Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Cuéntame una historieta

En el mundo se asiste a una nueva alfabetización, que, ante el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, se basa más en imágenes y menos en textos. Las señales de tránsito, los instructivos para usar bienes o acceder a servicios, y las palabras ayudadas por imágenes, son ejemplos de cómo las personas han debido aprender a “leer” imágenes que sustituyen cada vez más a la escritura tradicional.

Se considera que esta situación tiene repercusiones negativas en la educación, e incluso en las interacciones sociales. En el centro de este debate, están las historietas.1 Muchos las consideran excrecencias de la cultura popular, carentes de valor artístico o literario y hasta degradantes para quienes las consumen. Con todo, las historietas son importantes, entre otras razones porque:

• Constituyen una manifestación artística original;
• Propician una nueva alfabetización;
• Tienen enorme relevancia histórica; y
• Poseen un gran potencial por sus propias características.2

La historieta es una “estructura narrativa formada por la secuencia progresiva de pictogramas, en los cuales pueden integrarse elementos de escritura fonética […] constituyen un medio expresivo perteneciente a la familia de los medios nacidos de la integración del lenguaje icónico y del lenguaje literario”.3 Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra señalan que una historieta es la combinación de imágenes y texto para generar un mensaje.4 Como quiera que se le defina, la historieta permite hacer una narración de manera distinta.5

En segundo lugar hoy es necesaria una suerte de alfabetización visual, la cual se ha tornado en un medio cada vez más importante de comunicación, en particular, aunque no exclusivamente, para las nuevas generaciones. La combinación de la palabra escrita con símbolos visuales, podría parecer algo destinado sobre todo al público infantil, si bien la industria de las historietas se sostiene por sus ventas a una audiencia de adultos.6

En tercer lugar las historietas tienen relevancia histórica por razones diversas. En EU, por ejemplo, antes de que la televisión surgiera y se insertara en el corazón de los hogares prácticamente cada niño, joven y unos pocos adultos en el vecino país del norte, leían historietas. En México, no ha sido menor su importancia. Debido a las altas tasas de analfabetismo que caracterizaron al país en buena parte del siglo XX, las historietas dieron un decisivo impulso a la lectura, en particular, entre los más jóvenes.7 Incluso la importancia de las historietas fue tal que muchas personas aprendieron a leer sólo para poder acceder a ellas.8

En cuarto lugar, la combinación de imágenes y textos genera numerosas posibilidades para hacer prácticamente lo que se desee y para los fines más diversos. En sociedades formalmente alfabetizadas, pero con bajos índices de lectura las historietas tienen un valor adicional:

“en casa empezabas leyendo cómics y te graduabas con libros; lo cierto es que tú no puedes darle a un chavillo de 15 años Así habló Zaratrustra, de Friedrich Nietzsche sin anestesia. En cambio, si se lo das en un formato de manga, es mucho más probable que se conecte”, afirma Bernardo Fernández o Bef, conocido por haber creado la historieta Bajo la máscara.9

El arte secuencial es tan antiguo como la humanidad. Desde tiempo inmemorial, las personas han desarrollado prácticas secuenciales de imágenes, trátese de las pinturas rupestres, las imágenes en las tumbas en Egipto o de los códices mexicanos. Con todo, a las historietas se les vincula con el desarrollo del capitalismo y, en particular, la urbanización y la democracia, al dar lugar, ambos procesos, a una mayor participación de las masas en la vida económica y política de las naciones. Asimismo, la narrativa gráfica característica de las historietas juega un papel importante en términos de identidad, al mostrar cómo se ven a sí mismas las sociedades vis-à-vis otras.

La historieta en América Latina

Las historietas no sólo gozan de enorme popularidad en México, América Latina y el Caribe, sino que además la región ha contribuido al género con importantes creaciones autóctonas. En general es con la creación de culturas urbanas que las historietas encuentran auge.

“Al leer historietas, pepines, paquitos, monitos o muñequitos los lectores latinoamericanos encontraron elementos para descifrar su situación, caracteres con quienes identificarse, y un lenguaje con el cual dan forma y significado a la expresión de sus pensamientos y sentimientos en sus nuevas realidades contemporáneas. Con frecuencia han referido las luchas de un (a) héroe/ heroína en un contexto urbano poco amigable mientras representan tanto las poderosas y superiores fuerzas que él/ella enfrentan en su vida cotidiana, incluyendo las estrategias subversivas empleadas para sobrevivir en esas circunstancias”.10

En el siglo XIX la interacción entre imágenes y textos dio lugar a dos narrativas distintas. Una, desarrollada por el Estado y los intelectuales, tanto nacionales como extranjeros, intentaron describir a la nueva nación al detallar todo lo que había en sus territorios. La otra, con motivo de los acontecimientos de finales de ese siglo en las naciones latinoamericanas, dio pie a las hojas sueltas, esto es, escritos cortos acompañados de ilustraciones que comenzaron a proliferar en la medida en que se reducían los costos de impresión. En ellas se incluían imágenes satíricas o viñetas acerca de escándalos, asesinatos, robos y toda clase de acontecimientos extraordinarios. Estas hojas sueltas son consideradas los antecedentes de las historietas. También se desarrollaron las primeras publicaciones periódicas dirigidas a un público amplio. Así, mientras que la narrativa impulsada por las autoridades buscaba uniformar, la de la sociedad evidenciaba la heterogeneidad de la nación.11 Se trata de una confrontación entre la alta cultura frente a la cultura popular que éstas generaban.12

Entre las aportaciones latinoamericanas está Condorito, nacido en Chile, de la mano de Pepo en 1949. Condorito es un cóndor antropomórfico que muestra la idiosincrasia del chileno de clase baja dispuesto a departir con sus amigos, a ver la vida con optimismo y a trabajar lo menos posible, aunque siempre muestra una actitud honesta.

Argentina, de la pluma de Quino, creó a Mafalda el 15 de marzo de 1962, como parte de una campaña para promocionar lavadoras que nunca se realizó. Mafalda es una niña de seis años de edad en el seno de una familia de clase media argentina, donde su papá es oficinista y su mamá una típica ama de casa.13

En Colombia, en 1962, comenzaron a publicarse, de la mano de Ernesto Franco en El Tiempo de Bogotá, las tiras cómicas de Copetín, las cuales aparecieron a lo largo de 30 años. Copetín es un niño que vive en las calles del centro de Bogotá y duerme donde lo coge la noche. Es un personaje que a través del humor negro da cuenta de la desigualdad y la inseguridad en la capital colombiana.14

Según Carlos Monsiváis, el cine, al ser consumido por los mexicanos, los llevó a mirarse a sí mismos y a tomar conciencia de ser mexicano. De manera análoga, al crecer la población urbana a principios y mediados del siglo XX, los nuevos habitantes de las urbes aprendieron a interrelacionarse en ese entorno, a través de las historietas.15

Se pueden considerar como antecedentes de la historieta en México:

• Las ilustraciones publicadas por entregas en los diarios;
• Las revistas de sátira política ilustradas;
• Las caricaturas políticas con una sola viñeta;
• Las litografías que formaban parte de la campaña publicitaria de empresas de cigarros como El Buen Tono que contaban una historieta en pedacitos, de manera que si el cliente quería saber qué pasaría debería adquirir más cigarros;
• Los volantes ilustrados u hojas sueltas;
• Los dibujos de José Guadalupe Posadas –quien, por cierto, también hizo litografías para cigarros El Buen Tono.16

¿Cuándo aparecen las historietas en México? Hay quienes consideran que fue en 1918, cuando algunos diarios comienzan a publicar tiras con personajes como Chupamirto, Adelaido el Conquistador y Mamerto.17 También se piensa que fue en 1921 cuando El Heraldo de México comenzó a publicar una tira de un charro mexicano llamado Don Catariño.18 En todo caso, fue en 1934 cuando se empieza a publicar la revista Paquín, seguida de Paquito un año después y en marzo de 1936 vieron la luz Pepín y Chamaco –las únicas historietas en el mundo en publicarse diariamente desde su nacimiento y hasta los 50. De ahí viene la denominación pepines para referirse a publicaciones denostadas por las autoridades y que, por lo tanto debían ser censuradas.19

Fue entre los 30 y los 50 en que se produjo la edad de oro de las historietas. Varios factores se conjuntaron para esto, entre ellos, la competencia entre las empresas editoriales, la creciente demanda social, la contratación de escritores y artistas talentosos, etcétera. Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra señalan que “el pueblo mexicano se inició en la lectura precisamente con las historietas. A fines de los 30 y durante los 40, millones de compatriotas que aún no habían experimentado los placeres de la letra impresa, perdieron su virginidad literaria sumergiéndose en las seductoras páginas de las revistas de monitos”.20

Para tener una idea más clara hay que decir que una sola publicación en esa edad de oro, podía alcanzar tirajes entre 350 mil y 500 mil ejemplares –más dos ediciones los domingos–, amén de que el ejemplar iba de mano en mano, de manera que era leído por un promedio de cinco personas. Era tal la penetración de las historietas que la Secretaría de Educación Pública, al igual que organizaciones católicas llegaron a producir sus propias historietas.

Las historietas mexicanas se diferencian de los cómics estadounidenses en aspectos como:

• Su formato extremoso –es decir, o eran muy grandes o muy pequeñas para los estándares internacionales-: 28 por 43 centímetros, las grandes, y 12 por 15, las chicas;
• Su impresión en una sola tinta, con frecuencia sepia o verde;
• El empleo de medios tonos y el collage;
• Su periodicidad: algunas aparecían todos los días y dos veces los domingos;
• Su carácter misceláneo al abordar temas diversos, y
• Su creciente orientación al público adulto.21

Aurrecoechea y Bartra afirman que en esta edad de oro “para tres generaciones de mexicanos los monitos han sido silabario y cartilla de lectura, lección de historia, fuente de educación sentimental, acceso a mundos exóticos y materia prima de sueños, satisfacción vicaria de frustraciones económicas, sociales y sexuales. Las historietas han creado mitos y consagrado ídolos, han fijado y dado esplendor al habla popular, han ratificado nuestro machismo y nuestra fe guadalupana”.22 Además varias historietas también saltaron a la pantalla grande y a la televisión, convirtiéndose tanto en largometrajes o telenovelas. Entre las historietas más destacadas de la edad de oro, figuran:

• 1935 ca.: A batacazo limpio y La bruja Rogers de Rafael Araiza, publicadas en Paquín.
• 1936: Adelita y las guerrilleras, de José Guadalupe Cruz.
• 1936: Los Supersabios de German Butze –considerada como la segunda historieta más importante en México, detrás de La familia Burrón.
• 1937: El charro negro, de Alfonso Mariño Ruiz.
• 1939: Rolando el rabioso, de Gaspar Bolaños Villaseñor.
• 1945 ca.: Almas de niño de Yolanda Vargas Dulché con gráfica de Alberto Cabrera –y en una segunda época con dibujos de Sixto Valencia–, basada en Our Gang (La pandilla). Esta historieta es más conocida por el título que se le dio durante la década del 60 que es Memín Pingüín.
• 1948: El señor Burrón o vida de perro, de Gabriel Vargas. En 1953 adopta el título definitivo de La familia Burrón.
• 1950 ca.: El hijo de Wama, de Joaquín Cervantes Bassoco.
• 1950 ca.: El Santo, de José Guadalupe Cruz: una mezcla de historieta y fotonovela de aparición semanal, protagonizada por un luchador enmascarado.
• 1953 ca.: Máximo Tops, de Abel Quezada.
• 1959: Chanoc, de Ángel Martins.
• 1959: Tawa, de Joaquín Cervantes Bassoco.
• Sin fecha determinada: Chivo y Chava y La familia Cursi Lona de Bismark Mier.23

Otros acontecimientos incluyen la aparición, en 1936, de Chicharrín y el sargento pistolas de la pluma de Guerrero Edwards, y la que es considerada como la primera historieta “seria”, Águila Blanca de Alfonso Tirado. Editorial Novaro nació 1949 y en 1956 el Grupo Editorial Vid.

La familia Burrón marcó un antes y un después en la historieta mexicana. Gabriel Vargas, su creador, era un folclorista, o como decía Ángel Mora, “el Chava Flores de la historieta”.24 La familia nació en el número 3544 de Pepín y finalizó con el número 1616 en agosto de 2009. El nombre de la familia es inusual dado que no hay un apellido Burrón. Gabriel Vargas explicó que usó esa palabra para referirse a los millones de personas que trabajan de sol a sol en México, como burros. La icónica historieta narra las aventuras de una familia de clase baja que vive en una vecindad localizada en el Callejón del Cuajo número chorrocientos chochenta y chocho de la CDMX, y se integra por el papá, Don Regino Burrón, peluquero de profesión y propietario de la peluquería “El Rizo de Oro”, su esposa, Doña Borola Tacuche de Burrón, la hija Macuca Burrón Tacuche, el hijo Regino Burrón Tacuche, el niño Foforito Cantarranas (adoptado por los Burrón) y la mascota de la familia, el perro Wilson. Si bien éstos son los caracteres protagónicos, la familia es extendida, e incluye a varias decenas de personajes –familiares directos, indirectos, amigos, vecinos– cuyas vidas transcurren en vecindades atestadas de macetas y gallinas con paredes carcomidas y vecinos que ejercen diversos oficios desde los lícitos hasta los raterillos. En la historieta se presenta a la ciudad como la viven los marginados. La familia Burrón introdujo términos o popularizó vocablos como achicopalado, mover bigote, cacayacas, caletre, cuatiza, cuchitril, chabocho, chorroceava, chorrocientos, chorromillonario, deschongue, descuajarinque, furris, mamporro, oclayos, picorete, pipirín, recrear la pupila, rorra, el sexo horrible, tambochas, tanda de picoretes, timborota, tlaconetes, tlaconetes, zotaco, zopilotera, etcétera. La Familia Burrón constituye un estudio sociológico de gran valía que no ha atraído el interés académico –la UNAM registra sólo tres tesis dedicadas a la icónica familia mientras que, sobre Los Simpson hay siete.

En la era de la TV y las nuevas tecnologías

La crisis de la historieta en México a finales de los 50 no sólo obedeció a la llegada de la televisión sino, también, a la desaparición de los diarios que publicaban las historietas, aunque, evidentemente, los lectores estaban ávidos de ellas. Aquí fue importante Yolanda Vargas Dulche y su esposo, Guillermo de la Parra Loya, creadores de Editorial Argumentos (más tarde Editorial Vid), donde los caricaturistas encontraron oportunidades para crear nuevas aventuras y personajes.

Así, surgieron las creaciones de Eduardo del Río García, Rius, Los Supermachos (1965) y Los Agachados (1968); Fantomas (1966) de Guillermo Mendizábal y Rubén Lara; Kalimán (1965) personaje que provino de la radio, obra de Modesto Vázquez; Hermelinda Linda (1965), creada por el recientemente fallecido Óscar González Guerrero y que se denominaba Brujerías, título que debió cambiar dado que la Secretaría de Gobernación le hizo saber que tal denominación no era aceptable; y Aníbal 5 (1966) del chileno Alejandro Jodorowsky y Manuel Moro, entre otras.

En 1963, aparece la exitosa novela gráfica Lágrimas, risas y amor, de Yolanda Vargas Dulche, y donde se publicaron Yesenia, El pecado de Oyuki y Rarotonga, entre muchas otras hasta 1995. Numerosas novelas fueron replicadas en la televisión y el cine. En 1978 vio la luz El Libro Vaquero, bajo el sello de Novedades Editores. Es un western mexicano romántico protagonizado por vaqueros y mujeres voluptuosas que llego a tener tirajes de 400 mil ejemplares semanales, lo que, al lado de La Familia Burrón, la hacía una de las publicaciones más leídas en el país.26

También en esa década vieron la luz Kendor el hombre del Tíbet (1976), de Joel Kuri García y Daniel Muñóz Martínez y Karmatrón y los Transformables (1979), de Oscar González Loyo –hijo de González Guerrero y colaborador de Matt Groening en Bongo Comics entre 1998 y 2000–, considerado como el primer manga mexicano. Si bien continuaron produciéndose historietas, las grandes editoriales privilegiaron la importación de cómics, sobre todo estadounidenses y japonesas, de manera que el mercado nacional se vio invadido por cómics de los superhéroes de Hollywood o por las historias niponas, si bien se observa el esfuerzo por mantener una propuesta propia, por ejemplo, con El Pantera (1980), de Daniel Muñóz Martínez; El Cerdotado (1998), historieta creada por Leopoldo Jasso; y ya al amparo de las redes sociales, Cindy la Regia (2004), creada por Ricardo Ariel Velderrain Castro, donde se ironiza en torno al clasismo imperante en la sociedad mexicana.27

El futuro

Las historietas mexicanas enfrentan no sólo el desafío de la competencia sino el de hallar espacios para difundirse. Las redes sociales proveen una oportunidad. Hay muchas historias que contar y un público receptivo.

Las historietas son importantes no sólo porque echan por tierra el postulado de que en México las personas no leen. Tal vez, quienes esgrimen ese argumento, deberían enfatizar la subjetividad implícita en semejante aseveración. Una pregunta más correcta sería: ¿qué leen los que no leen? O bien, ¿qué leen los que no gustan de lo que cierta persona prefiere? Las historietas son parte de la cultura popular y ameritan un análisis más profundo.

Notas:

1 Will Eisner (2008), Graphic Storytelling and Visual Narrative, New York, W. W. Norton & Company, p. 3.
2 Paul Levitz (2009), The Power of Comics. History, Form and Culture, New York, Continuum, pp. 13-17.
3 Roman Gubern (1974), El lenguaje de los cómics, Barcelona, Penínsul, p. 15.
4 Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra (1988), Puros cuentos. La historia de la historieta en México, Tomo I, México, Grijalbo, p. 9.
5 Paul Levitz, Ibid.
6 Ibid.
7 Juan Carlos Talavera (03/04/2014), “El cómic, cómplice leal de la lectura”, http://www.excelsior.com.mx/expresiones/2014/04/03/952052
8 Cecilia Jaime González (marzo 2010), “La historieta mexicana como un reflejo de la ciudad. El caso de ‘La familia Burrón’”, en Revista Latinoamericana de Estudios sobre Historieta, no. 37, vol.10, p. 5, disponible en http://rlesh.mogno.com/pdf/ RLESH_37.pdf
9 Juan Carlos Talavera, Ibid.
10 Héctor Fernández L’Hoeste y Juan Poblete (2009), Redrawing the Nation. National Identty in latin/o American Comics, New York, Palgrave Macmillan, p. 3.
11 Ibid.
12 Antonio Saborit (9 de febrero de 2013) “Antología de caricatura política”, http://www.letraslibres.com/ mexico/antologia-caricatura-política
13 María Cristina Rosas (5 de abril de 2010), “¿Mafalda o Los Simpson?”, en etcétera, disponible en http:// www.etcetera.com.mx/articulo/ Mafalda+o+Los+Simpson%3F/3640
14 Biblioteca Nacional de Colombia (s/f), Ernesto Franco y Copetín, Bogotá, disponible en http://recursos. bibliotecanacional.gov.co/comic/ ernesto-franco-y- opet%C3%ADn
15 Héctor Fernández L’Hoeste y Juan Poblete, Op. cit., p. 5.
16 Harold E. Hinds y Charles M. Tatum (2007), No solo para niños. La historieta mexicana en kis años sesenta y setenta, México, Instituto Cultural de Aguascalientes, p. 19.
17 Genaro Zalpa Ramírez (2005), El mundo imaginario de la historieta mexicana, México, Instituto Cultural de Aguascalientes, p. 50.
18 Harold E. Hinds y Charles M. Tatum, Ibid.
19 Juan Manuel Aurrecoechea (diciembre de 2007), “La historieta popular mexicana en la hora de su arqueología”, en Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta, vol. 7, núm. 28, p.
20 Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra (1994), Puros cuentos. La historia de la historieta en México, Tomo II, México, Grijalbo, p. 3.
21 Cómic Nacional (s/f), Historia. Historieta en México, disponible en http://allcomicnacional.blogspot.mx/p/historia-del-comic.html
22 Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra (1988), Op. cit., p. 9.
23 Cecilia Jaime González, Op.cit., pp-3-4.
24 José Luis Martínez (1 de septiembre de 2014), “Chanoc: aventuras de su creador a través del tiempo”, disponible en https://mexico.quadratin. com.mx/Chanoc-aventuras-de-su-creador-traves-del-tiempo/
25 Brígida García y Olga Rpjas (1 de noviembre, 2002), “El triunfo de la Familia Burrón”, disponible en http://www.nexos.com.mx/?p=10634
26 Vanessa Tocca (22 de abril de 2012), “’El Libro Vaquero’ el Western mexicano más leído”, disponible en http://expansion.mx/entretenimiento/ 2012/04/22/el-libro- vaquero-el-western-mexicano-mas-leido
27 Carlos Bautista Rojas (diciembre 6, 2013), “Cindy la Regia: la riqueza del humor políticamente incorrecto”, disponible en https://www. forbes.com.mx/cindy-la-regia- a-riqueza-del-humor-politicamenteincorrecto/

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