Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Activismo y justicia 2.0

En la esfera digital, el concepto hacker adquiere varias definiciones. En los medios de comunicación tradicionales, por lo general, el término se considera negativo, vinculado a crímenes, a “ladrones” de información, a personas de las que debemos tener cuidado.

Sin embargo, en términos históricos y desde los estudios sociales, el hacker reúne al menos dos características que ayudan a definirlo: tiene conocimientos en tecnologías y comparte los valores de una cultura abierta de contenidos (free culture). Precisamente estos valores son los que dan origen a movimientos de hackers en todo el planeta, que durante la reciente historia de Internet se han convertido en espacios contestatarios a todo tipo de problemas: injusticias, depredación ambiental, explotación laboral, desempleo, etcétera.

Si bien el origen del hacker puede situarse en la programación, en el desarrollo de la computación y en las distintas fases de construcción de la red de redes, desde la década de los sesenta del siglo pasado hasta la llegada de Internet en los noventa -cuando los hackers se convirtieron en proveedores de servicios de Internet para proporcionar acceso al público entre 1994 y 1995- iniciaron las primeras campañas de resistencia en contra de propuestas estatales para controlar la comunicación en red (Raymond, 2000).

En la época contemporánea, en medio de todos los desencuentros y desigualdades capitalistas, movimientos de poder o contrapoder también circulan en las redes. El activismo y la cultura hacker conforman el acrónimo de hacktivismo: especialistas en tecnologías que trabajan colaborativamente para determinado fin. En la célebre obra Internet, hackers y software libre, el activismo en Internet se define como un movimiento que emerge del conocimiento para informar y contrainformar, para construir nuevos medios y luchar por una cultura abierta.

Hoy día es común que en las noticias los presentadores informen sobre “ataques” de hackers a instituciones financieras o públicas. Sin embargo, tales definiciones como señalé antes, son erróneas en el sentido profundo de la cultura hacker. Ante este estigma mediático, el hacktivismo contemporáneo enfrenta un abanico de enemigos y posibilidades para participar activamente como contrapeso de poderes fácticos que imponen su hegemonía ideológica y cultural.

En los últimos años los movimientos de hackers han intervenido ante determinadas circunstancias, por lo general vinculadas a la violación de libertades en red y desde el año pasado como defensores de la justicia, principalmente en Estados Unidos. Sobre esto, un hecho reciente se registró en una localidad de Missouri donde la violación de dos adolescentes desató la indignación de hackers vinculados a Anonymous: grupo de activistas que desde 2008 mantienen una guerra en línea contra instituciones bancarias, iglesias, gobiernos, departamentos de policía, ejércitos, etcétera.

La violación de las dos adolescentes ocurrió en enero de 2012 en Nodaway, donde ex jugadores estrellas en Maryville atacaron a las menores mientras grababan el acto con un iPhone. Los padres demandaron a los presuntos agresores, quienes fueron detenidos por la policía local y después de un interrogatorio aceptaron haber cometido el delito bajo las influencias del alcohol, sin embargo, en una decisión sorprendente la fiscalía los dejó en libertad bajo el argumento de falta de pruebas.

Medios como Kansas City Star han publicado, desde el incidente entrevistas con una de las víctimas, Daisy Coleman, así como con su madre, además de noticias sobre la relación familiar de uno de los jóvenes demandados con un funcionario del gobierno. La indignación en la opinión pública local llamó la atención a mediados de octubre pasado de un grupo de hackers, quienes anunciaron la realización de un operativo contra el gobierno de Missouri y del condado de Nodaway ante aquella injusticia.

A través del operativo llamado #Op- Maryville y #Justice4Daisy los hacktivistas iniciaron la cruzada. Cibernautas crearon una página de apoyo en Facebook y ésta, en las primeras horas alcanzó mil seguidores.

Tanto los activistas como cibernautas indignados anunciaron la realización de manifestaciones callejeras ante la corrupción policiaca y la injusticia. Dos días después la presión llegó hasta el gobernador Peter Kinder, quien solicitó al fiscal general Chris Koster y al fiscal del condado Bob Rice, reabrir el caso.

No es la primera vez que activistas en red se solidarizan con motivos ajenos a la libertad de Internet. Los hackers han demandado justicia en otros casos, como ocurrió el año pasado en la ciudad de Vancouver donde la joven Amanda Todd se quitó la vida luego de ser víctima de ciberbullying, o la violación de una adolescente en Steubenville, Ohio, hechos que conoció el rapero Deric Lostutter lo cual lo llevó a comprar en eBay una máscara de Fawkes, encendió su cámara web, grabó un mensaje e inició una cruzada exigiendo justicia.

¿La libertad en red es capaz de movilizar a las personas para defender sus derechos, indignarse y protestar por las injusticias? Existen indicadores que demuestran que los grados de libertad y participación en la red pueden ser mermados cuando la tecnología es utilizada como medida de presión hacia los gobiernos. Es precisamente en la lucha por las libertades en la red donde las insurgencias electrónicas se han solidarizado con protestas reales. El hacktivismo y la movilización callejera han coincidido en programas y temas para encabezar acciones conjuntas contra formas de poder.

Según el informe Freedom on the Net 2013 de Freedom House, publicado el pasado 3 de octubre, los diez países en donde los cibernautas tienen mayor libertad para acceder a Internet son Islandia, Estonia, Alemania, Estados Unidos, Australia, Francia, Japón, Italia, Hungría y Reino Unido. Sin embargo, la evaluación, que duró un año, arrojó que en 34 de los 60 países observados se presentaron restricciones a las libertades, principalmente en contra de formas de colaboración y participación en red, en especial en los regímenes de Vietnam y Etiopía. En América Latina, Venezuela resultó ser el país con mayores niveles de censura en el ciberespacio.

Estados Unidos descendió cinco puntos en una escala de 100 debido a los escándalos que el gobierno de Barack Obama enfrenta luego de que se revelara la intromisión de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) en la vida privada de millones de cibernautas, incluso en la intervención de comunicaciones electrónicas de gobiernos, mandatarios y diplomáticos de la ONU. Por segundo año consecutivo Irán y China encabezan la lista de los gobiernos más represivos de la libertad en Internet.

La investigación arrojó que a nivel global gran parte de las autoridades ven a las redes sociales como enemigos, ya que pueden ser mecanismos utilizados por grupos de inconformes. Ante esta situación al menos en 24 países se han aprobado leyes que pretenden frenar la organización civil en red y sancionan el hacktivismo, al establecer en contra de los ciudadanos subversivos sanciones que van desde multas económicas hasta 14 años de prisión.

El estudio de Freedom House detectó que los cibernautas que viven determinada censura, por ejemplo por publicar comentarios relacionados con la esfera política o sobre la religión, están desarrollado mecanismos para enfrentar las nuevas amenazas y en algunos casos se anticipan a las medidas autoritarias. Por ejemplo un suceso reciente en Marruecos, en donde los adolescentes Saula y Rachid se besaron frente al instituto Tarek Ben Ziad en Nado mientras un amigo les tomó una fotografía que publicó después en Facebook. La imagen que circuló en el ciberespacio ocasionó que fueran demandados por ciudadanos conservadores, la policía los detuvo varios días por haber atentado contra la moral y las buenas costumbres.

Además de las restricciones tecnológicas y la promulgación de leyes contra las libertades sociales, en 35 países el Estado reforzó sus órganos de vigilancia en comparación de lo registrado en 2011. Para Freedom House el espionaje de la policía y el ejército es una práctica que pretende reprimir la disidencia política. Activistas de las redes informaron que sus correos electrónicos o publicaciones son utilizados por los gobiernos para imputarlos de acusaciones y determinar las condenas.

En el último año la lucha por el control de las libertades en el ciberespacio registra diez mecanismos que son utilizados para frenar ese activismo:

1. Bloqueo de contenidos: en Corea del Sur, Rusia o Jordania, los temas políticos y morales son constantemente censurados a petición de las autoridades.

2. Ciberataques a disidentes: en Malasia portales o redes sociales de activistas son bloqueados mediante ataques DDos para evitar que sus contenidos sean conocidos. 3. Leyes contra cibernautas: durante el último año en 28 países fueron detenidos ciudadanos que utilizaron la red para emitir algún juicio político, social o religioso.

4. Internautas pagados: en Bielorrusia o Baréin mediante la manipulación de contenidos un ejército de comentaristas en línea ataca a opositores, desvirtúa contenidos o “lincha” a sus adversarios.

5. Agresiones físicas y asesinatos: desde amenazas, secuestros y ejecuciones de usuarios de Internet, blogueros y activistas se han registrado en países como Siria, Egipto y México

6. Espionaje: existe una escalada en el uso de las nuevas tecnologías por parte del gobierno para vigilar a quienes no coinciden políticamente con el poder en turno.

7. Eliminación de contenidos: es cada vez más frecuente que las esferas de poder soliciten a empresas retirar contenidos por atentar contra sus intereses, desde eliminación de comentarios el blogs hasta videos en YouTube.

8. Bloqueo de redes, aplicaciones y comunicaciones: a mediados de 2013 se tenía un registro de la restricción a redes sociales como Twitter en 19 países, en tanto servicios como Whats App o Skype también han sido suspendidos en algunas zonas del mundo.

9. Sanciones contra intermediarios: en 22 países existen normas para sancionar a proveedores del servicio de Internet que permitan que a través de sus plataformas las personas expongan sus ideas y contenidos.

10. Corte de Internet: algunos gobiernos como en la India, Siria o Venezuela, han realizado cortes deliberados a la infraestructura que abastece de Internet a la población, principalmente para controlar la comunicación en red y evitar la organización.

Conclusión

A nivel global actualmente las inconformidades civiles, los movimientos sociales, las protestas ciudadanas o los actos contestatarios se vinculan cada vez más entre la plaza física y las pantallas electrónicas. Es ahora más visible la indignación humana, no tanto porque no existiera antes sino porque tal vez la disponibilidad tecnológica no permitía su transmisión casi inmediata. El hacktivismo y las movilizaciones para defender la libertad o exigir justicia son formas de protesta que podrían convertirse en medios eficaces de contrapoder, en tanto en varias partes del planeta surgen todos los días intentos autoritarios por intentar despojarnos de cierta libertad que aún tenemos en la red.

Referencias

Para mayor información sobre la historia de la cultura hacker, consultar los textos Breve historia de la cultura hacker y El nuevo diccionario hacker, de Eric S. Raymond.

El informe completo de Freedom House puede ser consultado en el siguiente sitio: www.freedomhouse.org

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