero hay algunos medios viejos y algunos nuevos que son absolutamente innovadores. The Huffington Post es un medio a la altura de la web 2.0. Tiene 6 mil blogueros asociados, atestigua en tiempo real las tapas, te manda una tapa la prueba cinco minutos, te manda otra y según los lectores, de cómo reaccionan las cambian y pone otra, o sea que en general, lo que está fracasando es la transformación de lo tradicional en lo nuevo, pero están emergiendo muchos medios nuevos.
En los medios del futuro, uno tiene que sacarse las telarañas de considerar que un medio es una redacción, un periodista profesional, que un medio es un fotógrafo. Los medios son cosas muy diferentes ahora; el medio es un camaleón, está donde no tienes la menor idea. Estamos acostumbrados a 300, 400 años de medios fácilmente identificables.

Hay ahora una revolución en los medios de comunicación.
Ahora hay una metáfora para pensar en los medios, que es la película que se llama “La Cosa”, porque La Cosa es un monstruo que ataca y te mata, te elimina, pero tú nunca lo ves, no sabes dónde está, a lo sumo lo que ves es una cosa muy rara, que se mueve muy rápido y después desaparece.
Los medios son La Cosa ahora, los medios tradicionales no ven a los nuevos, no los tienen en radar, pero la gente que investiga, que trabaja y que diseña nuevos medios dice “no mira fíjate acá”. Por ejemplo, en Facebook, apareció una aplicación que se llama “América 2049”, que es una mezcla de videojuego, competencia, involucramiento de la persona, pedagogía, ecológica, antiterrorista, se llama el juego de la realidad alternativa ¿qué es eso? Es un medio, es un forma que se tiene ahora, y si un medio tradicional tenía como objetivo educar, edificar, informar y en definitiva sugerir tomas de decisiones más calificadas, más fundadas, bueno, todo esto que son los nuevos medios. Pero los medios tradicionales ni saben que existen, no saben dónde está La Cosa, no saben dónde mirar.

¿Y realmente esta revolución llevara al fin de los medios impresos, al fin del papel?
Mira el discurso de los fines cuando uno estudia mucha tecnología, te encuentras siempre con lo que tú has preguntado en este momento a alguien, en un año cambia. Se lo preguntaron a Bill Gates, “le parece que alcanza esta memoria que puso en esta máquina que son 64 kb, 128 kb, no megakb”, él pensaba que la gente no iba a necesitar más que eso. Toda la gente que pronostica se equivoca, porque dice que lo que va a pasar, no pasa y después dice que lo que no va a pasar, pasa. Entonces, es imposible saber si el papel va o no a desaparecer. Lo que sí estamos viendo es que la gente se informa, se comunica, se contacta de otra manera, que ha habido complementación al periodismo tradicional, periodismo ciudadano, como el caso del diario coreano Ohmy News. Pero todo eso ahora ya es muy obsoleto, porque hay ahora cosas mucho más interesantes. Si hay un evento, ya la gente vive en tuits por segundos; qué está pasando, está tuiteando a razón de 4 mil tuits por segundo. Y miras acá dentro (en el congreso de Santillana) hay cero tuits, nadie tuitea y a los organizadores ni se les ocurrió poner aunque fuera una pequeña pantalla y un Hashtag, yo inventé uno que se llama en números romanos #VISantillanaMX, pero no hay nadie que los siga.

Las redes sociales han demostrado tener influencia, por ejemplo en la campaña de Obama o en el caso que mencionabas en tu conferencia de la Cultura remix del volcán que trastocó en Europa, ¿qué más podremos esperar aporten las redes sociales?
Lo que está pasando es que existe una cultura digital, así como hubo una cultura analógica de 500 años. La cultura digital tiene muchas manifestaciones desde gente común que tiene BlackBerry o teléfono inteligente, hasta si vas a una conferencia y te aparecen centenares de laptops y la gente casi tiene una conferencia paralela. Eso pasaba antes con los temas polémicos, Naciones Unidas organizaba algo y en la esquina, si no los dejaban entrar hacían una anti conferencia los ecologistas. Ahora la gente hace la conferencia paralela en las redes sociales y como está tuiteando, gente muy inteligente muy brillante, probablemente más que los conferencistas, lo que tienes ahí es una flujo de información de datos que es mejor que la oficial.
No es tanto ¿qué se puede esperar de las redes sociales? porque las redes sociales son un acido que corroe absolutamente todo. Más bien, cómo plantear de ahora en más la vida en el mundo off line, o sea, en el mundo físico, articulado con las redes sociales, porque si no, puedes pensar, ¿cuánto costó este evento enorme? (Santillana) y tiene un circuito cerrado de televisión pero no tiene ninguna presencia en Internet, cuando esto lo podrían haber hecho en streaming y a toda América Latina.

Paralelamente y aprovechar.
No está esa idea de valor agregado, siguen creyendo que es más importante, más atractivo -probablemente para este público lo sea- una convocatoria presencial que hacer algo en línea. Yo prefiero que me inviten para venir porque me divierto y paseo, pero la conferencia no me llama la atención.

Platicamos, te entrevistamos.
Claro y como tamales, pero bueno me parece que hay que dar vuelta. Como decía Kennedy a los norteamericanos “no le pregunten a este país que puede hacer por ustedes, pregúntense que pueden hacer ustedes por este país”. Entonces el mundo analógico no tiene que preguntarle a las redes sociales que pueden hacer por nosotros sino…

Como podemos utilizarlo.
Y que si no estamos en las redes sociales vamos a dejar de existir, con un montón de salvedades, porque te das cuenta que hay una gran distancia entre lo que se dice y lo que se hace. Ya todas las empresas están en Facebook pero no hacen uso inteligente de Facebook.

No es cuestión de estar sino de cómo estar.
Es cuestión de cómo lo utilizas. Hay que pensar que las redes sociales son la cuarta encarnación de Internet como catalizador cultural: primero fue el e-mail, segundo la lista de distribución temática después vino la web 2.0 y ahora las redes sociales que cambian todo.

Este proyecto que encabezas, “Rediseñar” en la Universidad de Buenos Aires, que incorpora todas estas nuevas tecnologías, ¿sabes si hay similares en el mundo?
Mira, debe haber muchísimos, por ejemplo decía el subsecretario que había 200 centros de excelencia, súper de primer línea que producen digamos el conocimiento en el mundo, yo creo, estoy seguro que debe haber centenares de proyectos como “Rediseñar”, curiosamente no los conocemos, tal vez lo que tiene de raro “Rediseñar” es que cambia todos los años, en 2011 se llama “Los medios del futuro”.

¿En qué consiste?
En que los alumnos en vez de estudiar y repetir textos aburridamente, ellos diseñen medios, construyen su propio medio. Tenemos un grupo grande de 300 alumnos divididos en ocho grupos por cuestiones de tamaño y capacidad y cada uno construye un medio. Puede ser un medio web, o un proyecto literario, o una forma de comunicar. Pueden plantearse como usar una red social para mejorar algo en el campo de la salud, de la vivienda, de la alimentación o de lo que fuera, pero lo que tiene de llamativo es que ellos en vez de estudiar medios, hacen medios. No es un taller,
no es hacer radio, televisión, hacer periodismo, sino construir un nuevo medio. Claro, nadie sabe cómo va a salir, pero llevamos a unos cuantos profesionales de Argentina que están diseñando medios digitales, así que están dando unos ejemplos increíbles. Están todos en la página web, www.catedradedatos.com.ar. Ya hemos tenido cuatro teóricos y una cantidad muy interesante de sugerencias y los alumnos se han enganchado mucho en eso.

¿Cómo masificar este tipo de experiencias?
Yo no sé si hay que masificarlas, no por elitismo, sino que el problema con escalar, masificar, tiene que ver con muchas cosas, depende de personas, de motivadores, líderes, etcétera, que no hay tantos, el que puede dar un curso de cómo construir un curso como “Rediseñar”, la gente no lo va a hacer porque para hacerlo tienes un montón de obstáculos y de problemas. Debes de tener ganas, porque esto en general puede ser muy frustrante y tienes muchos contras, tener cierta personalidad, carácter, contactos, historia, recursos y un montón de cosas. No es decir voy a inventar un medio o voy a inventar un curso. En realidad cada persona puede inventar su curso, todos inventan su curso, y hay muchos profesores tradicionales muy buenos, los alumnos están muy contentos con ellos, tampoco es cuestión de decir no, está todo mal. Hay cosas que están bien, nosotros partimos de otro diagnóstico, nuestros alumnos se aburrían, nosotros nos aburríamos de nuestros alumnos, los alumnos repetían cada vez peor, y había un pacto, un pacto que nosotros denunciamos que era el pacto del pseudoaprendizaje: nosotros hacemos como que aprendemos y ustedes hacen como que enseñan y puedes mantenerlo pero, esto es bien darwinista. No lo haces más no porque tienes altos valores intelectuales o morales. No lo haces más porque te pudres, porque no lo aguantas, entonces yo dije o cambiamos o me voy de la Universidad. Y podían haber dicho “no cambiamos no queremos”, los alumnos y los profesores. Aparte, mantenerlo es costosísimo, implica una energía infinitamente mayor que un curso común.

Pero al mismo tiempo un continuo aprendizaje e innovación.
Se va generando a medida de que las cosas salen más o menos bien, te va mostrando que es una gran mentira eso de que no sé puede hacer nada o casi nada; es un invento de no sé quien para justificar seguir haciendo lo que hacen o no hacen, pero es totalmente falso que no se pueda innovar, cambiar o modificar, en la familia, en el Estado, en el gobierno, en la empresa, en donde sea.

¿Y de hecho se demuestra día con día no?
Por eso es increíblemente poderosa la web, porque lo que hace es visibilizar todas esas cosas que quedarían ocultas para los medios o para el conocimiento en general. Me enteré que en Madrid están haciendo cosas increíbles. Ahora estamos en un proyecto de un grupo de estética de la universidad Complutense de Madrid, que nos conocimos porque ellos leyeron el libro del Proyecto Facebook y ahora nos encontramos todo el tiempo en el Feis. Hicimos un grupo y somos un grupo invisible, ellos lo hicieron, yo participo de eso.

La inmediatez, rompe las distancias.
Sí se rompe, pero básicamente lo que permite la red social con todas estas herramientas es un nuevo formato organizacional que no necesita de las únicas dos entidades que podían generar de momento un cambio profundo y masivo, que eran el Estado o el mercado, ahora hay una tercera entidad que se llama procomún o el par a par que es el que genera esto. Por ejemplo, en Colombia un grupo de personas hizo toda una movida en Internet, en Facebook para que pusieran un minibús entre Bogotá y Girardot, que es un pueblo que no lo tenía. Y bueno hicieron cabildeo y fueron ante la empresa de transporte y se movilizaron a través de Facebook y lograron eso. Se puede decir de otra manera, cosas que generalmente no prosperaban.
Así como el gran cambio que hubo entre la Macintosh e IBM. En Macintosh aprendían muy rápido a tipear y en dos horas aprendías a manejar el procesador de la máquina y en IBM necesitabas 20 horas. De hecho en los 80, para usar una máquina tuve que estar 20 horas en un curso y hasta que terminó me dejaron tocarla; duré cinco días, cuatro horas, hasta que el tipo no me diera el certificado que dice que usted puede poner el dedo sin romper y ahora cualquiera aprende, un chico puede aprender, aprenden enseguida, son muy flexibles, muy inquietos. Pero digo, acá estaba pasando lo mismo. Tenías que pedir permiso: a tu bolsillo, a la institución, al dueño de la empresa, a todo el mundo, todo el tiempo había que estar pidiendo permiso, te lo daban y te sentías como decía Di Caprio, “el rey del universo”. Y si no, te frustrabas, como cuando no te daban un ascenso, no había aumento.

De hecho para publicaciones como etcétera, que operan con enormes limitantes económicas para tener una difusión masiva, resulta que Internet ha sido fundamental, porque podemos tener más de 40 mil visitas al día cuando difícilmente podemos distribuir 5 mil ejemplares al mes.
En ese sentido has de conocer la historia de orzais. es. Es el sitio de un escritor, ensayista argentino muy bueno que hizo cosas interesantes que fueron convertidas después en obra de teatro a partir de weblogs, fue de los primeros que escribieron en weblogs y después se convirtieron en libros y luego en obras de teatro. Escribía en El País y en Argentina, estaba harto de que le cortaran las notas, le sugirieran temas, le bloquearan los comentarios, al final dijo: renuncio, ahora voy a hacer mi propia publicación.
Hizo una de 200 páginas, un libro: objeto, de una belleza, hizo 10 mil ejemplares y los distribuyó por 40 países, lo pagaron los lectores que se convirtieron en los propios distribuidores de la revista, todo a través de Internet. Bueno, las revistas se acabaron, no quedo una, la revista es bellísima.

Aunque está la polémica de que los usuarios de Internet no tienen mayor interés en pagar, es el asunto de libre acceso a la información.
Hay de todo, en este caso si bien la revista está en Internet, te puedo asegurar que leer la revista en Internet es ridículo, cualquier cosa que sea linda, grande llamativa. En la pantalla no puedes ver nada, bueno cosa de papel, un pdf en blanco y negro que se puede leer en un iPad, un Kindle, texto común, algo que sea nuevo, un nuevo formato de estos que son para iPad que son increíbles, que son dinámicos, interactivos, personalizados. Pero una revista, es una revista y se usa en papel. Eso si pasa con el periódico. Lo que nunca van a desaparecer en papel son las revistas de nicho de alta calidad de impresión graficas y los libros de arte. Así como todo lo que tiene que ver con lo que en Estados Unidos le llaman Coffe Table, son libros inmensos que se ponen arriba de la mesa para hojear, eso tiene un futuro indefinido, porque la gente ama hojear, tocar, agarrar, llevar.

Claro, es como dejar de visitar los museos para verlos en Internet.
Son cosas diferentes, lo que sí, es probable que con el tiempo, por ejemplo yo no lo había hecho nunca pero el otro día fui al museo de Arte moderno en Nueva York y pedí un audioguía, es algo que yo nunca había usado, no tiene nada que ver una cosa es que mires y otra que el tipo te cuente, te expliqué el cuadro te de el contexto, te de antecedentes, te diga, esa figura, y por encima te lo va diciendo mientras te vas moviendo, te entretienes, te lleva. Bueno imagínate que pronto va a estar en tu iPhone y tú vas a poder proyectar sobre el cuadro y tener otras versiones del cuadro. ¿Hacia dónde va todo esto? Siempre hacia enriquecer la experiencia.

¿Eso sería la cultura remix o cómo la definirías?
La cultura remix es algo que tiene que ver con hacerle corto circuito a la autoría y especialmente a la distancia que había o que hay todavía entre soporte, medios, formato. Por ejemplo el otro día nos mostraron un digilibro, un libro físico, que cuando llegas a cierto punto no puedes avanzar si no vas a la web, pero cuando llegas a la web hay cierto punto, no sé, después de dos horas o una hora de video tienes que volver al libro, entonces dices “genial”, porque de esa manera lo que aseguras es la experiencia de los dos formatos, es una experiencia distinta.
Para nosotros el libro tiene una tangibilidad y una portabilidad. Yo cometí un sacrilegio, vi un libro en un stand de Miami, compré el libro porque está interesantísimo, no lo conocía y me costó 25 dólares, llego acá y me doy cuenta que lo podía haber comprado en Kindle por 5, me quería matar, después dije no, porque yo cada vez soy más selectivo en la compra de un libro, si compro el libro es porque pienso que realmente es excepcional y si lo quiero le saco una fotocopia y se lo regalo a los alumnos.

Y si es diferente para mí, aunque leo todo el día en el trabajo en la pantalla, a la hora que voy a leer un libro y me siento en un sillón es diferente.
Sí, pero tiene más que ver no con cuestiones cognitivas, sino con cuestiones ergonómicos inclusive sensoriales y de comodidad. O sea tú te imaginas que estás en un sofá con tu libro y tu café, mientras que la computadora siempre es una distancia, porque hasta si es un iPad que pesa menos de un kilo, pesa más que un libro y es rígida. El mejor lugar, hasta ahora, que se le ha encontrado para su uso es en la cama. Los primeros estudios hechos de que la gente dejó de leer en Internet es porque hay un nuevo programa que se llama Instant Paper que te copia lo que ves en Internet, lo pone en la nube y después lo recupera el iPad. Demostró que había cambiado el ritmo de lectura y que la gente ahora lee de 7 a 10 de la noche, cuando lleva el iPad a la cama para leer noticias y artículos.

Todo lo que no leyeron en el día
Que lo fueron guardando, que lo fueron encontrando, con lo cual te devuelve linealidad. Porque la principal crítica que le hacen a la web es que te dispersa, que se tiene déficit de atención, que pierdes concentración y profundidad.

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