Jesús Olguín

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Médico cirujano

Adiós a Sudáfrica… y a los árbitros

Miles y miles que se desplazan de cualquier sitio para ser testigos vivos de algo que se asemeja a una guerra mundial -claro está- sin armas, pero sí con la consigna de obtener la victoria con la misma garra que se usaría para defender el suelo propio.

Magia pura realizada con los pies, a veces por los magos conocidos y otras por los que se revelan como tales en un momento de brutal inspiración.

Sueños de millones que abrazan la posibilidad de ser campeones, convencidos de la capacidad de los suyos.

Se trata de la Copa de Mundo 2010. Terminó y con ella una de las movilizaciones de mayor expectativa en el mundo, probablemente más grande que las Olimpiadas o que cualquier otro evento internacional.

Estuvo en juego no sólo una pelota, también mucho dinero y muchas ilusiones, muchas amarguras y muchas decepciones porque, finalmente, sólo hubo un campeón.

La inversión que realizaron los medios de comunicación, desde los gigantes hasta los más modestos, fue un verdadero derroche, que -como es lógico- tuvo que ser manejado de tal modo que se pudiera recuperar y superar por mucho lo gastado.

Sobre todo, éste fue el Mundial de los malos arbitrajes que hicieron rodar por el suelo no sólo la pelota, sino las emociones y las predicciones. Los silbantes no resultaron “justos en la justa”.

(Justa, refiriéndose a su raíz justicia, que por correspondencia no acepta intervenciones inequitativas o malos juicios; que por traducción directa acepta la derrota sólo cuando el contrario demuestra plenamente ser mejor, sin volados echados a la suerte. La FIFA no lo ha entendido.)

Los silbantes

Ser árbitro te concede la posibilidad de ser juez en el mismo instante en que suceden los hechos. Esta “ventaja” no te proporciona dotes superiores a los de cualquier humano, antes más bien te hace vulnerable y sujeto a equivocaciones.

Un árbitro no tiene percepciones extraordinarias para acertar siempre. Esto ha sido reconocido en otros deportes, por lo que se han valido de la repetición instantánea en video para verificar las acciones que sean merecedoras de una sanción y, más aún, de una descalificación.

Argumentos para recurrir a la tecnología hay muchos: goles evitados por la mano de un defensa; fueras de lugar no existentes que terminan por anular un gol absolutamente legítimo; anotaciones que la vista del silbante no registró; faltas actuadas y otras tomadas a la ligera que debían cambiar el rumbo de los hechos y, sobre todo, el resultado. (¿España sería campeón en el caso de haber utilizado este medio? ¿México hubiera eliminado a Argentina?)

Todas las faltas y las sanciones marcadas incorrectamente en el Mundial fueron expuestas por los medios a través de la repetición instantánea para permitirnos ser testigos de equivocaciones claras en el arbitraje.

Parece que la FIFA se ha empecinado en no tomar en cuenta todo lo que un evento como éste pone en juego; se niegan a tomar como herramienta auxiliar e irremplazable la repetición instantánea, con argumentos poco congruentes y mal justificados.

Es posible que para la Copa Brasil 2014 la FIFA ya haya reconocido el mal papel que realizaron sus jueces en la justa de este año. Ojalá que lo hagan al menos por consideración a las inversiones y a los sueños de los millones de aficionados que habemos en el planeta. Ojalá que actúen con elocuencia y permitan que la tecnología coadyuve a la efectividad.

El más atinado

De este Mundial, yo me quedo con “Paul”, el pulpo alemán que no falló una, el que impresionó al mundo entero con lo atinado de sus predicciones. A ver qué pasa en Brasil, ojalá no jubilen antes a “Paul”.

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